Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 5
Mayo del 2026
del entorno.
Como sostienen Gupta et al.
promotor educativo para realizar acciones tan
básicas como descargar o subir un PDF o link.
Aquí es donde la figura del docente cobra un
valor incalculable. La altísima valoración de la
claridad docente (78,1%) nos dice que el
profesor no solo está enseñando inglés o
matemáticas, sino que está actuando como un
soporte emocional y técnico que compensa las
fallas de diseño de la plataforma.
(2020), una comunicación asertiva reduce la
frustración causada por errores técnicos
frecuentes, permitiendo que el estudiante se
enfoque en el contenido académico a pesar de
los obstáculos de usabilidad.
Es relevante notar que, a pesar de que los ítems
anteriores revelaron barreras significativas en la
interfaz de Moodle (como la dificultad para
identificar botones o descargar archivos), la
claridad de los docentes ha permitido que el
77,1% de los estudiantes apruebe sus unidades
(Ítem 10). Los resultados de esta investigación
nos invitan a reflexionar sobre la verdadera
experiencia del estudiante adulto que, tras años
de haber pausado su formación, regresa a un
aula virtual. Al analizar los datos, surge una
realidad profundamente humana: existe un
compromiso admirable por avanzar, reflejado
en un 79,2% de puntualidad en las entregas de
tareas y actividades, pero este esfuerzo se ve
frenado por una plataforma que no siempre
habla su mismo lenguaje.
Conclusiones
La usabilidad de Moodle en la institución aún
no alcanza un nivel de madurez que permita al
estudiante adulto ser independiente. Las
dificultades para identificar elementos básicos y
descargar materiales (que afectan al 43,8% de
los usuarios) demuestran que el diseño actual
impone una "fatiga digital" que podría evitarse
con una interfaz más limpia y amigable. Se
determino que aprobar unidades no es lo mismo
que dominar la tecnología. El alto índice de
aprobación (77,1%) es una excelente noticia,
pero debe ir acompañado de un plan de
alfabetización digital que devuelva al estudiante
la dignidad de poder estudiar por sí mismo, sin
depender de terceros.
Es preocupante observar que casi la mitad de los
estudiantes (41,7%) siente que navegar por el
menú y botones es una tarea difícil y eso se
confirma en el cumplimiento y calidad de
tareas. Como bien señala Nielsen (2020), una
herramienta digital debería ser un puente, no un
obstáculo. Para este grupo de personas,
mayoritariamente entre los 41 y 50 años, la
tecnología se percibe a veces como un obstáculo
para lograr sus objetivos académicos (culminar
el colegio). Esta brecha digital no es solo una
falta de internet o equipos; es, como indican
Velasco et al. (2021), una barrera de confianza
y autonomía que afecta la esencia misma del
aprendizaje. La paradoja más grande se
encuentra en la autonomía: solo 2 de cada 10
estudiantes sienten que pueden caminar solos en
este entorno virtual. El resto de estudiantes
dependen de un familiar, un vecino o un
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La investigación permite concluir que la labor
pedagógica es el verdadero motor del programa.
A pesar de los tropiezos técnicos con la
plataforma, la claridad y el acompañamiento de
los docentes logran que los estudiantes no se
rindan. El éxito académico reportado es,
fundamentalmente, un éxito de la comunicación
humana
informático.
muchos, el único compañero de estudio, la falta
de una adaptabilidad total (27,1% de
sobre
la
frialdad
del
sistema
Dado que el celular es, para
insatisfacción) se traduce en una barrera de
exclusión. Para una verdadera inclusión en la
educación virtual, es imperativo que la
plataforma sea tan fácil de usar en un teléfono
como cualquier red social común.