Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 6 No. 2
Febrero del 2025
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BASES NEUROPSICOLÓGICAS DEL FUNCIONAMIENTO EJECUTIVO Y LAS
EMOCIONES: INTERACCIONES E IMPLICACIONES PARA EL DESARROLLO
COGNITIVO Y EL APRENDIZAJE
NEUROPSYCHOLOGICAL BASES OF EXECUTIVE FUNCTIONING AND EMOTIONS:
INTERACTIONS AND IMPLICATIONS FOR COGNITIVE DEVELOPMENT AND
LEARNING
Autor: ¹Andrea del Rocío Mejía Rubio.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0000-0001-9371-9636
¹E-mail de contacto: amejia16@indoamerica.edu.ec
Afiliación:¹*Universidad Indoamérica, (Ecuador).
Articulo recibido: 29 de Diciembre del 2024
Articulo revisado: 1 de Enero del 2025
Articulo aprobado: 3 de Febrero del 2025
¹Psicóloga Clínica graduada de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, (Ecuador). Máster Universitario en Neuropsicología y
Educación otorgada por la Universidad Internacional de La Rioja, (España).
Resumen
El presente estudio aborda la investigación de
las bases neuropsicológicas del funcionamiento
ejecutivo y las emociones, considerando que
ambos procesos desempeñan un papel
fundamental en la actividad cerebral y tienen
un impacto decisivo en el desarrollo cognitivo
y el aprendizaje. El propósito de la
investigación se centró en establecer el
fundamento neuropsicológico de las funciones
ejecutivas y de las emociones, además de
determinar las interacciones e implicaciones
para el desarrollo cognitivo y el aprendizaje. La
metodología correspondió a un enfoque
cualitativo, de carácter descriptivo, basado en
el desarrollo de una revisión bibliográfica y
narrativa, a partir de la búsqueda de las
variables en bases de datos como: Dialnet,
Scielo, Scopus y Sciencedirect, así como
estudios presentes en Google Academic,
publicados entre el 2000 2024. Se concluye
que las implicaciones de estas interacciones
para la educación indican que una comprensión
integral de las bases neuropsicológicas de las
funciones ejecutivas y las emociones puede
transformar las estrategias pedagógicas,
favoreciendo un aprendizaje más efectivo y un
manejo más adecuado de las dificultades
emocionales en los estudiantes.
Palabras clave: Neuropsicología,
Funcionamiento ejecutivo, Emociones,
Desarrollo cognitivo.
Abstract
The present study addresses the investigation
of the neuropsychological basis of executive
functioning and emotions, considering that
both processes play a fundamental role in brain
activity and have a decisive impact on
cognitive development and learning. The
purpose of the research focused on establishing
the neuropsychological basis of executive
functions and emotions, as well as determining
the interactions and implications for cognitive
development and learning. The methodology
corresponded to a qualitative approach, of a
descriptive nature, based on the development of
a bibliographic and narrative review, from the
search of the variables in databases such as:
Dialnet, Scielo, Scopus and Sciencedirect, as
well as studies present in Google Academic,
published between 2000 - 2024. It is concluded
that the implications of these interactions for
education indicate that a comprehensive
understanding of the neuropsychological bases
of executive functions and emotions can
transform pedagogical strategies, favouring
more effective learning and a more adequate
management of emotional difficulties in
students.
Keywords: Neuropsychology, Executive
functioning, Emotions, Cognitive
development.
Sumário
Este estudo aborda a investigação das bases
neuropsicológicas das funções executivas e das
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emoções, considerando que ambos os
processos desempenham um papel
fundamental na atividade cerebral e têm um
impacto decisivo no desenvolvimento
cognitivo e na aprendizagem. O objetivo da
pesquisa foi estabelecer a base
neuropsicológica das funções executivas e das
emoções, além de determinar as interações e
implicações para o desenvolvimento cognitivo
e a aprendizagem. A metodologia
correspondeu a uma abordagem qualitativa, de
caráter descritivo, baseada no desenvolvimento
de uma revisão bibliográfica e narrativa, a
partir da busca das variáveis em bases de dados
como: Dialnet, SciELO, Scopus e
ScienceDirect, bem como estudos presentes no
Google Acadêmico, publicados entre 2000 e
2024. Conclui-se que as implicações dessas
interações para a educação indicam que uma
compreensão integral das bases
neuropsicológicas das funções executivas e das
emoções pode transformar as estratégias
pedagógicas, favorecendo uma aprendizagem
mais eficaz e um manejo mais adequado das
dificuldades emocionais nos estudantes.
Palavras-chave: Neuropsicologia, Funções
executivas, Emoções, Desenvolvimento
cognitivo.
Introducción
El funcionamiento ejecutivo y las emociones
son dos aspectos fundamentales del cerebro
humano que influyen de manera decisiva en el
desarrollo cognitivo y en el proceso de
aprendizaje. El funcionamiento ejecutivo
abarca un conjunto de procesos mentales
superiores que permiten la planificación, la
toma de decisiones, la resolución de problemas,
el control de impulsos y la regulación
conductual frente a los desafíos del entorno. Por
otro lado, las emociones, entendidas como
respuestas afectivas ante estímulos internos o
externos, desempeñan un rol crucial en la
adaptación y el comportamiento, modulando la
percepción, procesamiento y reacción ante los
acontecimientos del ambiente.
Las emociones pueden influir tanto en los
procesos ejecutivos como en la toma de
decisiones, alterando la capacidad para manejar
tareas complejas y la forma en que se procesan
y almacenan las experiencias. Al mismo
tiempo, el funcionamiento ejecutivo, al ser
responsable de la regulación de la conducta y el
control emocional, es determinante en la gestión
emocional, lo que a su vez impacta en el
desempeño cognitivo y en el bienestar
emocional de los individuos.
En el ámbito educativo, esta interacción se
vuelve aún más relevante, puesto que el entorno
emocional de los estudiantes puede afectar su
capacidad para concentrarse, aprender y
mantener la motivación, lo que repercute
directamente en su rendimiento académico y en
el desarrollo de habilidades cognitivas. El
comprender las bases neuropsicológicas de las
funciones ejecutivas y las emociones, así como
sus interacciones e implicaciones para el
desarrollo cognitivo y la educación,
proporciona un enfoque más integral y efectivo
para la formación de individuos
emocionalmente inteligentes y cognitivamente
competentes.
Por los motivos anteriormente expuestos, el
objetivo principal de la presente revisión
bibliográfica se centró en establecer las bases
neuropsicológicas del funcionamiento ejecutivo
y las emociones, además de establecer las
interacciones e implicaciones para el desarrollo
cognitivo y el aprendizaje. Los estudios
incluidos respondieron a la interrogante de
investigación: ¿Cómo influyen las interacciones
entre el funcionamiento ejecutivo y las
emociones en el desarrollo cognitivo y el
aprendizaje en diferentes etapas del desarrollo
humano?
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Materiales y Métodos
El presente trabajo posee un enfoque
cualitativo, de carácter descriptivo, centrado en
el desarrollo de una revisión bibliográfica y
narrativa de las bases neuropsicológicas del
funcionamiento ejecutivo y las emociones, así
como sus interacciones e implicaciones para el
desarrollo cognitivo y el aprendizaje. Para su
desarrollo se realizó la búsqueda de las
variables en bases de datos como: Dialnet,
Scielo, Scopus y Sciencedirect, así como
estudios presentes en Google Academic,
publicados entre el 2000 2024, además de
estudios previos de gran relevancia,
considerando términos como bases
neuropsicológicas, funcionamiento ejecutivo,
emociones, desarrollo cognitivo y aprendizaje.
Resultados y Discusión
El funcionamiento ejecutivo
Las funciones ejecutivas según Gilbert y
Burgess (2008) es un término amplio que se
relaciona con un conjunto de habilidades
implicadas en la generación, la supervisión, la
regulación, la ejecución y el reajuste de
conductas adecuadas para alcanzar objetivos
complejos, especialmente aquellos que
requieren un abordaje novedoso y creativo.
Estas habilidades son indispensables ya que
participan en la producción, regulación y
ejecución de las conductas dirigidas a metas
(Vaíllo y Camuñas, 2016).
Portellano (2005) describió que las funciones
ejecutivas son habilidades supramodales que
organizan la conducta humana y que posibilitan
la resolución de problemas de alta complejidad.
Estas funciones abarcan aspectos como la
flexibilidad mental y la habilidad tanto de filtrar
interferencias como la de anticipar las
consecuencias de la conducta, además de la
moralidad y la autoconciencia (Ardila y
Rosselli, 2007).
De acuerdo con Verdejo y Bechara (2010) las
funciones ejecutivas son responsables tanto de
la regulación de la conducta manifiesta como de
la regulación de los pensamientos, recuerdos y
afectos que promueven un funcionamiento
adaptativo. Los autores explican que los
mecanismos ejecutivos se caracterizan por
coordinar la información procedente de
distintos sistemas de entrada (percepciones de
distintas modalidades sensoriales),
procesamiento (atención, memoria o
emociones) y salida (programas motores).
De la misma manera, Stuss y Benson (1986),
afirmaron que las funciones ejecutivas están
conformadas por una serie de características
como la capacidad para seleccionar, planificar o
inhibir la actividad mental, la flexibilidad en los
procesos cognitivos y la habilidad para la
monitorización de tareas, la previsión de
objetivos, el control de la atención, el
pensamiento conceptual y la formulación de
conceptos abstractos, la memoria de trabajo, la
autoconciencia, la conciencia ética, entre otras.
Aspectos del desarrollo de las funciones
ejecutivas
El desarrollo de las funciones ejecutivas se
inicia en la infancia, a medida que los niños
avanzan en su escolaridad, presentan un
progreso continuo en su capacidad de mantener
la atención, procesar y retener información y
supervisar su propio comportamiento (Papalia
et al., 2009). Poco a poco, el niño despliega una
mayor habilidad para controlar
conscientemente sus pensamientos y
emociones, así como las acciones dirigidas a
lograr metas y solucionar problemas de más
complejidad (Ardila y Rosselli, 2007).
Según Anderson (2001) durante este proceso se
evidencia una aparición gradual de conexiones
neuronales en los lóbulos frontales. En el
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desarrollo humano existen periodos
comprendidos entre la lactancia hasta la
adolescencia en los que la corteza prefrontal
presenta mayor mielinización e incremento de
la sustancia blanca (Klingberg et al., 2022). De
esta manera, y a medida que desaparecen las
sinapsis innecesarias y se mielinizan las vías, la
velocidad de procesamiento mejora de manera
efectiva (Camarata y Woodcock, 2006).
De acuerdo con Flores-Lázaro et al. (2014) en
la infancia temprana se evidencia que la
detección de selecciones de riesgo y el control
inhibitorio constituyen componentes ejecutivos
que presentan un desarrollo más consolidado,
de la misma manera, aspectos como la memoria
de trabajo, la memorización estratégica, la
flexibilidad mental y la atención selectiva
aumentan de manera notable y se deben a la
maduración neurológica cuyo proceso se
desarrolla en la infancia tardía. Por otra parte,
en la adolescencia y juventud, la capacidad de
planeación, el juicio, la abstracción y la fluidez
verbal son un reflejo del progreso en el
procesamiento cognitivo como resultado de la
maduración de los lóbulos frontales.
Además, se observó que el desarrollo cognitivo
y psicológico del niño se ve marcado
inicialmente por el control cognitivo de las
respuestas impulsivas-emocionales, para pasar
después a un procesamiento cognitivo más
selectivo, dando cabida a la generación de
mejores estrategias de solución de problemas y
al uso de estrategias de memoria, gracias a un
constante desarrollo de la capacidad de
abstracción que permite un pensamiento más
eficiente (Flores-Lázaro et al., 2014). Durante la
juventud y la adultez estos procesos cognitivos
tienden a diferenciarse, lo cual posibilita un
control jerárquico más claro, además de un
repertorio de opciones de respuestas que
denotan mayor flexibilidad mental (Tucker-
Drob, 2009).
Bases neuropsicológicas de las funciones
ejecutivas
La principal área neuroanatómica de las
funciones ejecutivas está compuesta por los
lóbulos frontales, específicamente la región
prefrontal, cuya diversidad funcional y
adaptabilidad sustenta las operaciones de un
conjunto de procesos especializados que
interactúan en la resolución de tareas complejas
(Verdejo y Bechara, 2010). Según Tirapu et al.
(2012) la corteza prefrontal desempeña un papel
destacado con relación a las funciones
ejecutivas, ya que es la región del cerebro que
integra la información que envía y recibe de
todos los sistemas sensoriales y motores. Como
antecedente, para Luria (1980), la corteza
prefrontal establece amplias conexiones con el
sistema límbico, específicamente con la corteza
sensorial y las áreas motoras corticales y
subcorticales. De esta forma, una serie de
subprocesos se asocian a zonas específicas de la
corteza prefrontal.
Según Caprile y Alda (2015) existe una relación
entre las zonas cerebrales y las funciones
ejecutivas; la corteza prefrontal dorsolateral se
relaciona con la capacidad de planificación,
flexibilidad y resolución de problemas. La
corteza prefrontal órbitofrontal se encuentra
implicada en el procesamiento de la
información emocional debido a su asociación
con el sistema límbico. Además, contiene
información de la planificación conductual y
del procesamiento sensorial del entorno, lo que
faculta su actuación sobre determinadas
respuestas fisiológicas (Jodar et al., 2013).
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Figura 1: Áreas de la corteza prefrontal en el
funcionamiento ejecutivo
Asimismo, la corteza prefrontal ventromedial
regula el procesamiento de la información y
además está comprometida en los procesos de
toma de decisiones. La corteza cingulada
anterior está vinculada al aprendizaje, a los
procesos de memoria y a la formación de las
emociones. Así, las funciones ejecutivas están
involucradas en diversos procesos cognitivos y
emocionales esenciales para un funcionamiento
adaptativo. Siguiendo esta línea, Moraine
(2014) considera que están implicadas en los
procesos de atención, memoria, organización,
planificación, inhibición e iniciativa,
flexibilidad y capacidad de cambio, control de
la conducta y de las emociones y
establecimiento de objetivos (ver figura 1).
Las emociones
Las emociones constituyen un sistema complejo
de respuesta que permite a los individuos
adaptarse a su entorno y regular su conducta en
función de las demandas externas e internas.
Desde una perspectiva evolutiva, cumplen un
papel fundamental en la supervivencia,
facilitando la toma de decisiones rápidas ante
situaciones de amenaza o recompensa. Además,
influyen en los procesos cognitivos, como la
atención, la memoria y el aprendizaje, al
modular la forma en que se procesan y
almacenan las experiencias (Salcedo et al.,
2024). En el ámbito social, las emociones
permiten la construcción de vínculos
interpersonales al mediar en la comunicación y
la regulación de las interacciones, lo que resulta
crucial para el bienestar psicológico y la
cohesión grupal.
En este sentido, las emociones no solo afectan
el comportamiento inmediato, sino que también
tienen un impacto duradero en la configuración
de la personalidad y en el desarrollo de patrones
de respuesta ante diferentes contextos. La
capacidad para regular las emociones influye en
la adaptación a los desafíos cotidianos,
facilitando el afrontamiento del estrés y la toma
de decisiones fundamentadas. Sin embargo, la
regulación emocional no es un proceso
uniforme, ya que depende de la interacción
entre factores biológicos, como la activación de
circuitos neuronales específicos, y factores
ambientales, como la socialización y la
experiencia previa.
Este enfoque sobre la regulación emocional y su
impacto en la adaptación diaria también se
extiende al ámbito educativo, donde las
emociones juegan un papel esencial en el
proceso de aprendizaje estudiantil.
Investigaciones recientes han demostrado que
las emociones humanas, particularmente
aquellas relacionadas con la motivación y el
interés, influyen profundamente en la
adquisición de conocimientos en los estudiantes
(Santoyo et al., 2024). Desde esta perspectiva,
las emociones positivas pueden facilitar la
atención, la memoria y el procesamiento
cognitivo, mientras que las emociones
negativas, como el miedo o la ansiedad, pueden
obstaculizar el aprendizaje.
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En este contexto, la inteligencia emocional se
convierte en un factor clave que debe trabajarse
de manera continua, ya que no solo favorece el
aprendizaje, sino que también contribuye al
desarrollo de habilidades esenciales para la
vida. Aspectos como las habilidades sociales, el
autoconocimiento y la responsabilidad afectiva
permiten a los individuos gestionar sus
emociones de manera efectiva promoviendo
una mayor funcionalidad y adaptación en las
distintas etapas del desarrollo humano (Salazar
y Mejía, 2022).
Bases neuropsicológicas de las emociones
Distintos trabajos relacionados con el estudio
neuropsicológico de la emoción han intentado
determinar las estructuras cerebrales que se
relacionan directamente con la conducta
emocional. Según Belmonte (2007) los
hemisferios cerebrales están involucrados en la
emoción. Así, el hemisferio cerebral derecho se
encargaría principalmente de los procesos de
comprensión y expresión de los aspectos
afectivos del lenguaje y los elementos
corporales de la expresión emocional, mientras
que el hemisferio izquierdo contiene la
capacidad de experimentar sentimientos
positivos. De esta manera, se demostró que la
corteza prefrontal, además de otras estructuras
corticales que forman el sistema límbico como
el hipotálamo, hipocampo y la amígdala, se
encuentran implicadas en la emoción (Sánchez
y Román, 2004).
De acuerdo con Portellano (2005) el área
prefrontal regula la conducta emocional y la
adapta a los requerimientos de las diversas
situaciones. Tanto la autoconciencia como el
sentido de la ética tienen una relación estrecha
con las conexiones establecidas entre el sistema
límbico y el área prefrontal. Además, la zona
orbitaria, ubicada entre las estructuras límbicas
y la corteza prefrontal anterior, participa en la
regulación de las emociones y en el control de
los impulsos (Ver figura 2).
Figura 2: Áreas corticales del sistema límbico
en la emoción
Por lo tanto, la corteza prefrontal está
involucrada en las respuestas emocionales
particularmente cuando éstas implican
contingencias aprendidas de refuerzo
(Derryberry y Tucker, 1992). Esta región se
relaciona con la expresión emocional, siendo
necesaria para el procesamiento de las
emociones que están asociadas con situaciones
de carácter socio-personales complejas
(Damasio, 1997). Las técnicas de neuroimagen
funcional han permitido realizar estudios que
revelan que el área prefrontal permanece activa
durante todos los estados emocionales,
participando en diferentes aspectos de la
emoción (Lane et al., 1997).
La amígdala es una estructura fundamental para
el procesamiento emocional de las señales
sensoriales, debido a que recibe proyecciones
de todas las zonas de asociación sensorial
(Sánchez y Román, 2004). Actúa a modo de un
almacén de la memoria emocional, escrutando
las experiencias presentes y comparándolas con
los eventos del pasado, determinando si esa
información posee una carga emocional
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(Goleman, 2008). Las zonas de la corteza donde
se agrupan las neuronas especializadas en la
emoción se encuentran relacionadas con la
amígdala; de esta manera, el circuito
amigdalocortical reviste una importancia
esencial para la identificación de las emociones
y la elaboración de una respuesta apropiada.
Portellano (2005) destacó la relevancia del
lóbulo temporal en el procesamiento emocional,
señalando su conexión con el sistema límbico.
Esta interacción permite que el lóbulo temporal
asocie propiedades emocionales a estímulos
específicos, atribuyendo una dimensión
afectiva a las experiencias sensoriales y
facilitando su integración en la memoria
emocional. A partir de García y Llamas (2016)
se sabe que la inteligencia intrapersonal se
relaciona con el lóbulo frontal, los lóbulos
parietales y el sistema límbico. A este respecto,
el lóbulo frontal cumple un papel primordial en
la personalidad, de tal manera que los daños
sufridos en el área inferior podrían producir
irritabilidad o euforia. Por el contrario, los
daños en la parte superior tienden a producir
indiferencia, languidez o apatía. Por otra parte,
la inteligencia interpersonal destaca por
localizarse en las áreas asociadas con el
lenguaje por la comunicación humana y el
intercambio de información inherente a este
proceso, en las áreas motrices, debido a la
expresión facial, y en el sistema límbico por las
emociones y sentimientos implicados en la
comunicación.
El estudio neuropsicológico de las emociones
también destaca el papel de los
neurotransmisores en la modulación de la
actividad cerebral relacionada con la regulación
afectiva. La serotonina, la dopamina y el
cortisol desempeñan funciones clave en la
estabilidad emocional, la motivación y la
respuesta al estrés.
Aspectos del desarrollo cognitivo y el
aprendizaje
El entorno educativo es una importante
experiencia formativa ya que afecta a cada
aspecto del desarrollo del niño, puesto que
adquieren conocimientos, habilidades y
competencias sociales, que los preparan para la
vida adulta. De acuerdo con Feinstein y Bynner
(2004) las experiencias escolares iniciales son
críticas para crear el marco del éxito o fracaso
futuro en la escuela y en la vida adulta.
Durante la niñez, entendida como una de las
etapas del aprendizaje, el niño aprende por
imitación, tomando a la figura del maestro
como referente. Por esta razón, con la finalidad
de maximizar el progreso académico de los
niños, se necesita que estén involucrados en lo
que está sucediendo dentro de clase (Valeski y
Stipek, 2001). Al respecto, la atención, el
interés y la participación activa son elementos
fundamentales de un buen aprovechamiento
escolar.
Según Piaget (1962), el aprendizaje siempre
sigue al desarrollo, y es en torno a los 4 años,
cuando el niño generalmente comienza la etapa
de escolarización formal, el momento en el que
además puede clasificar de acuerdo con dos
criterios y muestra una comprensión intuitiva de
cantidades fraccionales.
Entre los 5 y 6 años en el niño, el desarrollo de
la metamemoria permite el uso de estrategias de
memoria, además el niño ya puede contar
mentalmente y comienza a decodificar palabras
escritas. Posteriormente, entre los 7 y 8 años, el
procesamiento de más de una tarea a la vez se
vuelve más fácil. A partir de este punto de
referencia en el desarrollo, el niño mejora sus
habilidades pragmáticas y con ello muestra una
mejor comprensión de causa y efecto, seriación
y razonamiento inductivo, además puede
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resolver problemas narrativos complejos
utilizando adición (Piaget, 1962). Entre los 9 y
11 años, aumenta la capacidad para considerar
múltiples perspectivas, y es durante la
adolescencia, cuando es posible el uso de
abstracciones y razonamiento hipotético-
deductivo.
Además, es durante el período de la
adolescencia cuando el educando rompe con las
figuras de autoridad que internalizó durante la
etapa de la niñez, considerándose un indicio del
desarrollo de su propia identidad (Belohlavek,
2007). Por otra parte, es importante señalar que
independientemente de la etapa del desarrollo
del aprendizaje académico, los alumnos que
exhiben una autoeficacia elevada, es decir, que
creen que pueden dominar el trabajo escolar y
regular su propio aprendizaje, tienen mayores
probabilidades de triunfar que los estudiantes
que no creen en sus propias capacidades
(Bandura et al., 1996). Según este
planteamiento, los alumnos autorregulados
tienden a fijarse metas exigentes y utilizan
estrategias apropiadas para alcanzarlas, además
persisten a pesar de las dificultades y buscan
ayuda cuando lo consideran necesario. Por el
contrario, los alumnos que no creen en su
capacidad de éxito tienden a frustrarse
fácilmente, lo cual hace que el éxito sea más
elusivo.
Así también, los avances en investigación
relacionados con el desarrollo cognitivo son
fundamentales para comprender los procesos
neuropsicológicos desde la perspectiva de la
educación. En particular, el estudio del
funcionamiento ejecutivo, la inteligencia
emocional y su relación con el aprendizaje y
rendimiento académico ha demostrado ser clave
para mejorar la calidad educativa (Mejía, 2023).
El apoyo educativo y emocional por parte de los
maestros es un factor clave para optimizar el
aprendizaje académico. Según Hamre y Pianta
(2005) este apoyo debe tener en cuenta algunos
aspectos básicos como el favorecer la
retroalimentación en las evaluaciones, interesar
a los alumnos en discusiones, alentar su
responsabilidad, responder a sus necesidades
emocionales y crear un ambiente positivo en el
aula de clases. Además, no hay que perder de
vista que los padres influyen en el aprendizaje
de sus hijos al involucrarse en su escolarización,
al motivarlos a obtener logros y al transmitirles
actitudes acerca del aprendizaje.
Bases neuropsicológicas del aprendizaje
El aprendizaje humano es un proceso que se
gesta en la corteza cerebral, es el resultado del
trabajo integrado de las diferentes estructuras
corticales, que se expresa a través de la
modificación del comportamiento en relación
directa con la experiencia (González, 2004). Al
respecto Martín (2016) explicó que el
conocimiento de las áreas cerebrales y sus
funciones favorece el entendimiento de los
procesos cerebrales que configuran el
aprendizaje.
La educación procura desarrollar ciertas
modificaciones en el aprendizaje que demandan
que el sistema nervioso se encuentre en
constante actividad, con lo que, si los
educadores están al tanto de este proceso y lo
comprenden, serán capaces de proponer y
diseñar estrategias adecuadas de cambio que se
requieran en cada caso, atendiendo a factores
relacionados con la edad y la escolaridad. Las
áreas cerebrales más importantes que se
vinculan al aprendizaje son: el tálamo, su papel
se asocia con la integración y distribución de los
estímulos aferentes hacia la corteza cerebral,
también con la sensorialidad y con la
motricidad. Es la estructura responsable de la
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regulación de la activación cortical, por lo que
su función se relaciona con la experiencia
consciente de la emoción (Jodar et al., 2013),
también con la vigilia, la atención y el control
de la información enviada a la corteza cerebral
(Sherman y Guillery, 2002).
Los ganglios basales, cuyas funciones permiten
adquirir, retener y expresar la conducta
cognitiva debido a que este conjunto de núcleos
establece conexiones con los lóbulos frontales.
Además, se relacionan con el ámbito
sensoriomotor, cognitivo asociativo y
emocional. El cerebelo, que está relacionado
con los procesamientos de información
sensorial, interviene en el aprendizaje motor, ya
que se encarga de la coordinación de
movimientos y del equilibrio postural. También
se asocia con algunas funciones cognoscitivas
como la memoria y el lenguaje (Padilla et al.,
2016).
El hemisferio derecho e izquierdo, están
conectados a través del cuerpo calloso,
especializándose en determinadas
competencias. Esta unión permite que la
información permanezca a largo plazo, lo que
constituye un factor fundamental para el
aprendizaje.
La corteza cerebral, cuyas áreas primarias se
especializan en la recepción e interpretación de
las informaciones sensoriales, además en la
programación y ejecución de las actividades
motoras y en la conducta. Las áreas secundarias
de la corteza cerebral se ocupan de la
codificación de la información que reciben las
áreas sensoriales primarias, además se encargan
de programar las secuencias para ejecutar las
actividades motrices. A su vez, la integración de
esta información está a cargo de las áreas
terciarias de la corteza cerebral, ya que son la
base de las actividades cognitivas que requieren
un mayor grado de complejidad (Portellano,
2008).
Finalmente, el sistema límbico, el mismo que,
interviene en el procesamiento de las emociones
y la memoria, además está vinculado con la
motivación para el aprendizaje y con el interés
por los contenidos, entre otros aspectos (Peña,
2007). Está conformado por un conjunto de
neuroestructuras, áreas corticales y fibras
nerviosas como el hipocampo, la amígdala, el
giro del cíngulo y el fórnix, entre otras
estructuras (Padilla et al., 2016) (ver figura 3).
Figura 3: Principales áreas cerebrales
involucradas en el aprendizaje
De acuerdo con Fernández (2010) en cuanto al
proceso de aprendizaje numérico y lógico, las
áreas del cerebro que participan más
activamente son el lóbulo frontal y el lóbulo
parietal. Así mismo, Alonso y Fuentes (2001)
señalaron que el lculo mental y el
procesamiento numérico están asociados a la
región parietal inferior, que además controla la
capacidad cognitiva visoespacial necesaria para
la actividad matemática. De la misma manera,
la resolución de cualquier tarea aritmética
requiere de una serie de habilidades verbales,
conceptuales, espaciales, de razonamiento,
entre otras, que suponen la participación
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simultánea de varias áreas y circuitos
cerebrales.
Por otra parte, considerando que el lenguaje es
un sistema clave para el aprendizaje, su
funcionamiento depende de la participación de
estructuras corticales localizadas en el
hemisferio izquierdo. Según González y
Hornauer-Hughes (2014) las principales áreas
cerebrales que se relacionan con el lenguaje son
las áreas de Broca, de Wernicke, las
circunvoluciones supramarginal y angular, la
ínsula anterior, y las circunvoluciones segunda
y tercera de los lóbulos temporales. Así también
la vía dorsal del lenguaje conformada por el
fascículo arqueado está asociada con la
expresión, mientras que la vía ventral del
lenguaje formada por el fascículo fronto-
occipital se relaciona con la comprensión.
El estudio de las bases neuropsicológicas del
funcionamiento ejecutivo y las emociones
permite comprender cómo estos dos aspectos
fundamentales del cerebro humano interactúan
y contribuyen al desarrollo cognitivo y al
aprendizaje. Ambos procesos, aunque
diferenciados en términos de sus funciones,
están profundamente interrelacionados en la
gestión de tareas complejas y la adaptación al
entorno. La corteza prefrontal, responsable de
los procesos ejecutivos como la planificación, el
control inhibitorio y la toma de decisiones, no
actúa de manera aislada, sino que depende en
gran medida de las influencias emocionales que
provienen del sistema límbico, especialmente
de estructuras como la amígdala y la corteza
orbitofrontal. Estas interacciones son cruciales,
ya que las emociones pueden tanto facilitar
como interferir en el funcionamiento ejecutivo.
Una de las implicaciones más importantes de
este vínculo entre emoción y cognición es su
relevancia en el contexto educativo, ya que, el
aprendizaje no ocurre únicamente a través de la
acumulación de conocimientos académicos,
sino que también está fuertemente influenciado
por el entorno emocional del estudiante. Las
emociones positivas, como el interés y la
curiosidad, fomentan la activación de áreas
cerebrales asociadas con la memoria y el
procesamiento de información, lo que mejora la
retención y la comprensión. Por otra parte, las
emociones negativas, como el miedo al fracaso
o la ansiedad ante el rendimiento, pueden
inhibir el aprendizaje y dificultar la
participación en clase.
Las bases neuropsicológicas del
funcionamiento ejecutivo y las emociones
deben ser consideradas de manera conjunta al
abordar el desarrollo cognitivo y el aprendizaje;
las interacciones entre estas funciones
cerebrales influyen directamente en cómo los
individuos aprenden, se adaptan y manejan los
desafíos cotidianos. Integrar este conocimiento
en las prácticas educativas puede mejorar
significativamente el rendimiento académico y
el bienestar emocional de los estudiantes,
facilitando un aprendizaje más profundo y
duradero.
La investigación en neuropsicología resalta la
importancia de enfoques pedagógicos que
consideren la interacción entre emoción y
cognición en el aprendizaje. Los métodos
educativos tradicionales han tendido a centrarse
en los aspectos cognitivos del aprendizaje,
descuidando en ocasiones la dimensión
emocional. Sin embargo, los avances en
neurociencia y neuropsicología sugieren que la
integración de ambos aspectos en el diseño
curricular y las estrategias de enseñanza podría
optimizar el proceso educativo. Promover un
entorno emocionalmente positivo, donde los
estudiantes se sientan apoyados y motivados, es
fundamental para potenciar tanto sus
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habilidades cognitivas como emocionales. Al
mismo tiempo, la enseñanza de habilidades de
regulación emocional y toma de decisiones
podría fortalecer su capacidad para enfrentar las
exigencias académicas y sociales, promoviendo
un desarrollo integral y equilibrado.
Conclusiones
Las interacciones entre el funcionamiento
ejecutivo y las emociones representan una
esfera crítica en el desarrollo cognitivo y en los
procesos de aprendizaje. La comprensión de las
bases neuropsicológicas que sustentan las
funciones ejecutivas y las emociones revela su
influencia mutua en la regulación de la conducta
y la toma de decisiones, elementos esenciales
para el éxito académico y el bienestar general.
Las emociones, al modular la atención, la
motivación y la memoria, impactan
directamente en los procesos ejecutivos,
mientras que una adecuada regulación
emocional facilita el control de impulsos y la
adaptación a tareas complejas.
En el contexto educativo, este vínculo marca la
importancia de diseñar estrategias pedagógicas
que no solo promuevan el desarrollo cognitivo,
sino que también favorezcan un ambiente
emocionalmente seguro, que potencie la
capacidad de autorregulación en los estudiantes.
El reconocimiento de estas interacciones debe
guiar la práctica educativa, con el fin de
optimizar el aprendizaje y mejorar la gestión
emocional en los estudiantes. En consecuencia,
incorporar un enfoque integral que considere
tanto el funcionamiento ejecutivo como las
emociones podría ser clave para promover un
desarrollo cognitivo más equilibrado y un
aprendizaje más eficaz, permitiendo a los
estudiantes enfrentar los retos académicos y
personales con mayor resiliencia y
competencia.
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