Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 9.1
Edición Especial IX 2026
Página 459
IMPACTO DEL DEPORTE COMUNITARIO EN EL DESARROLLO SOCIOEMOCIONAL
INFANTIL: PROGRAMA "VAMOS A LA CANCHA"
IMPACT OF COMMUNITY SPORTS ON CHILDREN'S SOCIOEMOTIONAL
DEVELOPMENT: "VAMOS A LA CANCHA" PROGRAM
Autores: ¹Edison Daniel Ortega Roche, ²Cinthia Daniela Plaza Anchundia, ³Isabel Amarilis Leal
Maridueña.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0000-4077-3153
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0007-8052-2763
³ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-5071-0866
¹E-mail de contacto: eortegar2@unemi.edu.ec
²E-mail de contacto: danielaplaza052@gmail.com
³E-mail de contacto: ilealm@unemi.edu.ec
Afiliación:
1*2*3*
Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
Artículo recibido: 28 de Agosto del 2026.
Artículo revisado: 2 de Septiembre del 2026.
Artículo aprobado: 2 de Septiembre del 2026.
¹Licenciado en Pedagogía de la Actividad Física y el Deporte, graduado de la Universidad Técnica de Babahoyo, (Ecuador), con 5 años
de experiencia laboral. Maestrante de la maestría en Educación Inclusiva con Mención en Intervención Psicoeducativa, Universidad
Estatal de Milagro, (Ecuador).
²Licenciada en Psicología, graduada de la Universidad Técnica Particular de Loja, (Ecuador), con 5 años de experiencia laboral.
Maestrante de la maestría en Educación Inclusiva con Mención en Intervención Psicoeducativa de la Universidad Estatal de Milagro,
(Ecuador).
³Licenciada en Ciencias de la Educación, Especialización Educación Primaria, graduada de la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
Profesora de Segunda Enseñanza en Comercio y Administración por la Universidad de Guayaquil, (Ecuador), con 32 años de experiencia
laboral. Magíster en Educación Superior, graduada de la Universidad de Guayaquil, (Ecuador). Doctora en Educación por la Universidad
César Vallejo, (Ecuador).
Resumen
El objetivo de este estudio fue analizar el
impacto del deporte comunitario en el
desarrollo socioemocional de niños y niñas
participantes en el programa “Vamos a la
Cancha”, en el cantón Ventanas, provincia de
Los Ríos, Ecuador. Se empleó un diseño mixto
explicativo secuencial. En la fase cuantitativa,
se aplicó la Escala de Competencias
Socioemocionales para Niños/as (ECSE) a
padres o tutores de 60 participantes de 5 a 11
años, provenientes de una escuela de educación
básica y una comunidad rural. En la fase
cualitativa, se realizaron entrevistas
semiestructuradas a familias y al instructor,
además de un grupo focal con los niños. Los
resultados cuantitativos mostraron un nivel
percibido muy alto de desarrollo
socioemocional promedio (M = 4.34 sobre 5),
ubicándose el 71.7 % de la muestra en la
categoría alta. Las habilidades relacionales (M
= 4.46) y la conciencia social (M = 4.44) fueron
las dimensiones mejor valoradas, mientras que
el control de impulsos frente a la frustración (M
= 3.77) obtuvo la menor puntuación. Los
hallazgos cualitativos confirmaron esta
tendencia: el 85 % de los padres reportó mayor
empatía en sus hijos. Se concluye que la
práctica deportiva comunitaria sostenida
contribuye positivamente al desarrollo
socioemocional infantil en contextos rurales,
fortaleciendo especialmente la convivencia y la
conciencia social, aunque la autorregulación
emocional requiere estrategias pedagógicas más
intencionadas.
Palabras clave: Deporte comunitario,
Desarrollo emocional, Competencias
relacionales, Medio rural, Infancia.
Abstract
The objective of this study was to analyze the
impact of community sports on the socio-
emotional development of children
participating in the "Vamos a la Cancha"
program, in the canton of Ventanas, province of
Los Ríos, Ecuador. A sequential explanatory
mixed design was used. In the quantitative
phase, the Scale of Socio-Emotional
Competencies for Children (ECSE) was applied
to parents or guardians of 60 participants aged
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5 to 11 years, from a basic education school and
a rural community. In the qualitative phase,
semi-structured interviews were conducted with
families and the instructor, as well as a focus
group with the children. The quantitative results
showed a very high perceived level of average
socio-emotional development (M = 4.34 out of
5), with 71.7% of the sample being in the high
category. Relational skills (M = 4.46) and social
awareness (M = 4.44) were the best valued
dimensions, while impulse control versus
frustration (M = 3.77) obtained the lowest score.
The qualitative findings confirmed this trend:
85% of parents reported greater empathy in
their children. It is concluded that sustained
community sports practice contributes
positively to children's socio-emotional
development in rural contexts, especially
strengthening coexistence and social
awareness, although emotional self-regulation
requires more intentional pedagogical
strategies.
Keywords: Community sports, emotional
development, relational competencies, rural
environment, childhood.
Sumário
O objetivo deste estudo foi analisar o impacto
dos esportes comunitários no desenvolvimento
socioemocional das crianças participantes do
programa "Vamos a la Cancha", no cantão de
Ventanas, província de Los Ríos, Equador. Foi
utilizado um desenho misto explicativo
sequencial. Na fase quantitativa, a Escala de
Competências Socioemocionais para Crianças
(ECSE) foi aplicada a pais ou responsáveis de
60 participantes com idades entre 5 e 11 anos,
de uma escola de educação básica e de uma
comunidade rural. Na fase qualitativa,
entrevistas semiestruturadas foram realizadas
com as famílias e o instrutor, além de um grupo
focal com as crianças. Os resultados
quantitativos mostraram um nível muito alto de
desenvolvimento socioemocional médio (M =
4,34 de 5), com 71,7% da amostra na categoria
alta. Habilidades relacionais (M = 4,46) e
consciência social (M = 4,44) foram as
dimensões mais valorizadas, enquanto controle
de impulsos versus frustração (M = 3,77)
obtiveram a menor pontuação. Os resultados
qualitativos confirmaram essa tendência: 85%
dos pais relataram maior empatia em seus
filhos. Conclui-se que a prática sustentada de
esportes comunitários contribui positivamente
para o desenvolvimento socioemocional das
crianças em contextos rurais, especialmente
fortalecendo a convivência e a consciência
social, embora a autorregulação emocional
exija estratégias pedagógicas mais intencionais.
Palavras-chave: Esporte comunitário,
Desenvolvimento emocional, Habilidades
relacionais, Meio rural, Infância.
Introducción
El deporte comunitario ha ganado terreno como
estrategia de intervención social con la niñez,
sobre todo en zonas rurales y semiurbanas
donde escasean las opciones de recreación
estructurada. Neubauer (2023) en un análisis
documental de las políticas de la Unión
Europea, señala que el deporte comunitario
favorece el diálogo intercultural y previene la
exclusión social en colectivos vulnerables,
aunque advierte que el deporte no integra por sí
mismo si no atiende a las características y
necesidades específicas de cada grupo. En
Ecuador, el Ministerio del Deporte (2021)
formalizó esta orientación en el Plan Nacional
del Deporte y Recreación Comunitaria 2021-
2025, que reconoce la actividad física
organizada como un instrumento de inclusión y
desarrollo integral. Sin embargo, buena parte de
la evaluación de estos programas sigue centrada
en indicadores físicos o de asistencia (Gaspar et
al., 2023), y deja en un segundo plano el efecto
que la práctica deportiva sostenida tiene sobre
el desarrollo socioemocional de los niños
participantes.
La literatura reciente respalda la relación entre
actividad física estructurada y desarrollo
socioemocional infantil. Haudenhuyse et al.
(2021) argumentan que el deporte, cuando se
estructura pedagógicamente, puede facilitar la
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adquisición de habilidades para la vida en
jóvenes en riesgo social. Ortega y Bernate
(2025) en una revisión sistemática sobre
educación física y convivencia escolar,
encontraron mejoras consistentes en
autorregulación emocional, empatía,
cooperación y resolución de problemas
asociadas a la participación en programas de
actividad física con un componente pedagógico
intencionado.
En la misma línea, Escobar (2024) documenta
que la educación física, cuando se plantea más
allá de la competencia técnica, se convierte en
un espacio propicio para el desarrollo de
competencias socioemocionales en la
Educación General Básica. Clásicos del área
como Hellison (2011) ya establecían que la
actividad física es un vehículo para enseñar
responsabilidad personal y social. Jackson et al.
(2024) llegan a una conclusión similar en su
revisión de programas que combinan actividad
física y aprendizaje socioemocional en
adolescentes, aunque advierten que pocos de
esos programas evalúan el componente
emocional con instrumentos validados, y se
limitan a reportar percepciones generales de
mejora.
Un ejemplo de programa que sí documentó ese
componente con metodología cualitativa es el
estudio de caso de Shen et al. (2024), quienes
encontraron que un programa deportivo
comunitario para niños en desventaja
socioeconómica, estructurado sobre el modelo
de enseñanza de la responsabilidad personal y
social, favoreció el reconocimiento y la gestión
de emociones y el respeto entre pares. Gould y
Carson (2008) también han subrayado la
importancia de un diseño instruccional
específico para que el desarrollo positivo se
produzca. El componente comunitario añade
una dimensión adicional al problema. Ponciano
Núñez et al. (2023), en una revisión sistemática
sobre programas deportivos comunitarios,
sugieren que el deporte puede contribuir a la
inclusión social al conectar a los participantes
con redes sociales más amplias.
Vélez et al. (2025) en un estudio realizado en
tres comunidades de la provincia de Pichincha,
encontraron una relación positiva y significativa
entre la participación en actividades recreativas
y deportivas y el nivel de cohesión social, con
una incidencia mayor en las comunidades con
continuidad organizativa. Esto coincide con
Coakley (2021), quien indica que el deporte
puede fortalecer los lazos comunitarios si se
integra con otras estructuras sociales. En esa
línea, la revisión sistemática y metaanálisis de
Soemardiawan et al. (2025) sobre programas
deportivos comunitarios encontró un efecto
pequeño, pero estadísticamente significativo
sobre la responsabilidad personal y el
compromiso social, con una alta heterogeneidad
entre programas que los autores atribuyen a
diferencias en el diseño y el contexto de cada
iniciativa. Este hallazgo sugiere que el efecto
del deporte comunitario no se limita al niño de
forma aislada, sino que se extiende a su entorno
familiar y social inmediato, un aspecto que rara
vez se incorpora en las evaluaciones de
programas deportivos dirigidos a la niñez rural.
Pese a este cuerpo de evidencia, son escasos los
estudios que evalúen de forma sistemática el
desarrollo socioemocional infantil en
programas deportivos comunitarios rurales de la
Costa ecuatoriana, y más aun los que combinen
la percepción de los propios niños con la de sus
padres y entrenadores (Weiss, 2019). La
revisión de Obando et al. (2026) confirma el
potencial del deporte para el desarrollo
socioemocional de la juventud vulnerable en
Esmeraldas, pero se centra en adolescentes de
zonas urbanas y no aborda la niñez rural, lo que
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deja abierto precisamente el vacío que esta
investigación busca cubrir. El programa
"Vamos a la Cancha", que actúa en el cantón
Ventanas, provincia de Los Ríos, ofrece un caso
pertinente para cubrir ese vacío: se trata de una
iniciativa deportiva comunitaria dirigida a la
niñez de un cantón de vocación agrícola y
montubia, sin que hasta el momento exista un
estudio que documente su efecto sobre las
competencias de autoconciencia,
autorregulación, conciencia social, habilidades
relacionales y toma de decisiones responsable
de sus participantes.
Frente a ese vacío, esta investigación analiza el
impacto del deporte comunitario en el
desarrollo socioemocional infantil en el marco
del programa "Vamos a la Cancha", cantón
Ventanas, Los Ríos. El estudio se abordó desde
un diseño mixto de tipo explicativo secuencial,
que combinó la aplicación de la Escala de
Competencias Socioemocionales para Niños/as
(ECSE), adaptada a partir de los modelos
CASEL (2020) y el Strengths and Difficulties
Questionnaire (SDQ; Goodman, 1997), con
entrevistas semiestructuradas a padres de
familia y entrenadores (Babativa Salamanca et
al., 2024), y un grupo focal con técnicas lúdicas
dirigido a los propios niños (Rodríguez, 2006).
Se espera que los resultados permitan
identificar en qué dimensiones
socioemocionales se concentra el efecto del
programa y aporten evidencia que oriente el
fortalecimiento de esta y otras iniciativas
deportivas comunitarias en el cantón.
Materiales y Métodos
El estudio siguió un diseño mixto explicativo
secuencial (Creswell, 2014; Hernández et al.,
2014). Primero la fase cuantitativa, después la
cualitativa, usando lo que arrojó la primera para
decidir qué profundizar en la segunda. En la
fase cuantitativa se aplicó la Escala de
Competencias Socioemocionales para niñas y
niños (ECSE) a los padres, madres o tutores de
los participantes del programa "Vamos a la
Cancha", que mide cinco dimensiones:
autoconciencia, autorregulación, conciencia
social, habilidades relacionales y toma de
decisiones responsable (CASEL, 2020).
Con esos resultados se identificaron los casos y
las dimensiones que valía la pena explorar más
a fondo, y de ahí salieron las entrevistas
semiestructuradas y el grupo focal. El
componente cuantitativo tuvo alcance
descriptivo-correlacional; el cualitativo,
comprensivo. El servicio “Vamos a la Cancha”
funciona como un producto del Estado sin
costo, orientado a que niñas, niños y
adolescentes en situación de vulnerabilidad
accedan a espacios organizados de actividad
física y recreación, a cargo de instructores
distribuidos en puntos activos por cantón
(Ministerio de Educación, Deporte y Cultura,
2025).
La población de estudio fue de 104 niños y
niñas de 5 a 11 años, de dos de las siete
comunidades donde está el proyecto: la Escuela
de Educación Básica "Adolfo Jurado" (zona
urbana) y la comunidad "Zapotal Nuevo" (zona
rural). Se eligieron precisamente esas dos
porque representan las dos modalidades del
programa (escolar y rural) de forma clara. De
ahí se tomó una muestra de 60 niños por
muestreo no probabilístico por cuotas: 30 de
cada comunidad. Trabajar con comunidades
completas, en vez de dispersar la selección entre
las siete, hizo más manejable tanto la aplicación
de los instrumentos como el trabajo de campo
cualitativo. Para esta segunda fase se aplicó la
entrevista semiestructurada a los 60 padres,
madres o tutores de la muestra cuantitativa, se
entrevistó aparte al instructor del programa, y se
conformaron grupos de 6 a 8 niños y niñas de
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ambas comunidades para el grupo focal. Los
criterios de inclusión consideraron a niños y
niñas de entre 5 y 11 años que participaran
activamente en el programa “Vamos a la
Cancha”, desarrollado en la Escuela de
Educación Básica “Adolfo Jurado” o en la
comunidad de Zapotal Nuevo, y que contaran
con un mínimo de tres meses de permanencia en
el programa. Asimismo, se estableció como
requisito indispensable la obtención del
consentimiento informado del padre, madre o
tutor legal y el asentimiento informado del niño
o niña, garantizando así el respeto de los
principios éticos aplicables a la investigación
con población infantil (Emanuel et al., 2019).
En cuanto a los criterios de exclusión, se
consideró a los niños y niñas que tuvieran
menos de tres meses de participación en el
programa o que pertenecieran a alguna de las
otras cinco comunidades que no fueron
incluidas en el estudio. También se excluyeron
los casos en los que los padres, madres o tutores
no completaran los instrumentos
correspondientes. De igual manera, se respetó el
derecho de los participantes a retirarse de la
investigación en cualquier momento, sin que
esta decisión generara consecuencias sobre su
permanencia o participación dentro del
programa “Vamos a la Cancha”.
Para la recolección de los datos se utilizaron
cinco instrumentos principales. En primer lugar,
se aplicó la Escala de Competencias
Socioemocionales (ECSE), elaborada tomando
como referencia el modelo CASEL (2020) y el
*Strengths and Difficulties Questionnaire* de
Goodman (1997). Asimismo, se utilizó un
cuestionario sociodemográfico destinado a
registrar información como la comunidad de
procedencia de los participantes, una guía de
entrevista dirigida a padres y madres de familia,
una guía de entrevista para el instructor y una
guía de grupo focal orientada a los niños y
niñas. Adicionalmente, se emplearon los
formularios de consentimiento y asentimiento
informado, los cuales no fueron considerados
instrumentos de medición, sino documentos
destinados a garantizar la validez ética del
proceso investigativo.
La ECSE estuvo conformada por 25 ítems
distribuidos en cinco dimensiones de las
competencias socioemocionales. Cada ítem se
respondió mediante una escala tipo Likert de
cinco alternativas, comprendidas entre 1,
correspondiente a “nunca”, y 5, equivalente a
“siempre”. El puntaje global del instrumento
osciló entre 25 y 125 puntos y permitió
clasificar los resultados obtenidos en cuatro
niveles, facilitando la identificación del grado
de desarrollo de las competencias
socioemocionales de los niños y niñas
participantes.
Por otra parte, la guía de grupo focal estuvo
dirigida directamente a los niños y niñas y se
estructuró en cinco fases, con una duración
aproximada de 45 minutos. Las actividades
fueron diseñadas mediante cnicas lúdicas
adaptadas a las edades de los participantes. La
primera fase correspondió a la presentación
mediante la dinámica denominada “la pelota
preguntona”; posteriormente, se realizó una
fase de identificación emocional utilizando
tarjetas con emojis, denominada “las caritas de
emociones”. La tercera fase abordó los vínculos
entre pares mediante la actividad gráfica
“dibuja a tu equipo”; la cuarta exploró la
regulación emocional y el cumplimiento de
normas a partir de situaciones hipotéticas
formuladas mediante la pregunta “¿qué harías
si...?”; finalmente, la quinta fase consistió en
una actividad de cierre utilizando tarjetas de
colores tipo semáforo para conocer la
valoración de los participantes respecto al
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programa. Los grupos focales se desarrollaron
con grupos conformados por entre seis y ocho
niños y niñas pertenecientes a las dos
comunidades seleccionadas. Su aplicación se
realizó únicamente después de contar con el
consentimiento informado de los padres,
madres o tutores y el asentimiento de los
propios participantes.
La actividad estuvo a cargo de un facilitador o
facilitadora, quien, además de orientar las
dinámicas, registró aspectos relacionados con el
lenguaje corporal, la interacción entre los
participantes y el nivel de participación de cada
integrante. Este procedimiento siguió las
recomendaciones metodológicas para el diseño
y aplicación de grupos focales en procesos de
investigación con población infantil planteadas
por García y Mateo (2000). Para el análisis de
la información cuantitativa se empleó
estadística descriptiva e inferencial. Se
calcularon frecuencias y medias y, de acuerdo
con el nivel de medición y la distribución de los
datos, se contempló la aplicación de pruebas de
hipótesis pertinentes, como la t de Student o la
prueba de Chi cuadrado.
Estos procedimientos permitieron comparar los
resultados obtenidos entre los participantes de
la Escuela de Educación Básica “Adolfo
Jurado” y los de Zapotal Nuevo, así como
analizar posibles diferencias o asociaciones
según variables como el tiempo de participación
en el programa, la asistencia semanal, la edad y
el sexo. La información fue organizada y
sistematizada de forma manual y mediante
procedimientos tradicionales de procesamiento
de datos. En relación con la información
cualitativa, se aplicó el análisis de contenido
temático mediante procesos de codificación
abierta y axial, de acuerdo con lo planteado por
Díaz Herrera (2018). Los hallazgos fueron
organizados en función de estas cinco
dimensiones consideradas en la ECSE y
diferenciados según la comunidad de
procedencia. Se realizó una triangulación entre
los resultados cuantitativos y cualitativos, con
el propósito de interpretar los datos estadísticos
a partir de las experiencias y percepciones
expresadas por los padres y madres de familia,
el instructor y los propios niños y niñas. Este
procedimiento permitió obtener una
comprensión más integral del efecto del
programa “Vamos a la Cancha” sobre las
competencias socioemocionales de los
participantes.
Resultados y Discusión
A continuación, se presentan los resultados
obtenidos, primero los cuantitativos derivados
de la ECSE y después los cualitativos recogidos
en las entrevistas y el grupo focal, para
finalmente triangular ambas fuentes. De los 60
registros del cuestionario sociodemográfico, el
54.1 % correspondió a niñas y el 45.9 % a niños;
el 63.9 % se identificó como mestizo y el 36.1
% como montubio, en línea con la vocación
agrícola y montubia del cantón descrita en la
introducción. El 54.1 % de los hogares reportó
un ingreso familiar mensual inferior a 450
dólares y el 75.4 % de los niños y niñas no
participa en ninguna otra actividad
extracurricular, lo que confirma que “Vamos a
la Cancha” funciona, para buena parte de esta
población, como la única oferta estructurada de
recreación disponible.
La tabla 1 resume los resultados de la ECSE (n
= 60) en sus cinco dimensiones, con las
alternativas de respuesta expresadas en
frecuencia porcentual y la media aritmética
sobre la escala de 1 (nunca) a 5 (siempre). El
puntaje global promedio fue de 4.34,
equivalente a un nivel “muy alto”, y el 71.7 %
de los padres, madres o tutores ubicó a su hijo o
hija en esa categoría, mientras que el 28.3 %
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restante se ubicó en el nivel “alto”; ningún caso
quedó en los niveles bajo o muy bajo. Las
habilidades relacionales (M = 4.46) y la
conciencia social (M = 4.44) fueron las
dimensiones mejor valoradas, coherente con lo
que reportaron los padres sobre nuevas
amistades (78.3 % lo confirmó) y con lo que
describió el instructor sobre la organización
espontanea de equipos y la ayuda entre
compañeros. En el otro extremo, el control de
impulsos frente a la frustración fue el único
indicador con media por debajo de 4 (M = 3.77),
seguido de cerca por la capacidad de identificar
situaciones que provocan distintas emociones
(M = 3.93). Este patrón coincide con lo relatado
por el instructor, quien describió que “al
principio la frustración se ve fuerte: lloran, se
enojan, algunos se van del juego cuando
pierden” y que, aunque el manejo mejora con
las sesiones, “no desaparece del todo”. La
autorregulación emocional parece ser, entonces,
la dimensión que más tiempo necesita para
consolidarse, algo consistente con Jackson et al.
(2024), quienes advierten que los programas de
actividad física rara vez sostienen un
componente emocional lo bastante prolongado
como para modificar respuestas de
autorregulación ya instaladas. En la misma
línea, Rodríguez-González et al. (2021)
encontraron que la autorregulación en contextos
de actividad física está estrechamente ligada al
desarrollo de la inteligencia emocional, un
proceso que avanza de forma más gradual que
otras competencias sociales. A continuación, se
presentan los resultados por dimensión (ver
tabla 1):
Tabla 1. Media, categoría y frecuencias porcentuales de la ECSE por dimensión (n = 60)
Indicador
Alternativas de respuesta
Media Aritmética
S
Fr(%)
CS
Fr(%)
AV
Fr(%)
CN
Fr(%)
N
Fr(%)
Categoría
Autoconciencia
50.7
30.7
14.7
1.7
2.3
Muy alto
Autorregulación
49.0
29.3
19.7
2.0
0.0
Muy alto
Conciencia social
54.7
36.0
8.3
1.0
0.0
Muy alto
Habilidades relacionales
60.3
27.0
11.3
1.0
0.3
Muy alto
Toma de decisiones responsable
45.0
38.7
14.7
1.0
0.7
Muy alto
Puntaje global (total)
51.9
32.3
13.7
1.3
0.7
Muy alto
Fuente: Elaboración propia.
En la fase cualitativa, de las 60 entrevistas a
padres, madres o tutores, el 90.0 % afirmó que
recomendaría el programa a otras familias y el
85.0 % reportó que sus hijos e hijas muestran
más empatía o solidaridad desde que participan.
Un 76.7 % percibió mayor responsabilidad
frente a compromisos como la puntualidad y la
asistencia, un 75.0 % notó que el niño o la niña
piensa más antes de actuar, y un 78.3 % reportó
nuevas amistades sostenidas en el tiempo. Las
preguntas sobre manejo de la frustración y
resolución de conflictos concentraron las
respuestas más matizadas, del tipo “se frustra,
pero entiende que es un juego”, lo que refuerza
el hallazgo cuantitativo de que esta es el área de
desarrollo más lenta. Al preguntar qué
mejorarían del programa, cerca del 40 % de los
padres no identificó ningún aspecto pendiente,
mientras que el resto pidió sobre todo más
tiempo o frecuencia de las sesiones y, en menor
medida, más balones e implementos deportivos.
La figura 1 ilustra la media por dimensión y
permite visualizar la brecha entre la
autorregulación y el resto de las competencias
evaluadas. El grupo focal se realizó en sesiones
de 6 a 8 niños y niñas por comunidad, con una
participación total de 42 (22 en una comunidad
y 20 en la otra). En la fase de identificación
emocional con las tarjetas de emojis, la alegría
y la sorpresa fueron las emociones que
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reconocieron con mayor facilidad. En la
actividad de dibujo, la mayoría se representó
sola, mientras que en otros casos se dibujaron
junto a su familia.
Figura 1. Media aritmética de la ECSE por
dimensión (escala 1-5)
Fuente: Elaboración propia, a partir de los datos
del Instrumento 1 (ECSE).
Al plantear la situación hipotética de qué harían
si tuvieran más horas libres en el día, la
respuesta más frecuente fue ir a la cancha a
jugar, coherente con el dato de que el 75.4 % de
los niños no participa en ninguna otra actividad
extracurricular. En la fase de cierre con las
tarjetas semáforo, la mayoría valo el
programa de forma positiva. La entrevista al
instructor, único responsable del programa en
las siete comunidades del cantón aportó el
contraste más rico. Describió una progresión
clara entre los niños recién llegados, “más
tímidos” y con dificultad para seguir
instrucciones grupales, y quienes ya llevan
tiempo en el programa, que “participan solos,
sin que uno los empuje, ayudan a los recién
llegados y aguantan mejor cuando algo no les
sale”. Situó la confianza en mismos como el
beneficio socioemocional más fuerte del
programa y valoró su aporte a la inclusión
social, señalando que en la cancha “juegan
juntos niños de realidades muy distintas […] y
ahí eso pesa menos, porque todos tienen un rol”.
Al mismo tiempo, fue explícito sobre las
limitaciones que enfrenta: sesiones cortas que
dejan poco espacio para lo emocional, niños que
llegan sin ninguna base previa de manejo de
conflictos en casa, y la necesidad de
capacitación específica en manejo emocional
infantil aplicado al deporte, más allá de la
formación general que ya posee.
Tomados en conjunto, los cuatro niveles de
evidencia la escala aplicada a las familias, las
entrevistas, el relato del instructor y el grupo
focal con los niños y niñas coinciden en que el
deporte comunitario sostenido se asocia con
mejoras percibidas en el desarrollo
socioemocional infantil, particularmente en las
áreas relacionales, de cooperación y de
conciencia social, en línea con lo encontrado
por Ortega y Bernate (2025) para la educación
física escolar y por Vélez et al. (2025) para la
cohesión comunitaria en Pichincha.
El hallazgo más consistente en las cuatro
fuentes y quizá el más útil para quienes
gestionan el programa es que la autorregulación
emocional avanza, pero más despacio que las
demás competencias, y que ese avance depende
de un tiempo de sesión que hoy resulta
insuficiente. Esto coincide con lo reportado por
Robles et al. (2023) en su revisión de alcance
sobre intervenciones de actividad física en el
aula con niños de 6 a 12 años, donde el efecto
sobre la autorregulación conductual fue menos
consistente que el observado en otros
indicadores psicológicos como el bienestar o la
autoestima. Conviene leer el nivel “muy alto”
reportado por los padres con cierta cautela: al
tratarse de percepciones de figuras cercanas al
niño o la niña, es esperable cierto sesgo de
deseabilidad, un límite que Jackson et al. (2024)
ya señalaban en su revisión de programas
similares. La ausencia casi total de casos en las
categorías media y baja, poco común en
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instrumentos de este tipo, apunta en la misma
dirección. A esto se suma que el estudio
dependió de un único instructor para las siete
comunidades del cantón, lo que limita la
posibilidad de contrastar estilos pedagógicos
distintos y concentra en una sola persona toda la
lectura cualitativa del programa.
Conclusiones
De los resultados obtenidos y de su discusión se
concluye que la participación sostenida en el
programa “Vamos a la Cancha” se relaciona con
un nivel percibido muy alto de desarrollo
socioemocional infantil, con una media de M =
4,34 sobre 5 y sin presencia de casos ubicados
en los niveles bajo o muy bajo de la escala
aplicada. Este hallazgo permite reconocer al
deporte comunitario como un espacio favorable
para el fortalecimiento de competencias
socioemocionales en niños que participan de
manera constante en este tipo de iniciativas.
Las habilidades relacionales y la conciencia
social fueron las dimensiones con mejor
desempeño, lo que evidencia que el componente
grupal, colaborativo y de interacción entre pares
constituye uno de los principales aportes del
programa. En este sentido, los resultados
sugieren que el valor socioemocional del
deporte comunitario no depende únicamente de
la práctica física, sino también de las
oportunidades que genera para la convivencia,
la cooperación, el respeto y la construcción de
vínculos positivos en contextos rurales.
En contraste, la autorregulación emocional
presentó el menor nivel de desarrollo,
especialmente en lo relacionado con el control
de impulsos y el manejo de la frustración. Este
resultado pone de manifiesto la necesidad de
incorporar estrategias pedagógicas más
intencionadas y sostenidas que permitan
trabajar de forma específica el reconocimiento,
la expresión y la regulación de las emociones
durante las actividades deportivas.La
triangulación de la información obtenida
mediante la escala aplicada a las familias, las
entrevistas, el testimonio del instructor y los
grupos focales con los niños y niñas otorgó
mayor consistencia a los hallazgos. No
obstante, los altos niveles reportados por los
padres y madres deben interpretarse con
cautela, debido a la posible presencia de sesgos
de deseabilidad social asociados a la condición
de informantes cercanos.
Se identificó que la dependencia de un único
instructor para atender siete comunidades
constituye una limitación operativa que reduce
el tiempo disponible para trabajar de manera
específica el componente socioemocional en
cada sesión. Por ello, se recomienda ampliar la
duración de las actividades, fortalecer la
capacitación del personal técnico en manejo
emocional infantil aplicado al deporte y
desarrollar mecanismos de seguimiento
individualizado para aquellos niños que
presenten mayores dificultades de integración,
regulación emocional o participación grupal.
Agradecimientos
Los autores agradecen a las familias de la
Escuela de Educación Básica “Adolfo Jurado”
y de la comunidad “Zapotal Nuevo” por su
participación voluntaria en el estudio, al
instructor del programa “Vamos a la Cancha”
en el cantón Ventanas por su disposición para la
entrevista, y al Ministerio de Educación,
Deporte y Cultura por facilitar el acercamiento
al programa.
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