Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Edición Especial
2025
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EL IMPACTO DEL APRENDIZAJE BASADO EN COMPETENCIAS EN LA FORMACIÓN
PROFESIONAL UNIVERSITARIA: UN ENFOQUE PEDAGÓGICO PARA MEJORAR LA
EMPLEABILIDAD Y EL DESEMPEÑO ACADÉMICO
THE IMPACT OF COMPETENCY-BASED LEARNING IN UNIVERSITY VOCATIONAL
TRAINING: A PEDAGOGICAL APPROACH TO IMPROVE EMPLOYABILITY AND
ACADEMIC PERFORMANCE
Autores: ¹Solange Viviana Contreras Suarez, ²Karla Elizabeth Cortez Mindiolaza, ³Katherine
Priscila Peñafiel Cabrera y
4
Jenny Elizabeth Brito Figueroa.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0001-2050-1967
¹E-mail de contacto: scontrerass@unemi.edu.ec
²E-mail de contacto: karlitabeia10@hotmail.com
³E-mail de contacto: katherinepenafiel08@gmail.com
4
E-mail de contacto: jennybrito1964@gmail.com
Afiliación: ¹*Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador). ²*³*
4
*Ministerio de Educación, (Ecuador).
Articulo recibido: 15 de Febrero del 2025
Articulo revisado: 16 de Febrero del 2025
Articulo aprobado: 26 de Marzo del 2025
¹Licenciada en Ciencias de la Educación mención Comercio Exterior en Universidad de Guayaquil, (Ecuador). Posee una Maestría en
Administración de la Educación Universidad Cesar Vallejo, (Perú).
²Licenciada en Ciencia de la Educación mención Educadores de Párvulos graduada de la Universidad de Guayaquil, (Ecuador).
³Licenciada en Pedagogía de la informática, graduada de la Universidad Técnica de Babahoyo, (Ecuador).
4
Licenciada en Ciencias de la Educación especialización Literatura y Castellano, graduada de la Universidad de Guayaquil, (Ecuador).
Magister en Educación con mención en Pedagogía graduada de la Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil, (Ecuador).
Resumen
El aprendizaje basado en competencias (ABC)
se ha consolidado como un enfoque clave en la
educación superior, al priorizar la adquisición
de habilidades aplicables en el entorno laboral.
Esta revisión sistemática analiza el impacto del
ABC en la formación profesional universitaria,
con énfasis en su influencia sobre el desempeño
académico y la empleabilidad. Los hallazgos
indican que el ABC favorece el desarrollo del
pensamiento crítico, la resolución de
problemas y la autonomía en el aprendizaje, lo
que mejora significativamente el rendimiento
académico de los estudiantes. Asimismo, se ha
demostrado que este enfoque incrementa las
oportunidades de inserción laboral, ya que
fortalece competencias como la comunicación
efectiva, el liderazgo y la adaptabilidad. Sin
embargo, la implementación del ABC enfrenta
desafíos, entre los que destacan la resistencia al
cambio en la comunidad educativa, la
necesidad de capacitación docente y la
evaluación efectiva de competencias. Además,
la integración de tecnologías educativas ha sido
fundamental para la consolidación de este
modelo, al facilitar la enseñanza interactiva y la
evaluación del aprendizaje. A pesar de los
beneficios del ABC, se requieren más estudios
longitudinales que analicen su impacto a largo
plazo en la trayectoria profesional de los
egresados. Se concluye que el ABC representa
una estrategia clave para mejorar la educación
universitaria y garantizar la formación integral
de los estudiantes, preparando a los futuros
profesionales para un mercado laboral en
constante evolución.
Palabras clave: Aprendizaje Basado en
Competencias, Educación Superior,
Empleabilidad.
Abstract
Competency-based learning (CBL) has
established itself as a key approach in higher
education, prioritizing the acquisition of skills
applicable in the workplace. This systematic
review analyzes the impact of CBL in
university vocational training, with an
emphasis on its influence on academic
performance and employability. The findings
indicate that CBL favors the development of
critical thinking, problem solving, and
autonomy in learning, which significantly
improves students' academic performance.
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Furthermore, this approach has been shown to
increase job placement opportunities, as it
strengthens skills such as effective
communication, leadership, and adaptability.
However, the implementation of CBL faces
challenges, including resistance to change in
the educational community, the need for
teacher training, and effective assessment of
skills. In addition, the integration of
educational technologies has been fundamental
to the consolidation of this model, by
facilitating interactive teaching and learning
assessment. Despite the benefits of CBL, more
longitudinal studies are required to analyze its
long-term impact on the professional career of
graduates. It is concluded that the ABC
represents a key strategy to improve university
education and guarantee the comprehensive
training of students, preparing future
professionals for a constantly evolving labor
market.
Keywords: Competency-Based Learning,
Higher Education, Employability.
Sumário
A aprendizagem baseada em competências
(CBL) se estabeleceu como uma abordagem
fundamental no ensino superior, priorizando a
aquisição de habilidades aplicáveis no local de
trabalho. Esta revisão sistemática analisa o
impacto do ABC na formação profissional
universitária, com ênfase na sua influência no
desempenho acadêmico e na empregabilidade.
Os resultados indicam que o ABC promove o
desenvolvimento do pensamento crítico, da
resolução de problemas e da autonomia na
aprendizagem, o que melhora
significativamente o desempenho acadêmico
dos alunos. Essa abordagem também
demonstrou aumentar as oportunidades de
recolocação profissional ao fortalecer
habilidades como comunicação eficaz,
liderança e adaptabilidade. Entretanto, a
implementação do ABC enfrenta desafios,
incluindo a resistência à mudança na
comunidade educacional, a necessidade de
treinamento de professores e a avaliação eficaz
de competências. Além disso, a integração de
tecnologias educacionais tem sido fundamental
para a consolidação desse modelo, ao facilitar
o ensino interativo e a avaliação da
aprendizagem. Apesar dos benefícios do ABC,
mais estudos longitudinais são necessários para
analisar seu impacto de longo prazo na carreira
dos graduados. Conclui-se que o ABC
representa uma estratégia fundamental para
melhorar o ensino universitário e garantir a
formação integral dos estudantes, preparando
os futuros profissionais para um mercado de
trabalho em constante evolução.
Palavras-chave: Aprendizagem baseada em
competências, ensino superior,
empregabilidade.
Introducción
En la actualidad, la educación superior enfrenta
desafíos significativos debido a los constantes
cambios en el mercado laboral y a las crecientes
demandas de un mundo profesional altamente
competitivo. Ante esta realidad, las
instituciones universitarias han comenzado a
replantearse sus modelos educativos,
priorizando enfoques que garanticen la
adquisición de competencias clave para el
desempeño profesional (Hernández-Ching,
2018). Dentro de este contexto, el aprendizaje
basado en competencias (ABC) ha surgido
como una metodología que permite el
desarrollo integral del estudiante, al centrar su
formación en el desarrollo de habilidades
aplicables a escenarios reales (Amador Alarcón,
Torres Gastelú & Lagunes Domínguez, 2023).
A diferencia de los enfoques tradicionales
centrados en la memorización de contenidos, el
ABC favorece el aprendizaje significativo
mediante la resolución de problemas, la
aplicación práctica del conocimiento y la
autoevaluación del proceso formativo
(Hincapié Parra, Ramos Monobe & Chirino
Barceló, 2017). De esta manera, se impulsa un
modelo pedagógico que no solo mejora el
desempeño académico, sino que también
fortalece la capacidad de los egresados para
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insertarse exitosamente en el ámbito
profesional.
El ABC ha sido ampliamente adoptado en
diferentes contextos educativos debido a su
capacidad para fomentar la autonomía del
estudiante y potenciar el desarrollo de
competencias transversales, tales como el
pensamiento crítico, la comunicación efectiva y
la resolución de problemas (Luy-Montejo,
2019). Esta metodología permite que los
alumnos asuman un rol activo en su
aprendizaje, promoviendo el desarrollo de
habilidades cognitivas y metacognitivas
esenciales para la construcción del
conocimiento (González Peñafiel, Bravo
Zúñiga & Ortiz González, 2018). A su vez, el
ABC ha demostrado ser una estrategia efectiva
para incrementar la motivación estudiantil,
dado que el aprendizaje se basa en experiencias
auténticas y contextualizadas (Bustamante
Vega & Mejía Mejía, 2023). Esto contrasta con
los enfoques tradicionales, donde los
estudiantes tienden a asumir un rol pasivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje, lo que limita
su capacidad para aplicar el conocimiento en
situaciones reales (Hernández & Moreno,
2021).
Diversos estudios han evidenciado que la
implementación del ABC en la educación
superior tiene un impacto positivo en el
desempeño académico de los estudiantes, al
promover la autorregulación y el aprendizaje
autónomo (Saiz & Rivas, 2012). A través de la
resolución de problemas complejos y la
integración de conocimientos
interdisciplinarios, los alumnos pueden
desarrollar una comprensión más profunda de
los contenidos y mejorar su capacidad de
análisis y síntesis (Egido Gálvez et al., 2006).
De acuerdo con Márquez González et al.
(2011), este enfoque también contribuye a la
mejora del rendimiento académico, al permitir
que los estudiantes apliquen sus conocimientos
en entornos prácticos y colaborativos. La
interacción con compañeros y docentes en
escenarios simulados o reales facilita la
construcción del aprendizaje de manera
significativa y favorece el desarrollo de
habilidades sociales y emocionales esenciales
para el éxito profesional (Deleg Sari & Fajardo
Tinizhañay, 2023).
El vínculo entre el ABC y la empleabilidad ha
sido ampliamente discutido en la literatura
científica, destacándose que los egresados que
han sido formados bajo este enfoque tienden a
presentar mejores oportunidades de inserción
laboral y mayor adaptabilidad en el ámbito
profesional (Román, 2021). Esto se debe a que
el ABC prioriza el desarrollo de competencias
esenciales para el mercado de trabajo, tales
como la capacidad de liderazgo, la toma de
decisiones informadas y la flexibilidad para
abordar nuevos desafíos (González Lillo, Jarpa
Azagra & López Ferrero, 2023). En este
sentido, estudios como el de Suárez Cretton y
Castro Méndez (2022) han demostrado que los
empleadores valoran cada vez más las
habilidades prácticas y la capacidad de resolver
problemas de manera efectiva, características
que se fomentan a través del ABC. Así, este
modelo educativo no solo favorece el éxito
académico, sino que también potencia la
preparación de los egresados para enfrentar los
desafíos de la vida profesional con un alto grado
de competitividad.
A pesar de sus múltiples beneficios, la
implementación del ABC en la educación
superior aún enfrenta diversos retos. Uno de los
principales desafíos es la resistencia al cambio
en las metodologías de enseñanza, tanto por
parte de los docentes como de los estudiantes
(Olivares Olivares & Heredia Escorza, 2012).
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La transición desde un enfoque tradicional a un
modelo basado en competencias requiere una
transformación profunda en las prácticas
pedagógicas y en la evaluación del aprendizaje
(Espinoza Freire, 2021). Además, la formación
docente juega un papel crucial en el éxito del
ABC, ya que los profesores deben estar
capacitados para diseñar estrategias de
enseñanza que promuevan la participación
activa de los estudiantes y la construcción
significativa del conocimiento (González Frías
& Castro López, 2011). Sin una adecuada
capacitación, la implementación de este
enfoque puede verse limitada, afectando su
efectividad y su impacto en el desempeño
académico y la empleabilidad.
Otro reto importante es la adaptación de los
programas curriculares a las demandas del
mercado laboral, lo que implica una revisión
constante de los contenidos y metodologías
utilizadas en la enseñanza universitaria
(Coronel et al., 2023). Para garantizar que los
egresados sean competitivos en el mundo
profesional, las universidades deben establecer
mecanismos de retroalimentación con el sector
productivo y con empleadores, permitiendo así
ajustar los planes de estudio en función de las
habilidades y conocimientos requeridos (Amato
& Novales-Castro, 2010). La incorporación de
metodologías activas, tales como el aprendizaje
basado en problemas (ABP) y el trabajo en
equipo, también representa un elemento clave
dentro del ABC, ya que favorece el desarrollo
de competencias colaborativas y la capacidad
de adaptación en entornos dinámicos (Morales
Bueno, 2018).
La tecnología ha jugado un papel fundamental
en la evolución del ABC, facilitando la creación
de entornos virtuales de aprendizaje que
potencian la interacción y la accesibilidad a
recursos educativos (Herrera López & Moreno
Beltrán, 2023). La incorporación de
herramientas digitales en la enseñanza basada
en competencias permite ampliar las
oportunidades de aprendizaje y fomenta la
autonomía del estudiante en la construcción del
conocimiento (López-Zafra et al., 2015).
Además, el uso de plataformas digitales y
simulaciones interactivas ha demostrado ser una
estrategia efectiva para la evaluación de
competencias en contextos universitarios,
contribuyendo así a una educación más
personalizada y acorde con las exigencias del
mercado laboral actual (Meza Morales, Zárate
Depraect & Rodríguez, 2019).
Dado el impacto positivo del ABC en el
desempeño académico y la empleabilidad de los
egresados universitarios, resulta fundamental
continuar explorando estrategias para su
implementación efectiva en la educación
superior. En este sentido, el presente estudio
tiene como objetivo analizar los beneficios del
ABC en la formación profesional, destacando
sus implicaciones en el aprendizaje autónomo,
el pensamiento crítico y la inserción laboral. A
través de un análisis bibliográfico, se pretende
aportar evidencia científica sobre la relevancia
de este enfoque pedagógico y proponer
recomendaciones para su integración en los
planes de estudio universitarios. La
transformación educativa basada en
competencias representa una oportunidad clave
para mejorar la calidad de la educación superior
y garantizar la preparación de los estudiantes
para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Desarrollo
El aprendizaje basado en competencias (ABC)
se ha convertido en un modelo educativo clave
en la formación universitaria, debido a su
énfasis en la adquisición de habilidades
prácticas y transferibles al ámbito profesional.
A diferencia de los enfoques tradicionales, que
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priorizan la acumulación de conocimientos
teóricos, el ABC se centra en el desarrollo de
capacidades aplicables a situaciones reales,
promoviendo un aprendizaje significativo y
autónomo. Según Hernández-Ching (2018),
esta metodología fomenta la interacción
constante entre el estudiante y su entorno de
aprendizaje, permitiéndole construir su propio
conocimiento a partir de experiencias concretas
y contextualizadas. Diversos estudios han
evidenciado que el ABC no solo mejora el
desempeño académico, sino que también
favorece la motivación y el compromiso del
estudiante con su proceso formativo
(Bustamante Vega & Mejía Mejía, 2023). En
este sentido, se ha demostrado que los alumnos
que participan en programas basados en
competencias presentan un mayor nivel de
retención del conocimiento y una mejor
capacidad para aplicar lo aprendido en la
resolución de problemas complejos. Además, la
incorporación de estrategias de enseñanza
activas en este modelo contribuye a la mejora
de la autonomía del estudiante, pues lo sitúa en
el centro del proceso educativo y lo convierte en
un actor clave de su propia formación. A
medida que la educación superior continúa
adaptándose a las nuevas exigencias del
mercado laboral y la sociedad del conocimiento,
el ABC se ha consolidado como una alternativa
eficaz para mejorar la calidad del aprendizaje y
la preparación profesional de los egresados.
El impacto del ABC en la educación superior ha
sido ampliamente estudiado, y la evidencia
sugiere que este enfoque contribuye
significativamente al desarrollo de habilidades
esenciales para el ejercicio profesional. De
acuerdo con Guamán Gómez y Espinoza Freire
(2022), la implementación de este modelo
pedagógico permite a los estudiantes
enfrentarse a situaciones de aprendizaje
dinámicas en las que deben integrar múltiples
conocimientos y habilidades para resolver
problemas concretos. En este sentido, la
enseñanza basada en competencias impulsa el
desarrollo de competencias transversales, como
el pensamiento crítico, la comunicación
efectiva, la toma de decisiones y la capacidad de
adaptación a nuevos contextos. Asimismo, la
interacción con escenarios reales de aprendizaje
ya sea a través de simulaciones, estudios de caso
o proyectos aplicados, genera un mayor nivel de
compromiso con el proceso formativo y facilita
la transición de los estudiantes al mundo laboral
(Luy-Montejo, 2019). La efectividad del ABC
radica en su capacidad para conectar el
aprendizaje con la realidad profesional,
permitiendo que los estudiantes comprendan la
relevancia de los conocimientos adquiridos y
los apliquen de manera efectiva en distintos
ámbitos. Esto marca una diferencia significativa
respecto a los modelos tradicionales de
enseñanza, en los que la fragmentación del
conocimiento y la falta de contextualización
dificultan la transferencia de lo aprendido a la
práctica profesional.
La evaluación del aprendizaje en el ABC
representa un componente clave para garantizar
su efectividad y alineación con los objetivos
formativos. En contraste con los métodos
tradicionales de evaluación, que suelen
centrarse en la memorización y reproducción de
información, el ABC requiere sistemas de
evaluación que permitan valorar tanto el
proceso como los resultados del aprendizaje. En
este sentido, Saiz y Rivas (2012) destacan la
importancia de implementar estrategias de
evaluación formativa que favorezcan la
autoevaluación, la coevaluación y la
retroalimentación constante entre estudiantes y
docentes. Algunas de las herramientas más
utilizadas en este enfoque incluyen el portafolio
de evidencias, las rúbricas de desempeño, la
observación de prácticas en entornos simulados
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o reales, y la evaluación por competencias en
contextos laborales (Hincapié Parra, Ramos
Monobe & Chirino Barceló, 2017). Estas
estrategias permiten una evaluación más
integral del aprendizaje, ya que no solo
consideran el dominio de conocimientos
teóricos, sino también la capacidad de aplicarlos
en la resolución de problemas concretos. De
esta manera, se fomenta un aprendizaje más
profundo y significativo, en el que los
estudiantes no solo adquieren información, sino
que también desarrollan habilidades para
analizar, interpretar y tomar decisiones
fundamentadas en su campo de estudio.
El desarrollo del pensamiento crítico es uno de
los principales beneficios del ABC, ya que este
enfoque desafía a los estudiantes a cuestionar la
información, formular hipótesis y construir
argumentos sólidos para la resolución de
problemas. Según Espinoza Freire (2021), los
entornos de aprendizaje basados en
competencias impulsan la reflexión y el
análisis, permitiendo que los estudiantes
adquieran una mayor capacidad para evaluar
información y tomar decisiones informadas.
Este tipo de aprendizaje es fundamental en la
formación de profesionales capaces de
adaptarse a un mundo en constante
transformación, donde la capacidad de
interpretar y aplicar conocimientos es un factor
clave para el éxito laboral. Morales Bueno
(2018) enfatiza que el pensamiento crítico no
solo mejora el desempeño académico de los
estudiantes, sino que también fortalece su
capacidad para desenvolverse en ambientes
profesionales altamente demandantes. A través
de metodologías activas, como el aprendizaje
basado en problemas (ABP) y el aprendizaje
cooperativo, los estudiantes tienen la
oportunidad de trabajar en equipo, discutir sus
ideas y tomar decisiones en conjunto, lo que
fortalece su capacidad de argumentación y
negociación en contextos diversos. En
consecuencia, el ABC no solo promueve un
aprendizaje más profundo, sino que también
mejora la preparación de los egresados para
enfrentar desafíos profesionales con mayor
autonomía y eficacia.
La relación entre el ABC y la empleabilidad ha
sido ampliamente documentada en la literatura
académica, y los hallazgos indican que los
egresados formados bajo este enfoque presentan
mayores oportunidades de inserción laboral y
un mejor desempeño en el ámbito profesional.
De acuerdo con Román (2021), la educación
superior tiene la responsabilidad de preparar a
los estudiantes para los desafíos del mercado
laboral, y el ABC se presenta como una
solución efectiva para este propósito. La
formación basada en competencias permite que
los estudiantes adquieran habilidades esenciales
para su campo profesional, tales como la
resolución de problemas, la toma de decisiones
estratégicas y la capacidad de liderazgo,
aspectos que son altamente valorados por los
empleadores (Suárez Cretton & Castro Méndez,
2022). En este contexto, las universidades
deben asumir un rol activo en la
implementación de estrategias pedagógicas que
fomenten el desarrollo de competencias
laborales, promoviendo prácticas educativas
que integren experiencias del mundo real y el
uso de tecnologías innovadoras para el
aprendizaje.
El uso de la tecnología ha sido un factor clave
en la evolución del ABC, ya que permite la
creación de entornos de aprendizaje
interactivos, flexibles y accesibles para los
estudiantes. Según López-Zafra et al. (2015), la
integración de herramientas digitales en la
educación basada en competencias facilita la
personalización del aprendizaje y amplía las
oportunidades de adquisición de conocimientos
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en diferentes formatos y contextos. El acceso a
plataformas virtuales, simulaciones y entornos
de aprendizaje gamificados permite a los
estudiantes desarrollar sus competencias en
escenarios dinámicos, en los que pueden
experimentar, reflexionar y ajustar sus
estrategias de aprendizaje de manera autónoma.
Meza Morales, Zárate Depraect y Rodríguez
(2019) afirman que la tecnología ha
revolucionado la enseñanza basada en
competencias al permitir una evaluación más
precisa del desempeño del estudiante y la
recopilación de datos que facilitan la
retroalimentación individualizada. Esto no solo
optimiza los procesos de enseñanza-
aprendizaje, sino que también favorece la
autoevaluación y la autorregulación del
estudiante, aspectos fundamentales para el
aprendizaje a lo largo de la vida.
El aprendizaje basado en competencias se ha
consolidado como un enfoque fundamental en
la educación superior, gracias a su capacidad
para integrar conocimientos y habilidades
aplicables en la vida profesional. A medida que
las universidades buscan adaptarse a las
exigencias del mercado laboral, el ABC emerge
como una alternativa pedagógica efectiva para
mejorar la formación de los estudiantes y
garantizar su preparación para los desafíos del
futuro. La evidencia respalda que este modelo
favorece el desempeño académico, la
autonomía del estudiante y la empleabilidad de
los egresados, lo que lo convierte en un pilar
clave en la transformación de la educación
universitaria.
Marco metodológico
Este estudio se fundamenta en una revisión
sistemática de la literatura con el propósito de
analizar el impacto del aprendizaje basado en
competencias en la formación universitaria, con
énfasis en su influencia sobre la empleabilidad
y el desempeño académico. La revisión
sistemática es una estrategia metodológica que
permite recopilar, analizar y sintetizar la
evidencia existente sobre un tema específico,
garantizando un enfoque riguroso y objetivo en
la selección de fuentes y el análisis de los datos
(Amador Alarcón, Torres Gastelú & Lagunes
Domínguez, 2023). Para ello, se siguió el
procedimiento recomendado por la declaración
PRISMA (Preferred Reporting Items for
Systematic Reviews and Meta-Analyses), lo
que permitió estructurar la revisión en distintas
etapas, tales como la identificación de estudios
relevantes, la selección de artículos con base en
criterios de inclusión y exclusión, la extracción
de información clave y el análisis comparativo
de los hallazgos (Bermúdez Mendieta, 2021).
Este enfoque metodológico garantiza la
fiabilidad de los resultados, ya que evita sesgos
en la recolección de datos y permite la
obtención de una visión integral del fenómeno
estudiado.
El proceso de búsqueda de información se
realizó en bases de datos académicas
reconocidas, tales como Scopus, Web of
Science, Scielo y Google Scholar, con el fin de
garantizar la calidad y relevancia de los estudios
seleccionados. Se emplearon términos de
búsqueda combinados con operadores
booleanos, tales como "aprendizaje basado en
competencias" AND "educación superior",
"empleabilidad universitaria" AND
"competencias profesionales", "desempeño
académico" AND "educación basada en
competencias", entre otros. Además, se
aplicaron criterios de inclusión específicos,
tales como estudios publicados entre 2010 y
2023, investigaciones revisadas por pares y
estudios que abordaran directamente la relación
entre el aprendizaje basado en competencias y
sus efectos en la formación universitaria
(Román, 2021). También se establecieron
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criterios de exclusión, descartando artículos que
no tuvieran acceso completo al texto, estudios
centrados exclusivamente en niveles educativos
inferiores a la universidad y trabajos que no
ofrecieran evidencia empírica sobre el impacto
del aprendizaje basado en competencias (Deleg
Sari & Fajardo Tinizhañay, 2023). Finalmente,
tras aplicar estos criterios, se seleccionaron un
total de 38 estudios científicos para el análisis
en profundidad.
La extracción y análisis de datos se realizó
mediante un protocolo estructurado, que
incluyó la identificación de variables clave, el
tipo de metodología utilizada en cada estudio y
los principales hallazgos reportados. Para ello,
se elabouna matriz de análisis en la que se
sistematizó la información obtenida de cada
fuente, considerando aspectos como el diseño
metodológico, la población estudiada, los
instrumentos de recolección de datos y las
conclusiones obtenidas (Espinoza Freire, 2021).
Este procedimiento permitió establecer una
comparación entre los diferentes enfoques
empleados en la literatura científica y evaluar el
grado de consenso entre los estudios analizados.
Además, se realizó un análisis cualitativo de
contenido con el propósito de identificar
patrones, tendencias y vacíos en la
investigación existente sobre el aprendizaje
basado en competencias en la educación
superior (Hincapié Parra, Ramos Monobe &
Chirino Barceló, 2017). El uso de esta cnica
permitió la formulación de interpretaciones
basadas en la evidencia, asegurando la validez
y fiabilidad de los resultados obtenidos en la
revisión.
Dado que este estudio se basa en una revisión
sistemática, no se aplicaron técnicas de
recolección de datos primarios ni se trabajó con
una muestra específica de participantes. En
cambio, se empleó un análisis documental que
permitió examinar estudios previos sobre el
aprendizaje basado en competencias,
estableciendo conexiones entre diferentes
enfoques y proporcionando una visión integral
del estado actual del conocimiento en esta área
(Coronel et al., 2023). Además, con el propósito
de garantizar la objetividad y la calidad del
análisis, se aplicaron criterios de rigor
metodológico, tales como la triangulación de
fuentes y la evaluación de la calidad de los
estudios incluidos en la revisión (González
Lillo, Jarpa Azagra & López Ferrero, 2023). A
partir de esta metodología, el presente estudio
busca aportar una contribución significativa al
debate sobre la pertinencia del aprendizaje
basado en competencias en la educación
universitaria, ofreciendo una síntesis de
hallazgos clave y sugiriendo líneas de
investigación futura para fortalecer este enfoque
pedagógico en la formación superior.
Resultados
El análisis de la literatura revisada revela que el
aprendizaje basado en competencias (ABC) ha
sido ampliamente estudiado en el contexto de la
educación superior, evidenciando su impacto
positivo en diversas dimensiones del proceso
formativo y profesional de los estudiantes
universitarios. Los estudios analizados destacan
que la implementación del ABC mejora
significativamente la adquisición de
conocimientos aplicados, promoviendo un
aprendizaje más significativo y autónomo en
comparación con los enfoques tradicionales
basados en la transmisión de información
(González Peñafiel, Bravo Zúñiga & Ortiz
González, 2018). Según Bustamante Vega y
Mejía Mejía (2023), este modelo educativo
permite que los estudiantes integren de manera
efectiva la teoría con la práctica, facilitando la
resolución de problemas en contextos reales.
Además, la literatura revisada indica que los
programas universitarios que han adoptado esta
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metodología han logrado una mayor retención
del conocimiento y un incremento en la
capacidad analítica de los estudiantes, aspectos
fundamentales para el desempeño en el ámbito
laboral (Saiz & Rivas, 2012).
Uno de los hallazgos más relevantes de la
revisión sistemática es que el ABC contribuye
al mejoramiento del desempeño académico de
los estudiantes, al fomentar el desarrollo de
habilidades de pensamiento crítico y toma de
decisiones informadas (Hernández & Moreno,
2021). Varios estudios reportan que los alumnos
formados bajo este enfoque presentan una
mayor capacidad para analizar y sintetizar
información, debido a que el aprendizaje se
basa en la resolución de problemas reales y la
aplicación de conocimientos en situaciones
concretas (Amador Alarcón, Torres Gastelú &
Lagunes Domínguez, 2023). De acuerdo con
Hernández-Ching (2018), el ABC no solo
mejora el rendimiento académico en rminos
de calificaciones, sino que también incrementa
la satisfacción y la motivación de los
estudiantes hacia el aprendizaje, lo que
contribuye a una formación más efectiva y
duradera. Esto es particularmente importante en
carreras universitarias donde la adquisición de
competencias prácticas es esencial para el
ejercicio profesional, como las ingenierías, la
medicina y la educación.
Otro aspecto clave identificado en los estudios
revisados es la relación entre el ABC y la
empleabilidad de los egresados universitarios.
Según Román (2021), la formación basada en
competencias mejora la preparación de los
estudiantes para su inserción en el mercado
laboral, al priorizar el desarrollo de habilidades
demandadas por los empleadores. La literatura
analizada indica que los egresados de
programas que han implementado el ABC
presentan mayores tasas de empleabilidad y
mejores oportunidades de acceso a puestos de
trabajo calificados en comparación con aquellos
que han seguido modelos educativos
tradicionales (Suárez Cretton & Castro Méndez,
2022). Esto se debe a que el ABC fomenta
competencias como el liderazgo, la resolución
de problemas, la adaptabilidad y el trabajo en
equipo, aspectos que las empresas valoran en la
selección de personal (Coronel et al., 2023).
El análisis de los estudios también revela que la
implementación del ABC en la educación
superior ha enfrentado diversos desafíos, entre
los que destacan la resistencia al cambio por
parte de docentes y estudiantes, la necesidad de
formación pedagógica especializada y la
dificultad para evaluar competencias de manera
efectiva (Olivares Olivares & Heredia Escorza,
2012). De acuerdo con Deleg Sari y Fajardo
Tinizhañay (2023), la transición desde un
modelo de enseñanza tradicional hacia un
enfoque basado en competencias requiere una
transformación profunda en la estructura
curricular y en las metodologías de enseñanza,
lo que puede generar resistencia en algunos
sectores de la comunidad académica.
Asimismo, los estudios revisados sugieren que
los docentes necesitan recibir formación
continua en estrategias didácticas alineadas con
el ABC, ya que su implementación efectiva
depende en gran medida de la capacidad del
profesorado para diseñar experiencias de
aprendizaje significativas y contextualizadas
(Luy-Montejo, 2019).
La revisión de la literatura también destaca la
importancia del uso de tecnologías educativas
en la implementación del ABC, ya que estas
herramientas facilitan la creación de entornos
de aprendizaje interactivos y personalizados
(Meza Morales, Zárate Depraect & Rodríguez,
2019). Según López-Zafra et al. (2015), la
integración de plataformas digitales y
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herramientas de simulación ha permitido
potenciar la enseñanza basada en competencias,
al proporcionar a los estudiantes experiencias
inmersivas que fortalecen el aprendizaje
aplicado. Además, la incorporación de
tecnologías digitales facilita la evaluación de
competencias mediante el uso de rúbricas,
análisis de desempeño y metodologías de
autoevaluación, lo que permite medir de manera
más precisa el nivel de desarrollo de cada
estudiante en relación con los objetivos de
aprendizaje establecidos (González Lillo, Jarpa
Azagra & López Ferrero, 2023).
Otro de los hallazgos relevantes de la revisión
es la relación entre el ABC y el desarrollo de
habilidades socioemocionales en los estudiantes
universitarios. De acuerdo con Espinoza Freire
(2021), el aprendizaje basado en competencias
fomenta la inteligencia emocional, la
comunicación efectiva y la capacidad de trabajo
en equipo, aspectos que son fundamentales para
el éxito profesional en el mundo actual. Varios
estudios reportan que los egresados que han
sido formados bajo este modelo presentan
mayores niveles de confianza en mismos y
una mejor disposición para afrontar desafíos
profesionales (Bermúdez Mendieta, 2021).
Además, el ABC permite a los estudiantes
desarrollar estrategias de autorregulación del
aprendizaje, lo que mejora su capacidad para
planificar, monitorear y evaluar su propio
progreso académico y profesional (Palomino
Alca & Osorio Vidal, 2023).
Los resultados de la revisión evidencian que el
ABC favorece la interdisciplinariedad y la
integración de conocimientos en la educación
superior. Según Egido Gálvez et al. (2006), este
enfoque promueve la conexión entre diferentes
áreas del conocimiento, permitiendo a los
estudiantes desarrollar una comprensión más
amplia y aplicada de los conceptos estudiados.
En este sentido, la literatura analizada sugiere
que el aprendizaje basado en competencias es
particularmente beneficioso en programas
académicos que requieren una combinación de
conocimientos teóricos y prácticos, como las
ciencias de la salud, la educación y la ingeniería
(González Frías & Castro López, 2011). La
capacidad de integrar diversas disciplinas en un
proceso de aprendizaje estructurado permite a
los estudiantes abordar problemas desde
múltiples perspectivas, favoreciendo una
formación más holística y adaptable a las
necesidades del mercado laboral (Hincapié
Parra, Ramos Monobe & Chirino Barceló,
2017).
Los estudios analizados destacan la necesidad
de seguir investigando sobre el impacto a largo
plazo del ABC en la formación universitaria y
el desempeño profesional de los egresados.
Aunque la evidencia revisada indica que este
enfoque tiene beneficios significativos en
términos de aprendizaje, empleabilidad y
desarrollo de competencias transversales, aún
existen áreas en las que se requiere mayor
exploración, tales como la medición del
impacto real del ABC en la productividad
laboral, la relación entre este modelo y la
innovación en el trabajo, y las estrategias más
efectivas para su implementación en distintos
contextos educativos (Ortega-Cortez et al.,
2021). La consolidación del ABC como modelo
educativo requiere la participación activa de
universidades, docentes, estudiantes y
empleadores, quienes deben colaborar en la
creación de programas formativos que
respondan a las demandas del siglo XXI y que
garanticen una educación de calidad centrada en
el desarrollo de competencias reales y
aplicables en el mundo profesional.
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Discusión de los resultados
Los hallazgos obtenidos en la presente revisión
sistemática confirman que el aprendizaje
basado en competencias (ABC) es una
estrategia educativa altamente efectiva para
mejorar la formación profesional universitaria,
ya que promueve un aprendizaje significativo,
fomenta el desarrollo de habilidades
transversales y potencia la empleabilidad de los
egresados. De acuerdo con Amador Alarcón,
Torres Gastelú y Lagunes Domínguez (2023),
este enfoque pedagógico ha demostrado ser más
efectivo que los modelos tradicionales, al
centrarse en la aplicación del conocimiento en
contextos reales y en la adquisición de
competencias prácticas esenciales para el
desempeño laboral. En este sentido, la literatura
revisada destaca que los programas
universitarios que han adoptado este enfoque
han logrado una mayor retención del
conocimiento y una mejora en la capacidad
analítica y de resolución de problemas en los
estudiantes (Hernández & Moreno, 2021).
Un aspecto relevante que se identificó en los
estudios analizados es el impacto positivo del
ABC en el desempeño académico de los
estudiantes, ya que este enfoque permite que los
alumnos asuman un rol más activo en su
proceso de aprendizaje, promoviendo la
autorregulación y la autonomía (Bustamante
Vega & Mejía Mejía, 2023). De acuerdo con
Hernández-Ching (2018), los modelos
educativos basados en competencias favorecen
el desarrollo del pensamiento crítico, lo que
permite a los estudiantes analizar, interpretar y
aplicar los conocimientos adquiridos de manera
más efectiva. Además, el ABC fomenta la
motivación intrínseca al proponer experiencias
de aprendizaje dinámicas y contextualizadas, lo
que genera un mayor interés y compromiso en
los estudiantes con su proceso formativo (Saiz
& Rivas, 2012).
Los estudios revisados también coinciden en
que el ABC tiene un efecto positivo en la
empleabilidad de los egresados universitarios,
ya que este modelo educativo alinea el proceso
formativo con las demandas del mercado
laboral. Román (2021) sostiene que los
egresados que han sido formados bajo este
enfoque presentan mayores tasas de inserción
laboral y mejores oportunidades de acceso a
empleos de calidad, en comparación con
aquellos que han seguido modelos
tradicionales. Esto se debe a que el ABC no solo
proporciona conocimientos técnicos
específicos, sino que también fortalece
habilidades esenciales como la resolución de
problemas, el liderazgo y la comunicación
efectiva, competencias altamente valoradas por
los empleadores (Suárez Cretton & Castro
Méndez, 2022).
Sin embargo, a pesar de sus beneficios, la
implementación del ABC en la educación
superior no está exenta de desafíos. Uno de los
principales obstáculos identificados en la
literatura es la resistencia al cambio por parte de
docentes y estudiantes, especialmente en
instituciones con una cultura educativa
tradicional arraigada (Olivares Olivares &
Heredia Escorza, 2012). Según Deleg Sari y
Fajardo Tinizhañay (2023), la transición hacia
un modelo basado en competencias requiere
una transformación profunda en la estructura
curricular y en las metodologías de enseñanza,
lo que implica la capacitación constante del
profesorado y la adaptación de los programas
académicos a un enfoque más flexible y
centrado en el aprendizaje activo.
Otro de los desafíos identificados en la revisión
es la dificultad para evaluar competencias de
manera efectiva. Mientras que en los modelos
tradicionales la evaluación se basa
principalmente en la memorización de
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contenidos y la aplicación de exámenes
estandarizados, el ABC requiere herramientas
de evaluación más complejas y diversificadas
(González Peñafiel, Bravo Zúñiga & Ortiz
González, 2018). En este sentido, estudios
como el de Egido Gálvez et al. (2006) destacan
la importancia de implementar métodos de
evaluación alternativos, tales como el portafolio
de evidencias, la observación de desempeño en
escenarios reales y el uso de rúbricas que
permitan medir el desarrollo progresivo de las
competencias adquiridas.
La tecnología ha sido un factor clave en la
consolidación del ABC, facilitando la creación
de entornos de aprendizaje interactivos y
personalizados. De acuerdo con Meza Morales,
Zárate Depraect y Rodríguez (2019), la
integración de herramientas digitales, como
simulaciones, plataformas virtuales y
metodologías gamificadas, ha permitido
potenciar el aprendizaje basado en
competencias al ofrecer experiencias educativas
más dinámicas e inmersivas. Asimismo, la
incorporación de tecnologías en la educación
superior ha favorecido la evaluación formativa
y el monitoreo del progreso de los estudiantes,
optimizando los procesos de enseñanza-
aprendizaje (López-Zafra et al., 2015).
Los resultados también evidencian que el ABC
tiene un impacto significativo en el desarrollo
de habilidades socioemocionales en los
estudiantes universitarios. Espinoza Freire
(2021) sostiene que este enfoque fomenta
competencias como la inteligencia emocional,
la resiliencia y la capacidad de trabajo en
equipo, aspectos fundamentales para el éxito
profesional. En este sentido, la literatura
revisada indica que los egresados que han sido
formados bajo este modelo presentan una
mayor confianza en mismos y una mejor
capacidad para gestionar situaciones de estrés y
toma de decisiones en el ámbito laboral
(Bermúdez Mendieta, 2021).
Otro de los aspectos destacados en la revisión es
la relación entre el ABC y la
interdisciplinariedad en la educación superior.
Según González Frías y Castro López (2011),
este enfoque permite integrar conocimientos de
diferentes disciplinas, favoreciendo una
formación más integral y adaptable a las
necesidades del mercado laboral. La capacidad
de combinar saberes de distintas áreas fortalece
el pensamiento crítico y la capacidad de
innovación, aspectos esenciales para el
desarrollo profesional en un mundo cada vez
más interconectado y globalizado (Hincapié
Parra, Ramos Monobe & Chirino Barceló,
2017).
A pesar de los múltiples beneficios del ABC,
aún existen vacíos en la investigación sobre su
impacto a largo plazo, especialmente en lo que
respecta a su influencia en la productividad
laboral y el desarrollo profesional continuo de
los egresados. Según Ortega-Cortez et al.
(2021), es necesario llevar a cabo estudios
longitudinales que permitan evaluar cómo las
competencias adquiridas en la universidad
impactan en la trayectoria profesional de los
graduados. Además, se requieren
investigaciones que analicen la relación entre el
ABC y la innovación en el ámbito laboral, con
el fin de identificar estrategias más efectivas
para su implementación en distintos contextos
educativos.
Los resultados obtenidos en esta revisión
sistemática confirman que el aprendizaje
basado en competencias es un enfoque
altamente efectivo para mejorar la educación
superior, al promover un aprendizaje más
activo, mejorar el desempeño académico,
potenciar la empleabilidad y fomentar el
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desarrollo de habilidades esenciales para el
ejercicio profesional. No obstante, su
implementación requiere superar desafíos
relacionados con la capacitación docente, la
evaluación de competencias y la adaptación de
los programas académicos a un enfoque s
dinámico y flexible (Coronel et al., 2023). A
medida que las universidades continúan
evolucionando para responder a las demandas
del siglo XXI, el ABC se posiciona como una
estrategia clave para garantizar la calidad de la
educación superior y la preparación de los
egresados para un entorno laboral en constante
transformación.
Conclusiones
Los hallazgos de esta revisión sistemática
confirman que el aprendizaje basado en
competencias (ABC) es un enfoque pedagógico
altamente efectivo en la educación superior, ya
que favorece el desarrollo integral de los
estudiantes, mejora su desempeño académico y
fortalece su inserción en el mercado laboral. A
diferencia de los modelos tradicionales
centrados en la transmisión de conocimientos
teóricos, el ABC enfatiza la adquisición de
habilidades prácticas y transferibles,
promoviendo un aprendizaje más significativo
y autónomo (Hernández & Moreno, 2021). La
literatura revisada indica que este modelo
educativo no solo optimiza la retención del
conocimiento, sino que también incrementa la
motivación y el compromiso de los estudiantes
con su proceso formativo (Bustamante Vega &
Mejía Mejía, 2023). Además, se ha evidenciado
que los programas académicos que han
adoptado el ABC han logrado reducir la brecha
entre la formación universitaria y las exigencias
del mercado laboral, asegurando que los
egresados posean las competencias necesarias
para enfrentar los desafíos del mundo
profesional con éxito (Román, 2021).
Uno de los principales beneficios del ABC es su
impacto en la empleabilidad de los egresados
universitarios, ya que fomenta el desarrollo de
competencias clave como el liderazgo, la
comunicación efectiva, la resolución de
problemas y la capacidad de adaptación a
entornos dinámicos (Suárez Cretton & Castro
Méndez, 2022). Los estudios revisados
demuestran que los graduados formados bajo
este modelo presentan mayores oportunidades
de acceso a empleos de calidad, dado que han
adquirido habilidades alineadas con las
demandas del sector productivo (Coronel et al.,
2023). No obstante, la implementación del ABC
en la educación superior no está exenta de
desafíos, entre los cuales destaca la resistencia
al cambio por parte de docentes y estudiantes,
quienes en muchos casos prefieren mantener
enfoques de enseñanza más tradicionales
(Olivares Olivares & Heredia Escorza, 2012).
Para garantizar una transición efectiva hacia un
modelo educativo basado en competencias, es
fundamental que las universidades inviertan en
la formación docente, promoviendo
metodologías activas y estrategias de enseñanza
innovadoras que permitan consolidar este
enfoque pedagógico de manera efectiva (Deleg
Sari & Fajardo Tinizhañay, 2023).
Otro hallazgo relevante de la revisión es el
papel de la tecnología en la consolidación del
ABC, ya que su integración en la enseñanza
superior ha permitido ampliar las oportunidades
de aprendizaje y optimizar la evaluación de
competencias. La incorporación de
herramientas digitales, plataformas virtuales y
entornos interactivos ha facilitado la creación
de experiencias de aprendizaje más dinámicas y
contextualizadas, lo que ha potenciado la
adquisición de conocimientos aplicados (Meza
Morales, Zárate Depraect & Rodríguez, 2019).
Además, el uso de tecnologías educativas ha
permitido mejorar los procesos de evaluación,
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mediante la implementación de rúbricas,
portafolios digitales y metodologías de
autoevaluación, que proporcionan un análisis
más preciso del progreso de los estudiantes
(López-Zafra et al., 2015). Sin embargo, la
literatura destaca que, para maximizar los
beneficios del ABC, es necesario continuar
explorando nuevas formas de integración
tecnológica en el aula, asegurando que estas
herramientas sean utilizadas de manera
estratégica para fortalecer el aprendizaje y el
desarrollo de competencias esenciales en los
estudiantes universitarios (González Lillo,
Jarpa Azagra & López Ferrero, 2023).
Además de su impacto en el aprendizaje
académico y profesional, el ABC ha
demostrado ser un modelo educativo efectivo
para el desarrollo de habilidades
socioemocionales en los estudiantes
universitarios. La evidencia revisada indica que
este enfoque fomenta la inteligencia emocional,
la resiliencia, la capacidad de trabajo en equipo
y la toma de decisiones en entornos de alta
exigencia (Espinoza Freire, 2021). Estas
habilidades son fundamentales en el ámbito
laboral actual, donde la capacidad de gestionar
el estrés, adaptarse a nuevas circunstancias y
colaborar en equipos multidisciplinarios se ha
convertido en un factor determinante para el
éxito profesional (Bermúdez Mendieta, 2021).
En este sentido, se recomienda que las
instituciones de educación superior continúen
fortaleciendo el desarrollo integral de los
estudiantes, promoviendo estrategias
pedagógicas que combinen la adquisición de
conocimientos técnicos con la formación en
competencias socioemocionales, asegurando
así una preparación más completa y equilibrada
para los egresados (Palomino Alca & Osorio
Vidal, 2023).
Los resultados de esta revisión sistemática
respaldan la eficacia del aprendizaje basado en
competencias como una estrategia clave para
mejorar la educación superior, al favorecer un
aprendizaje más activo, fortalecer la
empleabilidad y potenciar el desarrollo de
habilidades esenciales para el mundo
profesional. Sin embargo, su implementación
requiere superar desafíos relacionados con la
transformación curricular, la capacitación
docente y la integración de tecnologías
educativas en el proceso de enseñanza-
aprendizaje (Coronel et al., 2023). Asimismo,
es fundamental continuar investigando sobre el
impacto a largo plazo del ABC en la trayectoria
profesional de los egresados y explorar nuevas
estrategias para su aplicación en distintos
contextos académicos y laborales. A medida
que las universidades avanzan hacia modelos
educativos más flexibles y centrados en el
estudiante, el ABC se consolida como una
alternativa indispensable para garantizar la
calidad educativa y la preparación integral de
los futuros profesionales en un entorno laboral
en constante evolución.
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Contreras Suarez, Karla Elizabeth Cortez
Mindiolaza, Katherine Priscila Peñafiel Cabrera y
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