Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 5.2
Edición Especial V 2026
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EL JUEGO DIRIGIDO Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO DE LA ETAPA
PREOPERACIONAL EN EL NIVEL INICIAL
DIRECTED PLAY AND ITS INFLUENCE ON THE DEVELOPMENT OF THE
PREOPERATIONAL STAGE IN EARLY CHILDHOOD EDUCATION
Autores: ¹Miryam Janeth Jami Chicaiza, ²Lourdes Elizabeth Morales Llerena, ³Janeth
Alexandra Tutasig Fonseca y
4
Inés María Yanchaluisa Chicaiza.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0005-3807-1335
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-7412-3795
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0008-3108-1495
4
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0000-8907-4791
¹E-mail de contacto: lcda.jami@hotmail.com
²E-mail de contacto: lourdes.morales@docentes.educacion.edu.ec
³E-mail de contacto: janeth.tutasig@docentes.educacion.edu.ec
4
E-mail de contacto: ines.yanchaluisa@docentes.educacion.edu.ec
Afiliación: ¹*³*Investigador independiente, (Ecuador). ²*U. E. Monseñor Juan Wiesneth, (Ecuador).
4
*U. E. Federico González Suárez,
(Ecuador)
Articulo recibido: 17 de Abril del 2026
Articulo revisado: 17 de Abril del 2026
Articulo aprobado: 16 de Mayo del 2026
¹Licenciada en Educación Básica por la Universidad Técnica de Ambato (Ecuador), cursando una maestría en Educación Básica por la
Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
²Licenciada en Educación Básica en la Universidad Estatal de Milagro (Ecuador). Posee una maestría en Educación Básica de la
Universidad Estatal de Milagro (Ecuador), docente de la Unidad Educativa Monseñor Juan Wiesnth (Ecuador).
³ Licenciada en Educación, con mención en Informática y Computación graduada en la Universidad Técnica de Ambato, (Ecuador). Posee
una maestría en Educación Básica graduada en la Universidad Estatal de Milagro (Ecuador).
4
Licenciada en Ciencias de la Educación mención Educación Básica, graduada en la Universidad Técnica de Cotopaxi, (Ecuador). Posee
un Magister en Educación Básica otorgado en la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador). Docente en la Unidad Educativa Federico
González Suárez.
Resumen
La presente investigación tuvo como objetivo
analizar la influencia del juego dirigido en el
desarrollo de la etapa preoperacional en niños
del nivel inicial. El estudio se desarrolló bajo
un enfoque cuantitativo con diseño cuasi
experimental, utilizando pretest y postest
aplicados a un grupo experimental y un grupo
de control conformados por 54 estudiantes de
educación inicial pertenecientes a una
institución educativa de la ciudad de Milagro,
Ecuador. La técnica utilizada fue la
observación sistemática y como instrumento se
aplicó una ficha de observación estructurada
validada mediante juicio de expertos y
analizada estadísticamente con Alfa de
Cronbach para garantizar su confiabilidad. La
intervención pedagógica consistió en la
aplicación de actividades basadas en el juego
dirigido durante ocho semanas académicas.
Los resultados evidenciaron mejoras
significativas en el grupo experimental en
dimensiones relacionadas con el pensamiento
simbólico, el lenguaje oral, la interacción social
y la creatividad infantil. En el postest, el 70,4%
de los estudiantes del grupo experimental
alcanzó niveles altos de desempeño, mientras
que en el grupo de control únicamente el 22,3%
logró ubicarse en este nivel. Asimismo, el
análisis inferencial mediante Rho de Spearman
mostró una correlación positiva muy alta entre
el juego dirigido y el desarrollo de la etapa
preoperacional = 0,874; p < 0,05),
confirmando la aceptación de la hipótesis de
investigación. Se concluyó que el juego
dirigido constituye una estrategia pedagógica
eficaz para fortalecer el desarrollo cognitivo,
social y comunicativo en niños del nivel inicial
mediante experiencias lúdicas significativas y
participativas.
Palabras clave: Juego dirigido, Etapa
preoperacional, Educación inicial.
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Abstract
This research aimed to analyze the influence of
guided play on the development of the
preoperational stage in preschool children. The
study employed a quantitative approach with a
quasi-experimental design, using pre-tests and
post-tests administered to an experimental
group and a control group comprised of 54
preschool students from an educational
institution in the city of Milagro, Ecuador. The
technique used was systematic observation,
and the instrument employed was a structured
observation checklist validated by expert
review and statistically analyzed using
Cronbach's alpha to ensure its reliability. The
pedagogical intervention consisted of the
application of guided play-based activities over
eight academic weeks. The results showed
significant improvements in the experimental
group in dimensions related to symbolic
thought, oral language, social interaction, and
children's creativity. In the post-test, 70.4% of
the students in the experimental group reached
high levels of performance, while in the control
group only 22.3% achieved this level.
Furthermore, inferential analysis using
Spearman's rho showed a very high positive
correlation between guided play and the
development of the preoperational stage =
0.874; p < 0.05), confirming the acceptance of
the research hypothesis. It was concluded that
guided play constitutes an effective
pedagogical strategy for strengthening
cognitive, social, and communicative
development in early childhood education
through meaningful and participatory play
experiences.
Keywords: Guided play, Preoperational
stage, Early childhood education.
Sumário
Esta pesquisa teve como objetivo analisar a
influência do jogo guiado no desenvolvimento
do estágio pré-operatório em crianças pré-
escolares. O estudo empregou uma abordagem
quantitativa com delineamento quase-
experimental, utilizando pré-testes e pós-testes
aplicados a um grupo experimental e um grupo
controle, compostos por 54 alunos da pré-escola
de uma instituição de ensino na cidade de
Milagro, Equador. A técnica utilizada foi a
observação sistemática, e o instrumento
empregado foi uma lista de verificação de
observação estruturada, validada por revisão de
especialistas e analisada estatisticamente
utilizando o alfa de Cronbach para garantir sua
confiabilidade. A intervenção pedagógica
consistiu na aplicação de atividades baseadas
em jogo guiado ao longo de oito semanas
letivas. Os resultados mostraram melhorias
significativas no grupo experimental em
dimensões relacionadas ao pensamento
simbólico, linguagem oral, interação social e
criatividade infantil. No pós-teste, 70,4% dos
alunos do grupo experimental atingiram altos
níveis de desempenho, enquanto no grupo
controle apenas 22,3% alcançaram esse nível.
Além disso, a análise inferencial utilizando o
coeficiente de correlação de Spearman
demonstrou uma correlação positiva muito alta
entre o jogo guiado e o desenvolvimento do
estágio pré-operatório = 0,874; p < 0,05),
confirmando a hipótese da pesquisa. Concluiu-
se que o jogo guiado constitui uma estratégia
pedagógica eficaz para fortalecer o
desenvolvimento cognitivo, social e
comunicativo na educação infantil por meio de
experiências lúdicas significativas e
participativas.
Palavras-chave: Jogo guiado, Estágio pré-
operatório, Educação infantil.
Introducción
El desarrollo infantil durante los primeros años
de vida constituye una de las etapas más
determinantes para la consolidación de
habilidades cognitivas, sociales, emocionales y
motrices que acompañarán al ser humano
durante todo su proceso educativo y formativo.
En este contexto, la educación inicial adquiere
una relevancia trascendental debido a que
representa el primer espacio sistemático de
interacción pedagógica donde los niños
comienzan a estructurar procesos de
pensamiento, lenguaje, simbolización y
adaptación social mediante experiencias
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significativas de aprendizaje. Diversos estudios
en el ámbito de la psicología evolutiva han
demostrado que las experiencias tempranas
influyen directamente en la organización de las
funciones cognitivas superiores, especialmente
cuando estas experiencias se desarrollan
mediante actividades lúdicas planificadas que
estimulan la exploración, la imaginación y la
resolución de problemas desde edades
tempranas (Piaget, 1973). En consecuencia, las
instituciones de educación inicial enfrentan el
desafío de implementar estrategias
metodológicas activas que permitan fortalecer
el desarrollo integral de los niños a través de
ambientes pedagógicos dinámicos y
participativos. Dentro de estas estrategias, el
juego dirigido se ha consolidado como una
herramienta educativa fundamental debido a su
capacidad para integrar el aprendizaje con la
motivación y la participación espontánea del
estudiante. Asimismo, organismos
internacionales relacionados con la infancia y la
educación han enfatizado la necesidad de
incorporar metodologías lúdicas en el currículo
inicial para favorecer procesos de desarrollo
cognitivo acordes con las características
evolutivas de la niñez (UNESCO, 2022). Por
esta razón, el análisis de la influencia del juego
dirigido sobre el desarrollo de la etapa
preoperacional constituye un tema de gran
relevancia científica y pedagógica dentro del
contexto educativo contemporáneo.
La teoría del desarrollo cognitivo propuesta por
Jean Piaget establece que la etapa
preoperacional comprende aproximadamente
desde los dos hasta los siete años de edad y se
caracteriza por el desarrollo progresivo de la
función simbólica, el pensamiento intuitivo y la
representación mental de objetos y situaciones.
Durante esta etapa, los niños comienzan a
utilizar símbolos, imágenes y palabras para
representar la realidad, aunque todavía
presentan limitaciones relacionadas con el
razonamiento lógico y la comprensión de
operaciones mentales complejas (Piaget &
Inhelder, 2007). Desde esta perspectiva, el
aprendizaje infantil debe estar vinculado a
experiencias concretas y significativas que
permitan al niño interactuar activamente con su
entorno mediante procesos de exploración y
descubrimiento guiado. El juego dirigido
aparece entonces como una estrategia
pedagógica que facilita el fortalecimiento de
habilidades cognitivas esenciales propias de la
etapa preoperacional, tales como la
imaginación, la clasificación, la seriación, la
comunicación verbal y la representación
simbólica. Además, el carácter estructurado del
juego dirigido permite al docente orientar los
objetivos educativos sin limitar la creatividad ni
la participación espontánea del estudiante,
favoreciendo así un equilibrio entre el
aprendizaje formal y la actividad lúdica.
Investigaciones recientes han evidenciado que
los niños que participan frecuentemente en
actividades lúdicas guiadas presentan mayores
niveles de atención, interacción social y
desarrollo cognitivo en comparación con
aquellos expuestos exclusivamente a
metodologías tradicionales centradas en la
repetición y la memorización (Bodrova &
Leong, 2015). Por consiguiente, resulta
necesario profundizar en el estudio del juego
dirigido como elemento potenciador del
desarrollo cognitivo infantil dentro de los
contextos educativos iniciales.
En el ámbito educativo latinoamericano,
múltiples instituciones de educación inicial
continúan enfrentando dificultades relacionadas
con la implementación de estrategias
pedagógicas activas orientadas al desarrollo
integral del niño. En muchos casos, las prácticas
docentes aún se encuentran influenciadas por
modelos tradicionales que priorizan actividades
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mecánicas y rígidas, limitando la exploración
libre, la creatividad y la participación activa de
los estudiantes dentro del aula. Esta situación
resulta particularmente preocupante durante la
etapa preoperacional debido a que el
aprendizaje infantil en estas edades depende
significativamente de experiencias concretas y
dinámicas que permitan la construcción
progresiva del conocimiento a través de la
interacción con el entorno (Vygotsky, 1979).
Frente a esta problemática, el juego dirigido
emerge como una alternativa metodológica
capaz de transformar los espacios educativos en
escenarios de aprendizaje significativo donde el
niño desarrolla habilidades cognitivas, sociales
y emocionales mediante actividades
organizadas pedagógicamente. De igual
manera, diversos autores sostienen que las
experiencias lúdicas dirigidas favorecen el
desarrollo del lenguaje oral, la autonomía, la
resolución de conflictos y la interiorización de
normas sociales, aspectos fundamentales para el
adecuado desenvolvimiento infantil en los
primeros años escolares (Garaigordobil, 2014).
Sin embargo, pese a los beneficios ampliamente
reconocidos del juego en la educación inicial,
aún existen contextos educativos donde su
aplicación pedagógica es limitada o poco
sistematizada, lo que evidencia la necesidad de
desarrollar investigaciones orientadas a analizar
su verdadera influencia sobre el desarrollo
cognitivo infantil. En consecuencia, estudiar la
relación entre el juego dirigido y la etapa
preoperacional permite generar conocimientos
relevantes que contribuyan al fortalecimiento de
las prácticas pedagógicas en el nivel inicial.
La incorporación del juego dirigido dentro de
los procesos educativos también responde a las
nuevas concepciones pedagógicas centradas en
el estudiante como protagonista activo de su
aprendizaje. Desde esta perspectiva, el docente
deja de asumir únicamente un rol transmisor de
conocimientos para convertirse en mediador y
facilitador de experiencias significativas
orientadas al desarrollo integral del niño. En
este sentido, el juego dirigido posibilita la
creación de situaciones pedagógicas donde los
estudiantes participan activamente en la
construcción de aprendizajes mediante
actividades organizadas que estimulan la
observación, la imaginación, la socialización y
la solución de problemas cotidianos. Asimismo,
el carácter motivador del juego favorece la
permanencia de la atención y el interés infantil
durante el desarrollo de las actividades
escolares, permitiendo una mayor disposición
hacia el aprendizaje y la participación colectiva
(Bruner, 1984). De igual forma, el uso adecuado
del juego dirigido contribuye al fortalecimiento
de competencias relacionadas con el
pensamiento simbólico y la representación
mental, capacidades estrechamente vinculadas
con las características propias de la etapa
preoperacional descrita por Piaget. La
relevancia pedagógica de esta estrategia radica
además en su capacidad para integrar
dimensiones cognitivas, afectivas y sociales
dentro de un mismo proceso educativo,
promoviendo experiencias integrales que
favorecen el desarrollo armónico de la niñez.
Por ello, resulta indispensable analizar de
manera científica cómo las actividades dicas
dirigidas influyen en el desarrollo de las
capacidades cognitivas de los niños del nivel
inicial.
En los últimos años, las investigaciones
relacionadas con educación infantil han
enfatizado la importancia de diseñar ambientes
pedagógicos estimulantes que respondan a las
necesidades evolutivas de los estudiantes
durante las primeras etapas de formación
escolar. Estos estudios sostienen que el
aprendizaje significativo en edades tempranas
depende en gran medida de la calidad de las
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experiencias educativas proporcionadas dentro
del aula, especialmente cuando estas
experiencias se desarrollan mediante
metodologías activas y participativas. Bajo esta
lógica, el juego dirigido representa una
herramienta metodológica que permite articular
los contenidos curriculares con actividades
recreativas capaces de estimular el pensamiento
preoperacional mediante procesos de
simbolización, imitación y representación
mental. Además, las dinámicas lúdicas
favorecen el fortalecimiento de habilidades
sociales relacionadas con la cooperación, el
respeto de normas y la comunicación
interpersonal, contribuyendo así al desarrollo
integral del niño dentro del contexto educativo
(Singer, Golinkoff, & Hirsh-Pasek, 2006). A
pesar de ello, en algunas instituciones
educativas persisten limitaciones vinculadas
con la planificación y aplicación adecuada de
estrategias lúdicas dirigidas, situación que
puede afectar negativamente el desarrollo
cognitivo y social de los estudiantes durante
esta etapa evolutiva. En este marco, surge la
necesidad de investigar cómo el juego dirigido
influye específicamente en el desarrollo de la
etapa preoperacional en niños del nivel inicial,
considerando tanto sus aportes cognitivos como
sus implicaciones pedagógicas dentro del
proceso de enseñanza-aprendizaje. Por lo tanto,
la presente investigación busca aportar
evidencia científica que permita fortalecer las
prácticas educativas orientadas al desarrollo
infantil integral mediante el uso pedagógico del
juego dirigido.
Marco teórico
El juego constituye una de las actividades
fundamentales en el desarrollo integral de la
infancia debido a que permite al niño explorar
su entorno, expresar emociones, desarrollar
habilidades cognitivas y fortalecer procesos de
socialización desde edades tempranas. Desde el
campo de la psicología evolutiva y la pedagogía
infantil, el juego ha sido considerado una
herramienta natural de aprendizaje que favorece
la construcción progresiva del conocimiento
mediante experiencias significativas y
dinámicas. Diversos autores sostienen que
durante los primeros años de vida los niños
aprenden principalmente a través de actividades
lúdicas que estimulan la curiosidad, la
creatividad y la interacción con los objetos y las
personas que forman parte de su contexto
inmediato (Piaget, 1973). En este sentido, el
juego no debe entenderse únicamente como una
actividad recreativa orientada al
entretenimiento, sino como un proceso
pedagógico que contribuye al fortalecimiento
de funciones cognitivas, emocionales y sociales
esenciales para el desarrollo infantil. Asimismo,
el contexto educativo contemporáneo ha
reconocido la importancia de incorporar
metodologías lúdicas dentro del currículo
escolar con el propósito de favorecer
aprendizajes activos y participativos que
respondan a las características evolutivas de la
niñez. De igual manera, diferentes
investigaciones educativas han evidenciado que
las actividades basadas en el juego generan
mayores niveles de motivación y participación
estudiantil, facilitando procesos de aprendizaje
más significativos y duraderos (Bodrova &
Leong, 2015). Por esta razón, el estudio del
juego dirigido adquiere una relevancia especial
dentro del nivel inicial debido a su influencia
sobre el desarrollo cognitivo y social de los
niños durante la etapa preoperacional.
El juego dirigido se caracteriza por ser una
actividad lúdica estructurada y planificada
pedagógicamente por el docente con el
propósito de alcanzar objetivos específicos de
aprendizaje y desarrollo infantil. A diferencia
del juego libre, donde el niño actúa
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espontáneamente sin intervención constante del
adulto, el juego dirigido implica la orientación
y mediación pedagógica del docente, quien
organiza materiales, establece normas y diseña
experiencias de aprendizaje acordes con las
necesidades evolutivas de los estudiantes. Esta
modalidad de juego permite integrar contenidos
curriculares con dinámicas recreativas que
favorecen el desarrollo de capacidades
cognitivas, motrices y socioemocionales
mediante experiencias prácticas y
participativas. Según Lev Vygotsky, las
actividades guiadas por adultos o compañeros
más competentes facilitan el aprendizaje
infantil dentro de la denominada zona de
desarrollo próximo, permitiendo que el niño
alcance niveles superiores de comprensión y
desempeño mediante la interacción social
(Vygotsky, 1979). Bajo esta perspectiva, el
juego dirigido se convierte en un mecanismo
pedagógico que promueve la adquisición
progresiva de habilidades cognitivas a través de
la mediación docente y la participación activa
del estudiante. Además, las experiencias lúdicas
estructuradas favorecen la interiorización de
normas, el fortalecimiento del lenguaje oral y el
desarrollo de procesos simbólicos
fundamentales durante la etapa preoperacional.
En consecuencia, el juego dirigido representa
una estrategia metodológica esencial para el
fortalecimiento del aprendizaje significativo en
el nivel inicial.
La etapa preoperacional forma parte de la teoría
del desarrollo cognitivo propuesta por Jean
Piaget y comprende aproximadamente entre los
dos y siete años de edad. Durante esta etapa, los
niños desarrollan progresivamente la capacidad
de representar mentalmente objetos, personas y
situaciones mediante imágenes, símbolos y
palabras, lo que marca el inicio del pensamiento
simbólico y la construcción de estructuras
cognitivas más complejas. Sin embargo, aunque
el niño comienza a utilizar representaciones
mentales, todavía presenta limitaciones
relacionadas con el razonamiento lógico y la
comprensión de operaciones abstractas, razón
por la cual su aprendizaje depende
principalmente de experiencias concretas y
manipulativas (Piaget & Inhelder, 2007).
Dentro de las principales características de la
etapa preoperacional destacan el egocentrismo
cognitivo, el pensamiento intuitivo, la
centración y la incapacidad para comprender el
principio de conservación. Estas caractesticas
evidencian que el desarrollo cognitivo infantil
requiere estrategias pedagógicas dinámicas que
permitan estimular la exploración, la
experimentación y la interacción social dentro
de ambientes educativos significativos. En este
contexto, el juego dirigido se convierte en una
herramienta metodológica adecuada para
favorecer procesos de simbolización,
comunicación y razonamiento básico mediante
actividades organizadas pedagógicamente.
Asimismo, las dinámicas lúdicas permiten que
los niños fortalezcan habilidades relacionadas
con la imaginación, la representación y la
resolución de situaciones simples propias de su
nivel evolutivo. Por lo tanto, comprender las
características de la etapa preoperacional resulta
fundamental para analizar la influencia del
juego dirigido en el desarrollo infantil.
El pensamiento simbólico constituye una de las
capacidades más importantes desarrolladas
durante la etapa preoperacional debido a que
permite al niño representar mentalmente objetos
y situaciones ausentes mediante símbolos,
palabras, imágenes o gestos. Esta capacidad
representa un avance significativo dentro del
desarrollo cognitivo infantil, ya que facilita
procesos relacionados con el lenguaje, la
imaginación y el aprendizaje social. Según
Piaget (1973), el surgimiento de la función
simbólica posibilita que el niño utilice objetos
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para representar otros elementos diferentes,
fenómeno observable especialmente durante las
actividades lúdicas donde los estudiantes
asignan significados imaginarios a materiales
cotidianos. En este sentido, el juego dirigido
favorece el fortalecimiento del pensamiento
simbólico mediante dinámicas pedagógicas que
estimulan la creatividad, la dramatización y la
representación de roles dentro del aula.
Asimismo, las actividades lúdicas estructuradas
permiten que los niños desarrollen habilidades
de comunicación verbal y expresión emocional
al interactuar con sus compañeros y docentes
durante el proceso de juego. Diversos estudios
relacionados con educación infantil sostienen
que las experiencias pedagógicas basadas en la
simbolización contribuyen significativamente
al desarrollo del lenguaje y la capacidad de
resolución de problemas en edades tempranas
(Bruner, 1984). De igual manera, el juego
dirigido promueve la construcción de
aprendizajes significativos debido a que conecta
las experiencias imaginativas del niño con
objetivos educativos concretos planificados por
el docente. En consecuencia, el fortalecimiento
del pensamiento simbólico mediante
actividades lúdicas representa un componente
esencial dentro del desarrollo de la etapa
preoperacional.
Otro aspecto fundamental relacionado con la
etapa preoperacional es el desarrollo del
lenguaje oral como herramienta principal de
comunicación e interacción social. Durante los
primeros años de vida, los niños experimentan
un crecimiento acelerado de sus capacidades
lingüísticas, ampliando progresivamente su
vocabulario, comprensión verbal y habilidades
comunicativas mediante la interacción
constante con su entorno familiar y educativo.
En este proceso, las actividades lúdicas
desempeñan un papel esencial debido a que
generan contextos dinámicos donde el niño
utiliza el lenguaje de manera espontánea para
expresar ideas, emociones y experiencias. El
juego dirigido favorece particularmente el
desarrollo lingüístico porque incorpora
instrucciones, diálogos, narraciones y
actividades grupales que estimulan la
participación verbal y la comunicación
interpersonal dentro del aula. Además, la
mediación docente durante las dinámicas
lúdicas permite corregir errores de
pronunciación, enriquecer el vocabulario
infantil y fortalecer habilidades relacionadas
con la comprensión y expresión oral (Papalia &
Martorell, 2017). Asimismo, las experiencias
lúdicas grupales contribuyen al aprendizaje de
normas comunicativas básicas, tales como
escuchar, respetar turnos y mantener
conversaciones con otros compañeros. Diversas
investigaciones educativas han demostrado que
los niños que participan regularmente en
actividades pedagógicas basadas en el juego
presentan mayores avances en el desarrollo del
lenguaje y la interacción social en comparación
con aquellos expuestos únicamente a
metodologías tradicionales (Garaigordobil,
2014). Por esta razón, el juego dirigido
constituye una estrategia pedagógica relevante
para estimular el desarrollo lingüístico durante
la etapa preoperacional.
La socialización infantil representa otro de los
componentes fundamentales fortalecidos
mediante el juego dirigido dentro de la
educación inicial. Durante la etapa
preoperacional, los niños comienzan a
establecer relaciones más complejas con sus
pares y adultos, desarrollando habilidades
relacionadas con la cooperación, la empatía y el
cumplimiento de normas sociales básicas. En
este sentido, el juego dirigido favorece la
interacción grupal debido a que promueve
actividades colaborativas donde los estudiantes
deben comunicarse, compartir materiales y
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participar colectivamente en la resolución de
situaciones planteadas por el docente. Según
Vygotsky (1979), el aprendizaje infantil ocurre
principalmente mediante la interacción social,
razón por la cual las experiencias compartidas
dentro del aula resultan fundamentales para el
desarrollo cognitivo y emocional del niño. Bajo
esta perspectiva, el juego dirigido permite
fortalecer procesos de socialización mediante
dinámicas organizadas que facilitan la
convivencia, el respeto mutuo y la participación
activa dentro del contexto educativo.
Asimismo, las actividades lúdicas grupales
contribuyen al desarrollo de habilidades
emocionales relacionadas con el autocontrol, la
tolerancia y la expresión adecuada de
sentimientos durante las interacciones
cotidianas. Investigaciones recientes en
educación infantil han demostrado que los
ambientes pedagógicos basados en el juego
favorecen significativamente la adaptación
escolar y el desarrollo socioemocional de los
estudiantes en edades tempranas (UNICEF,
2021). Por lo tanto, el juego dirigido constituye
una estrategia integral que no solo fortalece el
aprendizaje cognitivo, sino también la
formación social y emocional del niño.
El aprendizaje significativo en la educación
inicial depende en gran medida de la
implementación de estrategias pedagógicas
activas que respondan a las necesidades e
intereses de los estudiantes durante las primeras
etapas de desarrollo. En este contexto, el juego
dirigido se presenta como una metodología
capaz de transformar los procesos tradicionales
de enseñanza en experiencias dinámicas y
participativas donde el niño aprende mediante
la acción, la exploración y la interacción con su
entorno. Según David Ausubel, el aprendizaje
significativo ocurre cuando los nuevos
conocimientos se relacionan de manera
coherente con las experiencias previas del
estudiante, permitiendo una comprensión más
profunda y duradera de los contenidos
educativos (Ausubel, 2002). Bajo esta
concepción, las actividades lúdicas dirigidas
facilitan la construcción del conocimiento
debido a que vinculan experiencias concretas y
motivadoras con objetivos pedagógicos
claramente definidos por el docente. Asimismo,
el juego dirigido favorece la atención y la
motivación infantil, elementos indispensables
para el desarrollo efectivo del aprendizaje
durante la etapa preoperacional. Las dinámicas
recreativas organizadas también estimulan la
curiosidad y el interés del niño por descubrir
nuevas formas de interacción y resolución de
problemas, fortaleciendo así procesos
cognitivos relacionados con la memoria, la
percepción y el razonamiento básico. De igual
manera, el carácter participativo del juego
permite que los estudiantes asuman un rol
activo dentro del proceso educativo,
favoreciendo la autonomía y la construcción
progresiva de conocimientos significativos. En
consecuencia, el juego dirigido constituye una
herramienta metodológica esencial para el
fortalecimiento del aprendizaje significativo en
el nivel inicial.
Las tendencias pedagógicas contemporáneas
han reconocido la necesidad de implementar
metodologías innovadoras orientadas al
desarrollo integral de la infancia mediante
enfoques centrados en la actividad y
participación del estudiante. Dentro de estas
tendencias, el juego dirigido ocupa un lugar
relevante debido a que permite integrar el
aprendizaje académico con experiencias
recreativas que favorecen simultáneamente el
desarrollo cognitivo, emocional y social del
niño. Diversos organismos internacionales
relacionados con la educación y la infancia
sostienen que el juego debe considerarse un
derecho fundamental y una estrategia
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pedagógica indispensable dentro de los
programas de educación inicial debido a su
influencia positiva sobre el desarrollo integral
infantil (UNESCO, 2022). Asimismo, las
políticas educativas actuales promueven la
incorporación de ambientes de aprendizaje
dinámicos y flexibles donde los niños puedan
explorar, experimentar y construir
conocimientos mediante actividades lúdicas
organizadas pedagógicamente. En este marco,
el docente desempeña un rol esencial como
mediador del aprendizaje, diseñando
experiencias educativas que estimulen la
creatividad, la participación y el desarrollo de
habilidades cognitivas propias de la etapa
preoperacional. Además, la adecuada
planificación del juego dirigido permite atender
las diferencias individuales de los estudiantes,
favoreciendo procesos educativos inclusivos y
adaptados a las características evolutivas de
cada niño. Investigaciones recientes han
evidenciado que las metodologías lúdicas
generan mejores resultados en términos de
motivación, participación y desarrollo
cognitivo dentro de la educación inicial en
comparación con modelos tradicionales
centrados exclusivamente en actividades
repetitivas y memorísticas (Singer et al., 2006).
Por consiguiente, el juego dirigido representa
una estrategia pedagógica fundamental para
fortalecer el desarrollo integral durante la etapa
preoperacional en el nivel inicial.
El desarrollo cognitivo infantil dentro de la
etapa preoperacional también se encuentra
estrechamente relacionado con la capacidad del
niño para construir aprendizajes mediante la
manipulación concreta de objetos y la
experimentación directa con su entorno.
Durante esta fase evolutiva, los niños aprenden
principalmente a través de experiencias
sensoriales y motrices que les permiten
interpretar progresivamente la realidad y
establecer relaciones básicas entre los
elementos que observan cotidianamente. En
este sentido, el juego dirigido favorece el
aprendizaje experiencial debido a que incorpora
materiales didácticos, dinámicas grupales y
actividades de exploración que estimulan la
percepción, la coordinación y el razonamiento
intuitivo. Según las aportaciones de María
Montessori, los ambientes educativos deben
ofrecer oportunidades concretas de
manipulación y descubrimiento para que el niño
desarrolle autonomía y construya
conocimientos mediante experiencias activas de
aprendizaje (Montessori, 2003). Bajo esta
perspectiva, las actividades lúdicas dirigidas
permiten que los estudiantes interactúen con
materiales concretos mientras fortalecen
habilidades relacionadas con la clasificación,
comparación y representación mental de
objetos. Asimismo, la orientación pedagógica
del docente durante el juego facilita que las
experiencias recreativas se conviertan en
situaciones de aprendizaje significativo acordes
con las necesidades evolutivas de la infancia.
Diversas investigaciones educativas han
señalado que los niños expuestos a estrategias
lúdicas manipulativas presentan mayores
niveles de comprensión y participación escolar
en comparación con aquellos sometidos
exclusivamente a metodologías tradicionales
centradas en la repetición verbal (Berk, 2018).
Por lo tanto, el juego dirigido constituye una
herramienta metodológica esencial para
estimular procesos cognitivos relacionados con
la exploración y el aprendizaje concreto durante
la etapa preoperacional.
La creatividad infantil representa otro de los
componentes fundamentales fortalecidos
mediante el juego dirigido dentro de la
educación inicial. La creatividad puede
definirse como la capacidad del niño para
generar ideas, resolver situaciones de manera
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innovadora y expresar pensamientos mediante
diferentes formas simbólicas y comunicativas.
Durante la etapa preoperacional, esta capacidad
se desarrolla progresivamente gracias a las
experiencias imaginativas y recreativas que
permiten al niño transformar mentalmente la
realidad y construir escenarios ficticios a partir
de sus experiencias cotidianas. En este
contexto, el juego dirigido favorece la
creatividad debido a que proporciona espacios
organizados donde los estudiantes pueden
dramatizar situaciones, inventar historias,
asumir roles y utilizar materiales didácticos con
fines simbólicos y expresivos. Según Bruner
(1984), el aprendizaje creativo surge cuando el
niño participa activamente en actividades que
estimulan la imaginación y la resolución de
problemas mediante experiencias dinámicas y
participativas. Además, las actividades lúdicas
dirigidas contribuyen al fortalecimiento de la
espontaneidad y la iniciativa infantil, aspectos
fundamentales para el desarrollo de la
autonomía y la confianza personal. De igual
manera, las experiencias recreativas
organizadas por el docente permiten integrar
objetivos pedagógicos con actividades
motivadoras que mantienen el interés y la
participación activa de los estudiantes dentro
del aula. Investigaciones recientes han
demostrado que la implementación de
estrategias pedagógicas basadas en el juego
favorece significativamente la creatividad y la
capacidad de innovación en niños de educación
inicial (Robinson, 2015). En consecuencia, el
juego dirigido se consolida como una
metodología adecuada para estimular el
pensamiento creativo durante la etapa
preoperacional.
Otro aspecto relevante relacionado con el
desarrollo preoperacional es la formación de la
autonomía infantil mediante experiencias
pedagógicas que promuevan la participación
activa y la toma de decisiones dentro del
contexto educativo. Durante los primeros años
de vida, los niños comienzan a desarrollar
habilidades relacionadas con la independencia
personal, el autocontrol y la capacidad para
realizar actividades básicas sin ayuda constante
del adulto. En este sentido, el juego dirigido
permite fortalecer la autonomía debido a que
brinda oportunidades para que los estudiantes
participen en actividades organizadas donde
deben seguir instrucciones, resolver situaciones
simples y asumir responsabilidades acordes con
su edad. Según Erikson (2000), el desarrollo de
la autonomía constituye una necesidad
fundamental durante la infancia temprana, ya
que influye directamente en la construcción de
la autoestima y la seguridad emocional del niño.
Bajo esta perspectiva, las actividades lúdicas
dirigidas favorecen la confianza personal y la
iniciativa infantil al permitir que los estudiantes
exploren su entorno y participen activamente en
experiencias recreativas guiadas
pedagógicamente. Asimismo, la interacción
grupal durante el juego contribuye al
aprendizaje de normas y hábitos relacionados
con la convivencia, el respeto y la cooperación
dentro del aula. Diversos estudios en educación
inicial han evidenciado que los ambientes
pedagógicos participativos favorecen mayores
niveles de independencia y adaptación escolar
en comparación con contextos educativos
excesivamente rígidos o directivos (Papalia &
Martorell, 2017). Por ello, el juego dirigido
representa una estrategia metodológica eficaz
para fortalecer la autonomía y la participación
activa durante la etapa preoperacional.
La motricidad infantil también desempeña un
papel fundamental dentro del desarrollo integral
del niño durante la educación inicial. Las
habilidades motrices permiten al estudiante
interactuar con su entorno, manipular objetos,
desplazarse y coordinar movimientos
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necesarios para la realización de actividades
cotidianas y escolares. Durante la etapa
preoperacional, el desarrollo motriz se
encuentra estrechamente relacionado con los
procesos cognitivos debido a que el movimiento
favorece la exploración y el aprendizaje
mediante experiencias concretas y dinámicas.
En este contexto, el juego dirigido constituye
una herramienta pedagógica que estimula tanto
la motricidad gruesa como la motricidad fina
mediante actividades recreativas organizadas
que requieren coordinación, equilibrio,
precisión y control corporal. Según Le Boulch
(2001), el movimiento representa un
componente esencial dentro del desarrollo
cognitivo y emocional infantil debido a que
facilita la interacción del niño con el medio y
fortalece la construcción de esquemas
corporales y espaciales. Asimismo, las
dinámicas lúdicas dirigidas permiten que los
estudiantes desarrollen habilidades motrices
mientras participan en experiencias
motivadoras y socialmente significativas dentro
del aula. De igual manera, el juego favorece el
desarrollo de la lateralidad, la coordinación
visomotriz y la orientación espacial,
capacidades fundamentales para posteriores
procesos de aprendizaje relacionados con la
lectura y la escritura. Investigaciones actuales
en psicomotricidad educativa sostienen que las
experiencias lúdicas organizadas contribuyen
significativamente al desarrollo integral de los
niños en edades tempranas (Aucouturier, 2004).
En consecuencia, el juego dirigido constituye
una estrategia pedagógica indispensable para
fortalecer las habilidades motrices durante la
etapa preoperacional.
El rol del docente dentro del juego dirigido
resulta determinante para garantizar
experiencias pedagógicas significativas
orientadas al desarrollo integral del niño. En la
educación inicial, el maestro no solo cumple
funciones relacionadas con la transmisión de
conocimientos, sino también tareas de
orientación, mediación y acompañamiento
dentro del proceso educativo. Desde esta
perspectiva, el docente debe planificar
cuidadosamente las actividades lúdicas
considerando las características evolutivas,
intereses y necesidades de los estudiantes
durante la etapa preoperacional. Asimismo, la
adecuada mediación pedagógica permite
transformar el juego en una experiencia
educativa estructurada donde los niños
desarrollan habilidades cognitivas, sociales y
emocionales mediante la participación activa y
la interacción grupal. Según Vygotsky (1979),
el aprendizaje infantil se fortalece cuando el
adulto actúa como mediador dentro de
actividades que estimulan progresivamente
capacidades superiores de pensamiento y
comunicación. Bajo esta concepción, el docente
debe intervenir estratégicamente durante el
juego dirigido para orientar el aprendizaje sin
limitar la creatividad ni la espontaneidad
infantil. Además, la observación constante del
comportamiento de los estudiantes durante las
actividades lúdicas permite identificar
necesidades, dificultades y potencialidades
relacionadas con el desarrollo infantil. Diversos
estudios pedagógicos han demostrado que la
calidad de la mediación docente influye
significativamente en los resultados educativos
obtenidos mediante estrategias lúdicas en el
nivel inicial (Bodrova & Leong, 2015). Por esta
razón, el rol del docente constituye un elemento
esencial dentro de la aplicación efectiva del
juego dirigido en la etapa preoperacional.
La interacción social desarrollada mediante el
juego dirigido favorece procesos fundamentales
relacionados con la construcción de habilidades
comunicativas y emocionales durante la
infancia. Durante las actividades lúdicas
grupales, los niños aprenden progresivamente a
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compartir experiencias, resolver conflictos,
expresar emociones y establecer nculos
afectivos con sus compañeros y docentes. Estas
interacciones representan una base importante
para el desarrollo socioemocional debido a que
permiten interiorizar normas de convivencia y
fortalecer actitudes relacionadas con la empatía,
la cooperación y el respeto mutuo. Según
Bandura (1987), gran parte del aprendizaje
infantil ocurre mediante la observación e
imitación de conductas presentes en el entorno
social inmediato, razón por la cual las
experiencias grupales dentro del aula poseen
una influencia significativa sobre el
comportamiento y desarrollo emocional del
niño. En este sentido, el juego dirigido crea
espacios de interacción donde los estudiantes
aprenden conductas sociales positivas mientras
participan activamente en dinámicas recreativas
organizadas. Asimismo, las actividades lúdicas
permiten desarrollar habilidades relacionadas
con la autorregulación emocional y la
resolución pacífica de conflictos mediante
situaciones simuladas propias del juego
simbólico. Diversas investigaciones en
educación infantil han evidenciado que las
metodologías basadas en el juego favorecen
ambientes escolares más participativos,
inclusivos y emocionalmente saludables
(Denham, 2018). Por consiguiente, el juego
dirigido representa una estrategia pedagógica
fundamental para fortalecer la interacción social
y el desarrollo emocional durante la etapa
preoperacional.
Las políticas educativas actuales relacionadas
con la primera infancia han reconocido la
importancia de implementar metodologías
activas centradas en el juego como eje
fundamental del aprendizaje infantil.
Organismos internacionales como la UNESCO
y UNICEF sostienen que las experiencias
lúdicas favorecen el desarrollo integral de los
niños al estimular dimensiones cognitivas,
emocionales, sociales y motrices dentro de
ambientes educativos participativos y seguros.
En este marco, los currículos de educación
inicial han comenzado a incorporar estrategias
pedagógicas basadas en el juego dirigido con el
propósito de promover aprendizajes
significativos acordes con las necesidades
evolutivas de la infancia. Asimismo, estas
políticas educativas enfatizan la necesidad de
fortalecer la formación docente para garantizar
la adecuada planificación y aplicación de
metodologías lúdicas dentro de las instituciones
educativas. Según UNESCO (2022), el
aprendizaje basado en el juego mejora
significativamente la motivación, la creatividad
y el rendimiento académico en edades
tempranas debido a que transforma el proceso
educativo en una experiencia activa y
participativa. Además, el juego dirigido
favorece ambientes inclusivos donde todos los
estudiantes pueden participar y desarrollar sus
capacidades mediante actividades adaptadas a
sus características individuales. Diversas
investigaciones internacionales han confirmado
que los programas educativos centrados en el
juego generan mejores resultados en términos
de desarrollo cognitivo y socioemocional
durante la primera infancia (UNICEF, 2021).
Por ello, la incorporación del juego dirigido
dentro de las políticas educativas
contemporáneas responde a la necesidad de
fortalecer modelos pedagógicos más
humanistas y centrados en el desarrollo integral
del niño.
La relación entre el juego dirigido y el
desarrollo de la etapa preoperacional evidencia
la importancia de implementar estrategias
pedagógicas innovadoras que respondan a las
necesidades cognitivas y emocionales de los
niños en educación inicial. El juego dirigido no
solo favorece el fortalecimiento del
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pensamiento simbólico y el aprendizaje
significativo, sino que también contribuye al
desarrollo del lenguaje, la creatividad, la
socialización y la autonomía infantil mediante
experiencias dinámicas y organizadas
pedagógicamente. Asimismo, las actividades
lúdicas permiten que el niño participe
activamente en la construcción de
conocimientos a través de procesos de
exploración, interacción y representación
mental acordes con las características propias
de la etapa preoperacional descrita por Piaget.
Diversos autores coinciden en que las
metodologías basadas en el juego favorecen
ambientes educativos más motivadores y
participativos donde el aprendizaje ocurre de
manera natural y significativa (Singer et al.,
2006). De igual forma, el rol mediador del
docente resulta indispensable para garantizar
que las experiencias recreativas respondan a
objetivos pedagógicos claramente establecidos
dentro del proceso educativo. Además, la
adecuada implementación del juego dirigido
fortalece dimensiones fundamentales del
desarrollo infantil relacionadas con la
comunicación, la convivencia y la adaptación
escolar durante los primeros años de formación
académica. Investigaciones recientes continúan
demostrando que el juego constituye una
herramienta esencial para el desarrollo integral
de la infancia y para la construcción de
aprendizajes duraderos dentro de contextos
educativos inclusivos y participativos. En
consecuencia, el estudio del juego dirigido y su
influencia en la etapa preoperacional representa
una temática de gran relevancia científica y
pedagógica para el fortalecimiento de la
educación inicial contemporánea.
Materiales y Métodos
La presente investigación se desarrolbajo un
enfoque cuantitativo debido a que se orientó al
análisis objetivo y sistemático de la influencia
del juego dirigido en el desarrollo de la etapa
preoperacional en niños del nivel inicial
mediante la recopilación y procesamiento de
datos numéricos obtenidos a través de
instrumentos estructurados. El enfoque
cuantitativo permitió medir de manera precisa
las variaciones relacionadas con las habilidades
cognitivas, sociales y comunicativas de los
estudiantes antes y después de la aplicación de
estrategias pedagógicas basadas en el juego
dirigido. Asimismo, este enfoque facilitó el
establecimiento de relaciones entre las variables
estudiadas mediante procedimientos
estadísticos orientados a determinar el nivel de
influencia existente entre el juego dirigido y el
desarrollo de capacidades propias de la etapa
preoperacional. Según Hernández-Sampieri y
Mendoza (2018), la investigación cuantitativa
posibilita el análisis sistemático de fenómenos
educativos mediante técnicas estadísticas que
garantizan objetividad, confiabilidad y validez
en la interpretación de los resultados obtenidos.
En este sentido, el estudio permitió evaluar
científicamente la efectividad de actividades
lúdicas dirigidas aplicadas dentro del contexto
de educación inicial. Además, el uso de
procedimientos cuantitativos favoreció la
organización estructurada de la información
recopilada y la comparación de resultados
obtenidos durante el proceso investigativo. Por
consiguiente, el enfoque cuantitativo resultó
pertinente para el desarrollo de la presente
investigación debido a la necesidad de medir
objetivamente la influencia pedagógica del
juego dirigido sobre el desarrollo
preoperacional infantil.
El diseño de la investigación correspondió a un
estudio cuasi experimental con pretest y postest
aplicado a un grupo experimental y un grupo de
control, debido a que se buscó analizar los
cambios producidos en el desarrollo de la etapa
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preoperacional tras la implementación de una
intervención pedagógica basada en el juego
dirigido. Este diseño permitió comparar el nivel
de desarrollo cognitivo de los niños antes y
después de la aplicación de actividades lúdicas
estructuradas dentro del aula, favoreciendo una
evaluación objetiva de la efectividad de la
estrategia metodológica utilizada. El grupo
experimental participó en actividades
pedagógicas fundamentadas en el juego dirigido
durante un período académico determinado,
mientras que el grupo de control continuó
desarrollando actividades tradicionales sin la
aplicación sistemática de estrategias lúdicas
dirigidas. Asimismo, la aplicación del pretest
permitió identificar el nivel inicial de desarrollo
de habilidades relacionadas con el pensamiento
simbólico, la socialización y el lenguaje oral,
mientras que el postest facilitó la medición de
los avances alcanzados luego de la intervención
educativa. Según Campbell y Stanley (1995),
los diseños cuasi experimentales permiten
analizar relaciones de causa y efecto dentro de
contextos educativos reales donde no siempre
es posible la asignación completamente
aleatoria de los participantes. De igual manera,
este diseño metodológico favoreció la
obtención de evidencias científicas relacionadas
con la efectividad del juego dirigido como
estrategia pedagógica en el nivel inicial. En
consecuencia, el diseño cuasi experimental
permitió desarrollar un análisis comparativo y
sistemático sobre la influencia del juego
dirigido en la etapa preoperacional.
La población estuvo conformada por 54 niños
pertenecientes al nivel inicial de una institución
educativa ubicada en la ciudad de Milagro,
provincia del Guayas, Ecuador, durante el
período académico 2025-2026. Esta población
estuvo integrada por estudiantes cuyas edades
oscilaron entre los 4 y 5 años, etapa
correspondiente al desarrollo preoperacional
descrito por la teoría cognitiva de Piaget. La
selección de esta población respondió a la
necesidad de analizar el comportamiento de las
variables investigadas dentro de un contexto
educativo real donde los estudiantes se
encontraban en pleno proceso de desarrollo de
habilidades cognitivas, sociales y
comunicativas propias de la educación inicial.
Asimismo, los participantes compartían
características pedagógicas similares
relacionadas con el currículo educativo, el
contexto sociocultural y las condiciones
institucionales donde se desarrolló la
investigación. La muestra estuvo conformada
por la totalidad de la población debido a que el
número de estudiantes era accesible y
manejable para el desarrollo del estudio, razón
por la cual se trabamediante un muestreo no
probabilístico de tipo intencional. Del total de
participantes, 27 niños integraron el grupo
experimental y 27 conformaron el grupo de
control, garantizando condiciones similares
para la aplicación de los procedimientos
investigativos. Además, la participación de los
estudiantes se realizó respetando principios
éticos relacionados con la confidencialidad, el
consentimiento informado de los representantes
legales y el bienestar integral de los niños
durante el proceso investigativo.
Las variables investigadas estuvieron
constituidas por el juego dirigido como variable
independiente y el desarrollo de la etapa
preoperacional como variable dependiente. La
variable independiente se conceptualizó como
el conjunto de actividades lúdicas planificadas
y orientadas pedagógicamente por el docente
con la finalidad de estimular habilidades
cognitivas, sociales y comunicativas en los
estudiantes del nivel inicial. Esta variable
incluyó dimensiones relacionadas con la
participación activa, las dinámicas grupales, la
utilización de materiales didácticos y la
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mediación pedagógica dentro de las actividades
recreativas desarrolladas durante la
intervención educativa. Por otra parte, la
variable dependiente estuvo orientada al
análisis del desarrollo de capacidades propias
de la etapa preoperacional, considerando
dimensiones como el pensamiento simbólico, el
lenguaje oral, la socialización y la creatividad
infantil. Asimismo, cada una de estas
dimensiones fue operacionalizada mediante
indicadores específicos relacionados con la
representación simbólica, la interacción grupal,
la expresión verbal y la resolución básica de
situaciones dentro del contexto educativo.
Según Piaget e Inhelder (2007), las capacidades
cognitivas desarrolladas durante la etapa
preoperacional constituyen elementos
esenciales para la construcción progresiva del
pensamiento infantil y el aprendizaje
significativo. En este sentido, la
operacionalización de variables permitió
establecer criterios objetivos para la
recopilación y análisis de la información
obtenida durante el estudio. Por lo tanto, la
definición clara de las variables favoreció la
coherencia metodológica y el cumplimiento de
los objetivos planteados en la investigación.
Para la recopilación de información se
utilizaron técnicas e instrumentos acordes con
el enfoque cuantitativo y el diseño cuasi
experimental adoptado en el estudio. La técnica
principal empleada fue la observación
sistemática debido a que permitió registrar el
comportamiento y desempeño de los
estudiantes durante el desarrollo de actividades
pedagógicas relacionadas con el juego dirigido.
Como instrumento de investigación se aplicó
una ficha de observación estructurada
compuesta por indicadores vinculados con las
dimensiones del desarrollo preoperacional,
tales como pensamiento simbólico, interacción
social, creatividad y lenguaje oral. Este
instrumento fue diseñado utilizando una escala
valorativa de frecuencia que permitió medir el
nivel de desempeño de los estudiantes antes y
después de la intervención educativa.
Asimismo, la ficha de observación fue sometida
a un proceso de validación mediante juicio de
expertos conformado por profesionales
especializados en educación inicial y
metodología de la investigación, quienes
evaluaron aspectos relacionados con claridad,
pertinencia y coherencia de los ítems
planteados. Además, para garantizar la
confiabilidad del instrumento se aplicó una
prueba piloto cuyos resultados fueron
analizados mediante el coeficiente Alfa de
Cronbach, obteniéndose niveles adecuados de
consistencia interna. Según Arias (2020), la
validez y confiabilidad de los instrumentos
constituyen elementos esenciales para
garantizar la precisión y credibilidad de los
resultados obtenidos dentro de una
investigación científica. En consecuencia, la
utilización de técnicas e instrumentos
estructurados permitió recopilar información
objetiva y pertinente para el desarrollo del
estudio.
El procedimiento metodológico se desarrolló en
varias fases organizadas sistemáticamente para
garantizar el cumplimiento de los objetivos de
investigación. En una primera etapa se realizó
el diagnóstico inicial mediante la aplicación del
pretest a los grupos experimental y de control
con el propósito de identificar el nivel de
desarrollo preoperacional de los estudiantes
antes de la intervención pedagógica.
Posteriormente, se diseñó y aplicó un programa
de actividades basadas en el juego dirigido
dirigido exclusivamente al grupo experimental
durante un período de ocho semanas
académicas. Estas actividades incluyeron
dinámicas relacionadas con dramatizaciones,
juegos simbólicos, ejercicios cooperativos y
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actividades recreativas orientadas al
fortalecimiento del pensamiento simbólico, la
comunicación oral y la interacción social.
Mientras tanto, el grupo de control continuó
desarrollando actividades pedagógicas
tradicionales sin la incorporación sistemática de
estrategias lúdicas dirigidas. Finalizada la
intervención educativa, se aplicó el postest a
ambos grupos con la finalidad de comparar los
resultados obtenidos y determinar los cambios
producidos en las capacidades relacionadas con
la etapa preoperacional. Asimismo, durante
todo el proceso investigativo se mantuvo una
observación constante del comportamiento y
participación de los estudiantes dentro de las
actividades desarrolladas. De igual manera, el
procedimiento metodológico se ejecutó
respetando criterios éticos relacionados con la
integridad y bienestar de los participantes,
garantizando un ambiente pedagógico seguro y
adecuado para el desarrollo infantil.
Para el procesamiento y análisis de la
información recopilada se utilizaron técnicas
estadísticas descriptivas e inferenciales
mediante el programa estadístico IBM SPSS
Statistics versión 27. En la fase descriptiva se
emplearon frecuencias absolutas, porcentajes y
tablas comparativas que permitieron organizar e
interpretar los resultados obtenidos en el pretest
y postest aplicados a los grupos experimental y
de control. Asimismo, estos procedimientos
facilitaron la identificación de variaciones
relacionadas con las dimensiones del desarrollo
preoperacional analizadas durante el estudio.
En cuanto al análisis inferencial, se utilizó la
prueba estadística de Rho de Spearman debido
a que permitió determinar el nivel de relación
existente entre el juego dirigido y el desarrollo
de la etapa preoperacional considerando el
comportamiento de las variables investigadas.
Además, la utilización de técnicas estadísticas
inferenciales favoreció la comprobación
objetiva de la hipótesis planteada y el
establecimiento de conclusiones científicas
sustentadas en evidencia cuantitativa. Según
Hernández-Sampieri y Mendoza (2018), el
análisis estadístico constituye un componente
esencial dentro de la investigación cuantitativa
debido a que permite interpretar los datos
obtenidos de manera objetiva y sistemática. Por
consiguiente, el uso de procedimientos
estadísticos descriptivos e inferenciales
permitió garantizar rigor científico y
confiabilidad en los resultados de la
investigación.
Resultados y Discusión
Tabla 1. Nivel de desarrollo del pensamiento
simbólico en el pretest y postest del grupo
experimental.
Nivel de
desempeño
Pretest
f
Pretest
%
Postest
f
Postest
%
Bajo
14
51,9%
2
7,4%
Medio
10
37,0%
7
25,9%
Alto
3
11,1%
18
66,7%
Total
27
100%
27
100%
Fuente: Elaboración propia
Los resultados obtenidos en la dimensión
relacionada con el pensamiento simbólico
evidenciaron cambios significativos en el grupo
experimental después de la aplicación de
actividades pedagógicas basadas en el juego
dirigido. En el pretest se observó que el 51,9%
de los estudiantes presentaban un nivel bajo de
desempeño en habilidades relacionadas con la
representación simbólica, dramatización e
imaginación, mientras que únicamente el 11,1%
alcanzaba un nivel alto. Estos resultados
reflejaron limitaciones iniciales vinculadas con
la capacidad de representar objetos y
situaciones mediante símbolos y expresiones
imaginativas propias de la etapa preoperacional.
Sin embargo, tras la implementación de la
intervención pedagógica, los resultados del
postest mostraron una mejora considerable
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debido a que el porcentaje de estudiantes
ubicados en el nivel alto ascendió al 66,7%,
mientras que el nivel bajo disminuyó
significativamente hasta alcanzar únicamente el
7,4%. Este incremento evidenció que las
actividades lúdicas dirigidas favorecieron el
fortalecimiento de procesos cognitivos
relacionados con la imaginación, la
simbolización y la representación mental de
experiencias cotidianas. Asimismo, las
dinámicas pedagógicas basadas en
dramatizaciones y juegos simbólicos
permitieron estimular la creatividad y la
participación activa de los estudiantes dentro
del aula. Desde el punto de vista estadístico, la
variación porcentual entre el pretest y el postest
reflejó un incremento positivo de 55,6 puntos
porcentuales en el nivel alto de desempeño,
demostrando la efectividad del juego dirigido
sobre el desarrollo del pensamiento simbólico
durante la etapa preoperacional.
Tabla 2. Nivel de desarrollo del lenguaje oral
en el pretest y postest del grupo experimental
Nivel de
desempeño
Pretest
%
Postest
f
Postest
%
Bajo
44,4%
3
11,1%
Medio
40,7%
8
29,6%
Alto
14,9%
16
59,3%
Total
100%
27
100%
Fuente: Elaboración propia
Los resultados relacionados con el desarrollo
del lenguaje oral permitieron identificar
avances importantes en las habilidades
comunicativas de los estudiantes pertenecientes
al grupo experimental. Durante la aplicación del
pretest se evidenció que el 44,4% de los niños
presentaban dificultades relacionadas con la
expresión verbal, la pronunciación y la
participación comunicativa dentro de
actividades grupales, mientras que solamente el
14,9% alcanzaba niveles altos de desempeño
lingüístico. Esta situación reflejaba limitaciones
iniciales en procesos fundamentales de
interacción verbal propios de la etapa
preoperacional. No obstante, luego de la
aplicación sistemática de actividades basadas en
el juego dirigido, el postest mostró una mejora
significativa debido a que el porcentaje de
estudiantes ubicados en el nivel alto aumentó
hasta el 59,3%, mientras que el nivel bajo
disminuyó considerablemente al 11,1%. Estos
resultados demostraron que las dinámicas
lúdicas orientadas al diálogo, dramatización y
narración contribuyeron al fortalecimiento del
vocabulario, la fluidez verbal y la comunicación
interpersonal de los niños. Asimismo, la
mediación pedagógica del docente durante las
actividades recreativas favoreció la
participación espontánea y el desarrollo de
habilidades expresivas dentro del aula. Desde el
análisis estadístico descriptivo, se observó un
incremento de 44,4 puntos porcentuales en el
nivel alto de desempeño lingüístico,
evidenciando que el juego dirigido influyó
positivamente en el desarrollo del lenguaje oral
durante la etapa preoperacional.
Tabla 3. Nivel de interacción social en el
pretest y postest del grupo experimental
Nivel de
desempeño
Pretest
f
Pretest
%
Postest
f
Postest
%
Bajo
13
48,1%
2
7,4%
Medio
9
33,3%
7
25,9%
Alto
5
18,6%
18
66,7%
Total
27
100%
27
100%
Fuente: Elaboración propia
Los resultados correspondientes a la dimensión
de interacción social evidenciaron avances
significativos en las habilidades relacionadas
con la cooperación, participación grupal y
convivencia escolar de los estudiantes
pertenecientes al grupo experimental. En el
pretest se identificó que el 48,1% de los niños
presentaban niveles bajos de interacción social,
reflejando dificultades relacionadas con la
integración grupal, el respeto de normas y la
participación colaborativa dentro de actividades
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escolares. Asimismo, únicamente el 18,6%
alcanzaba un nivel alto de desempeño social
antes de la intervención pedagógica.
Posteriormente, luego de la aplicación del
programa basado en el juego dirigido, los
resultados del postest evidenciaron una mejora
considerable debido a que el nivel alto aumentó
hasta el 66,7%, mientras que el nivel bajo
disminuyó al 7,4%. Estos resultados
demostraron que las dinámicas recreativas
grupales permitieron fortalecer habilidades
relacionadas con la cooperación, la empatía y la
comunicación interpersonal entre los
estudiantes. Además, las actividades lúdicas
dirigidas favorecieron ambientes participativos
donde los niños aprendieron progresivamente a
compartir materiales, respetar turnos y resolver
situaciones mediante el diálogo y la interacción
colectiva. Desde el punto de vista estadístico, la
diferencia porcentual registrada entre el pretest
y el postest mostró un incremento positivo de
48,1 puntos porcentuales en el nivel alto de
interacción social, evidenciando la influencia
favorable del juego dirigido sobre el desarrollo
socioemocional infantil.
Tabla 4. Nivel de creatividad infantil en el
pretest y postest del grupo experimental
Nivel de
desempeño
Pretest
%
Postest
f
Postest
%
Bajo
55,6%
3
11,1%
Medio
29,6%
7
25,9%
Alto
14,8%
17
63,0%
Total
100%
27
100%
Fuente: Elaboración propia
Los resultados obtenidos en relación con la
creatividad infantil evidenciaron que la
aplicación del juego dirigido produjo mejoras
significativas en las capacidades imaginativas y
expresivas de los estudiantes del grupo
experimental. Durante el pretest se observó que
más de la mitad de los participantes,
correspondiente al 55,6%, presentaban niveles
bajos de creatividad relacionados con la escasa
iniciativa para dramatizar, inventar historias o
proponer soluciones imaginativas dentro de las
actividades escolares. Asimismo, únicamente el
14,8% alcanzaba niveles altos de creatividad
antes de la intervención pedagógica. Sin
embargo, después de la implementación de
estrategias lúdicas dirigidas, el postest reveló
que el 63,0% de los estudiantes logró ubicarse
en el nivel alto, mientras que el nivel bajo
disminuyó significativamente hasta el 11,1%.
Estos resultados reflejaron que las dinámicas
recreativas basadas en dramatizaciones, juegos
de roles y actividades simbólicas favorecieron
el fortalecimiento de la imaginación y la
expresión creativa de los niños durante la etapa
preoperacional. Además, las actividades
dirigidas permitieron generar ambientes
pedagógicos motivadores donde los estudiantes
participaron activamente en experiencias
relacionadas con la representación y
construcción imaginativa de situaciones
cotidianas. Desde el análisis estadístico
descriptivo, el incremento de 48,2 puntos
porcentuales en el nivel alto de creatividad
confirmó la efectividad del juego dirigido como
estrategia pedagógica orientada al
fortalecimiento de capacidades cognitivas y
expresivas en educación inicial.
Tabla 5. Comparación general de resultados
entre grupo experimental y grupo de control en
el postest
Grupo
Baj
o f
Bajo
%
Medi
o f
Medi
o %
Alt
o f
Alto
%
Tot
al
Experimen
tal
2
7,4%
6
22,2
%
19
70,4
%
27
Control
11
40,7
%
10
37,0
%
6
22,3
%
27
Fuente: Elaboración propia
La comparación general de resultados entre el
grupo experimental y el grupo de control
permitió identificar diferencias significativas
relacionadas con el desarrollo de habilidades
propias de la etapa preoperacional luego de la
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aplicación de la intervención pedagógica basada
en el juego dirigido. Los datos obtenidos en el
postest evidenciaron que el 70,4% de los
estudiantes pertenecientes al grupo
experimental alcanzó un nivel alto de
desempeño general, mientras que en el grupo de
control únicamente el 22,3% logró ubicarse en
este nivel. Asimismo, el porcentaje de
estudiantes con nivel bajo en el grupo
experimental se redujo considerablemente hasta
el 7,4%, en contraste con el 40,7% registrado en
el grupo de control. Estos resultados reflejaron
que la aplicación sistemática del juego dirigido
generó efectos positivos significativos sobre el
desarrollo cognitivo, comunicativo y
socioemocional de los estudiantes del nivel
inicial. Además, las diferencias observadas
entre ambos grupos permitieron evidenciar que
las actividades pedagógicas tradicionales
aplicadas en el grupo de control no produjeron
avances comparables a los alcanzados mediante
estrategias lúdicas dirigidas. Desde el análisis
estadístico descriptivo, la diferencia de 48,1
puntos porcentuales entre ambos grupos en el
nivel alto de desempeño confirmó la efectividad
de la intervención pedagógica aplicada. En
consecuencia, los resultados obtenidos
demostraron que el juego dirigido constituye
una estrategia metodológica altamente
favorable para fortalecer el desarrollo de
capacidades relacionadas con la etapa
preoperacional en niños de educación inicial.
Tabla 6. Correlación entre juego dirigido y
desarrollo de la etapa preoperacional
Variables
Rho de
Spearman
Sig.
bilateral
Nivel de
relación
Juego dirigido y
desarrollo de la etapa
preoperacional
0,874
0,000
Correlación
positiva muy
alta
Fuente: Elaboración propia
Los resultados del análisis inferencial realizado
mediante la prueba estadística Rho de
Spearman permitieron determinar la existencia
de una relación significativa entre el juego
dirigido y el desarrollo de la etapa
preoperacional en los estudiantes del nivel
inicial. El coeficiente de correlación obtenido
fue de 0,874, valor que indicó una correlación
positiva muy alta entre las variables
investigadas. Asimismo, el nivel de
significancia bilateral alcanzó un valor de
0,000, resultado inferior al nivel de
significancia establecido de 0,05, lo que
permitió aceptar la hipótesis de investigación y
rechazar la hipótesis nula. Estos resultados
demostraron estadísticamente que la
implementación sistemática de actividades
basadas en el juego dirigido influyó
favorablemente en el fortalecimiento de
habilidades relacionadas con el pensamiento
simbólico, el lenguaje oral, la creatividad y la
interacción social durante la etapa
preoperacional. Además, la elevada correlación
obtenida evidenció que mientras mayor fue la
aplicación de estrategias lúdicas dirigidas
dentro del aula, mayores fueron los niveles de
desarrollo alcanzados por los estudiantes en las
diferentes dimensiones evaluadas. Desde una
perspectiva pedagógica, estos hallazgos
confirmaron la importancia de incorporar
metodologías activas y recreativas dentro de los
procesos educativos de la primera infancia. Por
consiguiente, el análisis estadístico inferencial
permitió validar científicamente la efectividad
del juego dirigido como estrategia
metodológica orientada al fortalecimiento del
desarrollo integral infantil en el nivel inicial.
Discusión de los resultados
Los resultados obtenidos en la presente
investigación permitieron evidenciar que la
aplicación del juego dirigido influyó
significativamente en el desarrollo de la etapa
preoperacional en niños del nivel inicial,
especialmente en dimensiones relacionadas con
el pensamiento simbólico, el lenguaje oral, la
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creatividad y la interacción social. Los
hallazgos mostraron que los estudiantes
pertenecientes al grupo experimental
alcanzaron mejoras considerables después de la
implementación de actividades lúdicas
estructuradas pedagógicamente, reflejándose un
incremento sustancial en los niveles altos de
desempeño en comparación con los resultados
iniciales obtenidos durante el pretest. Estos
resultados coinciden con las aportaciones
teóricas de Jean Piaget, quien sostiene que
durante la etapa preoperacional los niños
desarrollan progresivamente capacidades
simbólicas y cognitivas mediante experiencias
concretas relacionadas con la exploración y la
representación mental de la realidad (Piaget &
Inhelder, 2007). En este sentido, las actividades
basadas en el juego dirigido permitieron
fortalecer procesos de simbolización y
aprendizaje significativo debido a que los
estudiantes participaron activamente en
dinámicas relacionadas con dramatizaciones,
juegos de roles y actividades cooperativas
adaptadas a sus características evolutivas.
Asimismo, los resultados obtenidos
demostraron que los ambientes pedagógicos
centrados en experiencias lúdicas favorecen el
desarrollo integral infantil al integrar
dimensiones cognitivas, emocionales y sociales
dentro de un mismo proceso educativo. Desde
esta perspectiva, el juego dirigido no solo
funcionó como una estrategia recreativa, sino
también como un mecanismo pedagógico
orientado al fortalecimiento del aprendizaje y la
construcción progresiva de habilidades propias
de la etapa preoperacional.
En relación con la dimensión correspondiente al
pensamiento simbólico, los resultados
evidenciaron una mejora significativa en los
estudiantes del grupo experimental luego de la
aplicación de la intervención pedagógica basada
en el juego dirigido. El incremento observado
en los niveles altos de desempeño reflejó que las
actividades lúdicas permitieron fortalecer
capacidades relacionadas con la imaginación, la
representación mental y el uso de símbolos para
interpretar situaciones cotidianas. Estos
hallazgos guardan coherencia con los
planteamientos de Piaget (1973), quien sostiene
que el pensamiento simbólico constituye una de
las principales características del desarrollo
preoperacional y representa la base para
posteriores procesos de razonamiento y
aprendizaje. Asimismo, los resultados
coinciden con investigaciones desarrolladas por
Bodrova y Leong (2015), quienes demostraron
que las experiencias pedagógicas basadas en el
juego favorecen significativamente el
desarrollo cognitivo infantil debido a que
permiten al niño interactuar activamente con su
entorno mediante dinámicas imaginativas y
participativas. En este contexto, las
dramatizaciones y juegos simbólicos aplicados
durante la intervención educativa contribuyeron
al fortalecimiento de habilidades relacionadas
con la representación de objetos, situaciones y
roles sociales, permitiendo que los estudiantes
desarrollaran mayores niveles de creatividad y
comprensión simbólica. Además, la
participación activa dentro de actividades
recreativas estructuradas generó ambientes
motivadores donde los niños pudieron expresar
ideas y construir aprendizajes de manera
espontánea y significativa. Por consiguiente, los
resultados obtenidos confirmaron que el juego
dirigido constituye una estrategia pedagógica
eficaz para estimular el desarrollo del
pensamiento simbólico durante la etapa
preoperacional.
Respecto al desarrollo del lenguaje oral, los
resultados demostraron que las actividades
basadas en el juego dirigido favorecieron
significativamente las habilidades
comunicativas de los estudiantes del grupo
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experimental. El incremento registrado en los
niveles altos de desempeño evidenció avances
relacionados con la expresión verbal, la fluidez
comunicativa y la interacción lingüística dentro
de actividades grupales desarrolladas en el aula.
Estos hallazgos coinciden con las aportaciones
teóricas de Lev Vygotsky, quien sostiene que el
aprendizaje y el desarrollo del lenguaje se
fortalecen mediante la interacción social y la
mediación pedagógica proporcionada por
adultos o compañeros más competentes
(Vygotsky, 1979).
Bajo esta perspectiva, las actividades lúdicas
dirigidas permitieron generar espacios de
comunicación espontánea donde los niños
utilizaron el lenguaje para participar, expresar
emociones, dramatizar situaciones y resolver
dinámicas grupales dentro del contexto
educativo. Asimismo, los resultados obtenidos
coinciden con estudios realizados por
Garaigordobil (2014), quien afirma que el juego
cooperativo favorece significativamente el
desarrollo del lenguaje oral y las habilidades
sociales en la educación inicial. La
participación constante de los estudiantes en
dinámicas recreativas orientadas al diálogo y la
dramatización permitió ampliar el vocabulario,
mejorar la pronunciación y fortalecer la
confianza comunicativa de los niños durante las
actividades escolares. Además, la mediación
docente desempeñó un papel fundamental al
orientar la interacción verbal y estimular la
participación activa de los estudiantes dentro de
un ambiente pedagógico dinámico y motivador.
En consecuencia, los resultados confirmaron
que el juego dirigido constituye una
herramienta metodológica efectiva para
fortalecer el desarrollo del lenguaje oral durante
la etapa preoperacional.
En cuanto a la dimensión relacionada con la
interacción social, los resultados evidenciaron
que las actividades lúdicas dirigidas
favorecieron significativamente la cooperación,
la convivencia y la participación grupal de los
estudiantes pertenecientes al grupo
experimental. Los datos obtenidos reflejaron
una reducción considerable de los niveles bajos
de desempeño social y un incremento
importante en los niveles altos relacionados con
habilidades de interacción, respeto de normas y
trabajo colaborativo. Estos hallazgos coinciden
con los planteamientos de Bandura (1987),
quien sostiene que gran parte del aprendizaje
infantil ocurre mediante procesos de
observación, interacción e imitación dentro del
entorno social inmediato.
Desde esta perspectiva, las dinámicas
recreativas aplicadas durante la intervención
educativa permitieron que los estudiantes
desarrollaran habilidades relacionadas con la
empatía, el respeto mutuo y la resolución de
conflictos mediante experiencias compartidas
dentro del aula. Asimismo, los resultados
guardan relación con investigaciones recientes
en educación infantil que destacan la
importancia del juego como estrategia
pedagógica para fortalecer la adaptación escolar
y el desarrollo socioemocional de los niños en
edades tempranas (UNICEF, 2021). La
participación activa en juegos cooperativos
favoreció la construcción de relaciones
interpersonales positivas y permitió que los
estudiantes interiorizaran normas básicas de
convivencia mediante situaciones recreativas
organizadas pedagógicamente. Además, la
interacción constante durante las actividades
grupales contribuyó al fortalecimiento de la
autoestima y la seguridad emocional de los
niños dentro del contexto educativo. Por lo
tanto, los resultados obtenidos demostraron que
el juego dirigido influye favorablemente en el
desarrollo social y emocional durante la etapa
preoperacional.
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Los resultados relacionados con la creatividad
infantil también reflejaron avances
significativos en los estudiantes que
participaron en la intervención pedagógica
basada en el juego dirigido. El incremento
registrado en los niveles altos de creatividad
evidenció que las actividades lúdicas
favorecieron la imaginación, la espontaneidad y
la capacidad de los niños para expresar ideas
mediante dramatizaciones, juegos simbólicos y
actividades recreativas grupales. Estos
hallazgos coinciden con los planteamientos de
Bruner (1984), quien sostiene que el
aprendizaje creativo surge cuando el niño
participa activamente en experiencias
dinámicas que estimulan la exploración y la
resolución de situaciones mediante la
imaginación y el pensamiento flexible.
Asimismo, los resultados obtenidos guardan
coherencia con estudios desarrollados por
Robinson (2015), quien afirma que las
metodologías basadas en el juego favorecen
significativamente el desarrollo de la
creatividad y la innovación en edades
tempranas debido a que generan ambientes
educativos menos rígidos y s participativos.
En este contexto, las actividades lúdicas
dirigidas permitieron que los estudiantes
construyeran escenarios imaginativos,
representaran personajes y desarrollaran
soluciones creativas dentro de situaciones
planteadas pedagógicamente por el docente.
Además, el carácter motivador del juego
favoreció la participación espontánea y el
interés constante de los estudiantes durante el
proceso educativo, contribuyendo así al
fortalecimiento de habilidades relacionadas con
la expresión creativa y el pensamiento
divergente. En consecuencia, los resultados
confirmaron que el juego dirigido representa
una estrategia metodológica efectiva para
estimular la creatividad infantil durante la etapa
preoperacional.
La comparación realizada entre el grupo
experimental y el grupo de control permitió
evidenciar diferencias significativas en los
niveles de desarrollo alcanzados por los
estudiantes después de la intervención
pedagógica. Mientras el grupo experimental
presentó incrementos elevados en todas las
dimensiones evaluadas, el grupo de control
mantuvo resultados considerablemente
inferiores debido a la continuidad de
metodologías tradicionales centradas en
actividades menos participativas y recreativas.
Estos hallazgos demostraron que la
implementación sistemática de actividades
lúdicas dirigidas produce efectos positivos
superiores sobre el desarrollo cognitivo y
socioemocional en comparación con estrategias
pedagógicas tradicionales basadas
principalmente en ejercicios repetitivos y
memorísticos.
La diferencia porcentual registrada entre ambos
grupos confirmó que el juego dirigido favorece
ambientes de aprendizaje más dinámicos,
motivadores e inclusivos dentro de la educación
inicial. Estos resultados coinciden con
investigaciones desarrolladas por Singer,
Golinkoff y Hirsh-Pasek (2006), quienes
sostienen que el aprendizaje basado en el juego
mejora significativamente el rendimiento
cognitivo y la participación infantil debido a
que permite integrar el aprendizaje con
experiencias emocionales y recreativas.
Además, los hallazgos evidenciaron la
importancia del rol docente dentro del proceso
educativo, ya que la adecuada planificación y
mediación pedagógica durante las actividades
lúdicas resultó determinante para alcanzar
mejoras significativas en el desarrollo infantil.
Por lo tanto, la comparación entre grupos
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permitió validar la efectividad del juego
dirigido como estrategia metodológica
orientada al fortalecimiento de capacidades
propias de la etapa preoperacional.
Los resultados obtenidos mediante el análisis
estadístico inferencial permitieron confirmar
científicamente la existencia de una relación
positiva muy alta entre el juego dirigido y el
desarrollo de la etapa preoperacional en niños
del nivel inicial. El coeficiente de correlación de
Rho de Spearman obtenido evidenció que
mientras mayor fue la aplicación de actividades
lúdicas dirigidas dentro del aula, mayores
fueron los niveles de desarrollo alcanzados por
los estudiantes en dimensiones relacionadas con
el pensamiento simbólico, el lenguaje oral, la
creatividad y la interacción social. Asimismo, el
nivel de significancia estadística permitió
aceptar la hipótesis de investigación,
demostrando que los resultados obtenidos no
ocurrieron de manera aleatoria, sino como
consecuencia directa de la intervención
pedagógica aplicada durante el estudio.
Estos hallazgos guardan coherencia con las
tendencias pedagógicas contemporáneas
impulsadas por organismos internacionales
como la UNESCO, las cuales destacan la
importancia del aprendizaje basado en el juego
como estrategia fundamental para fortalecer el
desarrollo integral infantil dentro de la
educación inicial (UNESCO, 2022). Desde esta
perspectiva, el juego dirigido debe considerarse
una metodología pedagógica esencial para
promover procesos de aprendizaje
significativos y acordes con las características
evolutivas de los niños durante la etapa
preoperacional. Además, los resultados
obtenidos aportan evidencia científica relevante
para futuras investigaciones orientadas al
fortalecimiento de prácticas pedagógicas
innovadoras en educación inicial. En
consecuencia, la presente investigación
confirmó que el juego dirigido constituye una
estrategia metodológica altamente efectiva para
favorecer el desarrollo integral de los niños en
la etapa preoperacional.
Conclusiones
La presente investigación permitió concluir que
el juego dirigido influye significativamente en
el desarrollo de la etapa preoperacional en niños
del nivel inicial, debido a que las actividades
lúdicas estructuradas pedagógicamente
favorecieron avances importantes en
dimensiones relacionadas con el pensamiento
simbólico, el lenguaje oral, la interacción social
y la creatividad infantil. Los resultados
obtenidos demostraron que los estudiantes
pertenecientes al grupo experimental
alcanzaron mejoras considerablemente
superiores en comparación con el grupo de
control, evidenciando que la aplicación
sistemática de estrategias basadas en el juego
genera efectos positivos sobre el desarrollo
cognitivo y socioemocional durante la primera
infancia.
El análisis estadístico realizado permitió
comprobar científicamente la existencia de una
correlación positiva muy alta entre el juego
dirigido y el desarrollo de capacidades propias
de la etapa preoperacional, confirmando la
efectividad de esta metodología dentro de los
procesos educativos del nivel inicial. En este
sentido, los hallazgos obtenidos reafirmaron la
importancia de implementar ambientes
pedagógicos dinámicos y participativos donde
el niño aprenda mediante experiencias
significativas vinculadas con la exploración, la
representación simbólica y la interacción social.
Además, la investigación evidenció que el juego
dirigido constituye una herramienta
metodológica capaz de integrar dimensiones
cognitivas, emocionales y sociales dentro de un
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mismo proceso educativo orientado al
desarrollo integral infantil. Por consiguiente, se
concluye que la incorporación sistemática de
actividades lúdicas dirigidas representa una
necesidad pedagógica fundamental dentro de la
educación inicial contemporánea.
En relación con el pensamiento simbólico, se
concluyó que las actividades basadas en el
juego dirigido favorecieron significativamente
la capacidad de los niños para representar
mentalmente objetos, situaciones y
experiencias mediante símbolos,
dramatizaciones y juegos imaginativos propios
de la etapa preoperacional. Los resultados
obtenidos en el postest evidenciaron
incrementos sustanciales en los niveles altos de
desempeño relacionados con la creatividad, la
imaginación y la representación simbólica,
demostrando que las dinámicas recreativas
implementadas permitieron fortalecer procesos
cognitivos fundamentales para el aprendizaje
infantil.
Las experiencias pedagógicas centradas en
juegos de roles y dramatizaciones facilitaron la
construcción progresiva de estructuras mentales
vinculadas con la interpretación de la realidad y
la expresión imaginativa dentro del contexto
educativo. Estos hallazgos permitieron
confirmar los planteamientos teóricos de Jean
Piaget relacionados con la importancia de las
experiencias concretas y simbólicas en el
desarrollo cognitivo durante la etapa
preoperacional. Además, se evidenció que el
carácter participativo y motivador del juego
favoreció el interés y la participación activa de
los estudiantes dentro de las actividades
pedagógicas desarrolladas durante la
investigación. De igual manera, el
fortalecimiento del pensamiento simbólico
permitió mejorar la capacidad de los niños para
comprender y representar situaciones de su
entorno mediante experiencias dicas
organizadas pedagógicamente. En
consecuencia, se concluyó que el juego dirigido
constituye una estrategia metodológica eficaz
para estimular el pensamiento simbólico y el
desarrollo cognitivo infantil en educación
inicial.
Respecto al desarrollo del lenguaje oral, la
investigación permitió concluir que las
actividades lúdicas dirigidas favorecieron
significativamente las habilidades
comunicativas y expresivas de los estudiantes
del nivel inicial. Los resultados obtenidos
demostraron mejoras importantes relacionadas
con la pronunciación, el vocabulario, la fluidez
verbal y la participación comunicativa de los
niños durante las dinámicas grupales
desarrolladas dentro del aula. Asimismo, las
actividades basadas en dramatizaciones,
narraciones y juegos cooperativos generaron
espacios de interacción verbal donde los
estudiantes pudieron expresar ideas, emociones
y experiencias de manera espontánea y
participativa.
La mediación pedagógica del docente
desempeñó un papel fundamental dentro de este
proceso debido a que facilitó la orientación de
las actividades recreativas y estimuló la
participación constante de los estudiantes en
experiencias relacionadas con la comunicación
oral. Además, la investigación permitió
identificar que el juego dirigido favorece
ambientes educativos más dinámicos y
motivadores donde el aprendizaje del lenguaje
ocurre de manera natural y significativa
mediante la interacción social. Estos hallazgos
coincidieron con los postulados socioculturales
de Lev Vygotsky, quien sostiene que el
desarrollo del lenguaje se fortalece mediante
experiencias compartidas y procesos de
mediación social dentro del entorno educativo.
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Por lo tanto, se concluyó que el juego dirigido
constituye una metodología pedagógica
efectiva para fortalecer el lenguaje oral y las
habilidades comunicativas durante la etapa
preoperacional.
En cuanto al desarrollo de la interacción social
y emocional, se concluyó que el juego dirigido
favoreció significativamente la convivencia, la
cooperación y la participación grupal de los
estudiantes pertenecientes al grupo
experimental. Las actividades recreativas
organizadas pedagógicamente permitieron
fortalecer habilidades relacionadas con el
respeto de normas, la empatía, el trabajo
colaborativo y la resolución de situaciones
mediante el diálogo y la interacción grupal.
Asimismo, la participación constante en juegos
cooperativos contribuyó al fortalecimiento de la
autoestima, la seguridad emocional y la
adaptación escolar de los niños dentro del
contexto educativo.
Los resultados obtenidos evidenciaron que los
estudiantes desarrollaron mayores niveles de
integración social después de participar en
dinámicas lúdicas orientadas a la cooperación y
la convivencia, disminuyendo
significativamente conductas relacionadas con
el aislamiento o la escasa participación grupal.
Además, las experiencias compartidas dentro de
las actividades recreativas permitieron que los
niños interiorizaran progresivamente normas
básicas de convivencia y fortalecieran vínculos
afectivos con sus compañeros y docentes. De
igual manera, el carácter participativo del juego
favoreció ambientes educativos inclusivos y
emocionalmente positivos donde los
estudiantes pudieron interactuar libremente
mediante experiencias dinámicas y
motivadoras. En consecuencia, se concluyó que
el juego dirigido representa una estrategia
pedagógica esencial para fortalecer el desarrollo
socioemocional y la interacción social durante
la etapa preoperacional.
La investigación también permitió concluir que
el uso del juego dirigido favoreció
significativamente el desarrollo de la
creatividad infantil dentro del nivel inicial. Las
actividades implementadas durante la
intervención pedagógica estimularon la
imaginación, la espontaneidad y la capacidad de
los estudiantes para generar ideas y soluciones
creativas mediante dramatizaciones,
representaciones simbólicas y dinámicas
recreativas grupales. Los resultados obtenidos
demostraron que los niños incrementaron
notablemente su participación en actividades
relacionadas con la expresión imaginativa y la
construcción de escenarios ficticios,
fortaleciendo así habilidades cognitivas
vinculadas con el pensamiento creativo y
divergente. Asimismo, el ambiente motivador
generado por las actividades lúdicas permitió
que los estudiantes participaran activamente sin
temor a equivocarse, favoreciendo la autonomía
y la iniciativa personal durante el proceso
educativo.
Además, la creatividad desarrollada mediante el
juego dirigido contribuyó al fortalecimiento de
otras capacidades relacionadas con el lenguaje,
la comunicación y la resolución básica de
problemas dentro del contexto escolar. Estos
hallazgos evidenciaron que las metodologías
centradas exclusivamente en actividades
repetitivas limitan considerablemente las
posibilidades de expresión creativa y
participación infantil dentro del aula. Por ello,
se concluyó que la implementación de
actividades lúdicas dirigidas constituye una
alternativa metodológica eficaz para estimular
la creatividad y el aprendizaje significativo
durante la etapa preoperacional.
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Se concluyó que el juego dirigido debe ser
considerado una estrategia metodológica
fundamental dentro de los procesos
pedagógicos de educación inicial debido a su
influencia positiva sobre el desarrollo integral
de los niños durante la etapa preoperacional. La
investigación permitió demostrar
científicamente que las actividades lúdicas
dirigidas generan mejoras significativas en
dimensiones cognitivas, comunicativas,
sociales y emocionales indispensables para el
aprendizaje infantil y la adaptación escolar en
edades tempranas. Asimismo, los resultados
obtenidos evidenciaron la importancia del rol
docente como mediador pedagógico dentro de
la planificación y ejecución de experiencias
recreativas orientadas al fortalecimiento del
desarrollo infantil. Además, el estudio confirmó
que la incorporación sistemática del juego
dentro del currículo educativo favorece
ambientes pedagógicos más dinámicos,
inclusivos y motivadores donde el niño aprende
mediante la participación activa y la interacción
con su entorno. Desde esta perspectiva, se
considera necesario que las instituciones
educativas fortalezcan la implementación de
metodologías lúdicas dirigidas y promuevan
procesos de capacitación docente relacionados
con estrategias pedagógicas innovadoras en
educación inicial. De igual manera, la
investigación aporta evidencia científica
relevante que puede servir de base para futuras
investigaciones relacionadas con el aprendizaje
infantil y el desarrollo cognitivo durante las
primeras etapas educativas. En consecuencia, el
juego dirigido se consolida como una
herramienta pedagógica indispensable para
promover el desarrollo integral de los niños
durante la etapa preoperacional en el nivel
inicial.
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