Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 2.2
Edición Especial II 2026
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PRÁCTICAS PEDAGÓGICAS INNOVADORAS Y SU IMPACTO EN LOS PROCESOS DE
ENSEÑANZA-APRENDIZAJE
INNOVATIVE PEDAGOGICAL PRACTICES AND THEIR IMPACT ON TEACHING AND
LEARNING PROCESSES
Autores: ¹Jennifer Lisseth Fuentes Medina, ²Alexandra Jacinta Cerezo Coronel,
3
Laura
Herminia Sevillano Rengifo y
4
Olinda del Rosario Lúa Enderica.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0008-5620-5722
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-7412-3795
3
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0004-1642-5756
4
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0002-1612-2865
¹E-mail de contacto: jfuentesm10@unemi.edu.ec
²E-mail de contacto: acerezoc5@unemi.edu.ec
3
E-mail de contacto: sevillanorenjifolaura@gmail.com
4
E-mail de contacto: cojodu321@outlook.es
Afiliación:
1*2*3*4*
Universidad Estatal Península de Santa Elena, (Ecuador).
Artículo recibido: 4 de Febrero del 2026
Artículo revisado: 5 de Febrero del 2026
Artículo aprobado: 17 de Febrero del 2026
¹Licenciada en Ciencias de la Educación mención Educación Primaria, egresada de la Universidad de Guayaquil, (Ecuador) con 9 años
de experiencia laboral. Magíster en Educación con mención en Docencia e Investigación de Educación Superior egresada de la
Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
²Licenciatura en Ciencias de la Educación, mención Educación Parvularia egresada de la Universidad Técnica de Babahoyo, (Ecuador).
con 9 años de experiencia laboral. Magíster en Educación con mención en Docencia e Investigación de Educación Superior egresada de
la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
3
Licenciada en Ciencias de la Educación mención Educación Primaria, egresada de la Universidad de Guayaquil, (Ecuador) con 9 años
de experiencia laboral.
4
Licenciada en Ciencias de la Educación mención Comercio y Administración, egresada de la Universidad de Guayaquil, (Ecuador) con
once años de experiencia laboral.
Resumen
La presente investigación tuvo como objetivo
analizar el impacto de las prácticas
pedagógicas innovadoras en los procesos de
enseñanza-aprendizaje dentro de una
institución educativa de nivel medio. El estudio
se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, con
diseño no experimental, descriptivo-
correlacional y de corte transversal. La muestra
estuvo conformada por 124 estudiantes
seleccionados mediante muestreo
probabilístico estratificado. Se aplicó un
cuestionario estructurado de 32 ítems con
escala tipo Likert, validado por juicio de
expertos y con un coeficiente Alfa de Cronbach
de 0,91, lo que garantizó alta confiabilidad. Los
resultados descriptivos evidenciaron que el
54,0 % de los participantes percibió un nivel
medio de implementación de prácticas
innovadoras, mientras que el 31,5 % reportó
nivel alto. En cuanto a los procesos de
enseñanza-aprendizaje, el 58,1 % se ubicó en
nivel medio y el 29,8 % en nivel alto. El
análisis correlacional mostró una relación
positiva y estadísticamente significativa entre
ambas variables (r = 0,68; p < 0,05). Asimismo,
se identificó una correlación alta entre
evaluación formativa y motivación (r = 0,71), y
una correlación considerable entre trabajo
colaborativo y pensamiento crítico (r = 0,64).
Se concluye que la implementación sistemática
de metodologías activas, evaluación formativa
y estrategias colaborativas incide de manera
significativa en la mejora del rendimiento
académico, la motivación y el desarrollo
cognitivo del estudiantado.
Palabras clave: Innovación pedagógica,
Enseñanza-aprendizaje, Evaluación
formativa.
Abstract
This research aimed to analyze the impact of
innovative pedagogical practices on teaching
and learning processes within a secondary
school. The study employed a quantitative
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approach, with a non-experimental,
descriptive-correlational, and cross-sectional
design. The sample consisted of 124 students
selected through stratified probability
sampling. A structured questionnaire with 32
items using a Likert scale was administered.
The questionnaire was validated by expert
judgment and had a Cronbach's alpha
coefficient of 0.91, ensuring high reliability.
The descriptive results showed that 54.0% of
participants perceived a medium level of
implementation of innovative practices, while
31.5% reported a high level. Regarding the
teaching and learning processes themselves,
58.1% were at a medium level and 29.8% at a
high level. The correlational analysis showed a
positive and statistically significant
relationship between both variables (r = 0.68; p
< 0.05). Likewise, a high correlation was
identified between formative assessment and
motivation (r = 0.71), and a considerable
correlation between collaborative work and
critical thinking (r = 0.64). It is concluded that
the systematic implementation of active
methodologies, formative assessment, and
collaborative strategies significantly impacts
the improvement of academic performance,
motivation, and cognitive development in
students.
Keywords: Pedagogical innovation,
Teaching and learning, Formative
assessment.
Resumo
Esta pesquisa teve como objetivo analisar o
impacto de práticas pedagógicas inovadoras
nos processos de ensino e aprendizagem em
uma escola de ensino médio. O estudo
empregou uma abordagem quantitativa, com
delineamento o experimental, descritivo-
correlacional e transversal. A amostra foi
composta por 124 alunos selecionados por
amostragem probabilística estratificada. Foi
aplicado um questionário estruturado com 32
itens, utilizando a escala Likert. O questionário
foi validado por especialistas e apresentou um
coeficiente alfa de Cronbach de 0,91,
garantindo alta confiabilidade. Os resultados
descritivos mostraram que 54,0% dos
participantes perceberam um nível médio de
implementação de práticas inovadoras,
enquanto 31,5% relataram um nível alto. Em
relação aos próprios processos de ensino e
aprendizagem, 58,1% estavam em um nível
médio e 29,8% em um nível alto. A análise
correlacional mostrou uma relação positiva e
estatisticamente significativa entre ambas as
variáveis (r = 0,68; p < 0,05). Da mesma forma,
foi identificada uma alta correlação entre
avaliação formativa e motivação (r = 0,71), e
uma correlação considerável entre trabalho
colaborativo e pensamento crítico (r = 0,64).
Conclui-se que a implementação sistemática de
metodologias ativas, avaliação formativa e
estratégias colaborativas impacta
significativamente a melhoria do desempenho
acadêmico, da motivação e do
desenvolvimento cognitivo dos alunos.
Palavras-chave: Inovação pedagógica,
Ensino e aprendizagem, Avaliação
formativa.
Introducción
La transformación educativa contemporánea se
caracteriza por la presión simultánea de
cambios tecnológicos, diversificación de los
perfiles estudiantiles y demandas sociolaborales
orientadas a competencias complejas, lo que ha
intensificado el interés por prácticas
pedagógicas innovadoras como vía para
mejorar el aprendizaje. En este escenario, la
innovación pedagógica se entiende como una
reorganización intencional de métodos,
recursos, interacciones y evaluación, orientada
a incrementar la pertinencia y la efectividad del
proceso formativo. En lugar de reducirla al uso
de tecnología, la innovación implica decisiones
didácticas sustentadas en evidencia, coherentes
con objetivos y alineadas con el contexto
institucional. Este enfoque se vincula con la
idea de diseñar ambientes de aprendizaje que
promuevan participación activa, autonomía y
construcción significativa del conocimiento. A
nivel internacional, organismos especializados
han enfatizado la necesidad de fortalecer
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competencias y capacidades docentes para
transformar la enseñanza con enfoques
centrados en el estudiante. En particular, se
reconoce que la calidad educativa exige
metodologías que articulen saberes, habilidades
y actitudes en situaciones auténticas (UNESCO,
2021).
El concepto de prácticas pedagógicas
innovadoras engloba un conjunto de estrategias
y dispositivos didácticos que reconfiguran el rol
del docente y del estudiante, desplazando el
énfasis desde la transmisión hacia el
aprendizaje activo y significativo. Este giro
reconoce que el aprendizaje se potencia cuando
los estudiantes participan en tareas desafiantes,
colaboran, reflexionan y reciben
retroalimentación oportuna. En tal sentido, las
metodologías activas se asocian con mayor
compromiso cognitivo y mejores resultados
formativos cuando se implementan con calidad
y consistencia. Sin embargo, su eficacia
depende de variables como el diseño
instruccional, la secuenciación de actividades,
la mediación docente y la integración de
evaluación formativa. Por ello, la innovación no
puede concebirse como un “repertorio” de
técnicas desconectadas, sino como un sistema
pedagógico que articula propósitos, estrategias
y evidencias de aprendizaje. La literatura
reciente muestra que las prácticas basadas en
aprendizaje activo tienden a superar, en
promedio, los resultados de enfoques
exclusivamente expositivos en diversos
contextos (Freeman et al., 2014).
Entre las prácticas pedagógicas innovadoras
más documentadas se encuentran el aprendizaje
basado en proyectos, el aula invertida, el
aprendizaje cooperativo, la gamificación y el
aprendizaje basado en problemas, todas con
potencial para mejorar la motivación, el
desempeño y la transferencia. No obstante, la
implementación suele requerir rediseño
curricular y desarrollo profesional docente, ya
que implica modificar rutinas de clase, formas
de evaluación y organización del tiempo
escolar. En el aula invertida, por ejemplo, el
estudiante se aproxima a contenidos antes de la
sesión presencial, mientras el tiempo de clase se
concentra en resolución de problemas,
discusión y aplicación. Esta estrategia se ha
asociado con mejoras en desempeño y
satisfacción, especialmente cuando se
acompañan recursos bien estructurados y
actividades guiadas. Aun así, persisten desafíos
relacionados con la carga de trabajo percibida y
la necesidad de apoyo institucional para
sostenerla. Revisiones sistemáticas evidencian
efectos favorables del aula invertida en
resultados académicos, aunque con variabilidad
según el diseño y la disciplina (Lo y Hew,
2017).
La innovación pedagógica también se vincula
con la teoría del aprendizaje significativo y con
enfoques socio-constructivistas que resaltan la
mediación, la interacción y el andamiaje. En esa
perspectiva, el aprendizaje no es un evento
individual aislado, sino un proceso situado en
prácticas sociales, con el lenguaje y la
colaboración como mecanismos centrales. Por
ello, el aprendizaje cooperativo cobra
relevancia al estructurar interdependencia
positiva, responsabilidad individual y
habilidades sociales, condiciones que fortalecen
comprensión y autorregulación. Investigaciones
meta-analíticas han mostrado que los enfoques
cooperativos, cuando están bien diseñados, se
asocian con mejoras consistentes en logro
académico y en variables socioafectivas. Esto es
especialmente relevante en contextos donde se
busca atender diversidad, inclusión y
convivencia escolar. Sin embargo, se advierte
que la cooperación no surge espontáneamente;
requiere normas, roles y evaluación coherente
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con la tarea. En síntesis, la evidencia apoya que
el trabajo colaborativo puede producir
ganancias sustantivas frente a enfoques
competitivos o individualistas (Johnson y
Johnson, 2009).
La relación entre innovación pedagógica y
evaluación es crítica, porque toda práctica
innovadora debe acompañarse de instrumentos
que capturen procesos, no solo productos
finales. La evaluación formativa se ha
consolidado como un componente estratégico
para ajustar la enseñanza durante el aprendizaje,
mejorar la calidad de la retroalimentación y
promover metacognición. En esta lógica, la
retroalimentación específica, oportuna y
centrada en criterios tiene efectos robustos
sobre el rendimiento, especialmente cuando
orienta al estudiante a cerrar brechas entre su
desempeño actual y el esperado. A diferencia de
evaluaciones meramente sumativas, los
sistemas formativos fortalecen la
autorregulación al hacer visibles los objetivos y
los estándares de calidad. Además,
proporcionan evidencia para adaptar la
enseñanza a las necesidades reales del grupo.
Por ello, innovación y evaluación formativa se
articulan como un mismo sistema de mejora
continua del aprendizaje. La literatura reconoce
que la retroalimentación es uno de los factores
con mayor impacto en el rendimiento cuando se
aplica con calidad (Hattie y Timperley, 2007).
En el marco de la educación digital, las
prácticas innovadoras se han ampliado con
recursos tecnológicos que facilitan
personalización, colaboración asincrónica y
análisis de evidencias de aprendizaje. Sin
embargo, el uso de tecnología no garantiza por
mismo mejora pedagógica, ya que los
resultados dependen del “para qué” y del
“cómo” se integra en secuencias didácticas
significativas. En términos de conocimiento
profesional docente, se requiere articular saber
disciplinar, pedagógico y tecnológico para
diseñar experiencias de aprendizaje con sentido
educativo. Este enfoque se expresa en marcos
como TPACK, que enfatizan la integración
equilibrada de dichos componentes para lograr
enseñanza efectiva mediada por tecnología. Así,
la innovación con tecnología exige decisiones
curriculares y didácticas, no únicamente
elección de plataformas o aplicaciones. En
consecuencia, la mejora del aprendizaje
depende más del diseño pedagógico que del
artefacto tecnológico utilizado. La evidencia
sugiere que la integración tecnológica efectiva
se apoya en conocimiento docente situado y en
planificación didáctica rigurosa (Mishra y
Koehler, 2006).
Desde la perspectiva institucional, la adopción
de prácticas innovadoras suele enfrentar
barreras vinculadas con cultura organizacional,
condiciones de infraestructura, liderazgo
pedagógico y oportunidades de desarrollo
profesional. La innovación no se sostiene si
queda limitada a iniciativas individuales
aisladas; requiere políticas internas,
acompañamiento, comunidades de práctica y
evaluación para consolidar cambios. Además, la
resistencia al cambio puede originarse en
experiencias previas fallidas, sobrecarga laboral
o falta de incentivos para innovar. Por ello, la
gestión escolar y universitaria debe generar
condiciones para el ensayo controlado, la
reflexión colectiva y la toma de decisiones
basada en evidencia. En sistemas educativos
complejos, innovar implica gestionar tensiones
entre estandarización curricular y flexibilidad
pedagógica. En este sentido, se destaca la
relevancia de liderazgos que promuevan
aprendizaje organizacional y mejora continua.
La literatura sobre cambio educativo muestra
que las reformas tienen mayor probabilidad de
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éxito cuando consideran cultura, capacidades y
procesos de implementación (Fullan, 2016).
En América Latina, la discusión sobre
innovación pedagógica adquiere una
connotación particular debido a desigualdades
estructurales, brechas de conectividad y
diversidad sociocultural. Por ello, las prácticas
innovadoras deben evaluarse desde criterios de
equidad, inclusión y pertinencia, evitando
trasladar modelos sin adaptación contextual. La
innovación efectiva requiere reconocer
condiciones reales del aula, recursos
disponibles y características del estudiantado,
de modo que el diseño no genere exclusión o
segmentación. Asimismo, las prácticas
innovadoras pueden contribuir a reducir
desigualdades si se orientan a fortalecer
aprendizajes fundamentales y participación
activa de todos los estudiantes. En este marco,
se vuelve clave la capacitación docente situada
y el acompañamiento para garantizar calidad de
implementación. La agenda regional ha
subrayado la urgencia de innovar con enfoque
inclusivo y con atención a resultados de
aprendizaje y trayectorias escolares. Reportes
regionales sostienen que la mejora exige
políticas integrales que fortalezcan docencia,
evaluación y equidad (ECLAC/CEPAL y
UNESCO, 2020).
A nivel de investigación, el estudio del impacto
de prácticas pedagógicas innovadoras demanda
precisión conceptual y metodológica, porque
“innovación” es un constructo amplio que
puede incluir múltiples dimensiones. Para
estimar impacto en enseñanza-aprendizaje se
requiere operacionalizar variables como
desempeño académico, motivación,
autorregulación, participación, pensamiento
crítico y satisfacción, entre otras. Asimismo, es
fundamental controlar variables contextuales y
reconocer la influencia de la calidad de
implementación, pues una misma estrategia
produce efectos diferentes según su ejecución.
Por ello, las revisiones y meta-análisis enfatizan
que los resultados no dependen únicamente de
la etiqueta metodológica, sino de la alineación
pedagógica y de la fidelidad de aplicación. En
consecuencia, es pertinente estudiar no solo “si
funciona”, sino “en qué condiciones funciona”
y “por qué funciona”. La literatura
metodológica sugiere que el análisis de impacto
debe combinar evidencia de resultados con
evidencia de procesos para comprender
mecanismos (Darling et al., 2020).
Las prácticas pedagógicas innovadoras se han
posicionado como una respuesta relevante para
mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje,
pero su efectividad depende de coherencia
curricular, mediación docente, evaluación
formativa, condiciones institucionales y
adaptación contextual. La investigación
reciente aporta evidencia a favor de enfoques
activos y colaborativos, a la vez que advierte
sobre desafíos de implementación y
sostenibilidad. Por ello, resulta necesario
profundizar en análisis que relacionen prácticas
específicas con resultados de aprendizaje,
considerando factores moderadores propios del
contexto. Esta necesidad es aún más crítica en
sistemas educativos que buscan elevar calidad
con equidad, fortaleciendo capacidades
docentes e institucionales. En consecuencia, el
presente estudio se orienta a aportar evidencia y
comprensión sobre la relación entre innovación
pedagógica y aprendizaje, con implicaciones
para la mejora de la práctica docente. En
concordancia con lo anterior, el objetivo del
estudio es analizar el impacto de prácticas
pedagógicas innovadoras en los procesos de
enseñanza-aprendizaje, considerando
dimensiones metodológicas, evaluativas y
contextuales (OECD, 2019).
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Las prácticas pedagógicas innovadoras
encuentran su fundamento en las corrientes
constructivistas que conciben el aprendizaje
como un proceso activo de construcción de
significados, mediado por la interacción entre
sujeto, contenido y contexto. Desde esta
perspectiva, el estudiante no es un receptor
pasivo de información, sino un agente que
interpreta, reorganiza y resignifica los
conocimientos a partir de experiencias previas y
situaciones problemáticas auténticas. Esta
visión implica una ruptura con modelos
tradicionales centrados exclusivamente en la
transmisión verbal y en la memorización
mecánica de contenidos. En consecuencia, la
innovación pedagógica se orienta hacia el
diseño de experiencias que promuevan análisis,
síntesis, reflexión crítica y transferencia. El
aprendizaje significativo, como categoría
central del constructivismo, establece que la
incorporación de nuevos saberes depende de su
anclaje sustantivo en estructuras cognitivas
previas. Diversas investigaciones han
confirmado que cuando la enseñanza se articula
con los saberes previos y los contextos
socioculturales del estudiante, se incrementa la
profundidad y la durabilidad del aprendizaje
(Ausubel, 2002).
El enfoque sociocultural amplía esta
comprensión al destacar el papel de la
interacción social y del lenguaje en la
construcción del conocimiento. Desde esta
perspectiva, el aprendizaje ocurre en espacios
de colaboración, diálogo y mediación, donde el
docente actúa como facilitador que guía
procesos cognitivos mediante andamiajes
progresivos. La noción de zona de desarrollo
próximo enfatiza que los estudiantes pueden
alcanzar niveles superiores de desempeño
cuando reciben apoyo estructurado y pertinente.
En consecuencia, las prácticas innovadoras que
integran trabajo colaborativo, tutorías entre
pares y resolución conjunta de problemas
responden a esta fundamentación teórica.
Además, la interacción social favorece el
desarrollo de habilidades comunicativas y
socioemocionales que fortalecen el aprendizaje
integral. Por ello, la innovación pedagógica no
solo transforma la metodología, sino también la
dinámica relacional del aula. La evidencia
empírica respalda que los entornos
colaborativos potencian la comprensión
conceptual y la autonomía progresiva
(Vygotsky, 1978).
El aprendizaje activo constituye otro eje
conceptual que sustenta las prácticas
pedagógicas innovadoras, al promover la
participación deliberada del estudiante en
actividades cognitivamente desafiantes. Este
enfoque se opone a la pasividad del modelo
expositivo tradicional y enfatiza la resolución
de problemas, el análisis de casos y la
producción de conocimiento aplicado. Las
investigaciones en educación superior y escolar
han demostrado que las metodologías activas
incrementan la retención y el rendimiento
académico en comparación con métodos
exclusivamente magistrales. Sin embargo, su
eficacia depende de la calidad del diseño
instruccional y de la coherencia entre objetivos,
actividades y evaluación. En este sentido, el
aprendizaje activo no debe confundirse con
simple dinamismo superficial, sino con
compromiso cognitivo profundo. La
sistematización de evidencias internacionales
confirma que el involucramiento activo
favorece mejores resultados académicos y
mayor compromiso estudiantil (Freeman et al.,
2014).
El aprendizaje basado en proyectos y el
aprendizaje basado en problemas se inscriben
dentro de este marco teórico al situar al
estudiante frente a desafíos auténticos que
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requieren investigación, planificación y toma de
decisiones. Estas metodologías promueven
integración interdisciplinaria y desarrollo de
pensamiento crítico, habilidades esenciales en
contextos educativos contemporáneos.
Además, fomentan la responsabilidad
individual y colectiva en la construcción del
conocimiento, fortaleciendo competencias
colaborativas. La evaluación en estos enfoques
se orienta hacia procesos y productos,
integrando rúbricas y retroalimentación
formativa. De esta manera, la innovación se
vincula con la evaluación auténtica, centrada en
desempeños contextualizados. Estudios
comparativos han mostrado que estas
metodologías mejoran la transferencia de
aprendizajes a situaciones reales cuando se
implementan con acompañamiento docente
adecuado (Hmelo, 2004).
La evaluación formativa constituye un
componente estructural del marco teórico de la
innovación pedagógica, dado que permite
monitorear el progreso y ajustar estrategias de
enseñanza en tiempo real. A diferencia de
modelos exclusivamente sumativos, la
evaluación formativa integra retroalimentación
continua que orienta al estudiante hacia la
mejora progresiva. Este enfoque favorece la
metacognición y la autorregulación, elementos
claves en el aprendizaje autónomo. La
retroalimentación efectiva debe ser específica,
comprensible y orientada a criterios explícitos
de desempeño. En consecuencia, la innovación
metodológica exige coherencia evaluativa para
garantizar impacto real en los resultados
académicos. La literatura especializada
reconoce que la retroalimentación de calidad es
uno de los factores de mayor influencia en el
aprendizaje (Hattie y Timperley, 2007).
En el contexto digital, el marco teórico de las
prácticas innovadoras incorpora la integración
tecnológica como mediadora del aprendizaje,
siempre que exista articulación pedagógica
rigurosa. La tecnología educativa amplía
posibilidades de personalización, simulación y
acceso a recursos multimodales que enriquecen
la experiencia formativa. No obstante, su
impacto depende de la competencia pedagógica
del docente para integrarla con sentido
didáctico y no meramente instrumental. El
modelo TPACK propone la articulación entre
conocimiento disciplinar, pedagógico y
tecnológico como base para una enseñanza
efectiva mediada por tecnología. Esta
integración exige planificación estratégica y
comprensión profunda del contexto educativo.
Así, la innovación tecnológica debe responder a
objetivos formativos claramente definidos.
Investigaciones en formación docente subrayan
que la integración tecnológica efectiva se
fundamenta en equilibrio conceptual entre estos
tres saberes (Mishra y Koehler, 2006).
Desde la perspectiva de la motivación
académica, las prácticas innovadoras se
relacionan con teorías que explican el
compromiso estudiantil en función de la
autonomía, competencia y pertenencia. La
teoría de la autodeterminación sostiene que
cuando los estudiantes perciben control sobre su
aprendizaje, retroalimentación constructiva y
sentido de pertenencia, se incrementa la
motivación intrínseca. En este sentido,
metodologías activas y colaborativas pueden
fortalecer dichas dimensiones psicológicas al
otorgar protagonismo al estudiante. La
innovación pedagógica, por tanto, no solo
incide en resultados cognitivos, sino también en
variables afectivas y motivacionales. Este
componente es especialmente relevante para
prevenir deserción y promover trayectorias
académicas exitosas. La investigación
contemporánea confirma que la satisfacción de
necesidades psicológicas básicas favorece
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mayor compromiso y persistencia académica
(Ryan y Deci, 2020).
El marco teórico de las prácticas pedagógicas
innovadoras se articula con enfoques de cambio
educativo que consideran la institución como
sistema dinámico. La innovación sostenible
requiere liderazgo pedagógico, cultura
colaborativa y procesos de formación continua
que respalden la transformación metodológica.
No basta con introducir estrategias novedosas si
no se generan condiciones organizacionales que
faciliten su consolidación. El cambio educativo
efectivo implica procesos graduales, evaluación
permanente y participación colectiva. En
consecuencia, el impacto en los procesos de
enseñanza-apendizaje depende tanto del diseño
didáctico como del entorno institucional que lo
sostiene. La literatura sobre reforma educativa
indica que la mejora sostenida requiere
coherencia sistémica y acompañamiento
estratégico (Fullan, 2016).
Materiales y Métodos
La presente investigación se enmarcó en un
enfoque cuantitativo, dado que buscó analizar la
relación entre las prácticas pedagógicas
innovadoras y los procesos de enseñanza-
aprendizaje mediante la medición objetiva de
variables previamente operacionalizadas. El
diseño fue no experimental, puesto que no se
manipuló deliberadamente ninguna variable
independiente, sino que se observó el fenómeno
en su contexto natural. Asimismo, el estudio
adoptó un alcance descriptivo-correlacional, ya
que se pretendió caracterizar el nivel de
implementación de prácticas innovadoras y
determinar la asociación estadística entre estas
y los resultados del aprendizaje. La
investigación fue de corte transversal, debido a
que los datos se recolectaron en un único
momento temporal. Este tipo de diseño permitió
obtener una fotografía diagnóstica del estado
actual del fenómeno educativo analizado. La
elección de este enfoque responde a la
necesidad de generar evidencia empírica que
permita fundamentar decisiones pedagógicas
basadas en datos verificables (Hernández y
Mendoza, 2018).
El estudio se desarrolló en una institución
educativa de nivel medio, seleccionada por su
implementación parcial de metodologías
activas y estrategias innovadoras en diferentes
asignaturas. La población estuvo conformada
por 186 estudiantes y 24 docentes,
pertenecientes a los niveles de educación básica
superior y bachillerato. Para la determinación
de la muestra se aplicó un muestreo
probabilístico estratificado, garantizando
representatividad proporcional por nivel
académico. La muestra final estuvo constituida
por 124 estudiantes y 18 docentes, lo que
representó un nivel de confianza del 95 % y un
margen de error del 5 %. Este procedimiento
permitió asegurar validez externa y precisión
estadística en la generalización de los
resultados. La selección respondió a criterios de
inclusión relacionados con participación activa
en procesos pedagógicos innovadores durante el
período académico analizado.
Las variables del estudio fueron: Prácticas
pedagógicas innovadoras (variable
independiente) y Procesos de enseñanza-
aprendizaje (variable dependiente). La primera
variable se operacionalizó en dimensiones tales
como metodologías activas, uso pedagógico de
tecnologías digitales, evaluación formativa y
trabajo colaborativo. La segunda variable se
estructuró en dimensiones de rendimiento
académico, motivación, participación activa y
desarrollo de pensamiento crítico. Cada
dimensión fue medida mediante indicadores
específicos definidos a partir de literatura
especializada en innovación educativa. Se
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empleó una escala tipo Likert de cinco niveles,
que permitió cuantificar percepciones y
frecuencias de aplicación metodológica. Esta
operacionalización garantizó coherencia
conceptual entre los fundamentos teóricos y la
medición empírica del fenómeno.
Como instrumento principal se diseñó un
cuestionario estructurado de 32 ítems, validado
mediante juicio de expertos en didáctica y
metodología de la investigación. La validación
de contenido se realizó con la participación de
cinco especialistas con grado de doctorado en
educación, quienes evaluaron claridad,
pertinencia y coherencia de los ítems. Para
determinar la confiabilidad del instrumento se
aplicó una prueba piloto a 30 estudiantes con
características similares a la muestra definitiva.
El coeficiente Alfa de Cronbach obtenido fue de
0,91, lo que indica un nivel de consistencia
interna excelente. Además, se incorporó una
ficha de análisis documental para contrastar
resultados académicos institucionales. Estos
procedimientos fortalecieron la validez y
confiabilidad de los datos recolectados. El
procedimiento de recolección de datos se
desarrolló en tres fases: planificación,
aplicación y procesamiento. En la fase inicial se
solicitó autorización institucional y
consentimiento informado a los participantes,
garantizando confidencialidad y anonimato.
Posteriormente, los cuestionarios fueron
aplicados en modalidad presencial durante
horario académico regular, bajo supervisión del
equipo investigador. La duración promedio de
respuesta fue de 25 minutos por participante.
Una vez recolectados los instrumentos, se
procedió a la codificación y depuración de la
base de datos en formato digital. Este proceso
aseguró integridad, organización y control de
calidad de la información recopilada. Para el
análisis estadístico se utilizó el software SPSS
versión 26, aplicando estadística descriptiva
(frecuencias, medias y desviación estándar)
para caracterizar las variables. Asimismo, se
empleó el coeficiente de correlación de Pearson
para determinar la relación entre prácticas
pedagógicas innovadoras y procesos de
enseñanza-aprendizaje. Se estableció un nivel
de significancia de p < 0,05 para la
contrastación de hipótesis. Los resultados se
presentaron mediante tablas analíticas que
permitieron interpretar tendencias y
asociaciones significativas. Finalmente, el
estudio se desarrolló respetando principios
éticos de investigación educativa, asegurando
voluntariedad, confidencialidad y uso
responsable de la información, conforme a
estándares internacionales de investigación
científica.
Resultados y Discusión
Tabla 1. Nivel de implementación de prácticas
pedagógicas innovadoras
Nivel
Frecuencia (n)
Porcentaje (%)
Bajo
18
14,5 %
Medio
67
54,0 %
Alto
39
31,5 %
Total
124
100 %
Fuente: Elaboración propia
Los datos evidencian que más de la mitad de los
estudiantes (54,0 %) percibe un nivel medio de
implementación de prácticas pedagógicas
innovadoras, lo que indica que la institución ha
iniciado un proceso de transformación
metodológica, aunque aún no alcanza niveles
óptimos de consolidación. El 31,5 % que
identifica un nivel alto sugiere que existen
docentes o asignaturas donde la innovación se
aplica de manera sistemática y coherente,
incorporando metodologías activas, evaluación
formativa y uso pedagógico de tecnología. Sin
embargo, el 14,5 % que reporta nivel bajo
revela brechas internas que podrían estar
relacionadas con diferencias en formación
docente, resistencia al cambio o limitaciones
estructurales. La dispersión de porcentajes
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indica que la innovación no está completamente
institucionalizada, sino que depende en parte de
iniciativas individuales. Desde una perspectiva
estadística descriptiva, la tendencia central se
ubica en el nivel medio, lo que sugiere una
transición metodológica en curso.
Pedagógicamente, este resultado confirma que
la institución se encuentra en una fase de
implementación progresiva que requiere
fortalecimiento y seguimiento sistemático.
Tabla 2. Nivel de desarrollo de los procesos de
enseñanza-aprendizaje
Nivel
Frecuencia (n)
Porcentaje (%)
Bajo
15
12,1 %
Medio
72
58,1 %
Alto
37
29,8 %
Total
124
100 %
Fuente: Elaboración propia
El 58,1 % de los estudiantes se ubica en un nivel
medio de desarrollo de los procesos de
enseñanza-aprendizaje, lo que refleja un
desempeño académico y motivacional
aceptable, pero con margen significativo de
mejora. El 29,8 % que alcanza un nivel alto
guarda correspondencia proporcional con el
grupo que reportó alta implementación de
prácticas innovadoras, lo que sugiere
coherencia preliminar entre ambas variables. El
12,1 % en nivel bajo podría asociarse a factores
individuales, contextuales o metodológicos que
inciden negativamente en el rendimiento y la
participación. Desde el punto de vista
inferencial, esta distribución porcentual
fortalece la hipótesis de que los procesos de
aprendizaje mejoran cuando existen
condiciones metodológicas favorables.
Además, el predominio del nivel medio indica
que el aprendizaje no se encuentra estancado,
pero tampoco ha alcanzado su máximo
potencial institucional. En términos
pedagógicos, se evidencia la necesidad de
reforzar estrategias que promuevan mayor
profundidad cognitiva y autonomía académica.
Tabla 3. Correlación entre prácticas
pedagógicas innovadoras y procesos de
enseñanza-aprendizaje
Variables Analizadas
r de
Pearson
Prácticas innovadoras Procesos
de enseñanza-aprendizaje
0,68
Fuente: Elaboración propia
El coeficiente de correlación de Pearson (r =
0,68) indica una relación positiva moderada-
alta entre ambas variables, lo que implica que
existe una asociación directa y consistente. Este
valor sugiere que aproximadamente el 46 % de
la variabilidad en los procesos de enseñanza-
aprendizaje podría explicarse por la
implementación de prácticas innovadoras (r²
0,46). El nivel de significancia (p = 0,000)
confirma que la relación es estadísticamente
significativa y no producto del azar. Desde una
perspectiva interpretativa, el resultado
demuestra que a medida que aumenta la calidad
y frecuencia de las prácticas innovadoras,
también se incrementan indicadores como
rendimiento, motivación y pensamiento crítico.
Aunque la correlación no implica causalidad
absoluta, evidencia una influencia sustancial
y coherente con el marco teórico. Este hallazgo
valida empíricamente la hipótesis central del
estudio.
Tabla 4. Relación entre uso pedagógico de
tecnología y rendimiento académico
Variables
r de
Pearson
p
Uso de tecnología Rendimiento
académico
0,59
0,001
Fuente: Elaboración propia
El coeficiente r = 0,59 representa una
correlación positiva moderada, indicando que el
uso pedagógico de tecnología contribuye
significativamente al rendimiento académico.
El valor de p = 0,001 confirma que la asociación
es estadísticamente significativa. Sin embargo,
el nivel de correlación sugiere que la tecnología
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no actúa como factor único, sino como
elemento complementario dentro de un sistema
metodológico integral. Esto implica que su
impacto depende de la planificación didáctica y
de la mediación docente. En términos
educativos, la tecnología potencia el
aprendizaje cuando se integra con objetivos
claros y actividades estructuradas. El resultado
respalda la importancia de la competencia
digital docente como variable estratégica.
Tabla 5. Relación entre evaluación formativa y
motivación estudiantil
Variables
r de Pearson
p
Evaluación formativa Motivación
0,71
0,000
Fuente: Elaboración propia
La correlación alta (r = 0,71) evidencia que la
evaluación formativa es uno de los factores con
mayor impacto en la motivación estudiantil. El
coeficiente de determinación (r² 0,50) indica
que aproximadamente el 50 % de la variabilidad
en la motivación podría estar asociada con
prácticas evaluativas formativas. La
significancia estadística confirma solidez del
resultado. Este hallazgo demuestra que la
retroalimentación constante, el
acompañamiento pedagógico y la claridad en
criterios fortalecen el compromiso académico.
Desde el punto de vista pedagógico, se confirma
que la evaluación no solo mide aprendizaje,
sino que también lo potencia.
Tabla 6. Relación entre trabajo colaborativo y
desarrollo del pensamiento crítico
Variables
r de
Pearson
p
Trabajo colaborativo Pensamiento
crítico
0,64
0,000
Fuente: Elaboración propia
El coeficiente r = 0,64 indica una relación
positiva considerable entre el trabajo
colaborativo y el desarrollo del pensamiento
crítico. El nivel de significancia (p = 0,000)
confirma que la asociación es estadísticamente
sólida. Este resultado sugiere que la interacción
estructurada entre estudiantes favorece
habilidades como análisis, argumentación y
resolución de problemas complejos. Además,
evidencia que la cooperación pedagógicamente
planificada estimula procesos cognitivos de
orden superior. Desde una perspectiva
interpretativa, el trabajo colaborativo se
posiciona como un componente estratégico
dentro de las prácticas innovadoras que inciden
en aprendizajes profundos.
Los resultados obtenidos confirman la
existencia de una relación positiva y
estadísticamente significativa entre las prácticas
pedagógicas innovadoras y los procesos de
enseñanza-aprendizaje, lo cual respalda los
fundamentos teóricos planteados en el estudio.
La correlación general obtenida (r = 0,68; p <
0,05) evidencia que la innovación metodológica
no constituye un elemento accesorio, sino un
factor sustancial en la mejora del rendimiento,
la motivación y la participación estudiantil. Este
hallazgo es consistente con investigaciones que
han demostrado que las metodologías activas
incrementan el desempeño académico en
comparación con enfoques tradicionales
centrados exclusivamente en la exposición
magistral (Freeman et al., 2014). En
consecuencia, se confirma que la
implementación sistemática de estrategias
innovadoras favorece procesos cognitivos más
profundos y sostenidos. Además, el coeficiente
de determinación indica que una proporción
considerable de la variabilidad en el aprendizaje
puede explicarse por la calidad de las prácticas
pedagógicas aplicadas. Esto refuerza la idea de
que la mejora educativa depende en gran
medida de decisiones didácticas fundamentadas
en evidencia.
En relación con la evaluación formativa, la
correlación alta encontrada con la motivación
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estudiantil (r = 0,71) revela que la
retroalimentación continua constituye un
elemento determinante en el compromiso
académico. Este resultado coincide con estudios
que posicionan la retroalimentación como uno
de los factores de mayor impacto en el
aprendizaje cuando se implementa con claridad
de criterios y orientación hacia la mejora (Hattie
y Timperley, 2007). La magnitud del
coeficiente sugiere que la motivación no
depende exclusivamente de factores
individuales, sino también de prácticas
evaluativas que promuevan autonomía y
percepción de competencia. Desde una
perspectiva pedagógica, estos hallazgos
enfatizan la necesidad de transformar la
evaluación en un proceso formativo y no
meramente calificativo. Asimismo, se evidencia
que la claridad en los objetivos y la
retroalimentación estructurada fortalecen la
autorregulación y el sentido de logro. En
consecuencia, la evaluación formativa emerge
como una de las prácticas innovadoras con
mayor incidencia en el fortalecimiento del
aprendizaje integral.
Respecto al uso pedagógico de la tecnología, la
correlación moderada encontrada con el
rendimiento académico (r = 0,59) confirma que
la integración tecnológica puede potenciar
resultados, aunque su impacto depende de la
mediación docente y del diseño didáctico. Este
resultado coincide con la literatura que advierte
que la tecnología por sola no transforma la
educación, sino que requiere integración
coherente con objetivos pedagógicos y
estrategias activas (Mishra y Koehler, 2006). La
magnitud del coeficiente sugiere que la
tecnología actúa como facilitador cuando está
articulada con metodologías innovadoras, pero
no como determinante único del desempeño.
Además, el hallazgo indica que la competencia
digital docente constituye un factor estratégico
para maximizar beneficios. Desde esta
perspectiva, la formación continua del
profesorado se posiciona como condición
necesaria para consolidar innovación
tecnológica efectiva. En síntesis, la evidencia
confirma que el impacto tecnológico es
significativo, aunque subordinado a la calidad
pedagógica de su implementación.
En cuanto al trabajo colaborativo y su relación
con el desarrollo del pensamiento crítico (r =
0,64), los resultados evidencian que la
interacción estructurada entre estudiantes
favorece habilidades cognitivas de orden
superior. Este hallazgo se alinea con
investigaciones sobre aprendizaje cooperativo
que demuestran mejoras consistentes en logro
académico y competencias sociales cuando se
aplican principios de interdependencia positiva
y responsabilidad individual (Johnson &
Johnson, 2009). La correlación obtenida sugiere
que el pensamiento crítico se fortalece en
contextos de diálogo, argumentación y
construcción colectiva del conocimiento.
Asimismo, estos resultados respaldan el
enfoque sociocultural que sitúa la interacción
como motor del desarrollo cognitivo. En
consecuencia, el trabajo colaborativo no solo
mejora resultados académicos, sino que
también potencia habilidades transversales
esenciales para el aprendizaje permanente.
El predominio de niveles medios tanto en la
implementación de prácticas innovadoras como
en los procesos de enseñanza-aprendizaje indica
que la institución se encuentra en una fase
intermedia de transformación pedagógica. Este
resultado sugiere avances significativos,
aunque todavía no plenamente consolidados, lo
que coincide con modelos de cambio educativo
que describen la innovación como un proceso
gradual y sistémico (Fullan, 2016). La
variabilidad observada puede explicarse por
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diferencias en formación docente, cultura
institucional y disponibilidad de recursos.
Desde una perspectiva crítica, es importante
reconocer que la correlación identificada no
implica causalidad absoluta, ya que existen
variables contextuales que pueden influir en el
aprendizaje. Sin embargo, la consistencia
estadística de los resultados fortalece la
hipótesis de que la innovación pedagógica
constituye un factor estratégico para mejorar la
calidad educativa. En términos generales, la
discusión confirma la coherencia entre el marco
teórico, el diseño metodológico y los resultados
empíricos obtenidos. Las prácticas pedagógicas
innovadoras, especialmente aquellas
relacionadas con evaluación formativa y trabajo
colaborativo, presentan mayor impacto en
dimensiones motivacionales y cognitivas. Estos
hallazgos aportan evidencia para fundamentar
decisiones institucionales orientadas a
fortalecer capacitación docente, planificación
didáctica y evaluación coherente. Además, los
resultados subrayan la necesidad de consolidar
una cultura de innovación sostenida y articulada
con políticas educativas internas. En
consecuencia, la investigación reafirma que la
transformación pedagógica no depende
únicamente de recursos tecnológicos, sino de la
calidad integral del diseño metodológico
implementado.
Conclusiones
El análisis integral de los resultados obtenidos
en la investigación permite concluir, con
respaldo estadístico y coherencia metodológica,
que las prácticas pedagógicas innovadoras
ejercen una influencia directa, positiva y
estadísticamente significativa en el
fortalecimiento estructural de los procesos de
enseñanza-aprendizaje dentro del contexto
institucional examinado. La correlación general
identificada demuestra que el incremento
sostenido en la implementación de
metodologías activas, evaluación formativa
sistemática, trabajo colaborativo estructurado e
integración tecnológica planificada se asocia
con mejoras sustanciales y verificables en el
rendimiento académico, la motivación
intrínseca y el desarrollo del pensamiento
crítico del estudiantado. Este hallazgo no solo
confirma el objetivo general planteado en la
investigación, sino que además evidencia
coherencia rigurosa entre el diseño
metodológico aplicado, la operacionalización
de variables y los resultados empíricos
obtenidos. Asimismo, se constata que la
innovación pedagógica no constituye una
práctica aislada o circunstancial, sino un
sistema metodológico integral que incide
simultáneamente en múltiples dimensiones
cognitivas, afectivas y sociales del aprendizaje.
En consecuencia, la transformación consciente
y planificada de la práctica docente emerge
como un factor estratégico indispensable para
elevar de manera sostenible la calidad educativa
institucional.
En relación con la variable prácticas
pedagógicas innovadoras, se concluye que la
institución analizada presenta un nivel
predominante medio de implementación, lo que
indica la existencia de avances significativos en
la transformación metodológica, aunque
todavía no consolidados de manera homogénea
y sistemática en todas las áreas académicas.
Este resultado evidencia que la innovación
depende en parte de iniciativas docentes
individuales, motivación profesional y
experiencias particulares, más que de una
política institucional plenamente estructurada y
formalmente institucionalizada. La presencia de
un porcentaje considerable ubicado en nivel alto
demuestra que existen experiencias exitosas,
prácticas ejemplares y modelos replicables que
podrían sistematizarse como referentes internos
de mejora pedagógica. Sin embargo, la
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identificación de un grupo minoritario en nivel
bajo revela la existencia de brechas formativas,
diferencias en competencias didácticas y
posibles limitaciones organizativas que
requieren atención estratégica. Por tanto, se
hace necesario fortalecer procesos de
capacitación continua, acompañamiento
pedagógico permanente y evaluación
institucional que permitan garantizar mayor
coherencia, uniformidad y sostenibilidad en la
aplicación de estrategias innovadoras.
Respecto a los procesos de enseñanza-
aprendizaje, se concluye que el predominio del
nivel medio refleja un desempeño académico
aceptable, funcional y estable, aunque con
margen significativo de mejora hacia niveles
superiores de excelencia formativa y
profundidad cognitiva. La correspondencia
proporcional observada entre los niveles altos
de innovación pedagógica y los niveles altos de
aprendizaje confirma la existencia de una
relación directa y consistente entre ambas
variables analizadas. Este resultado indica que
cuando las prácticas pedagógicas se planifican
y ejecutan con enfoque activo, evaluación
formativa coherente y participación estudiantil
significativa, los estudiantes desarrollan mayor
autonomía, compromiso académico y
capacidad de análisis crítico. Asimismo, se
evidencia que el fortalecimiento del aprendizaje
no depende exclusivamente de factores
individuales del estudiante, sino del entorno
metodológico, organizativo y relacional que el
docente construye estratégicamente en el aula.
En consecuencia, la mejora de los procesos
educativos debe centrarse prioritariamente en la
calidad del diseño didáctico, la coherencia
evaluativa y la articulación pedagógica integral.
En cuanto a las dimensiones específicas
examinadas en el estudio, se concluye que la
evaluación formativa representa el componente
con mayor incidencia en la motivación
estudiantil, lo que demuestra la relevancia de la
retroalimentación constante, estructurada y
orientada a criterios claros para potenciar el
compromiso académico sostenido. El trabajo
colaborativo se posiciona como un factor
determinante en el desarrollo del pensamiento
crítico, evidenciando que la interacción
estructurada, el diálogo argumentativo y la
construcción colectiva del conocimiento
potencian habilidades cognitivas de orden
superior. Asimismo, el uso pedagógico de la
tecnología muestra un impacto significativo en
el rendimiento académico cuando se integra con
planificación didáctica rigurosa, claridad de
objetivos formativos y mediación docente
competente. Estos resultados permiten afirmar
que la innovación pedagógica es más efectiva
cuando se articula de manera coherente entre
metodología activa, evaluación formativa y uso
estratégico de recursos tecnológicos. De este
modo, cada dimensión analizada contribuye de
forma complementaria, interdependiente y
sistémica al fortalecimiento integral del
aprendizaje estudiantil.
De manera general, se concluye que la
institución analizada se encuentra en una etapa
de transición progresiva hacia una
consolidación más estructurada, planificada y
sistémica de la innovación pedagógica, lo que
implica la necesidad de fortalecer liderazgo
académico, cultura organizacional orientada al
cambio y acompañamiento docente
permanente. La sostenibilidad del proceso de
transformación metodológica requiere
planificación estratégica de largo plazo,
evaluación continua basada en evidencia
empírica y participación activa de todos los
actores de la comunidad educativa. Además, los
resultados sugieren que la mejora educativa
debe abordarse desde una perspectiva sistémica
que articule formación docente especializada,
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gestión institucional eficiente y seguimiento
permanente de indicadores de desempeño
académico. En este sentido, la innovación no
debe entenderse como evento puntual o
tendencia pasajera, sino como proceso
continuo, reflexivo y estructural de
transformación pedagógica.
La investigación confirma que las prácticas
pedagógicas innovadoras constituyen una
estrategia viable, pertinente y necesaria para
optimizar de manera sostenible los procesos de
enseñanza-aprendizaje en contextos educativos
contemporáneos caracterizados por
complejidad, diversidad y cambio constante. La
evidencia obtenida respalda la importancia de
consolidar metodologías activas, evaluación
formativa estructurada y trabajo colaborativo
sistemático como pilares fundamentales de la
mejora educativa institucional. Asimismo, se
reafirma que el impacto positivo en el
aprendizaje depende fundamentalmente de la
calidad de la mediación docente, del
compromiso institucional con la formación
continua y de la coherencia entre planificación,
ejecución y evaluación pedagógica. Por tanto,
se recomienda institucionalizar políticas de
innovación pedagógica sostenida que
garanticen aprendizajes significativos,
profundos, contextualizados y duraderos en
beneficio del desarrollo integral del estudiante y
del fortalecimiento de la calidad educativa.
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Fuentes Medina, Alexandra Jacinta Cerezo
Coronel, Laura Herminia Sevillano Rengifo y
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