
Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 1.2
Edición Especial UG 2026
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una visión más profunda sobre las condiciones
pedagógicas y tecnológicas que influyen en los
entornos híbridos.
El análisis crítico del currículo escolar y
universitario de los tres países seleccionados
Ecuador, Perú y Bolivia permitió identificar
patrones comunes de exclusión, omisión y
superficialización en torno a los líderes
indígenas que resistieron la colonización, así
como tendencias emergentes de resignificación
en argumentos específicos. Los hallazgos
revelan que, a pesar de los marcos normativos
que promueven la interculturalidad, el
tratamiento de la historia indígena en los planes
de estudio continúa siendo marginal, simbólico
o utilitario (Briceño, 2020; López, 2021). En el
caso ecuatoriano, el currículo de Historia para
Educación General Básica y Bachillerato hace
mención a Rumiñahui como símbolo de
resistencia andina, pero lo presenta sin mayor
desarrollo contextual ni articulación con
procesos históricos amplios. Se lo menciona
principalmente en relación con la fundación de
Quito, lo cual limita su interpretación a un
hecho local y anecdótico. Quisquis, en
contraste, está totalmente ausente del currículo
oficial y de los principales textos escolares
(Ministerio de Educación del Ecuador, 2022).
Esta omisión coincide con lo señalado por
Estupiñán (2021), quien advierte que el
currículo reproduce una visión mestiza-
republicana de la historia nacional, donde las
figuras indígenas solo aparecen en función de su
utilidad para la narrativa estatal.
En Perú, la figura de Túpac Amaru II tiene una
mayor visibilidad, en parte por su papel en la
rebelión de 1780, pero otros líderes como
Quisquis, Huayna Cápac o Calicuchima no
figuran en los textos escolares. Aunque el
currículo nacional (2017) incorpora un enfoque
intercultural, este se diluye en la
implementación práctica. Los libros de texto
revisados presentan la historia incaica como un
antecedente glorioso pero desconectado del
presente, sin vinculación con los liderazgos
comunitarios actuales ni con luchas territoriales
contemporáneas (Portocarrero, 2020; Córdova
y Zárate, 2023). Bolivia, por su parte, presenta
avances significativos en la inclusión de
memorias indígenas, especialmente desde la
aprobación de la Ley Avelino Siñani-Elizardo
Pérez (2010), que impulsa un modelo educativo
intercultural, intercultural y plurilingüe. En los
textos escolares revisados (Viceministerio de
Educación, 2021), se incluyen figuras como
Bartolina Sisa, Túpac Katari y Zárate Willka,
aunque en muchos casos su abordaje aún carece
de profundidad histórica y se limita a citas
conmemorativas. No obstante, se identificaron
experiencias pedagógicas significativas que
trabajan con mapas de memoria comunitaria,
relatos orales y recreaciones históricas,
especialmente en zonas rurales de La Paz y
Oruro (González, 2023).
A nivel universitario, los programas de
formación docente en Historia presentan una
notable ausencia de asignaturas dedicadas a la
historia de los pueblos originarios, a excepción
de algunos módulos optativos. En la
Universidad de Guayaquil, por ejemplo, la
carrera de Pedagogía de la Historia y las
Ciencias Sociales dedica escaso espacio
curricular al pensamiento andino o a la
historiografía crítica decolonial. Esta tendencia
se repite en la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos (Perú) y en la Universidad Mayor
de San Andrés (Bolivia), donde la formación se
mantiene apegada a cánones historiográficos
clásicos, heredados de la tradición positivista
decimonónica (Achugar y Cammarota, 2021;
Carretero, 2022). Un hallazgo relevante fue la
identificación de prácticas docentes emergentes
que buscan resignificar estas ausencias a través