Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 6.1
Edición Especial VI 2026
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PERCEPCIÓN DEL USO INTEGRADO DE LA MEDICINA ANCESTRAL Y
CONVENCIONAL EN EL MANEJO DE LA DIABETES TIPO 2
PERCEPTION OF THE INTEGRATED USE OF ANCESTRAL AND CONVENTIONAL
MEDICINE IN THE MANAGEMENT OF TYPE 2 DIABETES
Autores: ¹Verónica Beatriz Favicela Uquillas y
2
Gessi Maribel Sandoval Balarezo.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0003-3337-0446
2
ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-8587-7180
1
E-mail de contacto: vfavicela4070@uta.edu.ec
2
E-mail de contacto: gm.sandoval@uta.edu.ec
Afiliación:
1*2*
Universidad Técnica de Ambato, (Ecuador).
Artículo recibido: 10 de Junio del 2026.
Artículo revisado: 12 de Junio del 2026.
Artículo aprobado: 12 de Junio del 2026.
¹Estudiante de la Carrera de Enfermería de la Universidad Técnica de Ambato, (Ecuador).
2
Licenciada en Enfermería, egresada de la Universidad Técnica de Ambato, (Ecuador). Magister en Gerencia en Salud para el Desarrollo
Local, egresado de la Universidad Técnica Particular de Loja, (Ecuador). Magíster en Enfermería mención en Enfermería de cuidados
Críticos, egresada de la Universidad Regional Autónoma de los Andes, (Ecuador). Docente de la Universidad Técnica de Ambato.
Resumen
La diabetes tipo 2 constituye uno de los
mayores desafíos de salud pública a nivel
mundial, con prevalencia creciente que afecta
desproporcionadamente a poblaciones de
medianos y bajos ingresos. En Ecuador, donde
más del 10% de la población adulta padece esta
enfermedad y coexisten sistemas médicos
oficiales y ancestrales reconocidos
constitucionalmente, se desconoce cómo los
pacientes perciben y gestionan su uso
simultáneo. El objetivo del estudio fue
determinar la percepción del uso integrado de la
medicina ancestral y convencional en el manejo
de la diabetes tipo 2. Se empleó un enfoque
cualitativo, diseño fenomenológico, alcance
exploratorio-descriptivo de corte transversal.
Participaron 7 pacientes con diabetes tipo 2 de
la parroquia Santa Rosa cantón Ambato,
Ecuador, seleccionados mediante muestreo
censal intencional. La técnica de recolección de
datos fue la entrevista semiestructurada,
complementada con observación no
participante y notas de campo. Los participantes
utilizaron la medicina ancestral
(predominantemente herbaria) como
complemento al tratamiento convencional, sin
sustituirlo. La comunicación con los
profesionales de salud fue escasa por temor al
juicio clínico. El apoyo familiar y las redes
comunitarias actuaron como facilitadores clave,
mientras que la incertidumbre sobre seguridad y
las limitaciones económicas constituyeron las
principales barreras. Se concluye que la
integración de ambos sistemas es una práctica
deliberada y culturalmente arraigada que
requiere reconocimiento institucional,
competencia intercultural en el equipo de salud
y políticas públicas orientadas a garantizar su
implementación segura en el Ecuador
plurinacional.
Palabras clave: Diabetes mellitus tipo 2,
Medicina tradicional, Plantas medicinales,
Autocuidado, Competencia cultural.
Abstract
Type 2 diabetes constitutes one of the biggest
public health challenges worldwide, with a
growing prevalence that disproportionately
affects middle-income and low-income
populations. In Ecuador, where more than 10%
of the adult population suffers from this illness
and coexists with constitutionally recognized
official and ancestral medical systems, it is
unknown how patients understand and manage
its simultaneous use. The objective of the study
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was to analyze the perception of the integrated
use of ancestral and conventional medicine in
the management of type 2 diabetes. A cross-
sectional descriptive phenomenological design
with a qualitative approach was implemented.
Participants were 7 patients with type 2 diabetes
from the canton of Ambato, Ecuador, selected
through intentional census sampling. The data
collection technique was a semi-structured
interview, complemented with participant
observation and field notes. The analysis was
carried out through thematic analysis following
the six phases of Braun and Clarke. Participants
used ancestral medicine (predominantly herbal)
as a complement to conventional treatment,
without replacing it. Communication with
healthcare professionals was scarce due to fear
of clinical judgment. Family support and
community networks acted as key facilitators,
even though uncertainty about security and
economic limitations constituted the main
barriers. It is concluded that the integration of
both systems is a deliberate and culturally
rooted practice that requires institutional
recognition, intercultural competence in the
healthcare team and public policies aimed at
guaranteeing its safe implementation in
plurinational Ecuador.
Keywords: Type 2 diabetes mellitus,
Traditional medicine, Medicinal plants,
Self-care, Cultural competence.
Sumário
O diabetes tipo 2 constitui um dos maiores
desafios de saúde pública em nível mundial,
com uma prevalência crescente que afeta
desproporcionalmente as populações de baixa e
média renda. No Equador, onde mais de 10% da
população adulta sofre desta doença e
coexistem sistemas médicos oficiais e
ancestrais reconhecidos constitucionalmente,
desconhece-se como os pacientes percebem e
gerenciam seu uso simultâneo. O objetivo do
estudo foi determinar a percepção do uso
integrado da medicina ancestral e convencional
no manejo do diabetes tipo 2. Empregou-se uma
abordagem qualitativa, com design
fenomenológico e alcance exploratório-
descritivo de corte transversal. Participaram
sete pacientes com diabetes tipo 2 da paróquia
de Santa Rosa, cantão de Ambato, Equador,
selecionados por meio de amostragem
censitária intencional. A técnica de coleta de
dados foi a entrevista semiestruturada,
complementada por observação não
participante e notas de campo. Os participantes
utilizaram a medicina ancestral
(predominantemente fitoterápica) como
complemento ao tratamento convencional, sem
substituí-lo. A comunicação com os
profissionais de saúde foi escassa devido ao
receio do julgamento clínico. O apoio familiar e
as redes comunitárias atuaram como
facilitadores fundamentais, enquanto a
incerteza sobre a segurança e as limitações
econômicas constituíram as principais
barreiras. Conclui-se que a integração de ambos
os sistemas é uma prática deliberada e
culturalmente enraizada que requer
reconhecimento institucional, competência
intercultural na equipe de saúde e políticas
públicas orientadas a garantir sua
implementação segura no Equador
plurinacional.
Palavras-chave: Diabetes Mellitus Tipo 2,
Medicina Tradicional, Plantas Medicinais,
Autocuidado, Competência Cultural.
Introducción
La diabetes mellitus representa uno de los
mayores desafíos de salud pública a nivel
mundial, constituyendo una pandemia del siglo
XXI con prevalencia creciente en todas las
regiones. Esta enfermedad crónica no
transmisible afecta predominantemente a
adultos entre 40 y 79 años, aunque cada vez se
observa en grupos etarios más jóvenes. La
diabetes está estrechamente relacionada con
múltiples comorbilidades como enfermedades
cardiovasculares (principal causa de mortalidad
en personas con diabetes), enfermedad renal
crónica, retinopatía, neuropatía periférica y
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deterioro cognitivo. Los factores de riesgo
asociados incluyen obesidad, sedentarismo,
dieta inadecuada, antecedentes familiares,
hipertensión arterial y dislipidemia. Según
datos epidemiológicos globales, la diabetes
afecta desproporcionadamente a poblaciones de
bajos y medianos ingresos, con mayor
prevalencia en grupos étnicos específicos y
comunidades con acceso limitado a servicios de
salud, generando impacto significativo en la
calidad de vida, mortalidad prematura y costos
sanitarios (American Diabetes Association
Professional Practice Committee, 2022; Goyal
et al., 2023).
Dentro de este panorama epidemiológico,
resulta fundamental comprender las
características específicas de la variante más
prevalente de esta enfermedad. Asimismo, la
diabetes tipo 2 (T2DM) representa
aproximadamente el 90 % de todos los casos de
diabetes, caracterizada por una respuesta
disminuida a la insulina (resistencia insulínica)
que inicialmente se compensa con un aumento
en la producción de insulina para mantener la
homeostasis glucémica, pero con el tiempo la
producción insulínica decrece, resultando en
T2DM (Goyal et al., 2023). Constituye un
trastorno metabólico crónico caracterizado por
hiperglucemia persistente debido a la pérdida
progresiva de una secreción insulínica adecuada
de las células β, frecuentemente sobre un
trasfondo de resistencia insulínica (American
Diabetes Association Professional Practice
Committee, 2022).
Ante la magnitud de este problema de salud, es
importante reconocer que existen diversos
sistemas médicos disponibles para su abordaje.
Por su parte, la medicina ancestral se define
como sistemas codificados o no codificados de
atención sanitaria que comprenden prácticas,
habilidades, conocimientos y filosofías
originadas en diferentes contextos históricos y
culturales, distintos y anteriores a la
biomedicina, enfatizando remedios naturales y
enfoques holísticos personalizados para
restaurar el equilibrio mente-cuerpo-ambiente
(World Health Organization, 2025). En
contraste, la medicina convencional representa
el sistema biomédico occidental basado en
evidencia científica, diagnóstico clínico y
tratamientos farmacológicos estandarizados
(McBenedict et al., 2024). Asimismo, la
medicina integrativa constituye un enfoque
interdisciplinario basado en evidencia para el
bienestar mediante el uso combinado de
conocimientos, habilidades y prácticas
biomédicas y tradicionales o complementarias
(World Health Organization, 2025).
Considerando estas definiciones, emerge un
modelo particular de atención que combina
ambos sistemas médicos. En este sentido, el uso
integrado representa el empleo simultáneo de
medicina complementaria y alternativa (CAM)
junto con medicina convencional para el
manejo de la T2DM, donde entre el 25 % y el
57 % de las personas con diabetes reportan
utilizar medicina complementaria (Diabetes
Canada Clinical Practice Guidelines Expert
Committee et al., 2018; Radwan et al., 2020).
Este enfoque se define como prácticas de
atención sanitaria diversas que no son
consideradas generalmente parte de la medicina
occidental convencional, utilizadas para
manejar las complejidades de la T2DM, mejorar
la salud y aliviar sus complicaciones (Radwan
et al., 2020). La integración busca combinar
enfoques biomédicos con medicina tradicional
y complementaria de manera basada en
evidencia, culturalmente respetuosa y alineada
con el desarrollo sostenible, según la Estrategia
de Medicina Tradicional 2025-2034 de la
Organización Mundial de la Salud (World
Health Organization, 2025). La evidencia
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científica internacional respalda la efectividad
de este enfoque integrado en diferentes
contextos culturales. A nivel mundial, la
medicina tradicional china demuestra una
eficacia clínica comparable a la de los
medicamentos occidentales, con menos efectos
adversos y un enfoque terapéutico
multiobjetivo. Una revisión sistemática
evidenció reducciones de la hemoglobina
glucosilada (HbA1c) de entre 0,3 % y 1,6 %
cuando se combina con terapia convencional
(Ni et al., 2024). Los metaanálisis en red que
comparan combinaciones de medicina
tradicional china y medicina occidental
muestran mejorías significativas en la glucosa
en ayunas, con reducciones de entre 4 y 56
mg/dl y mejores perfiles de seguridad. De
manera similar, la medicina ayurvédica
integrada con metformina presenta eficacia
demostrada en 199 ensayos clínicos
aleatorizados con 21.191 participantes, donde
nueve hierbas específicas mostraron
reducciones clínicamente significativas de
HbA1c (≥ 0,3 %), siendo más efectivas Aegle
marmelos, Momordica charantia, Trigonella
foenum-graecum y Tinospora cordifolia
(Chattopadhyay et al., 2022).
Trasladando esta perspectiva al contexto
regional, la realidad latinoamericana presenta
particularidades importantes en cuanto a la
integración de sistemas médicos. En
Latinoamérica, un estudio realizado en
Argentina, Brasil, Colombia y Chile documentó
que las personas con T2DM enfrentan un
choque cultural al adoptar la medicina
tradicional, favoreciendo el abandono del
tratamiento convencional y el uso de hierbas
medicinales. Entre los factores culturales
asociados en Chile y Argentina se identificaron
el rechazo a la medicina occidental debido a la
inclusión de medicamentos tradicionales y la
adherencia a costumbres ancestrales (Blasco et
al., 2020). Por ejemplo, en México, las
comunidades indígenas chontales de Tabasco
demuestran un uso extensivo de la herbolaria
medicinal como alternativa a la medicina
alopática, práctica que se mantiene por la
percepción de obtener resultados rápidos según
su experiencia (Reyes et al., 2021).
Materiales y Métodos
Se empleó un enfoque cualitativo con diseño
fenomenológico, el cual permitió determinar la
experiencia vivida por los pacientes y
comprender cómo entienden, sienten y valoran
la integración de dos paradigmas de atención
sanitaria en el manejo de su enfermedad. Con
un alcance exploratorio-descriptivo de corte
transversal, se buscó comprender en
profundidad la percepción del uso integrado de
la medicina ancestral y convencional en el
manejo de la diabetes tipo 2. Este diseño
fenomenológico se fundamentó en el paradigma
interpretativo constructivista, reconociendo que
las percepciones sobre salud, enfermedad y
tratamiento se construyen socialmente a través
de experiencias culturales y contextuales
específicas (Castillo López et al., 2023).
La población estuvo constituida por pacientes
diagnosticados con diabetes tipo 2 que residían
en la parroquia Santa Rosa, cantón Ambato,
provincia de Tungurahua, Ecuador. Se aplicó un
muestreo censal, incluyendo a siete
participantes que cumplieron con los criterios
de inclusión establecidos. Los criterios de
inclusión comprendieron diagnóstico
confirmado de diabetes tipo 2 con un mínimo de
seis meses a un año de evolución, edad entre 35
y 75 años, uso documentado o referido de
medicina ancestral y convencional de forma
simultánea o alternada durante al menos dos
meses, capacidad de comunicación verbal en
español y consentimiento informado firmado.
Se excluyeron pacientes con complicaciones
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diabéticas severas que impidieran la
participación en las entrevistas, deterioro
cognitivo diagnosticado, diabetes tipo 1 o
gestacional y aquellos que utilizaron
exclusivamente uno de los dos sistemas
médicos.
Se aplicó una entrevista semiestructurada
validada por expertos, con preguntas abiertas.
Se realizó una prueba piloto con tres
participantes para evaluar la comprensión y
pertinencia de las preguntas; sus resultados no
se incluyeron en el análisis final, pero sirvieron
para refinar el instrumento. Las entrevistas se
grabaron en audio con consentimiento previo y
tuvieron una duración estimada de 30 a 60
minutos, desarrollándose en espacios que
garantizaron privacidad y comodidad para los
participantes. Además, se aplicó un cuestionario
sociodemográfico que permitió caracterizar a
los participantes según edad, estado civil, nivel
educativo, ocupación, tiempo de diagnóstico de
la enfermedad, tipo de tratamiento
convencional utilizado, uso de medicina
ancestral, nivel de ingresos económicos y
pertenencia cultural. Esta información ayudó a
contextualizar las percepciones y experiencias
de los pacientes, así como a establecer
relaciones entre sus características sociales y el
uso integrado de la medicina ancestral y
convencional.
El reclutamiento de los participantes se realizó
en el Dispensario Seguro Social Campesino
(Santa Rosa), dentro del proyecto “Vivir con
dignidad: atención integral para adultos en
situación de vulnerabilidad”. Se estableció un
contacto inicial mediante una visita presencial
para explicar los objetivos del estudio y
verificar los criterios de inclusión. Las
entrevistas se programaron según la
disponibilidad de los participantes, pudiendo
realizarse en el domicilio o en un espacio
comunitario, de acuerdo con la preferencia
individual. Se previó realizar un total de siete
entrevistas; no obstante, durante el proceso se
verificó que la información recogida fuera
suficiente y que no se repitieran de manera
constante los mismos aportes, lo que aseguró
que los datos obtenidos permitieran responder a
los objetivos del estudio. Durante cada
entrevista se mantuvo una actitud de escucha
activa y respeto cultural, permitiendo que los
participantes expresaran libremente sus
experiencias sin juicios de valor. Para garantizar
la confidencialidad y el anonimato de los
participantes, se implementó un sistema de
codificación alfanumérica que asignó a cada
uno un código único compuesto por la letra “P”
(participante) seguida de un número
consecutivo del 01 al 07 (por ejemplo: P01,
P02, P03).
Esta codificación se aplicó en todas las
transcripciones, el análisis de datos y la
presentación de resultados, eliminando
cualquier información identificable, como
nombres completos, direcciones exactas,
números de cédula u otros datos que pudieran
revelar la identidad de los participantes. En la
presentación de fragmentos de entrevistas en el
informe final, se utilizaron únicamente estos
códigos alfanuméricos para identificar las
fuentes de los testimonios. Se empleó el análisis
temático siguiendo el método de Braun y
Clarke. Asimismo, se utilizó el software
ATLAS. Ti versión 23 para facilitar la
organización y codificación de los datos
(Soratto et al., 2020). El protocolo fue sometido
a evaluación y aprobación por el Comité de
Ética de Investigación en Seres Humanos de la
institución correspondiente. Se aplicaron los
principios bioéticos de autonomía mediante la
obtención del consentimiento informado por
escrito, beneficencia mediante la maximización
de los beneficios potenciales del conocimiento
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generado, no maleficencia garantizando la
confidencialidad y el anonimato, y justicia
mediante la selección equitativa de los
participantes (Arguedas, 2010).
Resultados y Discusión
A continuación, se presentan los resultados del
estudio.
Tabla 1. Caracterización sociodemográfica de los participantes.
Frecuencia
Porcentaje
Edad (años)
3539
2
28,6
4049
1
14,3
5059
2
28,6
≥ 60
2
28,6
Sexo
Masculino
3
42,9
Femenino
4
57,1
Estado civil
Casado/a
6
85,7
Unión libre
1
14,3
Nivel educativo
Sin estudios
1
14,3
Primaria incompleta
1
14,3
Primaria completa
1
14,3
Secundaria completa
4
57,2
Ocupación
Quehaceres domésticos
4
57,1
Agricultor
2
28,6
Mecánico
1
14,3
Ingreso económico mensual
< 200 USD
2
28,6
200400 USD
4
57,1
> 400 USD
1
14,3
Tiempo de diagnóstico
< 1 año (meses)
1
14,3
> 1 año
3
42,9
23 años
2
28,6
> 5 años
1
14,3
Tratamiento convencional
Antidiabéticos orales
6
85,7
Antidiabéticos + Insulina
1
14,3
Uso de medicina ancestral
7
100
Pertenencia a comunidad indígena
4
57,1
No
3
42,9
Informa al médico sobre uso de medicina ancestral
Siempre
2
28,6
A veces
4
57,2
Nunca
1
14,3
Fuente: Elaboración propia.
En la tabla 1, el estudio incluyó 7 participantes
con diabetes mellitus que utilizan medicina
ancestral como complemento al tratamiento
convencional. La distribución etaria muestra
equilibrio entre grupos, con 2 participantes
(28,6%) entre 30-39 años, 1 (14,3%) entre 40-
49 años, 2 (28,6%) entre 50-59 años y 2 (28,6%)
de 60 años o más. La composición por sexo
evidencia ligera predominancia femenina con 4
mujeres (57,1%) frente a 3 hombres (42,9%),
patrón que refleja la mayor búsqueda de
alternativas terapéuticas complementarias por
parte de las mujeres. Respecto al estado civil, 6
participantes (85,7%) están casados y 1 (14,3%)
en unión libre, indicando que la estabilidad
conyugal puede influir en las decisiones
terapéuticas y la transmisión de conocimientos
tradicionales. El nivel educativo presenta
diversidad: 4 participantes (57,2%)
completaron secundaria, mientras que los 3
restantes se distribuyen entre sin estudios,
primaria incompleta y primaria completa,
sugiriendo que el recurso a la medicina
ancestral no está determinado por la formación
académica. La ocupación de los participantes
muestra predominancia de quehaceres
domésticos con 4 personas (57,1%), seguido de
2 agricultores (28,6%) y 1 mecánico (14,3%).
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Esta distribución refleja limitaciones en el
acceso al mercado laboral formal y roles de
género tradicionales, siendo los agricultores
quienes mantienen vínculo directo con el
conocimiento de plantas medicinales. El
ingreso económico revela vulnerabilidad
generalizada: 4 participantes (57,1%) perciben
entre 200-400 USD mensuales, 2 (28,6%)
menos de 200 USD, y solo 1 (14,3%) supera los
400 USD. Estos niveles de ingreso constituyen
factor determinante en la búsqueda de
alternativas terapéuticas, ya que la medicina
ancestral representa opción económicamente
viable frente a los gastos continuos del
tratamiento farmacológico convencional. El
tiempo desde el diagnóstico muestra
variabilidad significativa: 1 participante
(14,3%) tiene menos de 1 año, 3 (42,9%) más
de 1 año, 2 (28,6%) entre 2-3 años, y 1 (14,3%)
más de 5 años, indicando que el recurso a la
medicina ancestral no es exclusivo de ninguna
etapa particular de la enfermedad. Respecto al
tratamiento convencional, 6 participantes
(85,7%) utilizan únicamente antidiabéticos
orales mientras 1 (14,3%) combina
medicamentos con insulina, evidenciando que
los participantes mantienen su tratamiento
farmacológico mientras incorporan prácticas
ancestrales, configurando modelo de
complementariedad terapéutica más que de
sustitución.
La totalidad (100%) utiliza medicina ancestral,
criterio de inclusión del estudio. Solo 4
participantes (57,1%) pertenecen a
comunidades indígenas mientras 3 (42,9%) no
se identifican como tales, demostrando que el
uso de medicina ancestral trasciende fronteras
étnicas formales. La comunicación con el
personal médico presenta patrón preocupante:
únicamente 2 participantes (28,6%) informan
siempre sobre estas prácticas, 4 (57,2%) lo
hacen ocasionalmente, y 1 (14,3%) nunca lo
menciona. Esta falta de comunicación
sistemática representa desafío importante para
la atención integral, impidiendo al personal de
salud considerar posibles interacciones entre
tratamientos o brindar orientación adecuada.
En conjunto, estos datos configuran perfil de
población con características
sociodemográficas que favorecen el recurso a la
medicina ancestral: niveles educativos
variables, ingresos económicos limitados,
ocupaciones predominantemente informales o
domésticas, y conexión cultural con tradiciones
de salud que persiste independientemente de la
pertenencia formal a comunidades indígenas,
donde la complementariedad entre sistemas
médicos emerge como estrategia de gestión de
la enfermedad que responde tanto a limitaciones
económicas como a valores culturales
arraigados. Con relación a la Categoría 1:
Experiencias de apertura y trayectoria personal
con la diabetes. El diagnóstico de diabetes tipo
2 constituyó un evento emocionalmente
disruptivo para todos los participantes,
caracterizado por un patrón común de
respuestas emocionales negativas que
incluyeron miedo, tristeza, preocupación y
desconcierto.
Este impacto emocional se vio intensificado por
el desconocimiento previo sobre la enfermedad,
que emergió como factor transversal en los
testimonios. P7 expresó que "no sabía
exactamente qué era la diabetes [...] pensaba
que eso solo les daba a las personas mayores",
mientras que P3 reconoció que "no entendí bien
qué significaba" cuando recibió el diagnóstico.
El análisis reveló que las preocupaciones de los
participantes trascendían el ámbito
estrictamente médico para situarse en el
contexto de sus roles sociales y familiares. La
capacidad laboral emergió como preocupación
predominante en los participantes masculinos,
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como ilustró P1 al señalar que "pensé que ya no
iba a poder trabajar igual". En contraste, las
participantes femeninas expresaron mayor
inquietud por su rol de cuidadoras; P2 mencionó
que "pensé en mis hijos y en que ya no iba a
poder cuidarlos como antes", patrón que se
replicó en P7 quien también manifestó
preocupación por sus hijos. Un hallazgo
relevante fue la aceptación inicial unánime del
tratamiento convencional prescrito. Todos los
participantes iniciaron con antidiabéticos orales
siguiendo las indicaciones médicas, aunque
varios expresaron simultáneamente la
percepción de insuficiencia de este abordaje
único. P1 señaló que "seguí el tratamiento, pero
sentía que solo con eso no iba a mejorar",
mientras que P7 indicó que además de tomar lo
recetado "también pedí consejo a mi familia [...]
a ver si conoce sobre remedios naturales". Esta
percepción de incompletitud del tratamiento
convencional actuó como catalizador para la
búsqueda de alternativas complementarias.
El miedo a las complicaciones también influyó
en las decisiones terapéuticas, aunque con
efectos divergentes. P5 expresó que su "miedo
a las complicaciones" la motivó a "aceptar de
inmediato el tratamiento [...] porque no quería
llegar a insulina ni a diálisis como he visto en
las demás personas", demostrando cómo la
observación de casos en el entorno cercano
moldea las expectativas y decisiones de los
pacientes recién diagnosticados. Con respecto a
los tipos de medicina ancestral utilizada y
fuentes de conocimiento (Pregunta 2). El
análisis identificó un repertorio diverso de
prácticas de medicina ancestral, con predominio
de preparaciones herbarias. Las plantas más
frecuentemente utilizadas fueron las hojas de
mango (mencionadas por P4, P5 y P6), la canela
(P2, P3 y P7), la sábila (P2, P5 y P7) y las hojas
de guayaba (P3 y P7). Otras plantas referidas
incluyeron guayusa, ajo, diente de león, pelo de
choclo y la denominada "hoja de insulina".
Notablemente, dos participantes (P4 y P6)
reportaron el uso de terapias no herbarias,
específicamente inyecciones de células madre,
las cuales fueron incorporadas más
recientemente a su régimen terapéutico.
Las fuentes de conocimiento sobre estas
prácticas revelaron un patrón de transmisión
predominantemente interpersonal, con tres
canales principales. El primero y más arraigado
fue la transmisión intergeneracional familiar;
P1 explicó que "estos remedios los conozco
porque mis abuelos y mis padres los usaban",
mientras que P5 los conoció "por mi mamá y
mis tías que siempre han usado plantas". El
segundo canal fueron las redes comunitarias
horizontales, incluyendo vecinos, conocidos y
otros pacientes diabéticos. P2 llegó a conocer
los tratamientos "por recomendación de una
vecina que también tiene diabetes", y P3 los
aprendió de "personas mayores de mi
comunidad, de los curanderos".
Un hallazgo emergente fue la influencia
creciente de los medios digitales como tercera
fuente de conocimiento, particularmente entre
participantes más jóvenes. P7 mencionó que "vi
en TikTok que me aparecía que esto es bueno
para la diabetes", y P6 indicó haber accedido a
información "por conocidos, el internet,
videos". Esta diversificación de fuentes sugiere
una transformación en los mecanismos de
transmisión del conocimiento tradicional,
donde las plataformas digitales complementan,
aunque no reemplazan, los canales
interpersonales tradicionales. La confianza en
estas prácticas se fundamentó principalmente en
la experiencia observada y la tradición cultural.
P3 expre que "desde joven he visto que se
usan estas plantas, por eso confío en ellas",
evidenciando cómo la legitimidad de la
medicina ancestral se construye a través de la
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observación longitudinal de resultados en el
entorno cercano, más que mediante validación
científica formal. Con relación a la categoría 2:
Integración de sistemas médicos en la práctica
cotidiana, las estrategias de combinación en la
rutina diaria (Pregunta 3), el análisis reveló que
los participantes desarrollaron estrategias
sistemáticas de integración caracterizadas por
dos principios organizadores fundamentales: la
separación temporal de las tomas y la
priorización del tratamiento convencional.
Ningún participante reportó haber abandonado
la medicación prescrita, lo cual constituye un
hallazgo significativo que contrasta con
preocupaciones frecuentemente expresadas en
la literatura sobre el riesgo de sustitución
terapéutica.
La separación temporal emergió como
estrategia consensuada, aunque implementada
de diversas formas. El patrón más común
consistió en consumir las preparaciones
tradicionales en ayunas y los medicamentos
convencionales después de las comidas. P1
describió su rutina indicando que "en la mañana
temprano tomo la guayusa, luego desayuno y
tomo mis pastillas", mientras que P5 explicó
que las infusiones de plantas "las tomo entre
comidas o en la tarde [...] tratando de no
tomarlas al mismo tiempo que la medicación
para no revolverse". La racionalidad
subyacente a esta separación temporal varió
entre participantes. Algunos expresaron
preocupaciones sobre posibles interacciones
negativas; P1 señaló que "trato de no mezclar
todo al mismo tiempo, porque puede hacerme
daño". Otros adoptaron esta práctica siguiendo
recomendaciones familiares sin necesariamente
comprender su fundamento; P5 indicó que lo
hacía "según lo que me han recomendado en
casa". P7 añadió una motivación de
automonitoreo: separar las tomas le permitía
"ver cómo me siento" con cada tratamiento. Un
caso particular fue el de P4, quien modificó su
patrón de uso debido a complicaciones renales.
Tras la indicación médica de que las infusiones
"me estaba haciendo daño" a los riñones, redujo
significativamente el consumo de preparaciones
herbarias mientras mantenía el tratamiento con
células madre. Este caso ilustra cómo las
estrategias de integración no son estáticas, sino
que se adaptan en función de la evolución
clínica y las recomendaciones médicas.
La adherencia al tratamiento convencional fue
enfatizada consistentemente. P2 afirmó
categóricamente que "nunca dejo los
medicamentos", y P6 describió mantener "una
rutina ordenada" donde toma "las pastillas en
los horarios indicados". Esta priorización
sugiere que, para estos participantes, la
medicina ancestral funciona como
complemento percibido que enriquece, pero no
compite con, el tratamiento biomédico. En
cuanto a la comunicación con el médico y
reacciones profesionales (Pregunta 4), el
análisis de los patrones de comunicación reveló
un espectro de comportamientos que reflejó las
tensiones subyacentes en la relación entre
sistemas médicos. Solo dos participantes (P2 y
P6) reportaron comunicar siempre su uso de
medicina ancestral, cuatro lo hacían
selectivamente, y uno (P3) nunca lo había
mencionado.
Las razones para la no divulgación o
divulgación parcial convergieron en el temor al
juicio profesional. P3 explicó explícitamente
que "siento que muchos médicos no creen en
estas cosas y tengo miedo de que me digan que
está mal". P1, quien comunicaba solo
ocasionalmente, justificó esta selectividad
señalando que "no siempre hablo del tema
porque siento que no todos los médicos
entienden estas prácticas". Este patrón sugiere
que la comunicación incompleta no responde a
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ocultamiento deliberado, sino a una evaluación
situacional de la receptividad percibida del
profesional. Las reacciones médicas reportadas
se distribuyeron en un continuo desde la
aceptación cautelosa hasta la restricción
explícita. En el extremo más receptivo, P2
describió que su doctora "me escuchó con
respeto y me explicó que puedo usar plantas,
pero que debo controlar bien mis niveles de
azúcar y no dejar el tratamiento". Una posición
intermedia fue la respuesta neutral descrita por
P7: "no me dijo nada sobre eso, me dijo que solo
no deje de tomar las pastillitas". P6
experimentó una reacción de mayor cautela
profesional, donde el médico expresó
"preocupación y cautela" indicando que
"muchas de estas terapias no tienen suficiente
evidencia científica [...] y que podrían tener
riesgos", aunque aceptó continuar el
seguimiento siempre que no se abandonara el
tratamiento convencional. El caso más
restrictivo fue el de P4, cuyo médico indicó
explícitamente "que ya no me tome las agüitas
de esas porque me hace más los riñones", una
recomendación fundamentada en el diagnóstico
de insuficiencia renal de la participante.
Este análisis evidencia que, cuando existe
comunicación, las respuestas profesionales
tienden a enfocarse en tres elementos
consistentes: la importancia de no abandonar el
tratamiento convencional, la necesidad de
monitorear posibles efectos adversos, y el
reconocimiento contextual de las prácticas
culturales sin necesariamente validarlas
clínicamente. Con relación a la categoría 3:
Percepciones y creencias sobre el uso integrado.
3.1. Ventajas percibidas de combinar ambos
tipos de medicina (Pregunta 5). Los
participantes articularon una visión
complementaria donde cada sistema médico
aporta beneficios diferenciados que, en
conjunto, producen un resultado superior al uso
aislado de cualquiera de ellos. Este patrón de
complementariedad percibida constituyó el
hallazgo central de esta dimensión. La medicina
convencional fue consistentemente valorada
por su efectividad en el control glucémico
objetivable. P5 expresó que "la medicina del
médico me da confianza porque veo los
resultados en los exámenes", mientras que P6 la
asoció con "seguridad en cuanto a controles,
los laboratorios y tratamiento basado en
evidencia".
Esta valoración se fundamentó en indicadores
medibles y verificables que proporcionan
certidumbre sobre el estado de la enfermedad.
En contraste, la medicina ancestral fue asociada
con beneficios de naturaleza más subjetiva y
holística, particularmente en las dimensiones de
energía, tranquilidad emocional y bienestar
corporal general. P1 señaló que "las plantitas
me ayudan a sentirme con más energía y
tranquilidad", y P3 indicó que "las plantas me
ayudan a sentirme mejor del cuerpo [...] menos
hinchado, con menos cansancio y más liviano".
P2 sintetizó esta complementariedad afirmando
que "la medicina del doctor me controla el
azúcar, pero la medicina ancestral me hace
sentir más tranquila, menos inflamada y con
más ánimo".
Un hallazgo significativo fue la emergencia de
beneficios psicológicos asociados al uso
integrado que trascienden los efectos directos
de cualquier tratamiento. P5 describió que
combinar ambas medicinas "me hace sentir más
tranquila como que estoy poniendo de mi parte
y no dejando todo solo a las pastillas",
evidenciando cómo el uso activo de medicina
ancestral genera una sensación de agencia y
participación activa en el autocuidado. P6
amplió esta perspectiva señalando que las
prácticas tradicionales le proporcionan "una
sensación de esperanza de estar regenerando
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mi organismo y de participar activamente en mi
cuidado". La conexión cultural emergió como
beneficio adicional, particularmente entre
participantes de comunidades indígenas. P5
expresó que la medicina ancestral "me conecta
con lo que he visto a toda mi familia",
sugiriendo que estas prácticas funcionan como
vínculo identitario y de continuidad cultural que
aporta significado más alde cualquier efecto
terapéutico directo. En cuanto al significado de
salud y bienestar en relación con la diabetes
(Pregunta 6). El análisis reveló concepciones de
salud multidimensionales que integraron
elementos físicos, funcionales, emocionales y,
en algunos casos, espirituales. Un hallazgo
transversal fue el rechazo implícito de
definiciones reduccionistas centradas
exclusivamente en parámetros biomédicos. P1
expresó categóricamente que "para mí la salud
no es solo que el azúcar esté normal", posición
reiterada por P6 quien señaló que "no es solo
tener la glucosa en rango normal".
La funcionalidad cotidiana emergió como
indicador central de salud para todos los
participantes. La capacidad de trabajar,
levantarse cada día y realizar actividades
habituales constituyó el criterio pragmático
predominante. P3 definió la salud como "poder
levantarme todos los días, trabajar y no sentir
dolor", mientras que P4 la asoció con "poder
levantarme a hacer mis cosas". Esta orientación
funcional refleja contextos de vida donde la
capacidad productiva tiene implicaciones
directas para la subsistencia familiar. Las
dimensiones emocionales y de bienestar
subjetivo fueron igualmente valoradas. P2
incluyó en su definición "sentirme bien
conmigo misma", y P4 enfatizó aspectos como
"no estar pensando en cosas negativas, no estar
con pena sino tranquila". P5 establec una
conexión explícita entre estado emocional y
control metabólico, expresando que "creo que
las preocupaciones también suben el azúcar".
Varios participantes articularon visiones que
integran explícitamente ambas perspectivas
médicas. P6 ofreció la formulación más
elaborada, describiendo que desde la visión
occidental relaciona la salud con "buenos
valores de laboratorio, prevención de
complicaciones y seguir las indicaciones
médicas", mientras que desde las creencias
ancestrales la conecta con "el equilibrio de
cuerpo, la alimentación natural, la armonía con
la naturaleza". P1 expresó una integración
similar señalando que "la medicina ancestral ve
al cuerpo y el alma sanos para poder salir
adelante". Un elemento distintivo fue la
persistencia de esperanza en la curación,
expresada por P7 quien manifestó que "con la
bendición de Dios sé que algún día voy a
curarme". Esta creencia, aunque clínicamente
improbable dado el carácter crónico de la
diabetes tipo 2, refleja marcos interpretativos
donde la enfermedad no se concibe
necesariamente como condición permanente e
irreversible.
Con respecto a la categoría 4: Barreras y
facilitadores en el manejo integrado.
Dificultades y barreras enfrentadas (Pregunta
7), el análisis identificó cuatro tipos principales
de barreras que obstaculizan la implementación
del manejo integrado, las cuales operan en
niveles individual, relacional y estructural. La
incertidumbre sobre dosificación y seguridad
constituyó la barrera más frecuentemente
mencionada, reportada por 6 de los 7
participantes. Esta incertidumbre se manifestó
tanto en el desconocimiento sobre cantidades
apropiadas como en el temor a efectos adversos.
P1 expresó que "a veces no sé si estoy haciendo
bien la combinación", mientras que P5 señaló
que "es complicado saber la dosis correcta de
las hierbas y encontrar información confiable
porque la mayoría de cosas son de boca a
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boca". P2 añadió el componente de temor
indicando que "he sentido miedo de que alguna
planta me haga daño si no la uso bien". Esta
barrera refleja la ausencia de protocolos
estandarizados y la naturaleza
predominantemente oral de la transmisión del
conocimiento tradicional. Las limitaciones
económicas emergieron como segunda barrera
significativa, particularmente entre
participantes de menores ingresos y aquellos
que utilizan terapias de mayor costo como las
células madre. P2 expresó que "a veces no
alcanza para todo", mientras que P6 señaló
específicamente que "el costo de las terapias
con células madre [...] es bastante costoso". P4
ilustró cómo esta barrera afecta la accesibilidad
práctica, mencionando que "tengo que
madrugar donde la doctora, igual un poco
caro".
La percepción de desconfianza del sistema de
salud constituyó una barrera relacional que
afectó la comunicación paciente-profesional.
Cuatro participantes expresaron variantes de
esta percepción. P7 indicó que "hay doctores
que no creen en los remedios naturales y eso
hace que uno tenga miedo de contarles la
verdad", mientras que P6 describió haber
notado "resistencia y desconfianza por parte de
algunos profesionales [...] lo que a veces hace
que uno dude o se sienta juzgado". Esta barrera
genera un círculo problemático donde el temor
al juicio inhibe la comunicación, lo cual a su vez
impide el monitoreo profesional del uso
combinado. Las dificultades de acceso a plantas
medicinales representaron una barrera
estructural mencionada por participantes de
zonas rurales o periurbanas. P7 explicó que "las
hojas de la guayaba no hay en la comunidad,
así que toca ir a Ambato a comprar en el
mercado modelo", y P3 coincidió en que "a
veces no hay todas las plantas disponibles, toca
bajar al mercado". Esta barrera implica costos
adicionales de tiempo y transporte que pueden
limitar la consistencia del uso. P5 identificó una
barrera adicional relacionada con la recepción
de mensajes contradictorios desde diferentes
fuentes: "a veces recibo mensajes muy distintos,
algunos me dicen que deje las pastillas y que
solo tome plantas mientras que en el centro de
salud casi no hablan de la medicina ancestral y
eso me hace sentir en medio de dos extremos".
Esta tensión entre sistemas de legitimación
genera confusión y puede comprometer la
adherencia a cualquiera de los tratamientos.
En cuando a los facilitadores del entorno
familiar, comunitario y del sistema de salud
(Pregunta 8). El apoyo familiar emergió como
el facilitador más consistente y valorado,
mencionado por todos los participantes. Este
apoyo se manifestó en múltiples dimensiones:
ayuda práctica en la preparación de remedios,
recordatorio de horarios, acompañamiento
emocional y respaldo a las decisiones
terapéuticas. P2 detalló que su esposo "me
recuerda los horarios y me ayuda con la
comida", mientras que P5 describió un apoyo
integral donde la familia "me ayuda a preparar
las infusiones, a cuidar la alimentación y me
acompaña a la consulta médica".
P1 enfatizó la dimensión de validación cultural
señalando que "todos creen en la medicina
ancestral y me ayudan a prepararla". Las redes
comunitarias funcionaron como segundo
facilitador fundamental, proporcionando tanto
conocimiento práctico como normalización
social del uso de medicina ancestral. P3 destacó
el rol de los mayores indicando que "las
personas mayores siempre me orientan sobre
cómo preparar las plantas y cómo tomarlas",
mientras que P5 señaló que "en mi barrio es
común que la gente use plantas así que no me
siento rara por hacerlo". P7 describió cómo
estas redes funcionan como sistema de
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información: "hay personas que nos aconsejan
y nos dan ánimos y ahí es uno cuando se llega
a enterar que esto es bueno". Esta
normalización comunitaria contrarresta
parcialmente la percepción de deslegitimación
desde el sistema de salud formal. El
acompañamiento del sistema de salud, cuando
fue percibido como respetuoso y no
confrontación, también funcionó como
facilitador. P2 valoró que "en el centro de salud
me explican bien y me hacen controles, eso me
da seguridad", mientras que P4 mencionó
positivamente las visitas domiciliarias donde
"la doctorcita viene y me visita, me controla".
Un hallazgo significativo fue que la actitud no
confrontación de los profesionales, incluso sin
validación explícita de las prácticas
tradicionales, facilitaba la continuidad del
manejo integrado. P5 expresó que "el hecho de
que mi médico no se haya opuesto
radicalmente, sino que más bien me haya
pedido que lo mantenga informado me ha dado
confianza para seguir ambos caminos".
P6 coincidió señalando que "aunque mi médico
es crítico, ha aceptado y me vigila mi estado de
salud lo que me da una base de seguridad". En
lo que respecta a la categoría 5: Resultados
percibidos y proyección hacia otros pacientes.
Evaluación de resultados en el control de la
diabetes (Pregunta 9). Todos los participantes
reportaron mejorías percibidas desde que
implementaron el uso integrado, aunque la
atribución causal de estas mejorías varió en su
especificidad. Los resultados percibidos se
agruparon en dos dimensiones
interrelacionadas: beneficios físicos
objetivables y beneficios subjetivos de bienestar
general. En la dimensión física, el control
glucémico mejorado fue reportado
consistentemente. P1 indique "mis niveles de
azúcar han mejorado", P2 señaló que "mis
niveles de azúcar están más estables", y P7
confirmó que su médico "dice que mi azúcar
está bien". La reducción de síntomas
específicos también fue frecuentemente
mencionada; P5 describió que "ya no tengo
tanta sed ni voy tan seguido al baño como al
principio", y P2 reportó "menos mareos, menos
cansancio". El incremento de energía y
vitalidad constituyó otro beneficio físico
transversal; P3 expresó tener "más fuerza para
trabajar", y P4 señaló que "ya no estoy tan
decaída".
En la dimensión subjetiva, la tranquilidad
emocional fue el beneficio más
consistentemente reportado. P2 se describió
como "más tranquila y segura", P3 indicó
sentirse "más tranquilo", y P7 expresó estar
"más tranquila menos preocupada". P5 añadió
la reducción de ansiedad como beneficio
específico, señalando que "siento menos
ansiedad porque tengo la sensación de que no
estoy dejando nada por hacer para cuidarme".
Un hallazgo metodológicamente relevante fue
la dificultad expresada por algunos
participantes para atribuir mejorías a
componentes específicos del régimen
integrado. P6 articuló esta complejidad
señalando que "no puedo asegurar que todo se
deba a las células madre o a los remedios
tradicionales porque también he mejorado mi
alimentación y hago más ejercicio, pero en
conjunto siempre siento una mejoría". Esta
observación sugiere que los participantes
experimentan los beneficios como resultado de
un sistema de prácticas interconectadas, más
que como efectos aislados de intervenciones
discretas. La percepción de integralidad en los
resultados fue expresada explícitamente por
varios participantes. P6 describió haber logrado
"mantener mi glucosa más estable y sentirme
con más energía, menos cansancio y un poco
más de bienestar general", mientras que P5
sintetizó sus mejorías indicando que "mis
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exámenes han ido mejorando poco a poco y en
general me siento más liviana". Esta
integralidad percibida sugiere que el valor del
manejo integrado, desde la perspectiva de los
participantes, reside precisamente en su
capacidad de abordar simultáneamente
múltiples dimensiones del bienestar. En
relación son las recomendaciones para otros
pacientes con diabetes tipo 2 (Pregunta 10). Las
recomendaciones ofrecidas por los participantes
convergieron en principios consistentes que
reflejan la sabiduría práctica acumulada a través
de su experiencia con el manejo integrado. Tres
mensajes centrales emergieron
transversalmente.
El primer mensaje, expresado unánimemente,
fue la prioridad del tratamiento convencional.
P6 recomendó enfáticamente "que nunca
abandone su tratamiento médico
convencional", P5 aconsejó "que primero haga
caso del tratamiento del médico y que no
abandone por ningún remedio casero", y P1
sintetizó "que no deje las pastillas". Esta
consistencia es notable considerando que los
participantes valoran positivamente la medicina
ancestral, y sugiere una integración madura
donde el complemento tradicional no compite
con, sino que se subordina estratégicamente al
tratamiento biomédico. El segundo mensaje
enfatizó la importancia de la precaución y la
comunicación profesional en el uso de medicina
ancestral. P2 recomendó usarla "con cuidado y
siempre informando al médico", y P5 aconsejó
hacerlo "con moderación" y "siempre avisar a
su médico lo que está tomando". P4, desde su
experiencia con complicaciones renales, ofreció
una advertencia específica: "que no abusen
mucho de las agüitas porque daña los riñones".
P6 añadió un llamado al pensamiento crítico,
recomendando "ser crítico con lo que ofrecen"
y no dejarse llevar por promesas exageradas. El
tercer mensaje situó el manejo integrado en el
contexto más amplio del estilo de vida. P5
enfatizó que "tanto las plantas como las
pastillas funcionan mejor si uno cambia la
forma de comer", y P6 recordó que "el estilo de
vida ya sea la dieta, el ejercicio, el manejo de
estrés, la alimentación, es tan importante como
cualquier pastilla o tratamiento". Este mensaje
refleja una comprensión sofisticada donde las
intervenciones terapéuticas, sean
convencionales o tradicionales, son concebidas
como componentes de un sistema más amplio
de autocuidado. Algunos participantes
ofrecieron mensajes de aliento emocional. P2
aconsejó "que no tenga miedo", y P7
recomendó "que no se asusten, que se cuiden".
Estos mensajes reflejan la dimensión emocional
del diagnóstico experimentada por los propios
participantes y su deseo de mitigar el impacto
inicial en otros pacientes.
Figura 1. Modelo integrador de la experiencia
de uso combinado de medicina ancestral y
convencional.
Fuente: Elaboración propia.
El apoyo familiar emerge como el facilitador
más robusto y transversal del manejo integrado,
un hallazgo que Vaezi et al. (2021) ya
documentaron en pacientes diabéticos de
contextos culturalmente diversos, donde las
redes de soporte cercano condicionan tanto la
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adherencia como la toma de decisiones
terapéuticas. En el contexto ecuatoriano, esta
dinámica adquiere una dimensión adicional: el
tejido familiar actúa como guardián del
conocimiento ancestral y, simultáneamente,
como mediador entre la medicina tradicional y
el sistema de salud formal, lo que implica que
las intervenciones de educación en diabetes
deberían diseñarse con enfoque familiar y no
exclusivamente individual. Ignorar este factor
en el diseño de programas de salud pública
representa una oportunidad perdida para
potenciar la adherencia terapéutica en
poblaciones indígenas y rurales del Ecuador.
La transmisión intergeneracional y las redes
comunitarias como canales principales de
adquisición del conocimiento herbolario
reflejan patrones bien documentados en
poblaciones indígenas de Guatemala. Rohloff et
al. (2023) mencionan que, aunque en el presente
estudio emerge un elemento contemporáneo
relevante: la influencia de plataformas digitales
como TikTok entre los participantes más
jóvenes. Esta confluencia entre saberes
ancestrales transmitidos oralmente y el acceso
no regulado a información digital plantea un
riesgo clínico concreto la adopción de
prácticas sin sustento científico ni
supervisión y una oportunidad ética para que
el sistema de salud ecuatoriano desarrolle
estrategias de alfabetización en salud digital
adaptadas culturalmente, especialmente en
territorios donde la telemedicina y las redes
sociales están desplazando a los agentes de
salud comunitaria. Solo dos de los siete
participantes comunicaron sistemáticamente a
su médico el uso de medicina ancestral, un
patrón de silencio que la revisión sistemática de
Sriraman et al. (2023) y el estudio de Chang
(2025) identificaron como uno de los
principales riesgos de seguridad en el manejo
integrado. Sin embargo, más allá de la
descripción del fenómeno, este hallazgo tiene
implicaciones éticas urgentes para el contexto
ecuatoriano: el silencio del paciente no es un
acto de desinformación, sino una respuesta
racional ante entornos clínicos percibidos como
no seguros para la expresión de la identidad
cultural.
Las razones expuestas, como el temor al juicio
profesional y la percepción de descrédito hacia
las prácticas tradicionales, coinciden con lo
reportado por Alzahrani et al. (2024) y señalan
que la barrera no reside en el paciente, sino en
la cultura organizacional del sistema de salud.
Esto exige políticas institucionales que formen
a los profesionales en competencia cultural, tal
como establece el marco normativo del Ecuador
plurinacional, cuya implementación en los
centros de primer nivel sigue siendo
insuficiente. La estrategia de separación
temporal entre la toma de preparaciones
tradicionales y medicamentos convencionales
representa un aporte novedoso del estudio, ya
que no se ha descrito explícitamente este
comportamiento como un mecanismo
deliberado de gestión de riesgos.
No obstante, Sriraman et al. (2023) describieron
que los pacientes emplean un enfoque de
“ensayo y error” en sus decisiones terapéuticas,
ajustando el uso de ambos tipos de medicina
según su experiencia personal, lo cual sugiere
indirectamente la existencia de estrategias
activas de autogestión que podrían incluir la
separación temporal. El hallazgo de que ningún
participante sustituyó el tratamiento
convencional por la medicina ancestral,
utilizando esta última exclusivamente como
complemento, es consistente con múltiples
estudios internacionales. Adeniyi et al. (2021) y
Ekpor et al. (2024) señalan que este constituye
un dato clínicamente relevante: los pacientes
han integrado de forma pragmática ambos
sistemas sin que ello comprometa la adherencia
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al tratamiento farmacológico. Este resultado
cuestiona la narrativa biomédica que percibe el
uso de la medicina tradicional como un factor
de riesgo per se para el abandono del
tratamiento y sugiere que el enfoque clínico
debería orientarse hacia la supervisión segura
de la práctica integrada en lugar de su
desestimulación, lo cual implicaría reformular
los protocolos de atención de la diabetes en el
primer nivel del sistema de salud ecuatoriano.
Las concepciones multidimensionales de salud
expresadas por los participantes, que articulan
funcionalidad cotidiana, bienestar emocional y
equilibrio cuerpo-mente, reflejan
cosmovisiones coherentes con el concepto
andino del Sumak Kawsay y convergen con los
resultados de Blasco et al. (2020) en contextos
latinoamericanos. Esta dimensión no es
meramente filosófica; desde una perspectiva de
política pública, implica que los indicadores de
control glucémico aislados resultan
insuficientes para evaluar la efectividad del
tratamiento desde la perspectiva del paciente. El
diseño de instrumentos de evaluación que
incorporen variables de bienestar subjetivo,
funcionalidad y significado cultural de la salud
respondería de forma más pertinente a las
necesidades de las poblaciones indígenas y
mestizas del Ecuador.
Las barreras identificadas, particularmente la
incertidumbre sobre la dosificación y la
seguridad, reportada por seis de los siete
participantes, contrastan parcialmente con lo
esperado según la literatura. Mientras Vaezi et
al. (2021) identificaron barreras similares
relacionadas con el desconocimiento sobre la
preparación y las dosis, Adeniyi et al. (2021)
encontraron en Jamaica que los pacientes
frecuentemente no perciben riesgos
significativos en el uso dual. Esta discrepancia
podría explicarse por diferencias en el nivel
educativo de los participantes y la exposición a
mensajes de salud pública sobre interacciones
medicamentosas.
Las mejorías percibidas tanto en indicadores
físicos como en el bienestar emocional,
reportadas unánimemente por los participantes,
son consistentes con los beneficios subjetivos
documentados en la literatura, aunque requieren
una interpretación cautelosa. Puig-García et al.
(2023) identificaron que, en Ecuador, el apoyo
familiar y la medicina tradicional funcionaron
como estrategias de afrontamiento esenciales
durante la pandemia, proporcionando
beneficios que trascienden los efectos
farmacológicos directos para incluir
dimensiones de agencia personal y conexión
cultural, resultados que resuenan con las
percepciones de los participantes del estudio.
Este estudio contribuye a llenar un vacío
significativo en la literatura, dado que, como
señalan Puig et al. (2024), existe escasez de
investigaciones cualitativas ecuatorianas que
exploren específicamente la experiencia
subjetiva de navegar entre sistemas de
tratamiento ancestral y biomédico. Los
resultados sobre estrategias de separación
temporal y la influencia de medios digitales en
la transmisión del conocimiento tradicional
representan aportes originales que amplían la
comprensión del fenómeno en contextos
latinoamericanos con población indígena.
Conclusiones
El presente estudio permitió determinar la
percepción del uso integrado de la medicina
ancestral y convencional en el manejo de la
diabetes tipo 2 en siete pacientes de la parroquia
Santa Rosa, cantón Ambato, Ecuador,
revelando que dicha integración constituye una
práctica deliberada, coherente y sostenida en el
tiempo. Los participantes asignaron a cada
sistema médico roles diferenciados y
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complementarios: la medicina convencional
aportó certeza objetiva a través del control
glucémico farmacológico, mientras que la
medicina ancestral contribuyó al bienestar
emocional, la identidad cultural y la sensación
de integralidad terapéutica. Esta percepción
complementaria, y no sustitutiva, pone de
manifiesto que la integración de sistemas
médicos no representa un riesgo para la
adherencia al tratamiento convencional, sino
una estrategia de autocuidado culturalmente
arraigada que demanda reconocimiento y
acompañamiento clínico estructurado.
Incorporar esta evidencia en la formación del
profesional de enfermería y en el diseño de
políticas de salud interculturales resulta
imperativo para el Ecuador plurinacional.
Las experiencias vivenciales de los
participantes revelaron que el uso combinado de
medicina ancestral y convencional surgió como
respuesta a un diagnóstico emocionalmente
disruptivo y se sostuvo sobre la base de
creencias personales, identidad cultural y
confianza en la experiencia intergeneracional.
El repertorio de prácticas ancestrales fue
diverso (predominantemente herbario) y las
fuentes de conocimiento transitaron desde la
transmisión familiar hasta las plataformas
digitales, lo que evidencia una resignificación
contemporánea del saber tradicional. Estas
creencias no interfirieron con la adherencia al
tratamiento convencional, sino que lo
enriquecieron al ofrecer una dimensión de
sentido y pertenencia que la atención
biomédica, por sola, no proporcionó. Este
hallazgo implica que la enfermería debe
integrar en la valoración inicial y el seguimiento
del paciente diabético preguntas sobre prácticas
ancestrales, abordadas desde una postura
culturalmente competente y libre de juicio. La
comunicación sobre el uso de medicina
ancestral entre pacientes y profesionales de
salud fue escasa, asimétrica y condicionada por
el temor al juicio clínico. Esta brecha
comunicativa no refleja desinformación del
paciente, sino la percepción de un entorno
clínico que no valida ni comprende las prácticas
culturales propias.
Cuando existió apertura profesional, los
participantes reportaron mayor seguridad,
mejor adherencia y decisiones terapéuticas más
informadas, lo que demuestra que la calidad del
vínculo terapéutico es un determinante directo
de la seguridad del manejo integrado. En
consecuencia, es necesario implementar en los
centros de salud del Ecuador protocolos de
comunicación interculturalmente sensibles que
promuevan la declaración espontánea del uso de
medicina complementaria, reduciendo así los
riesgos de interacciones no supervisadas. Las
barreras identificadas como incertidumbre
sobre seguridad y dosificación, limitaciones
económicas, desconfianza institucional y
acceso geográfico desigual a plantas
medicinales operan de forma simultánea en
múltiples niveles y configuran una
vulnerabilidad sistémica que dificulta la
implementación segura del manejo integrado.
En contraposición, el apoyo familiar, las redes
comunitarias y los encuentros clínicos
percibidos como respetuosos funcionaron como
facilitadores consistentes, capaces de sostener
la práctica integrada incluso en contextos de alta
adversidad. Los resultados percibidos fueron
unánimemente positivos en las dimensiones
glucémica, emocional y funcional, aunque los
propios participantes reconocieron la dificultad
de atribuir estas mejorías a componentes
específicos. Estos resultados demandan el
diseño de intervenciones de salud pública que
aborden las barreras estructurales del manejo
integrado, regulen las prácticas
complementarias sin sustento científico e
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impulsen la investigación longitudinal sobre la
efectividad de la fitoterapia andina en el control
de la diabetes tipo 2 en Ecuador.
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