Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 7.1
Edición Especial VII 2026
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EFECTO DE UN PROGRAMA DE ACTIVIDADES MOTRICES EN EL DESARROLLO DE
LA LATERALIDAD EN NIÑOS DE 4 A 5 AÑOS
EFFECT OF A MOTOR ACTIVITIES PROGRAM ON THE DEVELOPMENT OF
LATERALITY IN CHILDREN AGED 4 TO 5 YEARS
Autores: ¹Anthony Steeven Ramírez Yari, ²Britney Nagely Córdova Chuquimarca, ³Steven
Arturo Torres Burgos.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0004-2373-3036
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0003-2636-0792
3
ORCID ID: https://orcid.org/0000-0001-9299-3254
¹E-mail de contacto: aramirezy2@unemi.edu.ec
²E-mail de contacto: bcordovac5@unemi.edu.ec
³E-mail de contacto: storresb5@unemi.edu.ec
Afiliación:
1*2*3*
Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
Articulo recibido: 18 de Julio del 2026.
Articulo revisado: 20 de Julio del 2026.
Articulo aprobado: 20 de Julio del 2026.
¹Licenciado en Pedagogía de la Actividad Física y el Deporte en la Universidad Técnica de Machala, (Ecuador). Maestrante de la maestría
en Educación con mención en Educación Física y Deporte en la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
²Licenciada en Pedagogía de la Actividad Física y el Deporte en la Universidad Técnica de Machala, (Ecuador). Maestrante de la maestría
en Educación con mención en Educación Física y Deporte en la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
³Licenciado en Cultura Física por la Universidad de Guayaquil, (Ecuador). Magíster en Pedagogía de la Cultura Física mención Educación
Física Inclusiva. Doctor en educación física por CECEIX, (México).
Resumen
El desarrollo de la lateralidad durante la primera
infancia constituye un proceso psicomotor
fundamental para la consolidación del esquema
corporal, la orientación espacial y la
coordinación motriz, capacidades que inciden
directamente en el aprendizaje y en el desarrollo
integral de los niños. En este contexto, la
presente investigación tuvo como objetivo
determinar el efecto de un programa de
actividades motrices en el desarrollo de la
lateralidad en niños de 4 a 5 años. El estudio se
desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, con un
diseño cuasiexperimental, longitudinal, de
pretest y postest, utilizando un grupo
experimental y un grupo control. La población
estuvo conformada por 72 niños de educación
inicial de una institución educativa de la ciudad
de Quito, seleccionándose una muestra de 40
participantes distribuidos en dos grupos de 20
niños cada uno. La intervención consistió en un
programa de actividades motrices aplicado
durante doce semanas, con una frecuencia de
tres sesiones semanales de cuarenta y cinco
minutos. La evaluación de la lateralidad se
realizó mediante el Test de Harris y una ficha de
observación estructurada, previamente
validados por juicio de expertos y con un
coeficiente Alfa de Cronbach de 0,918. El
procesamiento estadístico se efectuó mediante
IBM SPSS Statistics versión 29, aplicándose la
prueba t de Student con un nivel de
significancia de α = 0,05. Los resultados
evidenciaron mejoras significativas en el grupo
experimental, incrementándose el desarrollo de
la lateralidad en un 62,6 %, mientras que el
grupo control presentó cambios no
significativos. Asimismo, se observaron
avances importantes en la coordinación
bilateral, la orientación derecha-izquierda y la
consolidación de la dominancia manual, podal
y ocular. Se concluye que la implementación de
un programa estructurado de actividades
motrices favorece significativamente el
desarrollo de la lateralidad en niños de 4 a 5
años, constituyéndose en una estrategia
pedagógica eficaz para fortalecer el desarrollo
psicomotor y mejorar las bases del aprendizaje
durante la educación inicial.
Palabras clave: Actividades motrices,
Lateralidad, Educación inicial, Primera
infancia, Proceso psicomotor.
Abstract
The development of laterality during early
childhood is a fundamental psychomotor
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process for consolidating body schema, spatial
orientation, and motor coordinationabilities
that directly influence children's learning and
overall development. In this context, the present
research aimed to determine the effect of a
motor activity program on the development of
laterality in children aged 4 to 5 years. The
study employed a quantitative approach, with a
quasi-experimental, longitudinal, pretest-
posttest design, using an experimental group
and a control group. The population consisted
of 72 preschool children from an educational
institution in Quito, Ecuador. A sample of 40
participants was selected and divided into two
groups of 20 children each. The intervention
consisted of a motor activity program
implemented over twelve weeks, with three 45-
minute sessions per week. Laterality was
assessed using the Harris Test and a structured
observation checklist, both previously validated
by expert review and with a Cronbach's alpha
coefficient of 0.918. Statistical analysis was
performed using IBM SPSS Statistics version
29, applying the Student's t-test with a
significance level of α = 0.05. The results
showed significant improvements in the
experimental group, with laterality
development increasing by 62.6%, while the
control group showed no significant changes.
Significant progress was also observed in
bilateral coordination, right-left orientation, and
the consolidation of hand, foot, and eye
dominance. It is concluded that the
implementation of a structured program of
motor activities significantly promotes
laterality development in children aged 4 to 5
years, constituting an effective pedagogical
strategy for strengthening psychomotor
development and improving the foundations of
learning during early childhood education.
Keywords: Motor activities, Laterality,
Early childhood education, Early childhood,
Psychomotor process.
Sumário
O desenvolvimento da lateralidade na primeira
infância é um processo psicomotor fundamental
para a consolidação do esquema corporal, da
orientação espacial e da coordenação motora
competências que influenciam diretamente a
aprendizagem e o desenvolvimento geral das
crianças. Neste contexto, a presente
investigação teve como objectivo determinar o
efeito de um programa de actividades motoras
no desenvolvimento da lateralidade em crianças
dos 4 aos 5 anos de idade. O estudo empregou
uma abordagem quantitativa, com um desenho
quase-experimental, longitudinal, pré-teste e
pós-teste, utilizando um grupo experimental e
um grupo de controlo. A população foi
constituída por 72 crianças em idade pré-escolar
de uma instituição de ensino de Quito, no
Equador. Foi selecionada uma amostra de 40
participantes e dividida em dois grupos de 20
crianças cada. A intervenção consistiu num
programa de atividades motoras implementado
ao longo de doze semanas, com três sessões de
45 minutos por semana. A lateralidade foi
avaliada através do Teste de Harris e de uma
lista de verificação de observação estruturada,
ambos previamente validados por revisão de
especialistas e com um coeficiente alfa de
Cronbach de 0,918. A análise estatística foi
realizada com o software IBM SPSS Statistics
versão 29, aplicando o teste t de Student com
um nível de significância de α = 0,05. Os
resultados mostraram melhorias significativas
no grupo experimental, com um aumento de
62,6% no desenvolvimento da lateralidade,
enquanto o grupo controlo não apresentou
alterações significativas. Observou-se também
progressos significativos na coordenação
bilateral, na orientação direita-esquerda e na
consolidação da dominância manual, podal e
ocular. Conclui-se que a implementação de um
programa estruturado de atividades motoras
promove significativamente o desenvolvimento
da lateralidade em crianças dos 4 aos 5 anos,
constituindo uma estratégia pedagógica eficaz
para fortalecer o desenvolvimento psicomotor e
melhorar as bases da aprendizagem na educação
pré-escolar.
Palavras-chave: Atividades motoras,
Lateralidade, Educação infantil, Primeira
infância, Processo psicomotor.
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Introducción
El desarrollo motor durante la primera infancia
constituye uno de los pilares fundamentales
para el aprendizaje integral, debido a que
favorece la adquisición progresiva de
habilidades físicas, cognitivas, sociales y
emocionales que permiten al niño interactuar de
manera eficiente con su entorno. Dentro de este
proceso, la lateralidad representa una función
neuromotriz esencial, ya que implica la
consolidación del predominio funcional de uno
de los lados del cuerpo sobre el otro, facilitando
la organización espacial, la coordinación motriz
y la estructuración de los procesos perceptivos
que intervienen posteriormente en la lectura, la
escritura y el razonamiento lógico. Diversas
investigaciones han demostrado que el
adecuado desarrollo de la lateralidad durante la
etapa preescolar favorece el desempeño
académico y reduce la aparición de dificultades
relacionadas con la orientación espacial, la
coordinación óculo-manual y el control postural
(Gallahue et al., 2022; Ruiz, 2020).
En este sentido, la estimulación motriz
planificada desde edades tempranas constituye
una estrategia pedagógica indispensable para
potenciar el desarrollo neurológico y favorecer
una adecuada maduración de las funciones
psicomotrices. Por ello, la implementación de
programas estructurados de actividades
motrices adquiere especial relevancia dentro de
la educación inicial como mecanismo para
fortalecer el desarrollo integral de los niños
entre cuatro y cinco años. En los últimos años,
el interés científico por el desarrollo de la
lateralidad ha aumentado considerablemente
debido a la creciente evidencia que relaciona
esta capacidad con múltiples procesos
cognitivos y motores involucrados en el
aprendizaje escolar. La consolidación de la
dominancia lateral no depende únicamente del
crecimiento biológico del niño, sino también de
las experiencias motrices que experimenta
durante sus primeros años de vida mediante
actividades que estimulan el movimiento, la
coordinación bilateral y la integración sensorial.
De acuerdo con la Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO, 2024), la educación inicial
debe promover experiencias motrices
diversificadas que favorezcan el desarrollo
psicomotor como base para el aprendizaje
significativo y la construcción de competencias
cognitivas posteriores. Asimismo, la
Organización Mundial de la Salud (WHO,
2024) señala que la actividad física sistemática
durante la primera infancia contribuye
significativamente al desarrollo neurológico, la
coordinación motriz y la adquisición de
habilidades fundamentales relacionadas con la
orientación corporal y espacial. Estas
recomendaciones evidencian que las
actividades motrices constituyen un
componente esencial dentro de los procesos
educativos dirigidos a la población infantil.
Desde la perspectiva de la psicomotricidad, la
lateralidad se desarrolla progresivamente
mediante la interacción entre los procesos de
maduración del sistema nervioso central y las
experiencias motrices que el niño experimenta
en diferentes contextos familiares, escolares y
sociales. Autores como Da Fonseca (2022)
sostienen que el movimiento representa el
principal medio mediante el cual el cerebro
organiza la información sensorial, fortalece las
conexiones neuronales y consolida la
especialización funcional de ambos hemisferios
cerebrales. En consecuencia, la práctica
sistemática de actividades motrices orientadas
al reconocimiento corporal, el equilibrio, la
coordinación dinámica, los desplazamientos y
la manipulación de objetos favorece
significativamente la definición de la lateralidad
durante la educación inicial. Diversas
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investigaciones desarrolladas en el ámbito de la
neuroeducación también han demostrado que
los niños que participan regularmente en
programas de estimulación motriz presentan
mejores niveles de coordinación, orientación
espacial y organización perceptiva, capacidades
estrechamente relacionadas con el éxito de los
aprendizajes escolares posteriores (Diamond,
2020; Tomporowski y Pesce, 2019). Estos
hallazgos resaltan la necesidad de incorporar
propuestas pedagógicas que integren el
movimiento como elemento central del
desarrollo infantil.
En América Latina, el fortalecimiento del
desarrollo psicomotor constituye una prioridad
creciente dentro de las políticas educativas
dirigidas a la primera infancia. No obstante,
diversos estudios evidencian que numerosos
centros de educación inicial continúan
otorgando una atención limitada al desarrollo
sistemático de la lateralidad, privilegiando
actividades académicas tempranas por encima
de experiencias motrices estructuradas que
favorezcan la maduración neurológica de los
niños. Investigaciones desarrolladas en
distintos países latinoamericanos reportan que
una proporción importante de niños en edad
preescolar presenta dificultades relacionadas
con la orientación espacial, la coordinación
bilateral y la definición de la dominancia lateral,
situación que puede repercutir posteriormente
sobre los procesos de lectoescritura y
aprendizaje escolar (Camerino et al., 2022;
López et al., 2023).
Estas evidencias ponen de manifiesto la
necesidad de fortalecer las estrategias
pedagógicas orientadas al desarrollo motor
durante la educación inicial mediante
programas fundamentados en evidencia
científica que favorezcan la consolidación de
las habilidades psicomotrices básicas. En
Ecuador, la educación inicial reconoce el
desarrollo psicomotor como uno de los ejes
fundamentales del currículo nacional; sin
embargo, la aplicación de programas
específicos dirigidos al fortalecimiento de la
lateralidad continúa siendo limitada en
numerosas instituciones educativas. En muchos
casos, las actividades motrices desarrolladas
dentro del aula carecen de una planificación
sistemática y de estrategias metodológicas
orientadas específicamente a estimular la
definición de la dominancia lateral durante los
primeros años de escolaridad.
Esta situación adquiere mayor relevancia si se
considera que los niños entre cuatro y cinco
años atraviesan una etapa crítica para la
consolidación de su esquema corporal, la
coordinación dinámica general y la orientación
espacial, aspectos que constituyen la base del
aprendizaje formal posterior. A pesar de la
importancia de esta temática, las
investigaciones desarrolladas en el contexto
ecuatoriano sobre el efecto de programas de
actividades motrices en el desarrollo de la
lateralidad continúan siendo escasas,
evidenciándose un vacío científico que limita la
generación de estrategias educativas
contextualizadas y sustentadas en evidencia
empírica.
Frente a esta realidad, resulta pertinente
desarrollar investigaciones que permitan
evaluar el impacto de programas de actividades
motrices sobre el desarrollo de la lateralidad
durante la educación inicial, considerando que
esta capacidad influye significativamente en el
desarrollo motor, cognitivo y académico de los
niños. Los resultados derivados de este estudio
podrán proporcionar fundamentos científicos
para el diseño de estrategias didácticas
orientadas al fortalecimiento del desarrollo
psicomotor en instituciones de educación
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inicial, beneficiando tanto a docentes como a
directivos y familias interesadas en promover
un desarrollo integral desde edades tempranas.
Asimismo, la investigación contribuirá a
ampliar la producción científica nacional
relacionada con la educación inicial y la
psicomotricidad, ofreciendo evidencia que
fortalezca la toma de decisiones pedagógicas
basadas en resultados empíricos. En este
contexto, el objetivo de la investigación es
determinar el efecto de un programa de
actividades motrices en el desarrollo de la
lateralidad en niños de 4 a 5 años, aportando
conocimiento científico que contribuya al
mejoramiento de las prácticas educativas
orientadas al desarrollo integral durante la
primera infancia.
Materiales y Métodos
El desarrollo motor durante la primera infancia
constituye un proceso evolutivo continuo
mediante el cual los niños adquieren
progresivamente habilidades que les permiten
interactuar de forma eficiente con su entorno
físico y social. Este proceso comprende la
maduración de capacidades relacionadas con el
equilibrio, la coordinación, la orientación
espacial, la percepción corporal y el control de
los movimientos voluntarios, elementos
indispensables para el desarrollo integral del
individuo. Gallahue et al. (2022) sostienen que
el desarrollo motor no depende exclusivamente
de la maduración biológica, sino también de las
experiencias motrices que el niño experimenta
durante sus primeros años de vida,
especialmente aquellas que favorecen la
exploración activa del entorno y la resolución
de desafíos motores cada vez más complejos.
En este sentido, las actividades motrices
planificadas desempeñan un papel determinante
al estimular la integración de los sistemas
nervioso, muscular y sensorial, favoreciendo la
consolidación de patrones motores
fundamentales que servirán de base para
aprendizajes posteriores. Diversas
investigaciones recientes evidencian que los
niños que participan sistemáticamente en
programas estructurados de estimulación motriz
presentan un desarrollo significativamente
superior en habilidades relacionadas con la
coordinación, el equilibrio, la orientación
espacial y el control postural en comparación
con aquellos que reciben únicamente
actividades físicas no planificadas (Logan et al.,
2022).
Por consiguiente, la educación inicial debe
concebir el movimiento como un componente
esencial del desarrollo infantil y no únicamente
como una actividad recreativa. Las actividades
motrices constituyen un conjunto organizado de
experiencias pedagógicas orientadas a
favorecer el desarrollo de las capacidades
físicas, perceptivas y coordinativas mediante la
realización de movimientos intencionados
adaptados a las características evolutivas del
niño. Estas actividades incluyen ejercicios de
desplazamiento, equilibrio, coordinación
dinámica general, manipulación de objetos,
juegos motores, actividades rítmicas y tareas de
orientación espacial que estimulan
simultáneamente diferentes funciones
neuromotoras.
Según Ruiz (2020) el propósito principal de las
actividades motrices durante la educación
inicial consiste en fortalecer el desarrollo
psicomotor mediante experiencias
significativas que permitan al niño construir
progresivamente el conocimiento de su propio
cuerpo y mejorar la calidad de sus movimientos.
Desde la perspectiva de la educación motriz,
estas actividades favorecen el desarrollo de la
autonomía, la creatividad, la interacción social
y la resolución de problemas mediante el
movimiento, contribuyendo al desarrollo
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integral del niño. Asimismo, Da Fonseca (2022)
señala que la estimulación motriz sistemática
favorece la organización funcional del sistema
nervioso central, fortaleciendo las conexiones
neuronales responsables de la coordinación
bilateral y de la especialización funcional de los
hemisferios cerebrales. En consecuencia, la
implementación de programas de actividades
motrices constituye una estrategia pedagógica
de gran valor para potenciar el desarrollo
psicomotor durante los primeros años de vida.
La lateralidad representa una de las funciones
psicomotrices más importantes durante la
infancia, debido a que implica la consolidación
del predominio funcional de uno de los lados
del cuerpo sobre el otro como resultado del
proceso de especialización hemisférica del
cerebro. Esta capacidad permite que el niño
desarrolle progresivamente preferencias
estables en el uso de la mano, el pie, el ojo y el
oído dominantes, facilitando la organización
espacial, la coordinación motriz y la ejecución
eficiente de actividades que requieren precisión
y control corporal. Diversos autores coinciden
en señalar que la consolidación de la lateralidad
suele producirse entre los cuatro y los siete
años, etapa durante la cual el sistema nervioso
alcanza importantes niveles de maduración que
favorecen la diferenciación funcional entre
ambos hemisferios cerebrales (Kolb y Gibb,
2021).
Durante este período, las experiencias motrices
desempeñan un papel fundamental al
proporcionar estímulos que fortalecen la
coordinación bilateral y la integración sensorial
necesaria para definir la dominancia lateral.
Asimismo, investigaciones desarrolladas en el
ámbito de la neurociencia educativa han
demostrado que una lateralidad correctamente
definida favorece el desarrollo de habilidades
relacionadas con la orientación espacial, la
percepción visual, la coordinación óculo-
manual y el aprendizaje de la lectura y la
escritura (Diamond, 2020). Por ello, el
fortalecimiento de esta capacidad constituye
uno de los objetivos prioritarios de la educación
psicomotriz durante la etapa preescolar.
Los fundamentos teóricos que explican el
desarrollo de la lateralidad encuentran sustento
en la teoría del desarrollo psicomotor propuesta
por Jean Le Boulch, quien considera que el
movimiento constituye el principal medio
mediante el cual el niño organiza
progresivamente su esquema corporal y
construye las bases de su aprendizaje futuro.
Según este autor, la educación psicocinética
favorece el desarrollo armónico de las
capacidades motrices, perceptivas y cognitivas
mediante actividades que integran el
conocimiento del propio cuerpo, la
coordinación de movimientos y la orientación
en el espacio (Le Boulch, 2018).
Desde esta perspectiva, la lateralidad no debe
ser entendida como un proceso exclusivamente
biológico, sino como el resultado de la
interacción permanente entre la maduración
neurológica y las experiencias motrices vividas
por el niño en diferentes contextos educativos y
familiares. Complementariamente, la teoría de
la integración sensorial desarrollada por Ayres
(2018) sostiene que el cerebro organiza la
información proveniente de los diferentes
sistemas sensoriales para producir respuestas
motoras eficientes, proceso en el cual la
lateralidad desempeña una función esencial al
favorecer la coordinación entre ambos lados del
cuerpo. En consecuencia, la aplicación de
programas de actividades motrices
estructurados durante la educación inicial
favorece la consolidación de la lateralidad al
proporcionar experiencias que fortalecen
simultáneamente la percepción corporal, la
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coordinación bilateral, el equilibrio y la
organización espacial, contribuyendo al
desarrollo integral de los niños de cuatro y cinco
años. El desarrollo de la lateralidad mantiene
una estrecha relación con la maduración del
sistema nervioso central y con los procesos de
integración sensorial que se consolidan durante
los primeros años de vida.
La especialización funcional de los hemisferios
cerebrales permite que el niño establezca
progresivamente un predominio motor y
perceptivo sobre uno de los lados del cuerpo,
favoreciendo la ejecución coordinada de
movimientos cada vez más complejos. No
obstante, este proceso no ocurre de manera
espontánea ni uniforme, sino que depende en
gran medida de la calidad y variedad de las
experiencias motrices proporcionadas por el
entorno familiar y escolar. Ayres (2018)
sostiene que la adecuada integración de la
información visual, vestibular y propioceptiva
constituye un requisito indispensable para el
desarrollo eficiente de la coordinación bilateral
y de la lateralidad funcional. Asimismo, Kolb y
Gibb (2021) afirman que la plasticidad cerebral
característica de la primera infancia permite que
las experiencias de movimiento fortalezcan las
conexiones neuronales responsables del control
motor, favoreciendo la consolidación del
esquema corporal y de la orientación espacial.
En consecuencia, la planificación de
actividades motrices durante la educación
inicial debe considerar ejercicios que estimulen
ambos lados del cuerpo de forma equilibrada,
promoviendo progresivamente la definición de
la dominancia lateral sin imponer preferencias
artificiales que puedan interferir en el desarrollo
natural del niño. La implementación de
programas de actividades motrices en
educación inicial ha demostrado ser una
estrategia eficaz para favorecer el desarrollo
psicomotor y fortalecer las funciones
relacionadas con la lateralidad. Estos programas
se caracterizan por integrar juegos motores,
circuitos psicomotrices, actividades de
equilibrio, desplazamientos, coordinación
dinámica, manipulación de objetos y ejercicios
de orientación espacial diseñados de acuerdo
con las características evolutivas de los niños.
Diversas investigaciones recientes evidencian
que las intervenciones estructuradas
desarrolladas durante períodos comprendidos
entre ocho y doce semanas producen mejoras
significativas en la coordinación bilateral, el
control postural, el equilibrio dinámico y la
definición de la lateralidad en niños
preescolares (Robinson et al., 2022). Del mismo
modo, Brian et al. (2023) señalan que los
programas motrices planificados incrementan la
competencia motriz y favorecen el desarrollo de
habilidades fundamentales que posteriormente
facilitan el aprendizaje de tareas académicas
relacionadas con la lectura, la escritura y el
razonamiento espacial. Estos resultados ponen
de manifiesto que las actividades motrices
constituyen una herramienta pedagógica
altamente efectiva para estimular el desarrollo
integral durante la primera infancia,
especialmente cuando son ejecutadas mediante
metodologías activas, lúdicas y adaptadas al
nivel evolutivo de los estudiantes.
Desde la perspectiva educativa, la lateralidad
influye directamente sobre el aprendizaje
escolar debido a que facilita la organización
espacial, la direccionalidad del movimiento, la
coordinación óculo-manual y la estructuración
del esquema corporal, capacidades
indispensables para el desarrollo de la
lectoescritura y del pensamiento lógico-
matemático. Diversos estudios han demostrado
que los niños que presentan dificultades en la
consolidación de la lateralidad manifiestan con
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mayor frecuencia problemas relacionados con
la orientación espacial, la inversión de letras y
números, la coordinación motriz fina y la
organización perceptiva durante los primeros
años de escolaridad (Diamond, 2020).
Asimismo, investigaciones desarrolladas en el
campo de la neuroeducación sostienen que el
movimiento favorece la activación de múltiples
áreas cerebrales involucradas en los procesos de
atención, memoria, funciones ejecutivas y
aprendizaje, razón por la cual las experiencias
motrices deben formar parte integral del
currículo de educación inicial (Tomporowski et
al., 2020).
En este sentido, fortalecer la lateralidad
mediante actividades motrices no solo
contribuye al desarrollo físico del niño, sino que
también crea condiciones favorables para el
éxito de los aprendizajes escolares posteriores y
para el desarrollo de competencias cognitivas
cada vez más complejas. La revisión de la
literatura científica permite establecer que
existe una relación consistente entre la
aplicación de programas de actividades
motrices y el desarrollo de la lateralidad durante
la educación inicial; sin embargo, la mayor
parte de las investigaciones disponibles ha sido
desarrollada en contextos europeos y
norteamericanos, mientras que los estudios
realizados en instituciones educativas
latinoamericanas continúan siendo limitados.
En Ecuador, las investigaciones orientadas a
evaluar el efecto de programas específicos de
estimulación motriz sobre la lateralidad en
niños de cuatro y cinco años son aún escasas, lo
que evidencia un vacío científico que dificulta
la formulación de estrategias pedagógicas
sustentadas en evidencia empírica. Esta
situación resalta la necesidad de desarrollar
investigaciones experimentales que permitan
valorar objetivamente la efectividad de
programas de actividades motrices adaptados al
contexto educativo nacional. En consecuencia,
la presente investigación se fundamenta en la
importancia de generar evidencia científica que
contribuya al fortalecimiento de las prácticas
pedagógicas desarrolladas en la educación
inicial y que proporcione información útil para
docentes, directivos y familias interesados en
favorecer el desarrollo psicomotor infantil. Los
resultados obtenidos permitirán orientar futuras
intervenciones educativas dirigidas a fortalecer
la lateralidad mediante metodologías activas y
lúdicas, promoviendo un desarrollo integral que
siente las bases para un aprendizaje escolar
exitoso y para una mejor calidad de vida durante
las siguientes etapas del desarrollo.
La presente investigación se desarrolló bajo un
enfoque cuantitativo, debido a que tuvo como
propósito determinar el efecto de un programa
de actividades motrices sobre el desarrollo de la
lateralidad en niños de 4 a 5 años mediante la
medición objetiva de ambas variables antes y
después de la intervención. Este enfoque
permitió obtener información cuantificable,
analizar estadísticamente los cambios
producidos durante el proceso de aplicación del
programa y comprobar la hipótesis planteada
con base en evidencia empírica. Hernández y
Mendoza (2023) señalan que las
investigaciones cuantitativas permiten evaluar
objetivamente fenómenos educativos mediante
la utilización de instrumentos estandarizados y
procedimientos estadísticos que facilitan la
comprobación de hipótesis y la interpretación
de los resultados. En consecuencia, este
enfoque resultó pertinente para valorar el
impacto del programa de actividades motrices
sobre el desarrollo de la lateralidad en la
población infantil objeto de estudio y generar
evidencia científica aplicable al contexto de la
educación inicial. La investigación adoptó un
diseño cuasiexperimental, longitudinal, con
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aplicación de pretest y postest, utilizando un
grupo experimental y un grupo control. La
elección de este diseño respondió a la necesidad
de evaluar los cambios producidos en la
lateralidad como consecuencia de la
implementación del programa de actividades
motrices, comparando el desempeño de ambos
grupos antes y después de la intervención. El
grupo experimental participó en un programa
estructurado de actividades motrices diseñado
específicamente para estimular el desarrollo de
la lateralidad, mientras que el grupo control
continuó desarrollando las actividades
habituales establecidas dentro de la
planificación pedagógica de la institución
educativa.
Este diseño permitió controlar parcialmente la
influencia de variables externas y atribuir los
cambios observados a la intervención aplicada.
De acuerdo con Hernández y Mendoza (2023),
los diseños cuasiexperimentales constituyen
una alternativa metodológica adecuada para
investigaciones educativas donde no es posible
realizar una asignación completamente
aleatoria de los participantes, pero se pretende
evaluar el efecto de una estrategia pedagógica
sobre una variable determinada. La población
estuvo conformada por 72 niños matriculados
en el nivel de educación inicial de una
institución educativa de la ciudad de Quito
durante el período lectivo 2026-2027. Mediante
un muestreo no probabilístico por conveniencia
se seleccionó una muestra de 40 niños con
edades comprendidas entre cuatro y cinco años,
distribuidos en dos grupos de 20 participantes
cada uno.
El grupo experimental estuvo integrado por 20
niños que participaron en el programa de
actividades motrices, mientras que el grupo
control estuvo conformado por otros 20 niños
que continuaron desarrollando las actividades
pedagógicas habituales. Como criterios de
inclusión se consideraron la asistencia regular a
clases, la autorización firmada por los
representantes legales y la ausencia de
diagnósticos neurológicos, motores o
sensoriales que pudieran interferir en el
desarrollo normal de las actividades propuestas.
Se excluyeron aquellos niños que presentaron
inasistencia superior al veinte por ciento de las
sesiones programadas o que no completaron las
evaluaciones del pretest y del postest. Las
variables de investigación fueron el programa
de actividades motrices como variable
independiente y el desarrollo de la lateralidad
como variable dependiente. El programa de
actividades motrices fue operacionalizado
mediante las dimensiones planificación
metodológica, coordinación dinámica,
equilibrio, desplazamientos, manipulación de
objetos y juegos de orientación espacial. Por su
parte, la lateralidad fue estructurada mediante
las dimensiones dominancia manual,
dominancia podal, dominancia ocular,
orientación derecha-izquierda y coordinación
bilateral. Estas dimensiones fueron
seleccionadas considerando los planteamientos
de Le Boulch (2018), Da Fonseca (2022),
Gallahue et al. (2022) y Ayres (2018),
garantizando la correspondencia entre el marco
teórico y la evaluación empírica de las variables
estudiadas. La operacionalización permitió
establecer indicadores específicos para valorar
objetivamente los cambios producidos durante
la intervención.
La intervención consistió en la aplicación de un
programa de actividades motrices con una
duración de doce semanas, desarrollado
mediante tres sesiones semanales de cuarenta y
cinco minutos cada una. Cada sesión estuvo
organizada en tres momentos: una fase inicial
de calentamiento y activación motriz, una fase
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central orientada al desarrollo de actividades
relacionadas con la coordinación bilateral, el
equilibrio, la orientación espacial, los
desplazamientos y la identificación de los
segmentos corporales, y una fase final destinada
a la relajación, retroalimentación y
consolidación de los aprendizajes alcanzados.
Las actividades incluyeron circuitos motores,
juegos de persecución, ejercicios de
coordinación cruzada, desplazamientos con
cambios de dirección, actividades de
lanzamiento y recepción, dinámicas de
reconocimiento corporal y ejercicios de
identificación de derecha e izquierda adaptados
al nivel evolutivo de los niños. La planificación
metodológica respetó el principio de progresión
pedagógica, incrementando gradualmente la
complejidad de las actividades conforme
avanzó el programa de intervención.
La recolección de la información se realizó
mediante la aplicación del Test de Harris para la
evaluación de la lateralidad infantil,
instrumento ampliamente utilizado para
identificar la dominancia funcional de la mano,
el pie, el ojo y el oído. Complementariamente,
se utilizó una ficha de observación estructurada
destinada a registrar el desempeño de los niños
durante las actividades motrices relacionadas
con la coordinación bilateral, la orientación
espacial y el reconocimiento corporal. Ambos
instrumentos fueron sometidos a un proceso de
validación mediante juicio de cinco expertos
con experiencia en psicomotricidad, educación
inicial y metodología de la investigación. La
consistencia interna de la ficha de observación
fue determinada mediante el coeficiente Alfa de
Cronbach, obteniéndose un valor de 0,918,
considerado excelente según los criterios de
Nunnally y Bernstein (1994). Asimismo, el
análisis factorial exploratorio evidenció un
índice Kaiser-Meyer-Olkin de 0,903 y una
prueba de esfericidad de Bartlett
estadísticamente significativa (p < 0,001),
confirmando la adecuada validez de constructo
del instrumento. El procesamiento de los datos
se efectuó mediante el software IBM SPSS
Statistics versión 29. Inicialmente se desarrolló
un análisis descriptivo utilizando frecuencias,
porcentajes, medias y desviaciones estándar
para caracterizar el comportamiento de las
variables antes y después de la intervención.
Posteriormente, la normalidad de los datos fue
evaluada mediante la prueba de Shapiro-Wilk
debido al tamaño de la muestra. En caso de
verificarse una distribución normal (p > 0,05),
se aplicó la prueba t de Student para muestras
relacionadas con el propósito de comparar los
resultados del pretest y del postest dentro del
grupo experimental y del grupo control, así
como la prueba t para muestras independientes
para establecer diferencias entre ambos grupos
al finalizar la intervención. Se adoptó un nivel
de significancia estadística de α = 0,05,
considerando diferencias significativas cuando
el valor de p fuera inferior a dicho nivel.
Desde el punto de vista ético, la investigación
respetó los principios establecidos en la
Declaración de Helsinki para investigaciones
con seres humanos y las disposiciones
nacionales relacionadas con estudios
desarrollados en población infantil. La
participación de los niños fue completamente
voluntaria, previa firma del consentimiento
informado por parte de sus representantes
legales y del asentimiento verbal
correspondiente a la edad de los participantes.
Se garantizó la confidencialidad de la
información, el anonimato de los datos
obtenidos y el uso exclusivo de los resultados
con fines académicos y científicos. Asimismo,
las actividades motrices fueron supervisadas
permanentemente por docentes especializados
en educación inicial y psicomotricidad, quienes
velaron por la seguridad física y emocional de
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los niños durante todo el proceso de
intervención. Hipótesis general (H₁): El
programa de actividades motrices produce un
efecto significativo en el desarrollo de la
lateralidad en niños de 4 a 5 años. Hipótesis nula
(H₀): El programa de actividades motrices no
produce un efecto significativo en el desarrollo
de la lateralidad en niños de 4 a 5 años.
Tabla 1. Operacionalización de las variables.
Variable
Definición conceptual
Dimensiones
Indicadores
Instrumento
Programa de
actividades motrices
(Variable
independiente)
Conjunto de actividades
pedagógicas planificadas que
utilizan el movimiento para
favorecer el desarrollo
psicomotor y neuromotor del
niño.
Planificación metodológica;
coordinación dinámica;
equilibrio; desplazamientos;
manipulación de objetos;
orientación espacial.
Participación; ejecución
motriz; coordinación;
equilibrio; reconocimiento
corporal; desplazamientos.
Plan de
intervención y
ficha de
observación.
Desarrollo de la
lateralidad (Variable
dependiente)
Proceso de consolidación del
predominio funcional de un lado
del cuerpo como resultado de la
maduración neurológica y de las
experiencias motrices.
Dominancia manual;
dominancia podal; dominancia
ocular; orientación derecha-
izquierda; coordinación
bilateral.
Uso preferente de mano, pie y
ojo; identificación de derecha
e izquierda; coordinación de
ambos lados del cuerpo.
Test de Harris y
ficha de
observación.
Fuente: Elaboración propia.
Resultados y Discusión
La información obtenida durante el pretest y el
postest fue procesada mediante el software IBM
SPSS Statistics versión 29. Inicialmente se
realizó un análisis descriptivo con el propósito
de identificar el comportamiento de la
lateralidad antes y después de la aplicación del
programa de actividades motrices.
Posteriormente, se desarrolló el análisis
inferencial utilizando la prueba t de Student,
debido a que la prueba de normalidad de
Shapiro-Wilk evidenció una distribución
normal de los datos (p > 0,05). Los resultados
permitieron determinar el efecto del programa
sobre el desarrollo de la lateralidad en niños de
cuatro a cinco años.
Tabla 2. Resultados del pretest del desarrollo
de la lateralidad en el grupo experimental y
grupo control.
Grupo
Media
Desviación
estándar
Valor
p
Experimental
11,35
1,82
Control
11,20
1,76
0,792
Fuente: Elaboración propia.
Los resultados obtenidos durante la evaluación
inicial evidenciaron que ambos grupos
presentaban niveles similares en el desarrollo de
la lateralidad antes de iniciar la intervención. El
grupo experimental alcanuna media de 11,35
puntos, mientras que el grupo control obtuvo
una media de 11,20 puntos. La diferencia
observada entre ambos grupos fue mínima y la
prueba t para muestras independientes mostró
un valor de significancia de 0,792, superior al
nivel crítico establecido = 0,05). Este
resultado confirma que no existían diferencias
estadísticamente significativas al inicio del
estudio, garantizando que ambos grupos partían
de condiciones equivalentes para evaluar
posteriormente el efecto del programa de
actividades motrices.
Tabla 3. Resultados del postest del desarrollo
de la lateralidad en el grupo experimental y
grupo control.
Grupo
n
Media
Desviación
estándar
Valor
p
Experimental
20
18,45
1,37
Control
20
12,10
1,68
0,000
Fuente: Elaboración propia.
Al finalizar las doce semanas de intervención se
observó una mejora considerable en el
desarrollo de la lateralidad del grupo
experimental, el cual alcanzó una media de
18,45 puntos, mientras que el grupo control
obtuvo una media de 12,10 puntos. La
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diferencia entre ambos grupos fue altamente
significativa (p < 0,001), evidenciando que la
aplicación sistemática del programa de
actividades motrices produjo un efecto
favorable sobre la consolidación de la
lateralidad. Estos resultados permiten afirmar
que las actividades motrices planificadas
favorecieron significativamente la dominancia
funcional, la coordinación bilateral y la
orientación espacial de los niños participantes.
Tabla 4. Comparación del pretest y postest del
grupo experimental (Prueba t para muestras
relacionadas).
Evaluación
Media
Desviación
estándar
t
Valor
p
Pretest
11,35
1,82
Postest
18,45
1,37
17,62
0,000
Fuente: Elaboración propia.
La comparación entre el pretest y el postest del
grupo experimental evidenció un incremento
altamente significativo en el desarrollo de la
lateralidad. La media aumentó de 11,35 a 18,45
puntos, representando una mejora aproximada
del 62,6 % respecto a la evaluación inicial. La
prueba t para muestras relacionadas obtuvo un
valor de t = 17,62 con un nivel de significancia
inferior a 0,001, confirmando que las
diferencias observadas fueron consecuencia del
programa de actividades motrices y no del azar.
Estos resultados demuestran la efectividad de la
intervención para fortalecer los procesos
psicomotores asociados con la lateralidad
durante la educación inicial.
Tabla 5. Comparación del pretest y postest del
grupo control (Prueba t para muestras
relacionadas).
Evaluación
Media
Desviación
estándar
t
Valor
p
Pretest
11,20
1,76
Postest
12,10
1,68
1,84
0,081
Fuente: Elaboración propia.
En el grupo control se observó un ligero
incremento en los niveles de lateralidad,
pasando de una media de 11,20 puntos en el
pretest a 12,10 puntos en el postest. No
obstante, la prueba estadística mostró un valor
de significancia de 0,081, superior al nivel
establecido de 0,05, indicando que las
diferencias no fueron estadísticamente
significativas. Este comportamiento evidencia
que las actividades pedagógicas habituales
desarrolladas durante el período de estudio no
produjeron cambios importantes en el
desarrollo de la lateralidad cuando se comparan
con la intervención estructurada aplicada al
grupo experimental.
Tabla 6. Resultados por dimensiones del
desarrollo de la lateralidad en el grupo
experimental después de la intervención.
Dimensión
Pretest
Postest
Incremento
(%)
Dominancia manual
2,68
4,41
64,6 %
Dominancia podal
2,35
3,96
68,5 %
Dominancia ocular
2,09
3,47
66,0 %
Orientación derecha
izquierda
2,18
3,84
76,1 %
Coordinación
bilateral
2,05
3,77
83,9 %
Fuente: Elaboración propia.
El análisis por dimensiones permitió comprobar
que todas las áreas evaluadas presentaron
mejoras significativas después de la aplicación
del programa de actividades motrices. La mayor
variación se observó en la coordinación
bilateral, con un incremento del 83,9 %, seguida
por la orientación derecha-izquierda con un
76,1 %. Asimismo, la dominancia manual,
podal y ocular también evidenciaron
incrementos superiores al 60 %, demostrando
que las actividades propuestas estimularon de
manera integral los diferentes componentes de
la lateralidad. Estos resultados indican que la
intervención favoreció tanto la definición de la
dominancia corporal como la coordinación de
movimientos entre ambos lados del cuerpo.
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Tabla 7. Contraste de la hipótesis general.
Hipótesis
Prueba
estadística
Valor
obtenido
Significancia
Decisión
Efecto del programa de actividades motrices sobre el desarrollo
de la lateralidad
t de Student
17,62
0,000
Se acepta
H₁
Fuente: Elaboración propia.
La prueba t de Student confirmó que el
programa de actividades motrices produjo un
efecto altamente significativo sobre el
desarrollo de la lateralidad en niños de cuatro a
cinco años. El nivel de significancia obtenido (p
< 0,001) permitió rechazar la hipótesis nula y
aceptar la hipótesis de investigación,
demostrando que la intervención favoreció de
manera efectiva la consolidación de la
dominancia lateral, la coordinación bilateral y la
orientación espacial de los participantes. Los
hallazgos evidencian que la implementación de
programas sistemáticos de actividades motrices
durante la educación inicial constituye una
estrategia pedagógica eficaz para potenciar el
desarrollo psicomotor infantil y fortalecer
habilidades fundamentales para los
aprendizajes escolares posteriores.
Los resultados descriptivos e inferenciales
permitieron comprobar que el programa de
actividades motrices produjo mejoras
significativas en el desarrollo de la lateralidad
de los niños de cuatro a cinco años. El grupo
experimental presentó incrementos importantes
en todas las dimensiones evaluadas,
especialmente en la coordinación bilateral y la
orientación derecha-izquierda, mientras que el
grupo control most únicamente variaciones
leves que no alcanzaron significancia
estadística. La comparación entre ambos grupos
confirmó que las diferencias observadas fueron
consecuencia de la intervención aplicada,
demostrando que un programa motriz
planificado y ejecutado de forma sistemática
constituye una estrategia efectiva para
fortalecer el desarrollo psicomotor y favorecer
la consolidación de la lateralidad durante la
educación inicial. Los resultados obtenidos
demostraron que la aplicación del programa de
actividades motrices produjo un efecto
significativo en el desarrollo de la lateralidad de
los niños de cuatro a cinco años, evidenciado
por las diferencias estadísticamente
significativas observadas entre el grupo
experimental y el grupo control después de la
intervención (p < 0,001). El incremento
alcanzado por el grupo experimental en las
puntuaciones del Test de Harris confirma que
las experiencias motrices planificadas
favorecen la consolidación de la dominancia
lateral, la coordinación bilateral y la orientación
espacial durante la primera infancia. Estos
hallazgos permiten aceptar la hipótesis de
investigación y respaldan el planteamiento de
Gallahue et al. (2022), quienes sostienen que el
desarrollo motor depende de la interacción entre
la maduración biológica y las experiencias de
movimiento proporcionadas por el entorno
educativo.
De igual manera, Da Fonseca (2022) afirma que
la estimulación motriz sistemática fortalece la
organización funcional del sistema nervioso
central y favorece la integración de los procesos
perceptivos y motores responsables de la
construcción del esquema corporal. En
consecuencia, los resultados del presente
estudio evidencian que un programa
estructurado de actividades motrices constituye
una estrategia pedagógica eficaz para potenciar
el desarrollo psicomotor durante la educación
inicial y fortalecer capacidades fundamentales
para el aprendizaje posterior. La comparación
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entre el pretest y el postest del grupo
experimental permitió identificar una mejora
superior al sesenta por ciento en los niveles
generales de lateralidad, mientras que el grupo
control únicamente presentó variaciones leves
que no alcanzaron significancia estadística. Este
comportamiento confirma que las actividades
pedagógicas habituales desarrolladas dentro del
aula resultan insuficientes para producir
cambios relevantes cuando no incluyen
estrategias específicas orientadas al
fortalecimiento de la lateralidad. Los resultados
coinciden con las investigaciones desarrolladas
por Robinson et al. (2022), quienes concluyeron
que los programas motrices estructurados
favorecen significativamente el desarrollo de
las habilidades motoras fundamentales y de la
coordinación corporal en niños de educación
inicial.
Del mismo modo, Brian et al. (2023) señalaron
que las intervenciones basadas en juegos
motores y circuitos psicomotrices incrementan
la competencia motriz y mejoran la
organización perceptiva durante la etapa
preescolar. Estas coincidencias permiten
afirmar que la planificación sistemática de
actividades motrices genera adaptaciones
funcionales superiores a las obtenidas mediante
actividades físicas espontáneas o recreativas,
fortaleciendo el desarrollo integral de los niños
desde edades tempranas. Uno de los hallazgos
más relevantes del estudio corresponde a las
mejoras observadas en las dimensiones de
coordinación bilateral y orientación derecha-
izquierda, las cuales presentaron los mayores
incrementos después de la intervención. Estos
resultados indican que las actividades motrices
diseñadas para estimular movimientos
cruzados, desplazamientos multidireccionales,
juegos de equilibrio y reconocimiento corporal
favorecieron significativamente la integración
funcional entre ambos hemisferios cerebrales.
Desde la perspectiva de la teoría de la
integración sensorial, Ayres (2018) sostiene que
la coordinación eficiente entre los sistemas
visual, vestibular y propioceptivo constituye la
base del desarrollo de la lateralidad y del control
motor durante la infancia. Asimismo, Kolb y
Gibb (2021) explican que la plasticidad cerebral
característica de los primeros años de vida
permite que las experiencias motrices
fortalezcan las conexiones neuronales
responsables de la coordinación bilateral y de la
organización espacial.
En consecuencia, los resultados obtenidos
evidencian que la aplicación de programas
motrices estructurados favorece procesos de
reorganización funcional que contribuyen al
desarrollo de habilidades psicomotrices
esenciales para el aprendizaje escolar. Los
resultados relacionados con la dominancia
manual, podal y ocular también evidenciaron
mejoras importantes en el grupo experimental,
confirmando que la intervención favoreció la
consolidación progresiva de la lateralidad
funcional. Este hallazgo resulta especialmente
relevante debido a que la definición de la
dominancia lateral constituye uno de los
procesos madurativos más importantes entre los
cuatro y los siete años, etapa en la que el sistema
nervioso alcanza un elevado nivel de
especialización funcional.
Le Boulch (2018) sostiene que la educación
psicocinética facilita la organización del
esquema corporal mediante experiencias
motrices que integran el movimiento, la
percepción y la orientación espacial. De igual
manera, Ruiz Pérez (2020) afirma que las
actividades motrices adecuadamente
planificadas fortalecen la coordinación global y
favorecen la consolidación de las preferencias
laterales necesarias para la ejecución eficiente
de tareas escolares posteriores. Los resultados
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de la presente investigación respaldan estas
afirmaciones al demostrar que la estimulación
motriz sistemática contribuye
significativamente al desarrollo equilibrado de
las diferentes manifestaciones de la lateralidad
durante la educación inicial.
Desde la perspectiva de la neuroeducación, los
resultados obtenidos permiten comprender que
el movimiento constituye un elemento esencial
para el desarrollo de funciones cognitivas
estrechamente relacionadas con el aprendizaje
escolar. Diversas investigaciones han
demostrado que el fortalecimiento de la
lateralidad favorece procesos como la
orientación espacial, la coordinación óculo-
manual, la atención, la memoria de trabajo y las
funciones ejecutivas, capacidades que
posteriormente intervienen en el aprendizaje de
la lectura, la escritura y el razonamiento lógico-
matemático. Diamond (2020) sostiene que la
actividad motriz estimula múltiples regiones
cerebrales responsables del procesamiento
cognitivo, mientras que Tomporowski et al.
(2020) destacan que la participación regular en
actividades físicas estructuradas mejora el
funcionamiento ejecutivo y la autorregulación
durante la infancia.
En este contexto, las mejoras observadas en la
presente investigación no solo representan
avances en el ámbito psicomotor, sino que
también constituyen indicadores del
fortalecimiento de procesos neurológicos que
favorecen el desarrollo integral del niño y
optimizan sus oportunidades de éxito en etapas
posteriores de la escolarización. Aunque la
investigación evidenció resultados altamente
favorables, es importante reconocer algunas
limitaciones metodológicas que deben
considerarse al interpretar los hallazgos. El
estudio fue desarrollado en una única
institución educativa y con una muestra
relativamente reducida, lo que limita la
generalización de los resultados hacia otras
poblaciones infantiles con características
socioculturales diferentes. Asimismo, la
duración de la intervención se limitó a doce
semanas, por lo que no fue posible evaluar la
permanencia de los efectos obtenidos en el
mediano o largo plazo. Estas limitaciones abren
nuevas líneas de investigación orientadas a
desarrollar estudios multicéntricos, con
muestras más amplias y seguimientos
longitudinales que permitan analizar la
estabilidad de las mejoras alcanzadas y su
influencia sobre el rendimiento académico
posterior. No obstante, la evidencia obtenida
demuestra que los programas de actividades
motrices constituyen una estrategia pedagógica
altamente efectiva para fortalecer el desarrollo
de la lateralidad durante la educación inicial,
aportando fundamentos científicos que
respaldan su incorporación sistemática dentro
de la planificación curricular y contribuyendo al
mejoramiento de la calidad de los procesos
educativos dirigidos a la primera infancia.
Conclusiones
Los resultados obtenidos permitieron concluir
que la aplicación de un programa de actividades
motrices produjo un efecto significativo en el
desarrollo de la lateralidad en niños de cuatro a
cinco años, confirmándose la hipótesis general
planteada en la investigación. La comparación
entre el grupo experimental y el grupo control
evidenció diferencias estadísticamente
significativas al finalizar la intervención,
demostrando que la participación sistemática en
actividades motrices planificadas favoreció la
consolidación de la dominancia lateral, la
coordinación bilateral y la orientación espacial
de los niños. Estos hallazgos confirman que el
movimiento constituye un recurso pedagógico
esencial durante la educación inicial y que su
adecuada planificación contribuye de manera
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directa al fortalecimiento del desarrollo
psicomotor, proporcionando bases sólidas para
la adquisición de aprendizajes posteriores
relacionados con la lectura, la escritura y otras
habilidades cognitivas.
Asimismo, la investigación permitió establecer
que el programa de actividades motrices
favoreció mejoras significativas en todas las
dimensiones evaluadas de la lateralidad,
destacándose especialmente la coordinación
bilateral y la orientación derecha-izquierda,
seguidas de la dominancia manual, podal y
ocular. Estos resultados evidencian que las
actividades basadas en juegos motores,
circuitos psicomotrices, ejercicios de equilibrio,
desplazamientos y coordinación cruzada
constituyen estrategias metodológicas
altamente eficaces para estimular la maduración
neurológica y fortalecer la organización
funcional del esquema corporal durante la
primera infancia. En consecuencia, la
incorporación sistemática de programas de
estimulación motriz dentro de la planificación
curricular representa una alternativa pedagógica
que contribuye al desarrollo integral de los
niños y optimiza sus capacidades motrices y
perceptivas desde edades tempranas.
De igual manera, los hallazgos obtenidos
demuestran que las actividades pedagógicas
tradicionales, cuando no incorporan propuestas
específicas orientadas al desarrollo psicomotor,
generan avances limitados en la consolidación
de la lateralidad. Esta situación pone de
manifiesto la necesidad de fortalecer las
prácticas educativas mediante metodologías
activas, lúdicas y progresivas que promuevan
experiencias de movimiento estructuradas y
adaptadas a las características evolutivas de los
niños de cuatro a cinco años. En este sentido,
los docentes de educación inicial desempeñan
un papel fundamental en el diseño y aplicación
de estrategias motrices que favorezcan el
desarrollo de habilidades esenciales para la
organización espacial, la coordinación corporal
y el aprendizaje escolar futuro, consolidando
ambientes educativos que respondan de manera
integral a las necesidades del desarrollo infantil.
La presente investigación aporta evidencia
científica relevante para el contexto ecuatoriano
al abordar una temática que aún presenta
limitada producción académica en el ámbito de
la educación inicial y la psicomotricidad. Los
resultados constituyen un referente para
docentes, directivos y responsables de la
planificación educativa interesados en
fortalecer el desarrollo motor infantil mediante
intervenciones fundamentadas en evidencia
científica.
Asimismo, el estudio abre nuevas perspectivas
para futuras investigaciones orientadas a
evaluar programas de mayor duración,
incorporar muestras más amplias y analizar el
efecto de las actividades motrices sobre otras
variables relacionadas con el desarrollo infantil,
como las funciones ejecutivas, el aprendizaje de
la lectoescritura, el desarrollo socioemocional y
el rendimiento académico. De esta manera, se
contribuye al fortalecimiento de prácticas
pedagógicas innovadoras que favorezcan una
educación inicial de mayor calidad, centrada en
el desarrollo integral y el bienestar de los niños.
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Ramírez Yari, Britney Nagely Córdova
Chuquimarca, Steven Arturo Torres Burgos.
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Declaraciones éticas y editoriales del artículo
Contribución de los autores (Taxonomía CRediT)
Anthony Steeven Ramírez Yari: conceptualización de la investigación, diseño metodológico, desarrollo del proceso investigativo, análisis formal de
los datos, redacción del borrador original del manuscrito, revisión crítica del contenido científico y supervisión general del estudio.
Britney Nagely Córdova Chuquimarca: curación y organización de los datos, participación en la recolección de información, validación de los resultados
obtenidos y elaboración de representaciones gráficas y visualización de los datos.
Steven Arturo Torres Burgos: provisión de recursos académicos y materiales para el desarrollo del estudio, apoyo en la administración del proyecto
investigativo y revisión editorial del manuscrito antes de su publicación.
Declaración de conflicto de intereses
Los autores declaran que no existe conflicto de intereses en relación con la investigación presentada, la autoría del manuscrito ni la publicación del
presente artículo.
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La presente investigación no recibió financiamiento específico de agencias públicas, comerciales o de organizaciones sin fines de lucro. En caso de
existir financiamiento institucional o externo, este deberá ser declarado explícitamente por los autores en esta sección.
Declaración del editor
El editor responsable certifica que el proceso editorial del presente artículo se desarrolló conforme a los principios de integridad científica, transparencia
y buenas prácticas editoriales. El manuscrito fue sometido a un proceso de evaluación mediante revisión por pares doble ciego, garantizando la
confidencialidad de la identidad de los autores y revisores durante todo el proceso de dictamen académico. Asimismo, el editor declara que el artículo
cumple con los criterios científicos, metodológicos y éticos establecidos por la revista.
Declaración de los revisores
Los revisores externos que participaron en la evaluación del presente manuscrito declaran haber realizado el proceso de revisión de manera objetiva,
independiente y confidencial. Asimismo, manifiestan que no mantienen conflictos de interés con los autores ni con la investigación evaluada, y que sus
observaciones y recomendaciones se fundamentan exclusivamente en criterios científicos, metodológicos y académicos.
Declaración ética de la investigación
Los autores declaran que la investigación se desarrolló respetando los principios éticos de la investigación científica, garantizando la confidencialidad
de los datos y el respeto a los participantes del estudio. En los casos en que la investigación involucre seres humanos, los procedimientos deben ajustarse
a los principios éticos establecidos en la Declaración de Helsinki y a las normativas institucionales correspondientes.
Declaración sobre el uso de inteligencia artificial
Los autores declaran que el uso de herramientas de inteligencia artificial, en caso de haberse utilizado durante el proceso de investigación o redacción
del manuscrito, se realizó únicamente como apoyo técnico para mejorar la claridad del lenguaje o el análisis de información, manteniendo siempre la
responsabilidad intelectual sobre el contenido del artículo. Las herramientas de inteligencia artificial no fueron utilizadas como autoras del manuscrito
ni sustituyen la responsabilidad académica de los investigadores.
Disponibilidad de datos
Los datos que respaldan los resultados de esta investigación estarán disponibles previa solicitud razonable al autor de correspondencia, respetando las
normas éticas y de confidencialidad establecidas por la investigación.