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calificaciones de los semestres anteriores y
posteriores al uso masivo de ChatGPT. Este
procedimiento permitió contrastar resultados
académicos, evaluar tendencias y establecer
inferencias sobre el impacto de la herramienta
en el rendimiento académico (Yuni et al., 2007).
Los datos cuantitativos fueron procesados con
análisis estadístico descriptivo utilizando el
software SPSS (versión 26), a fin de determinar
frecuencias, porcentajes, medias y desviaciones
estándar. Estos indicadores facilitaron la
caracterización de los niveles de competencia
digital, la valoración del uso ético de ChatGPT
y las diferencias significativas entre grupos. Los
datos cualitativos provenientes de la
observación y del análisis documental fueron
interpretados a través del análisis de contenido
temático, permitiendo identificar categorías
emergentes como: apropiación crítica de la IA,
juicio ético, influencia en el rendimiento, y
percepciones sobre la dependencia tecnológica
(Bardin, 2016). Esta triangulación
metodológica fortalece la validez interna del
estudio al integrar distintos tipos de evidencia
empírica (Creswell, 2014).
Resultados y Discusión
Los hallazgos de esta investigación confirman
una conclusión cardinal: existe una brecha
significativa entre el uso frecuente de ChatGPT
por parte de los estudiantes universitarios y el
nivel de competencias digitales necesarias para
un uso ético y crítico de dicha herramienta. Si
bien un alto porcentaje de los encuestados
manifestó utilizar la inteligencia artificial
generativa en actividades académicas, las
respuestas revelan limitaciones en el análisis de
fuentes, el discernimiento del contenido, la
autorregulación del aprendizaje y la reflexión
ética sobre el uso de la tecnología. En relación
con los resultados cuantitativos relevantes, el
tratamiento estadístico de los cuestionarios
estructurados aplicados a un total de 390
estudiantes universitarios permitió identificar
patrones consistentes sobre el uso de ChatGPT
y las competencias digitales críticas y éticas
vinculadas a su utilización, considerando cinco
dimensiones clave: frecuencia de uso,
comprensión funcional, reflexión ética, impacto
en el aprendizaje y formación previa en
inteligencia artificial. En cuanto a la frecuencia
y formas de uso, un 83,6 % del total de
encuestados reportó utilizar ChatGPT al menos
una vez por semana con fines académicos,
siendo el 43,1 % quienes lo emplean de manera
casi diaria. Los principales usos reportados
fueron la consulta rápida de conceptos (74,8 %),
la redacción de trabajos o tareas (59,2 %), la
preparación para evaluaciones (32,5 %) y la
traducción de textos (21,7 %). Este hallazgo
confirma la presencia creciente de ChatGPT en
las prácticas académicas cotidianas,
consolidándose como una herramienta
integrada al ecosistema digital de los
estudiantes universitarios.
Respecto a la comprensión del funcionamiento
de ChatGPT, al indagar sobre el conocimiento
operativo de la herramienta, solo un 21,3 % de
los estudiantes pudo explicar adecuadamente
cómo funciona, es decir, que se trata de un
modelo de lenguaje predictivo basado en
aprendizaje automático y no de un buscador de
información verificada. Un 58,9 % indicó que
“no sabe exactamente cómo funciona, pero le
resulta útil”, mientras que un 19,8 % ofreció
explicaciones erróneas, asumiendo que
ChatGPT “busca respuestas en páginas web
confiables”. Este resultado evidencia una
carencia significativa de alfabetización digital
funcional, lo cual limita la capacidad de los
estudiantes para evaluar críticamente la
fiabilidad, los sesgos y los límites
epistemológicos de la herramienta. En relación
con los criterios éticos y el uso crítico, el
análisis de las respuestas revela que solo el 18,9