Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 1.2
Edición Especial UG 2026
Página 219
PATRIMONIO VIVO Y TURISMO EXPERIENCIAL: ESTRATEGIAS PARA
REVALORIZAR LA IDENTIDAD CULTURAL EN ZONAS RURALES DEL LITORAL
ECUATORIANO CASO SANTA LUCÍA
LIVING HERITAGE AND EXPERIENTIAL TOURISM: STRATEGIES TO REVALUE
CULTURAL IDENTITY IN RURAL AREAS OF THE ECUADORIAN COAST THE
SANTA LUCÍA CASE
Autores: ¹José Saturnino Cordova Aragundi y
2
Lilian Lisbeth Macias Tamayo.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-5040-1174
1
E-mail de contacto: jose.cordovaa@ug.edu.ec
Afiliación:
1*2*
Universidad de Guayaquil, (Ecuador).
Artículo recibido: 11 de Enero del 2026
Artículo revisado: 13 de Enero del 2026
Artículo aprobado: 22 de Enero del 2026
1
Universidad de Guayaquil, Facultad de Ciencias Administrativas, (Ecuador).
2
Universidad de Guayaquil, Facultad de Ciencias Administrativas, (Ecuador).
Resumen
Esta investigación analiza el potencial del
patrimonio vivo como eje estratégico para el
desarrollo del turismo experiencial en zonas
rurales del litoral ecuatoriano, tomando como
estudio de caso el cantón Santa Lucía (Guayas).
El trabajo forma parte de un proyecto conjunto
entre la Universidad de Guayaquil y el
Gobierno Autónomo Descentralizado
Municipal de Santa Lucía. Se desarrolló una
metodología mixta en dos fases: la primera
consistió en un diagnóstico técnico de los
recursos culturales, aplicando criterios como
valor histórico, autenticidad, estado de
conservación, accesibilidad y potencial
interpretativo; la segunda exploró la
percepción comunitaria respecto al patrimonio,
a través de encuestas estructuradas y
entrevistas semiestructuradas. Los hallazgos
revelan una importante riqueza patrimonial
tangible e intangible, evidenciada en espacios
como el Museo Arqueológico Municipal, la
Iglesia Matriz, el rodeo montubio, la
gastronomía tradicional y las festividades
religiosas. Sin embargo, esta riqueza cultural
contrasta con una escasa institucionalización
de políticas turísticas, bajos niveles de
apropiación activa por parte de la comunidad,
y debilidades transversales en infraestructura,
señalética y visibilidad digital. Si bien existe
una fuerte identificación simbólica con el
patrimonio, las iniciativas de valorización
carecen de planificación participativa, lo que
limita su proyección turística y sostenibilidad.
Asimismo, se evidencian tensiones
intergeneracionales en la manera de
experimentar el patrimonio, así como temores
ante posibles procesos de mercantilización.
Palabras clave: Patrimonio vivo, Turismo
experiencial, Identidad cultural, Santa
Lucía, Turismo comunitario, Sostenibilidad.
Abstract
This research analyzes the potential of living
heritage as a strategic axis for the development
of experiential tourism in rural areas of the
Ecuadorian coast, using the canton of Santa
Lucía (Guayas) as a case study. The work is
part of a joint project between the University of
Guayaquil and the Decentralized Autonomous
Municipal Government of Santa Lucía. A
mixed methodology was developed in two
phases: the first consisted of a technical
diagnosis of cultural resources, applying
criteria such as historical value, authenticity,
state of conservation, accessibility, and
interpretive potential; the second explored
community perceptions of heritage through
structured surveys and semi-structured
interviews. The findings reveal significant
tangible and intangible heritage, evidenced in
spaces such as the Municipal Archaeological
Museum, the Main Church, the traditional
rodeo, traditional gastronomy, and religious
festivals. However, this cultural richness
contrasts with a lack of institutionalized
tourism policies, low levels of active
community engagement, and pervasive
weaknesses in infrastructure, signage, and
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digital visibility. While there is a strong
symbolic identification with heritage,
initiatives to enhance its value lack
participatory planning, which limits their
potential for tourism and sustainability.
Furthermore, intergenerational tensions are
evident in how heritage is experienced, along
with concerns about potential
commodification.
Keywords: Living heritage, Experiential
tourism, Cultural identity, Saint Lucia,
Community-based tourism, Sustainability.
Sumário
Esta pesquisa analisa o potencial do patrimônio
vivo como eixo estratégico para o
desenvolvimento do turismo experiencial em
áreas rurais do litoral equatoriano, utilizando o
cantão de Santa Lucía (Guayas) como estudo
de caso. O trabalho integra um projeto conjunto
entre a Universidade de Guayaquil e o Governo
Municipal Autônomo Descentralizado de Santa
Lucía. Uma metodologia mista foi
desenvolvida em duas fases: a primeira
consistiu em um diagnóstico técnico dos
recursos culturais, aplicando critérios como
valor histórico, autenticidade, estado de
conservação, acessibilidade e potencial
interpretativo; a segunda explorou as
percepções da comunidade sobre o patrimônio
por meio de questionários estruturados e
entrevistas semiestruturadas. Os resultados
revelam um significativo patrimônio tangível e
intangível, evidenciado em espaços como o
Museu Arqueológico Municipal, a Igreja
Matriz, o rodeio tradicional, a gastronomia
tradicional e as festas religiosas. Contudo, essa
riqueza cultural contrasta com a ausência de
políticas turísticas institucionalizadas, baixos
níveis de engajamento comunitário ativo e
fragilidades generalizadas em infraestrutura,
sinalização e visibilidade digital. Embora haja
uma forte identificação simbólica com o
patrimônio, as iniciativas para valorizar esse
patrimônio carecem de planejamento
participativo, o que limita seu potencial para o
turismo e a sustentabilidade. Além disso,
tensões intergeracionais são evidentes na forma
como o patrimônio é vivenciado, juntamente
com preocupações sobre a possível
mercantilização.
Palavras-chave: Patrimônio vivo, Turismo
de experiência, Identidade cultural, Santa
Lúcia, Turismo de base comunitária,
Sustentabilidade.
Introducción
En las últimas décadas, el turismo cultural ha
experimentado una transformación profunda,
desplazándose progresivamente desde una
lógica de consumo pasivo centrada en
monumentos, museos y patrimonios estáticos,
hacia una práctica más dinámica, relacional y
crítica. Esta evolución responde a las nuevas
demandas de los viajeros contemporáneos,
quienes, más allá del ocio tradicional, buscan
experiencias significativas, inmersivas y
emocionalmente conectadas con los territorios
y sus comunidades (Richards, 2018). En este
contexto, emerge con fuerza el concepto de
turismo experiencial, entendido como aquella
modalidad que prioriza el contacto auténtico, la
participación y la vivencia directa de los valores
culturales, sociales y simbólicos de los destinos.
En paralelo, se ha revalorizado el papel del
patrimonio cultural inmaterial; también
denominado patrimonio vivo, como un
componente esencial para el diseño de
propuestas turísticas sostenibles e identitarias.
Según la Convención para la Salvaguardia del
Patrimonio Cultural Inmaterial (UNESCO,
2003), este tipo de patrimonio comprende las
expresiones, saberes, rituales, lenguajes,
prácticas comunitarias y conocimientos
tradicionales que son transmitidos de
generación en generación y recreados de forma
constante por las comunidades. El turismo, en
esta línea, se presenta no solo como una
herramienta para la dinamización económica
local, sino también como una vía para la
revalorización simbólica y la resignificación de
identidades históricamente invisibilizadas.
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América Latina, por su diversidad sociocultural
y su pluralidad de pueblos originarios,
comunidades rurales y expresiones
tradicionales, constituye un terreno fértil para el
desarrollo de estas nuevas formas de turismo.
Particularmente en Ecuador, la riqueza del
patrimonio vivo representa un recurso
estratégico para el fortalecimiento del tejido
social y la construcción de proyectos de
desarrollo con enfoque intercultural. No
obstante, numerosos estudios advierten que,
pese a este potencial, persisten obstáculos
estructurales como la débil articulación
institucional, la escasa inversión pública en
cultura y turismo, y la ausencia de políticas
diferenciadas para zonas rurales (OMT, 2020;
Pérez, 2021). En este escenario, resulta
pertinente abordar experiencias locales que
reflejen tanto los desafíos como las
oportunidades de implementar modelos de
turismo cultural experiencial. El cantón Santa
Lucía, situado en la provincia del Guayas, se
configura como un caso representativo de esta
realidad. A pesar de su valioso acervo cultural;
que incluye la tradición oral montubia,
festividades religiosas populares, prácticas
agrícolas tradicionales, gastronomía
patrimonial, vestigios arqueológicos de las
culturas Chonanis y Daulis, y un museo
comunitario que resguarda más de 500 piezas
prehispánicas, el territorio permanece fuera de
los principales circuitos turísticos regionales y
nacionales. Esta exclusión responde a múltiples
factores, entre ellos, la carencia de políticas
públicas orientadas a la puesta en valor del
patrimonio inmaterial, la limitada
infraestructura turística y la falta de productos
organizados que articulen los diversos recursos
culturales del cantón (Rojas y Monroy, 2025).
La elección de Santa Lucía como objeto de
estudio no es arbitraria. Se trata de un territorio
que condensa las tensiones típicas entre riqueza
cultural y exclusión estructural, pero que al
mismo tiempo presenta condiciones sociales y
comunitarias propicias para el desarrollo de
estrategias participativas. Su análisis no solo
permite comprender los límites del modelo
turístico convencional, sino también ensayar
formas alternativas de gestión patrimonial
desde abajo, basadas en la agencia de los actores
locales. Diversos estudios recientes en América
Latina han abordado las posibilidades del
turismo comunitario y la patrimonialización
participativa como herramientas para el
desarrollo territorial (Gómez y Larraín, 2019;
Fernández, 2022), sin embargo, aún persiste la
necesidad de generar modelos replicables que
integren la co-creación de experiencias, la
sostenibilidad cultural y la apropiación
identitaria. En este sentido, la presente
investigación se propone analizar y rediseñar
una estrategia de activación turística en el
cantón Santa Lucía, basada en la valorización
del patrimonio vivo y orientada a la creación de
circuitos experienciales que promuevan un
desarrollo turístico inclusivo, sostenible y
culturalmente arraigado.
Desde una perspectiva teórica, el estudio se
inscribe en las discusiones contemporáneas
sobre el turismo como herramienta de
transformación territorial, la producción social
del patrimonio, y la resignificación de los
sentidos colectivos en contextos rurales. Se
retoman conceptos como la patrimonialización
desde abajo (Prats, 2005), el turismo como
performatividad cultural (MacCannell, 1999) y
la creación de valor a través de la experiencia
(Pine & Gilmore, 1999), articulados con
enfoques de gestión comunitaria y gobernanza
participativa. En última instancia, se aspira a
contribuir no solo al debate académico, sino
también a la praxis pública, proponiendo un
modelo replicable de turismo experiencial que
resignifique el rol de la cultura en la
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revitalización de los territorios rurales
históricamente marginados.
El turismo cultural ha transitado desde enfoques
centrados en la contemplación de bienes
patrimoniales tangibles hacia propuestas más
complejas, donde la experiencia del visitante se
convierte en el eje central de la vivencia
turística. Esta evolución ha dado lugar al
llamado turismo cultural experiencial, el cual
implica no solo observar, sino participar
activamente en los procesos culturales de las
comunidades anfitrionas (Richards, 2011; Pine
& Gilmore, 1999). A diferencia del turismo
tradicional, esta modalidad se articula con
emociones, vínculos simbólicos y procesos de
aprendizaje vivencial (Binkhorst y Den Dekker,
2009). La Organización Mundial del Turismo
(OMT, 2018) reconoce el valor del turismo
cultural como un impulsor clave de inclusión
social y desarrollo sostenible, especialmente en
territorios que poseen expresiones vivas del
patrimonio como la oralidad, la música, los
rituales o la gastronomía. Estas
manifestaciones, cuando son gestionadas con
criterios de sostenibilidad y autenticidad,
permiten una revalorización identitaria tanto
para el visitante como para los residentes.
En Ecuador, el turismo cultural experiencial
representa una vía aún poco explorada, pero con
alto potencial en zonas rurales como Santa
Lucía, donde se identifican elementos como el
rodeo montubio, los festivales patronales, los
relatos orales, el museo arqueológico y la
cocina tradicional (Rojas y Monroy, 2025).
Incorporar estas expresiones en productos
turísticos inmersivos permite no solo dinamizar
la economía local, sino también fortalecer el
tejido comunitario. La identidad territorial se
entiende como el conjunto de representaciones,
valores y prácticas culturales que construyen el
sentido de pertenencia en un espacio específico
(Haesbaert, 2013). Esta identidad no es estática
ni homogénea, sino que se resignifica
constantemente a través de los discursos,
símbolos y relaciones sociales que emergen en
el territorio (Raffestin, 2012). La participación
comunitaria, por su parte, es clave para
garantizar la sostenibilidad de cualquier
proyecto turístico. La OMT (2020) sostiene que
el turismo no puede concebirse como una
imposición exógena, sino como un proceso co-
creado junto a los habitantes del lugar. Cuando
la comunidad se convierte en protagonista del
relato cultural, se fomenta la apropiación
patrimonial, la transmisión intergeneracional de
saberes y la defensa de su capital simbólico
(Scheyvens, 1999). En Santa Lucía, las
entrevistas realizadas revelaron un interés
creciente por parte de los pobladores en
participar activamente en procesos turísticos,
aunque aún existen vacíos institucionales para
canalizar dicha participación (Rojas & Monroy,
2025). La activación del patrimonio local debe,
por tanto, considerar no solo la dimensión
económica, sino el reconocimiento de los
saberes, voces y memorias que constituyen el
alma del territorio.
El diseño de productos turísticos en contextos
culturales requiere una metodología integral
que integre recursos, actores, experiencias y
narrativas (Cárdenas, 2004). El producto
turístico vivencial no se reduce a un itinerario o
ruta, sino que implica la creación de
experiencias significativas orientadas a la
interacción cultural auténtica, donde el visitante
deja de ser espectador para convertirse en actor
(Pérez y Vargas, 2017). Según Nicolau (2010),
el producto vivencial debe incorporar tres
componentes fundamentales: atractivos
(culturales o naturales), servicios
complementarios y accesibilidad, pero también
debe adaptarse a las motivaciones y perfiles del
turista. En Ecuador, el Ministerio de Turismo
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(MINTUR, 2018) promueve el enfoque de
"turismo con identidad", basado en rutas que
conectan espacios patrimoniales con prácticas
vivas. El diseño del circuito cultural en Santa
Lucía, propuesto en esta investigación,
responde a esta lógica, integrando espacios
físicos (como el museo o la iglesia matriz) con
experiencias sensoriales y emocionales (como
la degustación gastronómica o la narración de
mitos), lo que fortalece el valor simbólico del
recorrido (Rojas y Monroy, 2025).
En el contexto contemporáneo, el marketing
cultural y digital se ha consolidado como una
herramienta estratégica para visibilizar destinos
emergentes y promover una narrativa turística
diferenciada. El marketing cultural se orienta a
resaltar los valores identitarios del lugar,
generando vínculos emocionales con el
visitante (Colbert, 2003). Por su parte, el
marketing digital permite amplificar el alcance
de los mensajes mediante redes sociales,
contenidos audiovisuales y plataformas de
geolocalización (Kotler et al., 2017). La
incorporación de elementos como branding
territorial, storytelling, experiencias inmersivas
y uso de plataformas como Instagram o TikTok
es esencial para captar la atención de los nuevos
perfiles turísticos (Gretzel, 2011). En Santa
Lucía, la propuesta de circuito incluye un plan
de marketing digital que combina la creación de
marca local ("Circuito Santa Lucía Cultural")
con contenidos visuales generados desde la
comunidad, lo que permite reforzar el sentido
de apropiación y alcance comunicacional
(Rojas y Monroy, 2025). Estrategias como
publicaciones georreferenciadas, reels de
festividades y rutas gastronómicas digitales no
solo informan, sino que seducen, provocan
emociones y posicionan al cantón dentro del
mapa turístico ecuatoriano desde un enfoque
auténtico y participativo.
El diagnóstico de recursos culturales constituye
el punto de partida para cualquier proceso de
valorización turística. Según Domínguez
(2007), los recursos culturales comprenden
todos aquellos vestigios materiales e
inmateriales que expresan las formas de vida,
creencias y relaciones sociales de una
comunidad. Estos pueden incluir desde sitios
arqueológicos hasta danzas, mitos, técnicas
artesanales o espacios rituales. Una herramienta
clave para este diagnóstico es la jerarquización
de atractivos (MINTUR, 2018), que clasifica
los recursos en función de su relevancia
histórica, estado de conservación, accesibilidad
y potencial turístico. En Santa Lucía, el estudio
permitió identificar más de 15 elementos
culturales con valor patrimonial, entre ellos el
Museo Arqueológico Municipal, el Mirador, la
Fiesta de la Virgen de Santa Lucía, el rodeo
montubio y los relatos sobre las culturas
precolombinas (Rojas y Monroy, 2025). Sin
embargo, gran parte de estos recursos no están
registrados oficialmente, ni cuentan con guías
interpretativas, señalética o adecuación básica.
Esto demuestra una brecha significativa entre el
potencial patrimonial y su activación efectiva
como producto turístico, situación que se repite
en muchos cantones rurales del Ecuador
(Villalva y Inga, 2021).
En las últimas décadas, el turismo ha sido cada
vez más reconocido como un agente catalizador
del desarrollo local, especialmente en contextos
rurales con escasas alternativas económicas.
Diversos estudios demuestran que el turismo
puede generar empleo, emprendimiento, arraigo
territorial y conservación cultural, siempre que
se gestionen los impactos y se garantice la
participación comunitaria (Sharpley, 2002;
Lanfant, 2003). La OMT (2020) y la UNESCO
(2021) coinciden en que el turismo debe
concebirse como una estrategia transversal de
desarrollo, vinculada con la educación, la
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equidad de género, la gobernanza local y la
resiliencia cultural. En el caso de Santa Lucía,
el diseño del circuito cultural no solo busca
atraer visitantes, sino fortalecer las capacidades
locales, diversificar la economía y fomentar el
reconocimiento del patrimonio como un bien
común.
Un aspecto clave, frecuentemente subestimado
en las estrategias turísticas locales, es la
necesidad de una gobernanza cultural efectiva
que articule a los diferentes actores
involucrados en la gestión del patrimonio y el
turismo. La gobernanza cultural se refiere al
conjunto de mecanismos, normas y prácticas
que permiten la coordinación entre
instituciones, comunidad, sector privado y
academia en torno a la gestión de los recursos
culturales (Bonet y Németh, 2011). La
articulación interinstitucional permite evitar
duplicidad de esfuerzos, generar sinergias y
asegurar la sostenibilidad de las intervenciones.
En Santa Lucía, uno de los principales desafíos
identificados es la falta de coordinación entre el
gobierno local, los gestores culturales, las
asociaciones comunitarias y el sistema
educativo, lo que limita la eficacia de las
acciones de puesta en valor del patrimonio
(Rojas y Monroy, 2025). Fortalecer esta
gobernanza implica diseñar espacios de
participación, marcos normativos claros,
capacidades técnicas y mecanismos de
seguimiento y evaluación. Solo a través de una
gestión concertada y colaborativa se podrá
convertir al turismo en una verdadera
herramienta de transformación territorial.
Materiales y Métodos
La presente investigación adopta un enfoque
metodológico mixto, de carácter descriptivo y
propositivo, orientado al análisis integral del
patrimonio cultural del cantón Santa Lucía, en
la provincia del Guayas (Ecuador), con el
propósito de identificar su potencial como base
estructurante para el diseño de un circuito de
turismo experiencial con identidad cultural.
Este enfoque permitió triangular datos
cuantitativos y cualitativos, integrando
dimensiones materiales, simbólicas y sociales,
con el fin de comprender tanto el estado de los
recursos culturales como las percepciones,
aspiraciones y niveles de apropiación por parte
de los actores locales. La estrategia
metodológica se desarrolló en tres fases
interrelacionadas: diagnóstico patrimonial,
recolección de datos primarios y análisis
sistemático de la información. En la primera
fase se elaboró una ficha técnica que permitió
registrar los recursos culturales tangibles e
intangibles del territorio, con base en criterios
de valor histórico, autenticidad, estado de
conservación, accesibilidad y potencial
interpretativo. Este instrumento facilitó la
identificación de elementos patrimoniales
claves, como el museo arqueológico, el rodeo
montubio, las festividades religiosas, los relatos
orales y la cocina tradicional.
Durante la segunda fase, se aplicaron tres
herramientas de recolección de datos. En primer
lugar, se realizó una encuesta estructurada a una
muestra representativa de 100 residentes
locales, seleccionados mediante muestreo
aleatorio simple. Esta encuesta permitió evaluar
la percepción del turismo cultural, el grado de
conocimiento sobre el patrimonio local y la
disposición a participar en iniciativas
vinculadas al turismo comunitario. En segundo
lugar, se aplicó una encuesta dirigida a 50
potenciales visitantes nacionales, con el
objetivo de explorar el nivel de interés en
experiencias centradas en la cultura viva, así
como las expectativas respecto a la autenticidad
y la participación activa durante la visita.
Finalmente, se realizaron entrevistas
semiestructuradas a actores clave del territorio,
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incluyendo líderes comunitarios, autoridades
municipales, comerciantes, docentes y gestores
culturales, seleccionados por muestreo
intencional. Estas entrevistas permitieron
profundizar en la identificación de barreras y
oportunidades para una gestión turística
sostenible, así como en el papel de la
comunidad como agente activo en los procesos
de valorización patrimonial.
La tercera fase consistió en la sistematización y
análisis de los datos recolectados. La
información cuantitativa fue procesada
mediante estadística descriptiva; frecuencias,
porcentajes y correlaciones simples, mientras
que los datos cualitativos fueron abordados a
través de análisis de contenido temático, lo que
permitió identificar categorías emergentes
relacionadas con identidad, memoria,
apropiación simbólica, percepción del visitante
y gobernanza cultural. La triangulación
metodológica fortaleció la validez y
confiabilidad de los resultados, al cruzar
distintas fuentes y niveles de profundidad, y
permitió construir una visión holística del
territorio y de sus potencialidades en términos
de desarrollo turístico con base patrimonial.
Cabe destacar que esta investigación integró, de
manera transversal, principios éticos orientados
al respeto de la autonomía y los saberes de las
comunidades rurales involucradas. Todas las
personas participantes fueron informadas sobre
los objetivos del estudio, la naturaleza
voluntaria de su participación y la forma en que
serían utilizados los datos, garantizando el
consentimiento informado, la confidencialidad
y la protección del conocimiento ancestral. Este
enfoque ético responde a una perspectiva no
extractivista de la producción académica, en la
que el conocimiento no se obtiene de la
comunidad, sino que se construye junto con
ella, fortaleciendo su rol como sujeto activo del
proceso investigativo y no como objeto de
estudio. En conjunto, esta estrategia
metodológica permitió no solo generar una
descripción densa del contexto sociocultural de
Santa Lucía, sino también formular propuestas
viables y contextualizadas que articulan el
patrimonio vivo con el turismo experiencial
desde un enfoque sostenible, participativo y
territorial. La articulación de herramientas
diagnósticas, instrumentos participativos y un
análisis interpretativo profundo facilitó la
construcción de insumos para un modelo de
gestión cultural con pertinencia local,
enmarcado en políticas públicas de desarrollo
inclusivo y en coherencia con los objetivos del
proyecto de cooperación entre la Universidad
de Guayaquil y el GAD Municipal de Santa
Lucía
Resultados y Discusión
Diagnóstico de recursos culturales
El diagnóstico territorial de los recursos
culturales del cantón Santa Lucía reveló una
riqueza patrimonial significativa, tanto en su
dimensión tangible como intangible,
acompañada de una preocupante ausencia de
visibilidad, gestión integral y apropiación
efectiva por parte de las instituciones y actores
vinculados al turismo. La aplicación de la ficha
técnica de evaluación permitió analizar 15
recursos culturales con base en cinco criterios
clave: valor histórico, autenticidad, estado de
conservación, accesibilidad y potencial
interpretativo. Este enfoque facilitó una lectura
compleja de los bienes culturales, no reducida a
su existencia material, sino orientada a
comprender su capacidad de integrarse en
propuestas de turismo experiencial con valor
simbólico y vivencial. En el ámbito del
patrimonio tangible, se identificaron espacios
emblemáticos como el Museo Arqueológico
Municipal, que alberga más de 500 piezas
cerámicas representativas de culturas
prehispánicas como los Chonanis, Daulis y
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Milagro-Quevedo. Este acervo posee un
indiscutible valor histórico y arqueológico; sin
embargo, presenta un bajo nivel de
conservación museográfica, escasa señalética
interpretativa y limitada promoción
institucional, factores que restringen su
accesibilidad cultural y su atractivo como
recurso turístico. La carencia de elementos de
mediación cultural; como experiencias
inmersivas, tecnologías interactivas o
curadurías participativas, contrasta con las
tendencias actuales del turismo cultural
experiencial, que demandan una relación
emocional, estética y narrativa con los bienes
patrimoniales (Richards, 2011; Pérez y Vargas,
2017).
La Iglesia Matriz de Santa Lucía, también
evaluada como un recurso tangible de alto
valor, destaca por su simbolismo religioso, su
arquitectura tradicional y su función identitaria
dentro del tejido urbano. Si bien su
conservación física es adecuada y su ubicación
central favorece el acceso, carece de
mecanismos de interpretación turística, tales
como recorridos guiados, materiales didácticos
o integración a rutas temáticas. Esta falta de
activación simbólica limita su capacidad de
generar sentido y conexión con los visitantes, en
línea con lo planteado por Domínguez (2007),
quien subraya que el valor patrimonial de un
sitio solo se materializa cuando es social y
narrativamente activado. En cuanto al
patrimonio intangible, destacan prácticas vivas
como el rodeo montubio y las festividades
religiosas patronales, en especial la celebración
de la Virgen de Santa Lucía cada 13 de
diciembre. Estas expresiones se mantienen
gracias a una elevada participación comunitaria
y un fuerte arraigo identitario, evidenciando su
valor como recursos estratégicos para el diseño
de experiencias turísticas participativas. Su
carácter ritual y colectivo las alinea con las
nociones de “patrimonio vivo” promovidas por
la UNESCO (2003), aunque su sostenibilidad
cultural se ve comprometida por la falta de
documentación sistemática, medidas de
salvaguardia y visibilización en las agendas
institucionales. Esta invisibilización contribuye
a su vulnerabilidad ante los procesos de erosión
cultural, particularmente en contextos de
urbanización acelerada y migración juvenil.
La gastronomía local, otro componente
relevante del patrimonio inmaterial, incluye
platos emblemáticos como el caldo de sal prieta,
el seco de pato criollo y diversas preparaciones
a base de ingredientes tradicionales como el
plátano, la yuca y el maní. Aunque estas
comidas forman parte del consumo cotidiano y
del imaginario colectivo local, no se articulan
como una oferta turística estructurada, ni
cuentan con una marca gastronómica o eventos
culinarios que contribuyan a su valorización. La
ausencia de una narrativa gastronómica integral
representa una oportunidad desaprovechada
para el desarrollo de experiencias sensoriales
ancladas en la identidad territorial, como
advierten Villalva e Inga (2021), quienes
proponen integrar la cocina patrimonial como
eje diferenciador de los destinos emergentes.
Un aspecto transversal identificado como
limitante es la escasa accesibilidad física y
comunicacional de los recursos culturales. La
mayoría carece de señalización, infraestructura
de acogida, rutas peatonales adecuadas o
presencia digital en plataformas de promoción
turística. A pesar de que Santa Lucía se
encuentra geográficamente conectada con
centros urbanos como Daule y Guayaquil, la
falta de integración del turismo en los planes de
desarrollo local, sumada a la débil articulación
interinstitucional, impide consolidar productos
turísticos sostenibles y competitivos. Este
desajuste entre potencial patrimonial y
planificación pública ha sido señalado por
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diversos autores (Scheyvens, 1999; Pinillo,
2023), quienes advierten que, sin gobernanza
multiescalar y participación efectiva de la
comunidad, el turismo corre el riesgo de
convertirse en una promesa incumplida.
Finalmente, un vacío detectado en el
diagnóstico; y cuya atención es crucial para la
viabilidad de cualquier estrategia turística
basada en patrimonio vivo, es la limitada
formación de capacidades locales en gestión
cultural y turística. Si bien la comunidad
manifiesta interés en participar en procesos de
activación patrimonial, se evidencia la
necesidad de generar espacios formativos
permanentes que fortalezcan sus competencias
en diseño de productos turísticos, hospitalidad,
mediación cultural, comunicación digital y
gestión organizativa. Sin la profesionalización
progresiva de estos actores, la apropiación del
turismo como herramienta de desarrollo
territorial difícilmente podrá sostenerse a largo
plazo. La creación de una red local de actores
culturales capacitados, así como la
incorporación de contenidos patrimoniales en
los currículos escolares y comunitarios, podría
constituir un paso decisivo hacia la
resignificación de Santa Lucía como un destino
cultural emergente, vivo y con gobernanza
compartida.
Percepción de los residentes en referencia a
sus recursos culturales
La segunda fase de la investigación se centró en
analizar la percepción que tienen los habitantes
del cantón Santa Lucía sobre su patrimonio
cultural, con el objetivo de identificar niveles de
reconocimiento, apropiación simbólica y
disposición hacia su activación como recurso
turístico. Este componente es esencial en
cualquier proceso de planificación del turismo
cultural, ya que el éxito y la sostenibilidad de
los productos turísticos dependen, en gran
medida, del grado de implicación, legitimidad
social y sentido de pertenencia de las
comunidades receptoras (Scheyvens, 1999;
UNESCO, 2003). Los resultados derivados de
las encuestas estructuradas aplicadas a una
muestra representativa de 100 residentes
revelan un panorama ambivalente: por un lado,
se identifica una valoración afectiva
significativa del patrimonio local; por otro, se
observa una débil integración de estos activos
en una visión compartida de desarrollo. El 85 %
de los encuestados manifestó sentirse
profundamente identificado con expresiones
culturales propias del territorio, tales como el
rodeo montubio, la gastronomía tradicional, la
religiosidad popular y el museo arqueológico.
Este alto nivel de reconocimiento simbólico
refuerza la presencia del patrimonio en el
imaginario colectivo y constituye una base
favorable para su puesta en valor con fines
turísticos (Haesbaert, 2013; Raffestin, 2012).
Sin embargo, al examinar la apropiación activa
del patrimonio, emergen limitaciones
sustantivas. El 62 % de los participantes indicó
no haber participado nunca en procesos
formativos, talleres ni actividades orientadas a
la conservación o promoción del patrimonio
local. Esta cifra revela una carencia de
institucionalización de las prácticas culturales
dentro de las políticas públicas participativas, lo
que ha producido un estado de latencia: un
patrimonio que persiste simbólicamente, pero
permanece inactivo en su funcionalidad social y
económica (Domínguez, 2007). Esta tensión se
refleja también en la limitada traducción del
potencial cultural en acciones concretas de
desarrollo turístico. Aunque el 78 % de los
encuestados consideró que el cantón posee
recursos aptos para el turismo, solo el 19 %
logró mencionar iniciativas específicas
relacionadas con el patrimonio. La escasa
visibilidad de propuestas existentes, sumada a
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la debilidad en los mecanismos de
comunicación institucional, ha fomentado una
percepción difusa sobre el turismo como eje
estratégico de desarrollo. Las entrevistas a
autoridades locales corroboran este diagnóstico,
al reconocer que el turismo cultural no figura
actualmente como una prioridad dentro de los
planes cantonales, situación que limita el
aprovechamiento del capital simbólico
acumulado.
Pese a estas limitaciones, la comunidad muestra
una actitud receptiva hacia la posibilidad de
activar el patrimonio como motor de desarrollo.
El 65 % expresó interés en participar
activamente en iniciativas turísticas, siempre
que estas respeten la identidad local, cuenten
con acompañamiento técnico y aseguren una
distribución justa de beneficios. Este hallazgo
se alinea con los principios del turismo
comunitario participativo, el cual sostiene que
la inclusión genuina de las poblaciones locales
fortalece el producto turístico y, al mismo
tiempo, protege al patrimonio de procesos de
mercantilización trivial o descontextualización
(Ludeña, 2023; OMT, 2020). Un análisis
intergeneracional de los datos evidencia
diferencias significativas en la manera en que
distintos grupos etarios se relacionan con el
patrimonio. Los adultos mayores (más de 50
años) manifestaron una vinculación estrecha
con las tradiciones orales, las festividades
religiosas y los valores comunitarios, mientras
que los jóvenes (18 a 30 años) mostraron mayor
afinidad con la gastronomía local, el arte urbano
y la creación de contenido digital relacionado
con su identidad territorial. Esta diversidad de
perspectivas sugiere que el patrimonio no debe
abordarse de forma homogénea, sino desde
estrategias multiescalares, inclusivas y
transgeneracionales que reconozcan las
distintas formas de resignificar la cultura local
(García, 1995).
En términos de valoración como atractivos
turísticos, los elementos mejor posicionados
fueron el rodeo montubio, por su carga estética,
festiva e identitaria, el Museo Arqueológico,
por su valor histórico y potencial pedagógico, la
gastronomía local percibida como “única” y
“heredada” y las festividades religiosas,
destacadas por su capacidad de congregación y
su profundidad simbólica. No obstante,
emergieron también preocupaciones respecto a
los posibles impactos del turismo. Un 47 % de
los participantes expresó temor ante la
posibilidad de que el turismo “cambie las
costumbres” o “convierta las tradiciones en
negocio”. Esta visión crítica revela una
conciencia latente sobre los riesgos de la
mercantilización cultural, una tensión
ampliamente debatida en la literatura
especializada en turismo cultural (Richards,
2018; Colbert, 2003).
En este contexto, un aspecto que merece
atención particular, y que no ha sido abordado
suficientemente en la política pública local, es
el papel de la educación formal y no formal en
la transmisión y resignificación del patrimonio
cultural. La escasa presencia de contenidos
patrimoniales en la educación básica y media,
así como la falta de programas extracurriculares
centrados en la cultura viva, debilita la
continuidad generacional del conocimiento y
obstaculiza la apropiación crítica por parte de la
juventud. Promover la integración del
patrimonio en el currículo escolar, así como
fomentar iniciativas comunitarias
intergeneracionales de aprendizaje (talleres,
trueque de saberes, laboratorios ciudadanos),
puede constituir una estrategia de fondo para
garantizar la sostenibilidad cultural del
territorio a mediano y largo plazo. En conjunto,
los hallazgos de esta fase permiten concluir que
Santa Lucía dispone de un capital simbólico e
identitario sólido, pero con baja estructuración
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institucional para su gestión. Si bien existe una
percepción positiva respecto al valor del
patrimonio y una disposición favorable hacia el
turismo, se identifican importantes déficits en
los canales de participación, en la comunicación
institucional y en la formación técnica de la
comunidad. Por tanto, cualquier propuesta de
turismo experiencial en el cantón debe estar
precedida por procesos formativos en educación
patrimonial, desarrollo de capacidades locales y
diseño participativo, de modo que se garantice
no solo la viabilidad de los productos turísticos,
sino su legitimidad social, pertinencia cultural y
sostenibilidad en el tiempo.
Conclusiones
El cantón Santa Lucía posee un capital
patrimonial relevante, pero subutilizado. El
diagnóstico técnico demostró la existencia de
recursos culturales tangibles e intangibles con
alto valor histórico y simbólico. Sin embargo, la
falta de conservación museográfica, la carencia
de señalética interpretativa y la escasa
promoción institucional limitan su activación
como productos turísticos. Este hallazgo
confirma la necesidad de repensar el patrimonio
no solo como objeto de conservación, sino
como eje articulador de experiencias
significativas.
Existe una desconexión entre el reconocimiento
simbólico del patrimonio y su apropiación
funcional por parte de la comunidad. Aunque
los habitantes manifiestan un fuerte sentido de
pertenencia, especialmente hacia tradiciones
como el rodeo montubio, la gastronomía y la
religiosidad popular, los niveles de
participación en actividades de formación,
salvaguardia o promoción son bajos. Esta
brecha evidencia un ficit en las políticas
públicas locales, que no han logrado
institucionalizar mecanismos efectivos de
participación comunitaria.
El turismo no figura aún como una política
prioritaria en el desarrollo territorial del cantón.
Las autoridades reconocen el valor potencial del
patrimonio, pero no existen estrategias claras de
planificación turística ni asignación de recursos
para fortalecer esta área. Esta omisión ha
limitado la articulación entre cultura, economía
y desarrollo, reduciendo al turismo a iniciativas
fragmentadas sin sostenibilidad.
La comunidad expresa una disposición
favorable hacia el turismo cultural, pero
condicionada a la equidad, el respeto identitario
y el acompañamiento técnico. El 65 % de los
residentes indicó su interés en participar en
actividades turísticas, siempre que estas no
banalicen las tradiciones ni excluyan a los
actores locales. Este dato ratifica el potencial
del turismo comunitario participativo como
modelo viable, ético y sostenible.
La percepción del patrimonio varía según la
generación, lo que implica el diseño de
estrategias multiescalares e intergeneracionales.
Mientras los adultos mayores valoran las
tradiciones orales y religiosas, los jóvenes se
vinculan más con la gastronomía, el arte urbano
y los medios digitales. Esta diversidad exige
estrategias de activación patrimonial que
reconozcan y articulen distintas narrativas
culturales, evitando enfoques homogéneos.
La educación patrimonial, tanto formal como no
formal, emerge como un eje transversal y
actualmente descuidado. La investigación
identificó la falta de contenidos curriculares
vinculados al patrimonio y la ausencia de
programas intergeneracionales de transmisión
cultural. Fomentar procesos educativos
anclados en el territorio permitiría no solo
preservar la memoria colectiva, sino también
empoderar a las nuevas generaciones como
actores del desarrollo.
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Se requiere una planificación turística integral
basada en el enfoque de “patrimonio vivo”. Para
que el turismo experiencial contribuya a la
revalorización de la identidad cultural, es
indispensable diseñar circuitos turísticos
participativos, promover la formación técnica
de los actores locales y asegurar la distribución
justa de los beneficios. Esto solo será posible
mediante la articulación entre Estado, academia
y comunidad.
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