Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 1.1
Edición Especial I 2026
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USO DE PROBIÓTICOS EN LA DISMINUCIÓN DE LOS SÍNTOMAS DE DEPRESIÓN
USE OF PROBIOTICS IN REDUCING SYMPTOMS OF DEPRESSION
Autores: ¹Dayana Carolina Coello Ortiz y ²Varna Hernández Junco.
¹ORCID ID:
https://orcid.org/0000-0001-6348-9817
²ORCID ID: https://orcid.org/0000-0001-7864-6723
¹E-mail de contacto: dcoello7892@uta.edu.ec
²E-mail de contacto: v.hernandez@uta.edu.ec
Afiliación:
1*2*
Universidad Técnica de Ambato, (Ecuador).
Articulo recibido:23 de Diciembre del 2025
Articulo revisado: 25 de Diciembre del 2025
Articulo aprobado: 5 Enero del 2026
¹Estudiante de la carrera de Medicina. Universidad Técnica de Ambato. (Ecuador).
²PhD. en Ciencias Técnicas. Docente Investigadora. Universidad Técnica de Ambato, (Ecuador).
Resumen
La depresión es un trastorno mental complejo y
multifactorial que constituye una de las
principales causas de discapacidad en el
mundo. En este contexto, los probióticos han
emergido como una estrategia terapéutica
complementaria debido a su influencia en el eje
microbiotaintestinocerebro. El presente
estudio tuvo como objetivo determinar el
impacto de su administración en la reducción
de los síntomas depresivos en adultos,
analizando los mecanismos neuroquímicos,
inmunológicos y microbiológicos
involucrados, así como las opciones y
posologías más efectivas. Se llevó a cabo una
revisión sistemática conforme a las directrices
PRISMA 2020, en la que se analizaron 39
documentos científicos, incluyendo ensayos
clínicos aleatorizados, revisiones sistemáticas,
metaanálisis y estudios observacionales desde
el 2019 al 2025. Los ensayos clínicos
mostraron reducciones significativas en escalas
clínicas de depresión, mejoras en la calidad del
sueño y disminución de marcadores
inflamatorios; por su parte, las revisiones
sistemáticas y metaanálisis confirmaron estos
beneficios, aunque señalaron heterogeneidad
en las cepas empleadas, dosis (10⁹–10¹⁰
UFC/día) y duración (412 semanas). Se
concluye que los probióticos constituyen una
intervención adyuvante prometedora, aunque
persisten limitaciones que requieren
estandarizar protocolos y ampliar estudios
multicéntricos en poblaciones diversas.
Palabras clave: Depresión, Probióticos,
Microbiota intestinal, Eje intestinocerebro,
Psicobióticos.
Abstract
Depression is a complex and multifactorial
mental disorder that is one of the leading causes
of disability worldwide. In this context,
probiotics have emerged as a complementary
therapeutic strategy due to their influence on
the gut-brain axis. This study aimed to
determine the impact of probiotic
administration on reducing depressive
symptoms in adults, analyzing the
neurochemical, immunological, and
microbiological mechanisms involved, as well
as the most effective options and dosages. A
systematic review was conducted according to
the 2020 PRISMA guidelines, analyzing 39
scientific documents, including randomized
controlled trials, systematic reviews, meta-
analyses, and observational studies from 2019
to 2025. The clinical trials showed significant
reductions in clinical depression scales,
improvements in sleep quality, and decreases in
inflammatory markers. Systematic reviews and
meta-analyses have confirmed these benefits,
although they have noted heterogeneity in the
strains used, dosage (10⁹–10¹⁰ CFU/day), and
duration (412 weeks). It is concluded that
probiotics constitute a promising adjunctive
intervention, although limitations remain that
require standardized protocols and expanded
multicenter studies in diverse populations.
Keywords: Depression, Probiotics, Gut
microbiota, Gut-brain axis, Psychobiotics.
Sumário
A depressão é um transtorno mental complexo
e multifatorial, sendo uma das principais causas
de incapacidade em todo o mundo. Nesse
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contexto, os probióticos surgiram como uma
estratégia terapêutica complementar devido à
sua influência no eixo intestino-cérebro. Este
estudo teve como objetivo determinar o
impacto da administração de probióticos na
redução dos sintomas depressivos em adultos,
analisando os mecanismos neuroquímicos,
imunológicos e microbiológicos envolvidos,
bem como as opções e dosagens mais eficazes.
Uma revisão sistemática foi conduzida de
acordo com as diretrizes PRISMA de 2020,
analisando 39 documentos científicos,
incluindo ensaios clínicos randomizados,
revisões sistemáticas, meta-análises e estudos
observacionais, publicados entre 2019 e 2025.
Os ensaios clínicos demonstraram reduções
significativas nas escalas de depressão clínica,
melhora na qualidade do sono e diminuição dos
marcadores inflamatórios. Revisões
sistemáticas e meta-análises confirmaram esses
benefícios, embora tenham observado
heterogeneidade nas cepas utilizadas, na
dosagem (10⁹–10¹⁰ UFC/dia) e na duração (4–
12 semanas). Conclui-se que os probióticos
constituem uma intervenção adjuvante
promissora, embora ainda existam limitações
que exigem protocolos padronizados e estudos
multicêntricos mais abrangentes em
populações diversas.
Palavras-chave: Depressão, Probióticos,
Microbiota intestinal, Eixo intestino-
cérebro, Psicobióticos.
Introducción
La depresión es reconocida como un trastorno
psiquiátrico de origen multifactorial que afecta
de manera significativa el bienestar y la
funcionalidad de millones de personas a nivel
global. Según la Organización Mundial de la
Salud (OMS) aproximadamente el 5 % de la
población adulta padece este cuadro, siendo
más frecuente en mujeres, lo que la convierte en
una de las principales causas de discapacidad
mundial (Lie et al., 2021; Liu et al., 2021).
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de
los Trastornos Mentales (DSM-5), la define
como un trastorno del estado del ánimo
caracterizado por la presencia de al menos cinco
síntomas durante dos semanas, uno debe ser
obligatoriamente la pérdida significativa de
interés, acompañados de otros como
alteraciones en el apetito o peso, trastornos del
sueño, agitación o enlentecimiento psicomotor,
fatiga, baja autoestima, dificultades cognitivas
y pensamientos recurrentes de muerte
(American Psychiatric Association, 2013). Su
aparición responde a una interacción compleja
de dimensiones biológicas, psicológicas y
sociales. En el plano biológico, se han
documentado alteraciones en
neurotransmisores como la serotonina,
dopamina y norepinefrina, junto con la
participación de procesos inflamatorios
crónicos de bajo grado, los cuales refuerzan la
asociación entre inmunidad y salud mental (Gao
et al., 2022). En el ámbito psicológico y social,
factores como el estrés persistente, los
antecedentes traumáticos, la carencia de redes
de apoyo y las limitaciones económicas se han
descrito como condicionantes que incrementan
la vulnerabilidad y obstaculizan la recuperación
(Söderberg et al., 2025).
El tratamiento de la depresión se sustenta en un
enfoque multimodal que incluye
farmacoterapia, intervenciones
psicoterapéuticas y modificaciones en el estilo
de vida. Entre los fármacos, los inhibidores
selectivos de la recaptación de serotonina
(ISRS) son los más prescritos y han demostrado
utilidad clínica, sin embargo, su efectividad no
es uniforme en todos los pacientes y se asocian
con efectos adversos relevantes que afectan la
adherencia al tratamiento. Entre los más
frecuentes se encuentran náuseas, disfunción
sexual, insomnio, fatiga, mareo y alteraciones
gastrointestinales (El Dib et al., 2021; Boschloo
et al, 2023). Aunque la mayoría son leves y
transitorios, también se han reportado síntomas
neurológicos como síndrome serotoninérgico y
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trastornos del movimiento en casos raros (Yu et
al., 2025). Estas limitaciones han motivado la
exploración de estrategias complementarias. Es
así que, estudios recientes han resaltado la
relevancia del eje intestino-cerebro, un sistema
de comunicación bidireccional en el que la
microbiota intestinal regula procesos
neuroinmunológicos implicados en los
trastornos del ánimo (Lie et al., 2021). De este
modo, la incorporación de probióticos se
plantea como un recurso capaz de modular la
microbiota intestinal y favorecer la regulación
del estado de ánimo.
A pesar de los avances, los hallazgos en esta
línea de investigación muestran heterogeneidad
y limitaciones, principalmente en relación con
la selección de cepas, la dosis adecuada y la
duración de los tratamientos. Asimismo, gran
parte de la evidencia proviene de poblaciones
ajenas a América Latina, lo que restringe la
posibilidad de extrapolar los resultados a este
contexto; las cepas de probióticos más
estudiadas en América Latina para efectos sobre
depresión y sintomatología emocional incluyen
Lactobacillus rhamnosus GG, Lactobacillus
paracasei DN-114001, y Bifidobacterium
longum y B. infantis, favoreciendo la
modulación del eje serotoninérgico y la
reducción del estrés (Caiza & Acosta., 2025;
Rosas & Soria, 2025). Sin embargo, cepas como
Bifidobacterium breve CCFM1025 y mezclas
multicepa como VSL#3, ampliamente
investigadas en otras regiones, presentan escasa
presencia y aplicación clínica en estudios
realizados en América Latina (Boschloo et al.,
2023). Se requiere ampliar la investigación
local sobre el impacto de estas cepas ausentes
para contextualizar su eficacia en poblaciones
latinoamericanas.
En razón de esto, actualmente se sugiere que los
probióticos podrían ayudar en la reducción de
síntomas depresivos al modificar la microbiota
intestinal y los sistemas inmunológicos del
huésped (Sempach et al., 2024). Aunque en
concordancia con el estudio de cepas, las
investigaciones se han enfocado en pacientes
con cuadros leves y en poblaciones fuera de
América Latina, siendo escasa la evidencia
sobre su efecto en casos clínicos graves y en
diversos contextos geográficos (Zandifar et al
2025). Por otra parte, persisten vacíos sobre la
dosis óptima, las cepas más eficaces, la relación
con tratamientos farmacológicos y la duración
del abordaje, lo que resalta la necesidad de
estudios multicéntricos que exploren estos
factores en profundidad y validen la aplicación
de probióticos en el manejo de la depresión. El
presente estudio tiene como objetivo principal
determinar el impacto de la administración de
probióticos en la reducción de los síntomas
depresivos en pacientes adultos. Para ello, se
plantea analizar la relación entre la microbiota
intestinal y la depresión a través del eje
microbiota-intestino-cerebro, identificar los
mecanismos neuroquímicos, inmunológicos y
microbiológicos que sustentan su acción
terapéutica, establecer las opciones y
posologías óptimas para su uso como
intervención complementaria en el manejo de la
sintomatología depresiva.
Materiales y Métodos
El estudio se desarrolló bajo un enfoque
cualitativo, utilizando un diseño de revisión
sistemática, de alcance descriptivo. Este tipo de
revisión se define como un procedimiento
estructurado que reúne y sintetiza de manera
crítica la evidencia científica existente sobre un
tema determinado, siguiendo un método
explícito y reproducible que contribuye a
reducir sesgos y a garantizar la transparencia en
los resultados (Higgins et al., 2021). Para la
obtención de la información se llevó a cabo una
búsqueda documental amplia y rigurosa en
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bases de datos científicas, orientada a identificar
estudios que abordaran el papel de los
probióticos en la reducción de los síntomas de
la depresión. La organización del proceso se
realizó conforme a las directrices establecidas
por la declaración PRISMA (Preferred
Reporting Items for Systematic Reviews and
Meta-Analyses), reconocida como un estándar
internacional que asegura la calidad, claridad y
reproducibilidad de las revisiones sistemáticas
y los metaanálisis (Page et al, 2021). La
aplicación de estas directrices permitió
establecer criterios de inclusión y exclusión
claramente definidos, que guiaron la selección
de los artículos, así como realizar una
evaluación crítica de la calidad metodológica de
los estudios finalmente considerados. De esta
manera, el procedimiento garantizó un abordaje
ordenado, transparente y objetivo de la
literatura disponible, lo cual fortaleció la
validez de los hallazgos obtenidos.
Se incluyeron artículos científicos publicados
entre los años 2020 y 2025 que presentaron
resultados concretos sobre el uso de probióticos
en la disminución de los síntomas de la
depresión. Se consideraron publicaciones tanto
en idioma inglés como en español. Los tipos de
documentos revisados fueron artículos
originales de investigación, revisiones
sistemáticas, bibliométricas y metaanálisis que
cumplieron con criterios de rigor metodológico
y aportaron evidencia empírica relevante. Se
excluyeron aquellos estudios que no ofrecieron
resultados concluyentes o que carecieron de
soporte científico sólido, así como comentarios
editoriales, cartas al editor, cartas de opinión y
otros documentos no sometidos a revisión por
pares. Esta estrategia de selección permitió
garantizar la inclusión de literatura científica de
alta calidad y pertinencia para los objetivos de
la revisión. Se llevó a cabo una búsqueda
electrónica sistemática de artículos científicos
en las bases de datos PubMed, Scopus, Web of
Science y SciELO. Se emplearon descriptores
como: MeSH en inglés y español, combinados
mediante operadores booleanos para optimizar
la precisión de los resultados. Los términos
utilizados incluyeron: ("Probiotics" OR
"Probióticos") AND ("Depressive Disorder"
OR "trastorno depresivo") AND ("Gut-Brain
Axis" OR "eje intestino-cerebro") AND
("intestinal microbiota" OR "microbiota
intestinal"). Esta estrategia de búsqueda
permitió recuperar estudios relevantes y
actualizados sobre la relación entre el uso de
probióticos y la disminución de síntomas
depresivos, garantizando una cobertura
exhaustiva de la literatura científica disponible.
En total se examinaron 39 documentos
científicos que comprendieron ensayos clínicos
aleatorizados (RCTs), revisiones sistemáticas y
metaanálisis, revisiones narrativas, estudios
observacionales y documentos metodológicos o
guías. La selección de trabajos se basó en
criterios de inclusión y exclusión previamente
definidos: se incluyeron estudios publicados
entre 2020 y 2025 con excepción del Manual de
Trastornos Mentales (DSM-5) que fue
publicado en el año 2013, sin embargo, es el
documento base de diagnóstico de patologías
mentales actualmente aceptado. El idioma fue
inglés, español y portugués, con acceso a texto
completo, que abordaran la relación entre
probióticos y síntomas depresivos. Los estudios
elegibles debían presentar datos originales,
reportar indicadores clínicos estandarizados de
depresión, calidad del sueño o parámetros
inmunológicos, y utilizar métodos estadísticos
apropiados. Se excluyeron 34 artículos
duplicados, investigaciones con bajo nivel de
evidencia, estudios solo en animales, reportes
sin grupo control o sin uso de probióticos
claramente definidos, y aquellos que no
cumplían con estándares de calidad como
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transparencia en la recolección de datos,
claridad en la definición de variables, y
pertinencia de los análisis estadísticos. Cada
estudio fue revisado valorando su relevancia,
actualidad y rigor metodológico; los aspectos
como el diseño empleado, tamaño de muestra,
transparencia y precisión en la definición de
variables fueron analizados para asegurar
validez y aplicabilidad. La extracción de
información se realizó de forma sistemática,
utilizando un formulario estructurado diseñado
específicamente para revisiones tipo PRISMA.
Este instrumento permitió recopilar los
principales datos de cada estudio seleccionado,
incluyendo autores, año de publicación, país,
diseño metodológico, objetivo del estudio,
medición de efectividad, conclusiones del
estudio. Además, se consideró exponer la
revista de publicación y la indexación que
actualmente se posee. Con este proceso se
aseguró la exhaustividad en la recolección y
organización de los datos, facilitando la
trazabilidad de los resultados y el posterior
análisis comparativo entre los diferentes
trabajos revisados.
El análisis de resultados se realizó mediante un
enfoque cualitativo, centrado en la comparación
y síntesis narrativa de los hallazgos reportados
en los estudios incluidos. Se priorizó la
interpretación temática sobre cómo los
probióticos intervienen en la reducción de
síntomas depresivos, la mejora del sueño y la
modulación inmunológica, a partir de
perspectivas descriptivas y explicativas
extraídas de las investigaciones. Los artículos se
agruparon considerando el tipo de probiótico
utilizado, la duración y características de las
intervenciones y el contexto clínico, lo que
permitió identificar patrones, diferencias y
matices en las experiencias descritas. Es
relevante señalar que la tabla de resultados
presenta las investigaciones en orden alfabético,
sin relación con la relevancia de las
conclusiones o la importancia investigativa de
cada trabajo (tabla 1) mostrada más adelante.
Finalmente, la valoración metodológica y
clínica permitió sintetizar tendencias,
limitaciones y vacíos de conocimiento,
aportando una visión profunda del potencial y
las barreras del uso de probióticos en el
tratamiento de la depresión, desde la evidencia
cualitativa disponible. Para contextualizar y
categorizar los trastornos mentales analizados,
se recurrió a la revisión detallada del manual
DSM-5, lo cual permitió precisar las
definiciones clínicas y los criterios diagnósticos
que enmarcan las patologías abordadas en la
revisión. Este enfoque facilitó la delimitación
conceptual y la correcta interpretación de los
resultados, garantizando la homogeneidad en la
selección y el análisis de los estudios que
abordaron la depresión y otros síntomas
psiquiátricos relacionados.
El diagrama de flujo ilustra el proceso de
selección de los estudios incluidos en la revisión
bibliográfica, siguiendo el enfoque PRISMA.
En una primera fase se identificaron 633
registros procedentes de diversas bases de datos
internacionales reconocidas; tras aplicar los
criterios de inclusión y exclusión predefinidos,
se efectuó un cribado inicial que llevó a la
exclusión de 546 artículos, quedando 87 para
evaluación detallada. En la etapa de
elegibilidad, 53 estudios pasaron a revisión de
texto completo y, luego del análisis crítico, se
descartaron 20 por no cumplir los criterios
metodológicos o de pertinencia temática.
Finalmente, se integraron en la síntesis
cualitativa 39 artículos: 4 se utilizaron para
contextualizar el problema y sustentar la
justificación, mientras que 35 aportaron
directamente a la construcción de los resultados.
Estos 35 estudios abarcaron distintos diseños
(11 ensayos clínicos controlados aleatorizados,
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2 estudios observacionales, 3 revisiones
sistemáticas sin metaanálisis, 5 revisiones
sistemáticas con metaanálisis, 12 revisiones
narrativas o bibliográficas y 1 guía clínica), lo
que permitió una triangulación metodológica y
una visión amplia sobre eficacia, seguridad y
mecanismos de acción de los probióticos en
salud mental. Este procedimiento sistemático
garantiza transparencia, reproducibilidad y
robustez en la selección de la literatura
científica relevante para el objeto de estudio
(figura 1).
Figura 1. Diagrama de flujo de selección de los
estudios mediante la metodología PRISMA
Resultados y Discusión
Los resultados obtenidos muestran que los
probióticos, especialmente aquellos
clasificados como psicobióticos, por su
capacidad para influir en la función cerebral y
el comportamiento, representan una
intervención complementaria útil en el manejo
de la depresión. Estos microorganismos vivos
actúan principalmente modulando la microbiota
intestinal, restaurando el equilibrio microbiano
alterado en pacientes depresivos, e influyendo
sobre el eje microbiotaintestinocerebro,
estructura fisiológica clave en la regulación
emocional (Sempach et al., 2024). Este avance
ha posicionado a los probióticos como una
alternativa terapéutica complementaria en el
abordaje de la sintomatología depresiva, ya que
estos microorganismos vivos pueden restaurar
la homeostasis intestinal, alterada
frecuentemente en personas con depresión
(Sempach et al., 2024. Los estudios incluidos
indican que la depresión no es únicamente un
trastorno caracterizado por alteraciones de
neurotransmisores, sino una enfermedad
multisistémica en la que intervienen procesos
inmunológicos, inflamatorios, neuroendocrinos
y metabólicos (Dacaya et al., 2025; Mazziotta
et al., 2023).
Los resultados analizados evidencian una
asociación consistente entre la composición de
la microbiota intestinal y la fisiopatología de la
depresión, sustentada en alteraciones
funcionales del eje microbiotaintestino
cerebro. En individuos con sintomatología
depresiva se observa de forma recurrente una
disbiosis caracterizada por disminución de
géneros bacterianos beneficiosos y predominio
de especies proinflamatorias, lo que se asocia a
una mayor permeabilidad intestinal y activación
inmunitaria sistémica (Mazziotta et al., 2023;
Barcia, 2024). Esta alteración favorece la
translocación de productos microbianos como
lipopolisacáridos (LPS) a la circulación
sanguínea, generando una respuesta
inflamatoria de bajo grado que impacta
negativamente en la señalización neuronal y en
la regulación emocional, ya que, activa una
respuesta inflamatoria sistémica que incrementa
la producción de citocinas proinflamatorias
como interleucina-6, interleucina-1β y factor de
necrosis tumoral alfa. Dichos mediadores
atraviesan la barrera hematoencefálica e
inducen neuroinflamación, fenómeno
estrechamente relacionado con el agravamiento
de los síntomas depresivos (Gao et al., 2023;
Barcia Jijón, 2024). La administración de
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probióticos demuestra capacidad para restaurar
parcialmente la diversidad microbiana, mejorar
la integridad de la barrera intestinal y reducir
marcadores inflamatorios sistémicos, lo que se
traduce en una modulación favorable de la
comunicación bidireccional entre intestino y
sistema nervioso central (Sempach et al., 2024;
Nikolova et al., 2025).
La suplementación con probióticos reduce estos
procesos de manera significativa. De este modo,
especies como Lactobacillus y Bifidobacterium
resultan relevantes, pues restauran la
homeostasis microbiana y fortalecen la barrera
mucosa intestinal (Nikolova et al., 2025). Así,
previenen el aumento de permeabilidad y el
paso de LPS al torrente sanguíneo, con la
consecuente disminución en la producción de
citocinas proinflamatorias implicadas en
neuroinflamación y depresión (Sempach et al.,
2024). Los probióticos al contribuir en la
reducción de mediadores inflamatorios como
IL-6, TNF-α, IL-y CRP, y a incrementar la
síntesis de citocinas antiinflamatorias como IL-
10 (Mazziotta et al., 2023; Johnson, 2023;
Dacaya, 2025; Barcia Jijón, 2024), reforzados
además gracias a la síntesis de ácidos grasos de
cadena corta, metabolitos que actúan
antiinflamatoriamente tanto local como
sistémicamente y, tras atravesar la barrera
hematoencefálica, pueden modular procesos
neuronales vinculados al estado de ánimo
(Rahmannia et al., 2024).
En el ámbito neuroendocrino, es importante
resaltar que, los probióticos tienen la capacidad
de modular el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal
(HPA), atenuando la hiperactivación vinculada
al estrés crónico y la inflamación persistente, lo
que se traduce en una reducción de los niveles
de cortisol y de las respuestas
neuroinflamatorias. Así, cepas como
Lactobacillus rhamnosus y Bifidobacterium
longum no solo normalizan marcadores
inmunitarios, sino que también disminuyen el
cortisol asociado al estrés y la depresión,
mejorando parámetros depresivos en escalas
clínicas y enriqueciendo la microbiota con
especies antiinflamatorias (Mazziotta et al.,
2023; Borrego-Ruiz, 2024; Sempach et al.,
2024; Biemar, 2023). Este restablecimiento del
equilibrio entre los sistemas inmunitario,
neuroendocrino y nervioso central favorece una
mejoría en los determinantes biológicos de la
depresión (Nikolova et al., 2025).
De manera complementaria, los probióticos
ejercen una influencia determinante en la
regulación neuroquímica del eje microbiota
intestinocerebro, modulando de forma
integrada la síntesis, liberación y metabolismo
de neurotransmisores esenciales como
serotonina, dopamina, noradrenalina y GABA,
tanto a nivel del tracto gastrointestinal como en
el sistema nervioso central (Gao et al., 2023;
Dacaya et al., 2025). Este proceso inicia en el
intestino, donde diversas cepas probióticas
modifican la disponibilidad de precursores
metabólicos clave, entre ellos triptófano,
tirosina y glutamato, facilitando su absorción y
redirigiéndolos hacia rutas biosintéticas
monoaminérgicas en lugar de vías inflamatorias
como la del ácido quinolínico, comúnmente
activada en contextos de disbiosis e inflamación
(Barcia, 2024; Mazziotta et al., 2023). Además,
metabolitos bacterianos como los ácidos grasos
de cadena corta, indoles y aminas biogénicas
estimulan células enteroendocrinas y entero-
cromafines, incrementando la liberación
periférica de serotonina y péptidos neuroactivos
que activan aferencias vagales y modulan
núcleos centrales involucrados en la regulación
emocional (Sempach et al., 2024; Schneider et
al., 2023). De igual forma, los probióticos
influyen en la expresión y actividad de enzimas
críticas como la triptófano-hidroxilasa, tirosina-
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hidroxilasa y glutamato-descarboxilasa,
optimizando la síntesis de monoaminas y
GABA en condiciones donde estas enzimas
suelen verse disminuidas por procesos
inflamatorios propios de la depresión (Feng et
al., 2024; Rahmannia et al., 2024).
A nivel central, aunque los neurotransmisores
sintetizados en el tracto gastrointestinal no
atraviesan directamente la barrera
hematoencefálica, lo hacen sus precursores,
permitiendo que la regulación intestinal ejercida
por los probióticos repercuta en la
disponibilidad sináptica de serotonina,
dopamina, noradrenalina y GABA a través de
ajustes en la recaptación, almacenamiento
vesicular y liberación presináptica (Nikolova et
al., 2025; Ferrari et al., 2024). Este efecto
neuroquímico se ve reforzado por la
disminución de la neuroinflamación, dado que
la restauración de la barrera intestinal reduce la
translocación de lipopolisacáridos y, con ello, la
activación microglial y la sobreexpresión de la
indoleamina-2,3-dioxigenasa, enzima que en
estados inflamatorios desvía el metabolismo del
triptófano hacia compuestos neurotóxicos
(Johnson, 2023; Gao et al., 2023). En particular,
cepas como Lactobacillus rhamnosus,
Bifidobacterium longum y Bifidobacterium
infantis presentan capacidad para modular la
producción y biodisponibilidad de
neurotransmisores y otros mensajeros
neuroactivos a nivel intestinal y cerebral (Gao
et al., 2023; Feng et al., 2024). Por ejemplo,
Lactobacillus rhamnosus incrementa la
expresión de receptores GABA-A en diversas
regiones cerebrales, regulando genes
GABAérgicos y serotoninérgicos, con
resultados positivos sobre la emoción, ansiedad
y síntomas depresivos (Feng et al., 2024). Cabe
señalar que muchos de estos efectos son
mediados por la vía vagal, lo que subraya la
importancia del eje neuro-entérico en la
comunicación intestino-cerebro (Schneider et
al., 2023).
Paralelamente, los probióticos impactan sobre
el eje hipotálamohipófisisadrenal, cuya
hiperactivación constituye un mecanismo
fisiopatológico fundamental en la depresión; al
restaurar la homeostasis intestinal e
inmunológica, se atenúa la señal inflamatoria
ascendente, lo que reduce la hiperestimulación
del hipotálamo, regula la secreción de hormona
liberadora de corticotropina (CRH) y, en
consecuencia, disminuye la producción adrenal
de cortisol, facilitando la normalización de la
secreción de cortisol y mejorando la reactividad
neuroendocrina frente al estrés (Dacaya, 2025;
Borrego, 2024). A su vez, los probióticos
inducen la estimulación de células
enteroendocrinas y la liberación de péptidos
neuroactivos y hormonas reguladoras del HPA,
cuestiones que favorecen la reducción de la
hiperactivación asociada a depresión y estrés y
la mejora del estado de ánimo (Johnson, 2023;
Ferrari et al., 2024). Metabolitos como el
acetato, producidos por fermentación colónica,
pueden atravesar la barrera hematoencefálica y
modular de forma directa circuitos cerebrales
(Ferrari et al., 2024). Además, en los últimos
años, se ha evidenciado que especialmente
cepas de Lactobacillus plantarum y
Lactobacillus casei, contribuyen a la síntesis de
cannabinoides endógenos moléculas
neuroprotectoras cuya deficiencia es habitual en
cuadros depresivos, lo que abre nuevas
perspectivas para la terapéutica (Minichino et
al., 2021).
Finalmente, la conexión bidireccional entre la
microbiota intestinal y el cerebro, mediada por
el nervio vago, se consolida como mecanismo
fundamental para la modulación emocional, ya
que la interrupción de la función vagal elimina
el beneficio antidepresivo de los probióticos
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(Kumar et al., 2023). Paralelamente, la mejora
de la permeabilidad intestinal impide el paso de
moléculas neurotóxicas y proinflamatorias
hacia el sistema nervioso central, lo que
favorece la plasticidad neuronal y la
recuperación funcional. Por tanto, la efectividad
de las intervenciones con probióticos depende
de variables como la cepa, la dosis, la duración
del tratamiento y las características
individuales, lo que respalda la necesidad de
avanzar en una microbiología personalizada en
el ámbito de la psiquiatría moderna (Rathore et
al., 2025). Estos estudios se enuncian en la tabla
1. En cuanto a las opciones y posología de los
probióticos, Mazziotta et al. (2023) evaluaron la
administración de una formulación multicepa
compuesta por Lactobacillus helveticus y
Bifidobacterium longum en pacientes adultos
con depresión leve a moderada, empleando una
dosis diaria aproximada de 3 × 10⁹ UFC durante
un periodo de 8 semanas. Los autores
reportaron una reducción significativa de la
sintomatología depresiva en comparación con el
grupo placebo, asociada a una disminución de
citocinas proinflamatorias y a una mejor
regulación del eje hipotálamohipófisis
adrenal, lo que respalda el uso de esta
combinación probiótica como intervención
complementaria sostenida.
Wallace et al. (2021) llevaron a cabo un estudio
piloto abierto utilizando una combinación de
Lactobacillus helveticus R0052 y
Bifidobacterium longum R0175 a una dosis de
3 × 10^9 UFC/día durante 8 semanas,
evidenciando una mejoría significativa y
mantenida de los síntomas depresivos, además
de un perfil de seguridad favorable ya que no se
reportaron efectos adversos relevantes. Así
mismo, Schaub et al. (2022), a través de un
ensayo clínico controlado aleatorizado,
observaron que el uso de dosis más elevadas y
formulaciones multicepa, en este caso se
utilizaron concentraciones diarias que oscilaron
entre 1 × 10^9 y 1 × 10^10 UFC y se asociaron
a un mayor beneficio clínico, reforzando la
importancia tanto de la magnitud de la carga
bacteriana como de la diversidad probiótica
para obtener una respuesta eficaz. Ambos
estudios concuerdan en que los efectos
positivos comienzan a ser visibles a partir de la
cuarta semana y alcanzan su mayor expresión
tras al menos ocho semanas de administración
continua. Por su parte, Gao et al. (2023)
analizaron el efecto de probióticos del género
Bifidobacterium sobre la fisiopatología de la
depresión, utilizando dosis diarias
comprendidas entre 1 × 10⁹ y 1 × 10¹⁰ UFC
durante 6 a 12 semanas. El estudio evidenció
que estas dosis favorecen la disponibilidad
sistémica de triptófano y mejoran la
neurotransmisión serotoninérgica central,
observándose una reducción clínicamente
relevante de los síntomas depresivos,
especialmente cuando los probióticos se
administraron de manera concomitante con
tratamiento farmacológico antidepresivo.
Adicionalmente, Sempach et al. (2024)
reportaron que la suplementación con
probióticos clasificados como psicobióticos,
particularmente combinaciones de
Lactobacillus rhamnosus y Bifidobacterium
longum, en dosis cercanas a 1 × 10¹⁰ UFC/día
durante 8 semanas, se asoció con una mejoría
significativa del estado de ánimo y una
reducción del estrés percibido. Los autores
destacaron que los efectos fueron más
consistentes en esquemas de duración igual o
superior a dos meses, lo que sugiere que la
modulación del eje microbiotaintestino
cerebro requiere intervenciones prolongadas.
Johnson (2023) a su vez, examinó distintos
ensayos clínicos que utilizaron formulaciones
multicepa con Lactobacillus acidophilus,
Lactobacillus casei y Bifidobacterium bifidum,
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administradas en dosis acumuladas de
aproximadamente 2 × 10⁹ UFC/día durante 8
semanas. Los resultados mostraron una
disminución significativa de los síntomas
depresivos medidos mediante escalas clínicas,
junto con una reducción de marcadores
inflamatorios sistémicos, concluyendo que
estas combinaciones presentan un perfil
favorable como tratamiento adyuvante en
depresión.
Borrego (2024) describió que los tratamientos
probióticos de corta duración (≤4 semanas)
muestran efectos limitados sobre la
sintomatología depresiva, mientras que
intervenciones prolongadas de 8 a 12 semanas
con dosis ≥1 × 10⁹ UFC/día se asocian con una
mejor regulación del eje HPA y una
disminución sostenida de los niveles de cortisol.
Este hallazgo refuerza la necesidad de mantener
esquemas terapéuticos continuos para obtener
beneficios clínicos consistentes. Rathore et al.
(2025), en una revisión sistemática y
metaanálisis, concluyeron que las
intervenciones probióticas más eficaces en
depresión corresponden a formulaciones
multicepa administradas en dosis diarias entre 1
× 10⁹ y 1 × 10¹⁰ UFC durante un mínimo de 6 a
8 semanas. Los autores señalaron que los
efectos fueron más pronunciados cuando los
probióticos se utilizaron como complemento del
tratamiento estándar, en comparación con su
uso aislado. Dacaya et al. (2025) analizaron la
suplementación probiótica como estrategia
coadyuvante en pacientes con depresión
asociada a estrés crónico, reportando que cepas
de Bifidobacterium y Lactobacillus
administradas durante 12 semanas
contribuyeron a la normalización de la
secreción de cortisol y a una mejoría
significativa de la sintomatología afectiva, sin
aumento de efectos adversos, consolidando su
perfil de seguridad.
El análisis realizado permite evidenciar que la
administración de probióticos en adultos se
asocia con una reducción clínicamente
relevante de los síntomas depresivos, lo que
respalda su impacto terapéutico como
intervención complementaria. Los hallazgos
muestran que los cambios en la sintomatología
se acompañan de modificaciones en marcadores
relacionados con el eje microbiota intestino
cerebro y apoya la existencia de una relación
funcional entre la composición de la microbiota
y la expresión de la depresión. Asimismo, los
patrones observados en mediadores
neuroquímicos, inmunológicos y
microbiológicos son coherentes con los
mecanismos propuestos para explicar el efecto
antidepresivo de determinadas cepas
probióticas, lo que contribuye a esclarecer su
fundamento biológico. Se demuestra de manera
consistente que la administración de probióticos
se asocia con una reducción significativa de los
síntomas depresivos en población adulta,
especialmente en cuadros leves a moderados.
Ahmad et al. (2025), Kazemi et al. (2019),
Wallace et al. (2021), Schaub et al. (2022) y
Tian et al. (2022) coinciden en reportar mejorías
clínicas significativas tras la suplementación
probiótica, evidenciadas mediante escalas
validadas de depresión como la Escala de
Depresión de Hamilton (HAM-D), la Escala de
Depresión de Beck (BDI), la Escala de
Calificación de la Depresión de Montgomery-
Åsberg (MADRS) y la Escala de Depresión de
Zung (SDS).
Estos hallazgos refuerzan el potencial
terapéutico de los probióticos como
intervención adyuvante en el manejo de la
depresión. No obstante, la magnitud del efecto
observado varía de forma relevante entre
estudios. Söderberg Veibäck et al. (2025) y
Zhang et al. (2021) no identificaron reducciones
significativas en la severidad de los síntomas
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depresivos frente a placebo, a pesar de
documentar cambios favorables en metabolitos
intestinales o marcadores inflamatorios. Estas
discrepancias sugieren que la respuesta clínica
a los probióticos no es uniforme y depende de
múltiples factores, entre ellos la cepa utilizada,
el perfil inflamatorio basal, la severidad del
trastorno depresivo y la duración del
tratamiento, lo que limita su uso como
monoterapia y refuerza su rol como
complemento del tratamiento convencional.
Desde el punto de vista inmunológico, puede
afirmarse que la depresión se asocia a un estado
inflamatorio sistémico de bajo grado que es
susceptible de ser modulado por probióticos.
Kazemi et al. (2019), Tian et al. (2022),
Sempach et al. (2024) y Mazziotta et al. (2023)
demostraron que la suplementación probiótica
reduce de forma consistente citocinas
proinflamatorias como IL-6, TNF-α e IL-1β, al
tiempo que favorece un perfil inmunológico
antiinflamatorio. Esta reducción inflamatoria se
correlaciona con una mejoría clínica en escalas
depresivas, apoyando la afirmación de que la
inmunomodulación constituye un mecanismo
central de su acción terapéutica. Sin embargo,
Rahmannia et al. (2024) y Söderberg Veibäck et
al. (2025) observaron que, aun en presencia de
cambios inmunológicos favorables, la respuesta
clínica puede ser limitada, lo que sugiere que la
inflamación no actúa de forma aislada en la
fisiopatología depresiva.
A nivel microbiológico, puede sostenerse que
los probióticos restauran la disbiosis intestinal
característica de la depresión. Schaub et al.
(2022), Ahmad et al. (2025) y Nikolova et al.
(2025) evidenciaron un aumento significativo
de la diversidad microbiana y del predominio de
géneros beneficiosos como Lactobacillus y
Bifidobacterium, acompañado de una mejora en
la integridad de la barrera intestinal y una
reducción de la translocación de
lipopolisacáridos. Estos cambios se asocian con
una menor activación inmunitaria sistémica y
una señalización neuroinflamatoria reducida.
En oposición, Zhang et al. (2021) mostró que la
modulación de la microbiota y la reducción de
citocinas no siempre se traducen en mejoría
clínica significativa, lo que indica que la
normalización microbiana, aunque necesaria,
no es suficiente por sola para inducir un
efecto antidepresivo. En el ámbito
neuroquímico, existe evidencia sólida de que
ciertas cepas probióticas influyen directamente
en el metabolismo de neurotransmisores clave.
Tian et al. (2022) y Kazemi et al. (2019)
afirmaron que Bifidobacterium breve
CCFM1025 modula el metabolismo del
triptófano, reduciendo la activación de la vía
quinurenina y favoreciendo la síntesis de
serotonina, lo que se asocia a una disminución
clínicamente relevante de los síntomas
depresivos. De manera concordante, Feng et al.
(2025) demostraron que Lactobacillus
rhamnosus regula la expresión de genes
serotoninérgicos y GABAérgicos, reforzando
su papel como psicobiótico con impacto directo
sobre la neurotransmisión y el estado de ánimo.
No obstante, Rahmannia et al. (2024) señaló
que estos efectos neuroquímicos no se replican
de forma consistente en todos los ensayos,
especialmente cuando se utilizan escalas
clínicas distintas, lo que evidencia
heterogeneidad en la respuesta terapéutica.
Respecto al eje hipotálamohipófisisadrenal,
puede afirmarse que los probióticos contribuyen
a la normalización de la respuesta al estrés.
Wallace et al. (2021), Borrego (2024) y Dacaya
et al. (2025) demostraron una reducción
progresiva de los niveles de cortisol tras
intervenciones de al menos ocho semanas,
acompañada de una mejoría sostenida de los
síntomas afectivos, lo que apoya la modulación
del eje HPA como mecanismo relevante. En
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contraste, Söderberg Veibäck et al. (2025) no
identificaron cambios significativos en cortisol
ni en la sintomatología depresiva, sugiriendo
que este mecanismo podría depender del perfil
inflamatorio basal y del subtipo clínico de
depresión. Además, puede afirmarse que la
comunicación bidireccional intestino-cerebro
mediada por el nervio vago es un componente
esencial de la acción antidepresiva de los
probióticos. Kumar et al. (2023) demostraron
que la interrupción de la señalización vagal
elimina los efectos antidepresivos inducidos por
probióticos, lo que confirma su rol como vía
fisiológica clave. Sin embargo, la extrapolación
de estos hallazgos a la práctica clínica humana
aún es limitada, y requiere estudios que evalúen
de manera directa la función vagal en pacientes
depresivos.
La evidencia disponible sugiere que la eficacia
clínica de los probióticos en la reducción de la
sintomatología depresiva depende de manera
crítica de la selección de cepas, la dosis
administrada y la duración de la intervención.
Wallace et al. (2021), Kazemi et al. (2019), Tian
et al. (2022) y Schaub et al. (2022) coinciden en
que las formulaciones que contienen cepas
específicas de Lactobacillus y Bifidobacterium,
administradas de forma sostenida, se asocian
con una mejoría clínicamente significativa de
los síntomas depresivos en adultos,
particularmente cuando se emplean como
tratamiento adyuvante y no como monoterapia.
En relación con la dosis, múltiples estudios
convergen en que las intervenciones efectivas
se sitúan dentro de un rango de 1 × 10⁹ a 1 ×
10¹⁰ unidades formadoras de colonias (UFC)
por día. Wallace et al. (2021) demostraron que
una dosis diaria de 3 × 10⁹ UFC, utilizando una
combinación de Lactobacillus helveticus R0052
y Bifidobacterium longum R0175 durante ocho
semanas, produjo una reducción sostenida de
los síntomas depresivos, con un perfil de
seguridad favorable y sin eventos adversos
relevantes. De forma concordante, Schaub et al.
(2022) observaron que dosis más elevadas,
cercanas a 1 × 10¹⁰ UFC/día, especialmente en
formulaciones multicepa, se asociaron con
mayores beneficios clínicos, lo que sugiere una
relación dosis-respuesta positiva dentro de este
rango terapéutico.
La duración del tratamiento emerge como otro
determinante clave de la respuesta clínica.
Kazemi et al. (2019), Tian et al. (2022) y
Borrego (2024) reportaron que intervenciones
de corta duración (≤4 semanas) generan efectos
limitados o inconsistentes, mientras que
esquemas de 6 a 12 semanas permiten observar
reducciones más robustas y sostenidas de la
sintomatología depresiva. Estos hallazgos
indican que la modulación de la microbiota
intestinal y del eje microbiotaintestino
cerebro requiere un tiempo prolongado para
consolidar cambios funcionales estables, tanto a
nivel microbiano como neurobiológico. En
cuanto a la elección de cepas, existe consenso
en que los efectos antidepresivos son cepa-
dependientes. Tian et al. (2022) demostraron
que Bifidobacterium breve CCFM1025
presenta una eficacia superior frente a placebo
en la reducción de síntomas depresivos,
asociada a la modulación del metabolismo del
triptófano y la serotonina. De manera similar,
Feng et al. (2025) destacaron el potencial de
Lactobacillus rhamnosus para mejorar
parámetros emocionales mediante la regulación
de neurotransmisores y la reducción de la
neuroinflamación. No obstante, Söderberg
Veibäck et al. (2025) evidenciaron que
Lactobacillus reuteri, administrado como cepa
única, no produjo beneficios clínicos
significativos, lo que refuerza la necesidad de
una selección cuidadosa de las cepas con base
en evidencia específica.
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Respecto a las formulaciones, los estudios
comparativos sugieren que las combinaciones
multicepa podrían ofrecer ventajas frente a las
cepas únicas. Schaub et al. (2022), Sempach et
al. (2024) y Rathore et al. (2025) reportaron que
las formulaciones multicepa se asocian con una
mayor diversidad microbiana, una reducción
más marcada de la inflamación sistémica y una
mejor respuesta clínica. Sin embargo, El Dib et
al. (2021) y Asad et al. (2025) señalaron que
algunos ensayos con cepa única también
mostraron beneficios, especialmente en
intervenciones de corta duración, lo que indica
que no existe una superioridad absoluta de un
enfoque sobre otro y que la respuesta puede
depender del perfil clínico del paciente. En
conjunto, los hallazgos permiten afirmar que los
probióticos actúan como moduladores
sistémicos capaces de influir sobre múltiples
ejes fisiopatológicos de la depresión. No
obstante, la variabilidad de los resultados
observados confirma que su eficacia es cepa-
dependiente, dosis-dependiente y condicionada
por la duración del tratamiento y las
características individuales del paciente, lo que
respalda la necesidad de estrategias de
psiquiatría de precisión en el uso clínico de
probióticos.
Al abordar las limitaciones específicas de los
metaanálisis y ensayos revisados, es nece-sario
contextualizar los principales problemas
metodológicos que rodean la investigación
sobre probióticos y depresión. Los ensayos
clínicos presentan diseños muy dispares, que
utilizan distintas cepas y combinaciones de
microorganismos, esquemas de dosis y tiempos
de tratamiento heterogéneos, así como una
amplia gama de escalas psicomé-tricas para
evaluar los síntomas depresivos. Aunque, esta
diversidad puede enriquecer la evidencia
también introduce un alto grado de variabilidad
que complica la compara-ción directa entre
estudios, la síntesis cuantitativa rigurosa de los
resultados y la extra-polación de los hallazgos a
la práctica clínica.
Existe marcada heterogeneidad entre los
estudios disponibles con enfoque en cepas y
combinaciones multicepa empleadas, dosis
administradas, duración de las intervencio-nes y
escalas utilizadas para evaluar los síntomas
depresivos, lo que dificulta estimar con
precisión el tamaño del efecto e impide
comparaciones directas entre ensayos. Esta
limitación ha sido señalada en diversos
metaanálisis de probióticos y depresión realiza-
dos por Anguiano Moránet al. (2025), Asad et
al. (2025), El Dib et al (2021), Moshfeghi-nia et
al. (2025) y Zandifar et al (2025). En la misma
línea, Merkouris et al. (2024) y Śliwka (2025)
enfatizan que esta variabilidad metodológica se
traduce en resultados clínicos poco
consistentes, observándose mejoras
significativas en el Beck Depression Inventory
(BDI) que no siempre se replican en escalas
como la Hamilton Depression Rating Scale
(HAMD) o la MontgomeryAsberg Depression
Rating Scale (MADRS); este panorama obliga
a interpretar con prudencia la aparente eficacia
global de los psicobió-ticos en el tratamiento de
la depresión.
En ensayos clínicos aleatorizados de autores
como Kazemi et al. (2019), Tian et al. (2022),
Schaub et al. (2022), Wallace y Milev (2021),
Nikolova et al. (2025) y Sempach et al. (2024)
describen mejorías clínicas relevantes y
cambios biológicos favorables; sin embargo,
reconocen que sus muestras son relativamente
pequeñas, de corta duración (48 semanas) y, en
muchos casos, centradas en cuadros leves o
moderados, lo que limita la extrapolación a
depresión mayor grave o a poblaciones
diversas. Esta preocu-pación se refuerza con
hallazgos negativos como los de Söderberg
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Veibäck et al. (2025), quienes no observaron
diferencias significativas con L. reuteri frente a
placebo, apoyando la idea planteada por Caiza
Bustos y Acosta Gavilanez (2025), Rahmannia
et al. (2024) y Rosas Sánchez & Soria Fregozo
(2025) haciendo énfasis en que la respues-ta es
fuertemente cepa dependiente y requiere
protocolos más estandarizados y perso-
nalizados. De manera transversal, revisores
como Gao et al. (2023), Dacaya et al. (2025),
Johnson et al. (2023) y Rathore et al. (2025)
coinciden en recomendar ensayos
multicéntricos de mayor tamaño, con
desenlaces clínicos y biomarcadores unificados,
seguimiento prolongado y una mejor
caracterización de perfiles de respondedores, lo
que resulta indispensable para consolidar el
papel de los probióticos como intervención
complementaria basada en evidencia en el
tratamiento de la depresión.
Conclusiones
La administración de probióticos ejerce un
efecto terapéutico adyuvante clínicamente
relevante en la reducción de los síntomas
depresivos en adultos. Los ensayos clínicos
muestran mejorías significativas en escalas
estandarizadas, junto con beneficios adicionales
en la calidad del sueño, el estrés percibido y la
funcionalidad global, especialmente cuando se
emplean cepas de los géneros Lactobacillus y
Bifidobacterium. En conjunto, estos hallazgos
respaldan el valor de los probióticos dentro de
un abordaje multimodal de la depresión, en
particular como complemento de la
farmacoterapia y de las intervenciones
psicoterapéuticas convencionales. En relación
con el eje microbiotaintestinocerebro, los
resultados confirman que la disbiosis intestinal,
la alteración de la permeabilidad mucosa y la
activación inflamatoria sistémica constituyen
mecanismos fisiopatológicos de relevancia en la
depresión. Los probióticos contribuyen a
restaurar la homeostasis intestinal mediante la
regulación de la composición microbiana y la
producción de metabolitos neuroactivos, lo que
favorece la reducción de la neuroinflamación y
mejora la comunicación bidireccional entre el
sistema nervioso central y el tracto
gastrointestinal. De este modo, la modulación
dirigida del microbioma intestinal se perfila
como una intervención coherente con las bases
biológicas del trastorno depresivo.
Los estudios revisados muestran que los
probióticos ejercen efectos neuroquímicos,
inmunológicos y microbiológicos relevantes.
Entre estos destacan la regulación de
neurotransmisores como serotonina, dopamina
y GABA; la disminución de citocinas
proinflamatorias como IL-6, TNF-α e IL-1β; el
incremento de mediadores antiinflamatorios; y
la mejora de la integridad de la barrera intestinal
mediante la reducción del paso sistémico de
lipopolisacáridos. Estos cambios se asocian con
una menor neuroinflamación, la normalización
del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y una
mejor respuesta al estrés, elementos clave en la
fisiopatología y el tratamiento de la depresión.
Asimismo, la literatura disponible describe
rangos de dosis entre 10⁹ y 10¹⁰ UFC/día y
periodos de intervención de 4 a 12 semanas
como los más frecuentemente vinculados con
beneficios clínicos significativos, con una
tendencia a mejores resultados cuando se
emplean formulaciones multicepa. Sin
embargo, persiste una notable heterogeneidad
en la selección de cepas, en los esquemas
posológicos y en las características de los
pacientes incluidos, lo que limita la
extrapolación de los hallazgos y pone de relieve
la necesidad de diseñar protocolos clínicos
estandarizados que permitan definir con mayor
precisión las condiciones óptimas de uso de los
probióticos en el manejo de la sintomatología
depresiva. Aunque los probióticos representan
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una alternativa segura, bien tolerada y
respaldada por fundamentos fisiopatológicos
sólidos, su incorporación sistemática en la
práctica clínica exige estudios multicéntricos,
longitudinales y metodológicamente robustos
que incluyan poblaciones diversas, en especial
de la región latinoamericana, donde la evidencia
aún es limitada. El avance de esta línea de
investigación podría fortalecer el desarrollo de
estrategias terapéuticas basadas en la
microbiota, orientadas hacia una psiquiatría
más personalizada en la que los probióticos se
consoliden como agentes coadyuvantes
efectivos en los trastornos del estado de ánimo.
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Coello Ortiz y Varna Hernández Junco.