Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 3.1
Edición Especial III 2026
Página 661
SIGNOS DERMATOLÓGICOS ASOCIADOS A INFECCIONES NECROTIZANTES DE
TEJIDOS BLANDOS Y NECESIDAD DE INTERVENCIÓN QUIRÚRGICA
DERMATOLOGICAL SIGNS ASSOCIATED WITH NECROTIZING SOFT-TISSUE
INFECTIONS AND THE NEED FOR SURGICAL INTERVENTION
Autores: ¹Miryan Janeth Cañar Jiménez, ²Ricardo Sebastián Arias Cañar, ³Joselyn Estefanía
Villacis Guamán,
4
María José López Pinta y
5
Sebastián Alexander Negrete Esparza.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0007-6334-8900
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0004-3237-2228
3
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0003-2801-376X
4
ORCID ID: https://orcid.org/0000-0003-3021-0925
5
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-9925-9082
¹E-mail de contacto: miryanjcj@gmail.com
²E-mail de contacto: ruky2903@gmail.com
³E-mail de contacto: joselynestefavillacis@gmail.com
4
E-mail de contacto: joec_2019@yahoo.es
5
E-mail de contacto: sebastian.coldplay@hotmail.com
Afiliación:¹*
4*
Universidad Técnica de Ambato (Ecuador) ²*Pontificia Universidad Católica del Ecuador (Ecuador) ³*Investigadora
Independiente (Ecuador)
5
*Médico Rural - Ministerio de Salud Pública del Ecuador (Ecuador).
Articulo recibido: 4 de Abril del 2026
Articulo revisado: 9 de Abril del 2026
Articulo aprobado: 14 de Abril del 2026
¹Médico General, egresada de la Universidad Central del Ecuador (Ecuador), con 17 años de experiencia laboral. Magister en Gerencia
en Salud para el desarrollo local egresada de la Universidad Técnica Particular de Loja (Ecuador). Especialista en Medicina Familiar y
Comunitaria, egresada de la Universidad Técnica de Ambato (Ecuador).
²Médico General, egresado de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (Ecuador), con 2 años de experiencia laboral. Maestrante
de la maestría en Gerencia en Salud, Universidad Internacional del Ecuador (Ecuador).
³Médico General, egresada de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (Ecuador), con 2 años de experiencia laboral.
4
Médico General, egresada de la Universidad Técnica de Ambato (Ecuador), con 17 años de experiencia laboral. Especialista en Medicina
Familiar y Comunitaria, egresada de la Universidad Técnica de Ambato (Ecuador).
5
Médico General, egresado de la Universidad Tecnica del Norte (Ecuador), con 1 año de experiencia laboral.
Resumen
El objetivo del presente estudio fue identificar
y analizar los signos dermatológicos asociados
a las infecciones necrotizantes de tejidos
blandos y su relación con la necesidad de
intervención quirúrgica urgente. Se realizó una
revisión sistemática siguiendo las directrices
PRISMA 2020 mediante una búsqueda en
bases de datos biomédicas que incluyó estudios
publicados entre los años 2019 y 2026
seleccionando 18 estudios tras aplicar criterios
de inclusión y exclusión, y evaluar su calidad
metodológica. Los resultados evidenciaron que
el dolor desproporcionado a los hallazgos
físicos constituye el signo temprano más
frecuente y sensible, a mismo, el eritema y el
edema fueron comunes en fases iniciales,
aunque inespecíficos. En etapas avanzadas, la
presencia de ampollas, necrosis cutánea,
equimosis y crepitación se asoció con mayor
gravedad clínica, incremento del riesgo de
amputación y mayor mortalidad. Se identificó
que el desbridamiento quirúrgico realizado en
las primeras seis horas desde la presentación
hospitalaria reduce la mortalidad, mientras que
el retraso diagnóstico continúa siendo un
problema frecuente. Se concluye que las
infecciones necrotizantes de tejidos blandos
constituyen un diagnóstico clínico en el que la
identificación oportuna de signos de alarma es
fundamental para activar una intervención
quirúrgica inmediata, el tiempo transcurrido
hasta la cirugía representa el factor s
determinante para la supervivencia del
paciente.
Palabras clave: Fascitis necrotizante, Signos
dermatológicos, Tejidos blandos,
Desbridamiento quirúrgico, Urgencia
quirúrgica.
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Abstract
The objective of this study was to identify and
analyze the dermatological signs associated
with necrotizing soft tissue infections and their
relationship to the need for urgent surgical
intervention. A systematic review was
conducted following the PRISMA 2020
guidelines through a search of biomedical
databases that included studies published
between 2019 and 2026. Eighteen studies were
selected after applying inclusion and exclusion
criteria and evaluating their methodological
quality. The results showed that pain
disproportionate to physical findings is the
most frequent and sensitive early sign;
likewise, erythema and edema were common in
the early stages, although nonspecific. In
advanced stages, the presence of blisters, skin
necrosis, ecchymosis, and crepitus was
associated with greater clinical severity,
increased risk of amputation, and higher
mortality. It was found that surgical
debridement performed within the first six
hours of hospital admission reduces mortality,
while delayed diagnosis remains a common
problem. It is concluded that necrotizing soft
tissue infections constitute a clinical diagnosis
in which the timely identification of warning
signs is essential for initiating immediate
surgical intervention; the time elapsed until
surgery represents the most decisive factor for
patient survival.
Keywords: Necrotizing fascitis,
Dermatological signs, Soft tissues, Surgical
debridement, Surgical emergency.
Sumário
O objetivo do presente estudo foi identificar e
analisar os sinais dermatológicos associados às
infecções necrosantes dos tecidos moles e sua
relação com a necessidade de intervenção
cirúrgica de urgência. Foi realizada uma
revisão sistemática seguindo as diretrizes
PRISMA 2020 por meio de uma pesquisa em
bancos de dados biomédicos que incluiu
estudos publicados entre os anos de 2019 e
2026, selecionando 18 estudos após a aplicação
de critérios de inclusão e exclusão e a avaliação
de sua qualidade metodológica. Os resultados
evidenciaram que a dor desproporcional aos
achados físicos constitui o sinal precoce mais
frequente e sensível; da mesma forma, o
eritema e o edema foram comuns nas fases
iniciais, embora inespecíficos. Em estágios
avançados, a presença de bolhas, necrose
cutânea, equimose e crepitação foi associada a
maior gravidade clínica, aumento do risco de
amputação e maior mortalidade. Verificou-se
que o desbridamento cirúrgico realizado nas
primeiras seis horas após o admissão hospitalar
reduz a mortalidade, enquanto o atraso no
diagnóstico continua sendo um problema
frequente. Conclui-se que as infecções
necrosantes dos tecidos moles constituem um
diagnóstico clínico em que a identificação
oportuna dos sinais de alarme é fundamental
para acionar uma intervenção cirúrgica
imediata, sendo que o tempo decorrido até a
cirurgia representa o fator mais determinante
para a sobrevivência do paciente.
Palavras-chave: Fascite necrosante, Sinais
dermatológicos, Tecidos moles,
Desbridamento cirúrgico, Urgência
cirúrgica.
Introducción
Las infecciones necrotizantes de tejidos blandos
(INTB), conocidas en la literatura internacional
como Necrotizing Soft-Tissue Infections
(NSTI) representan un espectro de
enfermedades raras pero devastadoras,
caracterizadas por una necrosis progresiva y
fulminante que afecta la piel, el tejido celular
subcutáneo y la fascia superficial las cuales se
han convertido en emergencias quirúrgicas
críticas que requieren un diagnóstico inmediato
y un desbridamiento agresivo para evitar un
desenlace fatal (Bisgaard, E., et al. 2024). El
término INTB es actualmente preferido sobre
denominaciones históricas como "bacteria
devoradora de carne" o "fascitis necrotizante",
ya que engloba de manera más integral la
patología independientemente de la
profundidad de la lesión o su ubicación
anatómica (Gundersen, I., et al. 2024).
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Fisiopatológicamente, el proceso se
desencadena habitualmente tras una ruptura en
la integridad cutánea o de la mucosa, que
permite la entrada de bacterias a los planos
profundos es decir una vez en la fascia, los
microorganismos proliferan y liberan
exotoxinas que provocan isquemia tisular,
necrosis licuefactiva y toxicidad sistémica
masiva (Martínez, N. 2020). En casos de
gangrena gaseosa clostridiana, el proceso se
divide en etapas que van desde la proliferación
inicial hasta el shock irreversible y la falla
orgánica sistémica (Urbina, T., et al. 2020).
Aunque pueden afectar cualquier región, las
extremidades especialmente las inferiores son
las más involucradas, seguidas por la región
perineal y genital denominada gangrena de
Fournier y el tronco (May, A., et al. 2020).
Clasificatoriamente, las INTB se dividen según
el perfil microbiológico: el Tipo I o
polimicrobiano es el s frecuente del 70 al
80% de los casos y suele afectar a pacientes con
comorbilidades como diabetes; el Tipo II o
monomicrobiano, se da principalmente por
Streptococcus pyogenes o estreptococo del
grupo A se asocia a una rápida toxicidad
sistémica y puede ocurrir en individuos
previamente sanos; el Tipo III es causado por
especies marinas como Vibrio vulnificus; y el
Tipo IV corresponde a infecciones fúngicas
(Pelletier, J., et al 2020).
La gravedad de las INTB reside en su capacidad
de propagación, pudiendo avanzar a una
velocidad de hasta una pulgada por hora a lo
largo de los planos fasciales donde la tasa de
mortalidad ha sido alta, situándose entre el 10%
y el 29%, aunque en casos complicados con
choque séptico o falla orgánica puede alcanzar
el 70% o incluso el 100% si no se logra el
control quirúrgico de la fuente (Nawijn, F., et
al. 2021). A pesar de los avances en cuidados
intensivos, la mortalidad se ha mantenido
relativamente estable en las últimas décadas.
Sin embargo, el impacto de las INTB no se
limita a la supervivencia intrahospitalaria
(Tessier, J., et al. 2019). Entre el 10% y el 20%
de los pacientes con afectación de extremidades
sufren amputaciones donde los supervivientes
enfrentan una morbilidad a largo plazo que
incluye desfiguración, dolor crónico,
contracturas y una reducción drástica en la
calidad de vida relacionada con la salud (Sen,
P., et al. 2023). Los trastornos de estrés
postraumático y la depresión son más comunes
en estos pacientes que en otros supervivientes
de choque séptico no relacionado con INTB.
A nivel mundial, la incidencia de las INTB se
estima en aproximadamente 0.4 a 4 casos por
cada 100,000 habitantes al año. No obstante,
existen variaciones geográficas notables; en
Tailandia se han reportado tasas de hasta 15.5
casos por 100,000 habitantes, en los Estados
Unidos, se estima que se capturan entre 500 y
1,500 casos anuales, con una tendencia al
aumento vinculada al incremento de la
obesidad, la diabetes y los estados de
inmunosupresión en la población (Suijker, J., et
al. 2021).
En el contexto de Latinoamérica, existen
reportes contemporáneos sobre causas de
infecciones de tejidos blandos en la región, pero
las fuentes analizadas no proporcionan datos
estadísticos específicos de incidencia o
mortalidad para Ecuador, lo que resalta una
brecha crítica en la vigilancia epidemiológica
local y justifica la necesidad de revisiones que
sistematicen el conocimiento para mejorar el
abordaje clínico en la región.
El mayor desafío para el clínico es que las INTB
son, en sus etapas iniciales, "grandes
imitadoras", con frecuencia son indistinguibles
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de infecciones superficiales benignas como la
celulitis o abscesos simples. Se estima que
aproximadamente el 50% de los casos son
inicialmente mal diagnosticados y en algunos
servicios de urgencias esta cifra puede llegar al
65%.
Este error diagnóstico es crítico porque "el
tiempo es fascia" donde el desbridamiento
quirúrgico dentro de las primeras 6 horas desde
la presentación puede reducir la mortalidad a la
mitad. Por el contrario, cada hora de retraso en
el diagnóstico y la intervención definitiva
aumenta exponencialmente el riesgo de sepsis,
falla renal aguda, amputación y muerte, la
confusión ocurre porque los signos
patognomónicos suelen ser tardíos, y muchos
clínicos confían excesivamente en pruebas de
imagen o laboratorio que pueden ser negativas
en fases tempranas (Watkins, R., et al. 2021).
Ante la ausencia de una prueba biológica o
radiológica perfecta, el diagnóstico de las INTB
sigue siendo primordialmente clínico, la
sospecha debe activarse ante cualquier
infección cutánea que presente signos locales de
gravedad.
Signos tempranos: El más distintivo es el
dolor desproporcionado a los hallazgos
físicos, otros signos iniciales inespecíficos
incluyen eritema, edema tenso y calor local.
Signos de progresión y tardíos: Aparecen a
medida que la necrosis avanza y se
manifiesta en la superficie. Estos incluyen la
formación de ampollas o flictenas
especialmente las hemorrágicas, coloración
violácea o cianótica de la piel, necrosis
cutánea franca, anestesia local por
destrucción de nervios superficiales y
crepitación que indica gas en los tejidos.
Se han desarrollado herramientas como el
puntaje LRINEC (Laboratory Risk Indicator for
Necrotizing Fasciitis) las cuales utilizan
parámetros como la proteína C reactiva y los
leucocitos para categorizar el riesgo. Sin
embargo, su sensibilidad es subóptima; se han
documentado casos con puntajes de riesgo bajo
como un LRINEC de 3 que resultaron ser INTB
fulminantes, lo que refuerza que el juicio clínico
y los signos físicos deben prevalecer sobre los
sistemas de puntuación.
A pesar de la vasta literatura, persiste una falta
de sistematización sobre qué constelación de
signos dermatológicos posee el mayor valor
predictivo positivo para una intervención
quirúrgica inmediata, existe incertidumbre
sobre cómo diferenciar de manera robusta,
mediante el examen físico, a aquellos pacientes
que requieren cirugía urgente de aquellos con
infecciones no necrotizantes severas (Tedesco,
S., et al. 2025). Además, la mayoría de los
estudios se centran en resultados de mortalidad,
dejando de lado la utilidad de los signos
cutáneos como predictores de la extensión de la
cirugía o del riesgo de amputación (Urbina, T.,
et al. 2021).
Por ello el objetivo fundamental de esta revisión
sistemática es identificar y analizar los signos
dermatológicos asociados a infecciones
necrotizantes de tejidos blandos y su relación
con la necesidad de intervención quirúrgica
urgente, a través de esta síntesis de evidencia, se
busca proporcionar a los médicos de primera
línea herramientas clínicas más precisas para el
reconocimiento temprano de esta patología y
responder a la siguiente interrogante: ¿Cuál es
la precisión diagnóstica de los signos
dermatológicos clásicos para predecir la
necesidad de desbridamiento quirúrgico
inmediato en pacientes con sospecha de
infección necrotizante de tejidos blandos?
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Materiales y Métodos
Se realizó una revisión sistemática siguiendo las
directrices PRISMA donde la búsqueda se
limitó a artículos publicados en un periodo del
2019 al 2026 con el fin de capturar las
innovaciones en el diagnóstico clínico de las
infecciones necrotizantes. Para estructurar la
investigación, se formuló la siguiente pregunta
PICO (Tabla 1):
Tabla 1. Pregunta PICO
P (Población)
Pacientes con sospecha o diagnóstico
confirmado de infecciones
necrotizantes de tejidos blandos
(INTB).
I (Intervención)
Identificación de signos
dermatológicos.
C (Comparación)
Infecciones de tejidos blandos no
necrotizantes.
O (Outcome)
Precisión diagnóstica para predecir la
necesidad de intervención quirúrgica
urgente.
Fuente: Elaboración propia
La búsqueda se llevó a cabo en las siguientes
bases de datos: PubMed/MEDLINE, Scopus,
Web of Science y LILACS. Se utilizaron
descriptores de salud (MeSH) y términos libres
combinados con operadores booleanos (OR,
AND) de la siguiente manera: "Necrotizing Soft
Tissue Infections" OR "Fasciitis, Necrotizing"
OR "Fournier Gangrene" AND "Skin
Manifestations" OR "Skin Signs" OR
"Dermatologic Findings" OR "Erythema" OR
"Skin Necrosis" OR "Bullae" AND "Surgical
Procedures, Operative" OR "Debridement" OR
"Emergency Surgery" OR "Surgical
Intervention"
Se incluyeron estudios que cumplieran con los
siguientes requisitos:
Estudios realizados en seres humanos.
Artículos originales de corte observacional.
Reportes de casos y series de casos con
descripción clínica detallada.
Estudios que analizaran la relación entre
hallazgos físicos y la necesidad de cirugía.
Se descartaron las publicaciones que
presentaran:
Revisiones narrativas, editoriales o cartas al
editor sin datos originales.
Estudios que no incluyeran una descripción
detallada de los signos dermatológicos en la
presentación inicial.
Estudios duplicados en las diferentes bases
de datos consultadas.
Figura 1: Diagrama Prisma
Fuente: Elaboración propia
La selección de los estudios se realizó en tres
fases: 1) Eliminación de duplicados; 2) Cribado
para descartar artículos irrelevantes; 3)
Evaluación a texto completo donde se
identificaron inicialmente 389 artículos. Tras la
eliminación de duplicados se filtraron 276
artículos, tras la evaluación de cumplimiento de
criterios de elegibilidad, se seleccionaron 18
artículos para la síntesis cualitativa. Los datos
de estos estudios fueron sistematizados en una
tabla de resultados que resume los signos físicos
reportados y su correlación con la urgencia
quirúrgica (Figura 1).
Para garantizar la solidez de la evidencia, se
evaluó el riesgo de sesgo de los estudios
incluidos utilizando herramientas validadas
según el diseño:
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Newcastle-Ottawa Scale: Empleada para
evaluar la calidad de los estudios de cohortes
y casos-controles, analizando la selección de
participantes, la comparabilidad de los
grupos y la medición del resultado.
Joanna Briggs Institute Critical Appraisal
Tool: Utilizada para la evaluación crítica de
los reportes de casos y series de casos
incluidos.
Este proceso de evaluación permitió ponderar el
nivel de evidencia de cada signo dermatológico
identificado como predictor de cirugía.
Resultados
Tras el proceso de cribado descrito se
incluyeron 18 estudios para la síntesis de
evidencia, la selección se basó en la presencia
de descripciones clínicas dermatológicas, el
reporte de intervenciones quirúrgicas y la
vinculación de estos signos con resultados
como el desbridamiento urgente, la amputación
o la mortalidad. Los estudios seleccionados
abarcan desde grandes análisis de bases de datos
nacionales hasta cohortes prospectivas
multicéntricas de los últimos años. (ver tabla 1):
Tabla 1. Resultados obtenidos de hallazgos clínicos y relación quirúrgica
Autor/Año
Tipo de estudio
Signos
Dermatológicos
Relación con la cirugía
Resultados
Suzuki, H., et al. (2020)
Transversal
(Base de datos
DPC, Japón)
Signos: Gangrena
cutánea y necrosis
franca.
El estudio analizó pacientes que
requirieron operaciones dentro de los
primeros 2 días del ingreso donde el
desbridamiento agresivo y la
escisión inicial expedita fueron los
pilares para reducir la morbilidad, el
73% de los supervivientes recibió
cirugía temprana en comparación
con el 67% de los fallecidos.
La mortalidad general fue del 6.9%
donde se identificó que la edad
avanzada, el bajo IMC <18.5, la sepsis
al ingreso y el cáncer son predictores
clave de muerte. La cirugía de
amputación se realizó en el 12.2% de
los casos 560 pacientes siendo la
necrosis cutánea y la gangrena
predictores independientes para esta
intervención.
Katz, S., et al. (2022)
Cohorte
prospectiva
(INFECT)
Signos tardíos:
Flictenas o ampollas
(bullae)
preoperatorias.
Se evaluó el uso de sistemas de
soporte para predecir la necesidad
quirúrgica, los signos clínicos como
las flictenas preoperatorias se
identificaron como variables críticas
que deben alertar al cirujano sobre la
gravedad sistémica antes de entrar a
quirófano.
El modelo de machine learning logró
predecir la mortalidad a 30 días con un
AUC de 0.91, la mortalidad reportada
en la cohorte INFECT fue del 10 al
29%. Además de la muerte, se observó
una alta morbilidad a largo plazo
debido a cicatrices extensas y
amputaciones.
Urbina, T., et al. (2021)
Cohorte
prospectiva
monocéntrica
Signos: Necrosis
cutánea circunferencial
15.6% y afectación
articular 46.9%.
El manejo incluyó una mediana de 1
desbridamiento quirúrgico por
paciente, la extensión circunferencial
de la infección se asoció con una
mayor complejidad quirúrgica. El
ingreso en UCI fue necesario para el
manejo postoperatorio en el 49% de
los sobrevivientes analizados.
La tasa de amputación fue del 18.4%
es decir 9 pacientes de la cohorte de
seguimiento donde el 63.3% de los
sobrevivientes presentó secuelas
físicas permanentes. La calidad de
vida a largo plazo se vio severamente
afectada, con un 24.5% de pacientes
con discapacidad prolongada.
Collins, C., et al. (2022)
Análisis
retrospectivo
(NIS)
Signos: Gangrena
cutánea.
El análisis retrospectivo mostró que
la amputación es un predictor de
mortalidad intrahospitalaria p<
0.0006, la presencia de enfermedad
renal previa fue el único factor
independiente que predijo tanto la
necesidad de cirugía compleja como
el riesgo de complicaciones
sistémicas.
La mortalidad intrahospitalaria fue del
2%. Sin embargo, en el grupo que
falleció, la tasa de amputación fue del
17.6% frente al 5.7% en los
sobrevivientes, las complicaciones
pulmonares 63.8% y renales 67.6%
fueron extremadamente altas en los
casos fatales.
Chang, C., et al. (2024)
Cohorte de
diagnóstico
Signos: Eritema y calor
local (inespecíficos).
La relación quirúrgica se baen el
uso de fluidos infecciosos obtenidos
por aspiración para confirmar el
diagnóstico de INTB antes de la
fasciotomía donde el modelo de
bosque aleatorio facilitó la decisión
quirúrgica rápida al diferenciar
INTB de celulitis simple.
El modelo diagnóstico alcanzó una
precisión del 90.5% y una sensibilidad
del 89.6%, el lactato en el fluido
fascial fue el biomarcador más
impactante para decidir la intervención
urgente. Los resultados demuestran
que el análisis de fluidos supera a los
criterios clínicos aislados.
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Bruun, T., et al. (2020)
Prospectivo
multicéntrico
(INFECT)
Signos tempranos:
Dolor (45%). Signos
tardíos: Ampollas
(38%), coloración
púrpura/negra (38%),
equimosis (63%).
El tiempo promedio desde el ingreso
hasta la primera cirugía fue de 16
horas en casos graves, los signos
clínicos tardíos se utilizaron como
indicadores directos para proceder
con el desbridamiento quirúrgico
inmediato.
La mortalidad a 90 días fue del 22% en
pacientes con signos cutáneos tardíos,
se realizó amputación en el 16% de los
pacientes con infecciones por
estreptococo del grupo A. El choque
séptico estuvo presente en el 65% de
los pacientes que fallecieron.
Park, H., et al. (2022)
Retrospectivo
Signos: Pus con
apariencia de "agua de
platos", necrosis
fascial.
La cirugía inicial consistió en un
desbridamiento radical de todos los
tejidos sospechosos, en el 79.5% de
los casos, la cirugía se realizó en
menos de 12 horas. Se utilizaron
procedimientos secundarios como
injertos de piel 18.4% y colgajos
libres 4.1% para el cierre de heridas.
La tasa de pérdida de extremidad fue
del 20.4%, los factores de riesgo
independientes para la amputación
fueron la hipotensión al ingreso (OR
8.2), un puntaje LRINEC ≥ 9 (OR 5.8)
y niveles de glucosa >300 mg/dL. La
mortalidad global en este estudio
coreano fue del 6.1%.
Nawijn, F., et al. (2020)
Revisión
sistemática y
Metaanálisis
Signos: Edema (80%),
eritema (76%), dolor
(78%), ampollas
(31%), necrosis (26%),
crepitación (9%).
El meta-análisis confirmó que la
cirugía dentro de las primeras 6 horas
tras la presentación hospitalaria
reduce la mortalidad (OR 0.43). El
retraso del cirujano o del sistema
logístico fue el factor modificable
para mejorar los resultados.
El tratamiento quirúrgico antes de las
6 horas resultó en una mortalidad del
19% frente al 32% cuando se retrasó.
Curiosamente, el tiempo transcurrido
desde el inicio de los síntomas no
afectó la mortalidad tanto como el
tiempo intrahospitalario.
Kongkaewpaisan, N., et
al. (2020)
Retrospectivo
Signos: Dolor severo
(94.4%), eritema
(90%), induración
(40.9%), ampollas
(14.4%), crepitación
(12.2%).
El tiempo hasta la primera incisión
fue mayor en pacientes ingresados en
servicios no quirúrgicos 24.8 h frente
a los ingresados en cirugía 3.9 h. La
ausencia de eritema inicial fue la
causa principal de que el cirujano no
fuera consultado a tiempo.
La mortalidad fue del 20% para el
grupo con diagnóstico retrasado frente
al 7% del grupo quirúrgico temprano,
el error diagnóstico inicial ocurrió en
el 65% de los pacientes que fueron
ingresados en servicios de medicina
interna u obstetricia.
Ogica, A., et al. (2021)
Observacional
monocéntrico
Signos: Hinchazón
(56%), dolor (53%),
eritema (42%),
ampollas y necrosis
cutánea (15%).
El 66% de los pacientes recibió
desbridamiento quirúrgico dentro de
las primeras 6 horas, la necesidad de
una segunda exploración quirúrgica
programada o por empeoramiento
clínico dentro de las primeras 24
horas se asoció con un desenlace
fatal (p=0.007).
La mortalidad en UCI fue del 25.4%,
la amputación de extremidades fue
necesaria en el 17% de los casos. Se
encontró que los pacientes con fallos
multiorgánicos ≥4 al momento de la
cirugía tenían un riesgo de muerte
elevado (OR 17.5).
Brands, S., et al. (2024)
Cohorte
retrospectiva
multicéntrica
Signos: Sospecha
clínica basada en
examen físico con
presencia de dolor
desproporcionado,
necrosis.
En pacientes con sospecha clínica
evidente, el 81% fue llevado
directamente a quirófano sin perder
tiempo en imágenes. El tiempo
mediano entre la presentación y la
cirugía fue de 5 horas para el grupo
sin imágenes frente a 12 horas para
el grupo que se sometió a TAC o
RM.
La mortalidad fue del 21%. El uso de
imágenes solo contribuyó a un cambio
en el tratamiento en el 15% de los
casos con sospecha evidente, lo que
sugiere que, en presentaciones
clásicas, el diagnóstico clínico debe
ser suficiente para activar la cirugía de
emergencia.
De Haan, J., et al. (2025)
Cohorte
multicéntrica
(Países Bajos)
Signos tempranos:
Dolor (88%), eritema
(77%), hinchazón
(74%). Tardíos:
Ampollas (15%),
necrosis (15%),
crepitación (7%).
El tiempo mediano desde el ingreso
hasta el desbridamiento fue de 8
horas, los pacientes con diagnóstico
inicial correcto tuvieron una
mortalidad tres veces menor que los
mal diagnosticados. El 32.1% de las
cirugías emplearon técnicas de
preservación de piel.
La mortalidad intrahospitalaria fue del
21%. Se realizaron amputaciones en el
12% de los pacientes. El choque
séptico fue significativamente más
frecuente en el grupo que requirió
amputación 80% que en el que no la
requirió 53.9%.
Tedesco, S., et al. (2026)
Retrospectivo
(15 años)
Signos: Hinchazón
(93.5%), equimosis
(31.5%), ampollas
(14.8%), necrosis
(29.6%).
La cirugía realizada dentro de las
primeras 10 horas tras la llegada a
urgencias se asoció con una
reducción en la tasa de
complicaciones mayores (Clavien-
Dindo III y IV). El 59.3% de los
pacientes requirió múltiples
revisiones quirúrgicas.
La mortalidad fue del 25.9%. El 83.3%
de los pacientes desarrolló
complicaciones postoperatorias
graves. El 13% sufrió amputación de
miembros y el 34.3% de los egresados
presentaba déficits motores
persistentes.
Nawijn, F., et al. (2022)
Retrospectivo
(Operative time)
Signos: Edema tenso y
taquicardia previa a
cirugía.
Se analizó el impacto del tiempo
operatorio inicial, cada incremento
de 20 minutos en la duración de la
cirugía se asoció con un aumento de
1.4 días en UCI y 3.25 días de
hospitalización total, sugiriendo la
importancia de la eficiencia
quirúrgica.
No se encontró una asociación directa
entre la duración de la cirugía y la
mortalidad a 30 días. Sin embargo, el
aumento del área de superficie
corporal afectada (TBSA) fue un
predictor independiente de muerte y de
mayor número de cirugías.
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Wu, K., et al. (2022)
Cohorte
retrospectiva
(Piloto)
Signos: Ampollas
hemorrágicas (61.5%),
ampollas serosas
(69.2%), crepitación
(7.7%).
El estudio evaluó la aspiración de
líquido fascial guiada por ecografía
para decidir la intervención. Un
espesor de fluido >2mm a lo largo de
la fascia se consideró indicación
quirúrgica tras análisis bioquímico
positivo.
Los días de estancia hospitalaria para
el grupo quirúrgico (INTB) fueron de
47.2 frente a 7.5 en celulitis, el análisis
de lactato en el líquido tuvo una
sensibilidad del 100% para identificar
la necesidad de desbridamiento
urgente.
Peetermans, M., et al.
(2019)
Revisión
narrativa
académica
Signos: Hinchazón
(81%),
dolor/sensibilidad
(79%), eritema (71%),
necrosis (24%),
crepitación (20%).
Define que la cirugía es la "piedra
angular" y que el retraso en el
diagnóstico es el principal factor de
riesgo para la falla multiorgánica que
ocurre en las primeras 24 horas del
postoperatorio, el control de la fuente
debe ser agresivo desde el primer
momento.
La mortalidad varía del 10% al 30%,
entre un cuarto y la mitad de los
pacientes desarrollan choque séptico.
Las bacterias pueden avanzar por los
planos fasciales a una velocidad de
hasta 2.5 cm por hora, subrayando la
urgencia quirúrgica.
Sartelli, M., et al. (2022)
Guía de práctica
clínica
Tríada diagnóstica:
Hinchazón, eritema y
dolor
desproporcionado.
Guía global que establece la cirugía
inmediata como obligatoria para
INTB, a diferencia de infecciones no
necrotizantes, recomienda el control
de la fuente en un máximo de 6
horas. Describe la técnica de
desbridamiento con preservación de
piel como equivalente en eficacia.
Los resultados quirúrgicos con
técnicas de preservación de piel
muestran un cierre primario tardío
mayor y menor necesidad de injertos,
sin aumentar el riesgo de muerte en
comparación con el desbridamiento
tradicional.
Tom, L., et al. (2020)
Retrospectivo
(Técnica
quirúrgica)
Signos:
Involucramiento de
fascia profunda o
músculo en el 55.7%
de los
desbridamientos.
Se comparó el enfoque tradicional
con el de preservación cutánea, el
grupo de preservación tuvo áreas de
desbridamiento inicial más pequeñas
200 cm² vs 537 cm² y una mayor tasa
de cierre primario 50% vs 0%.
La mortalidad fue igual en ambos
grupos 10%. Sin embargo, la
reconstrucción mediante injertos fue
menor en el enfoque de preservación
20% vs 90%, lo que mejora la estética
y funcionalidad postquirúrgica del
paciente.
Fuente: Elaboración propia
De acuerdo a la sistematización de los estudios
seleccionados, los hallazgos pueden agruparse
de la siguiente manera:
Signos Tempranos:
Dolor desproporcionado: Reportado en hasta
el 94.4% de los casos.
Eritema y edema: Presentes en el 70-93% de
las presentaciones iniciales.
Fiebre: Variable, presente en menos del 50%
de los casos confirmados.
Signos Tardíos:
Ampollas: Marcador de progresión tisular.
Necrosis cutánea y Equimosis: Asociados
con el riesgo de amputación y mayor
mortalidad.
Crepitación: Signo poco frecuente 9-20%
pero indicativo de necrosis por anaerobios.
Anestesia cutánea local: Signo tardío por
destrucción nerviosa fascial.
Relación con la Intervención Quirúrgica:
Desbridamiento Urgente < 6h: Se asocia con
una reducción de la mortalidad y mejor
salvamento de extremidades.
Indicadores de Amputación: La necrosis
cutánea circunferencial, la presencia de
gangrena y la hipotensión al ingreso son los
predictores dermatológicos y clínicos.
Discusión
El análisis de los estudios revela que las
infecciones necrotizantes de tejidos blandos
continúan siendo uno de los mayores desafíos
diagnósticos debido a su naturaleza de "gran
imitadora". Según Sartelli, M., et al. (2022), la
tríada clásica de hinchazón, eritema y dolor
desproporcionado debe ser el pilar de la
sospecha clínica inicial. Sin embargo, la
interpretación de estos signos varía según la
etapa de la infección, mientras que el eritema y
el edema son frecuentes pero inespecíficos, el
dolor desproporcionado surge como el
indicador temprano más fiable. Tal como
menciona Nawijn, F., et al. (2020), este dolor a
menudo se extiende más allá de los márgenes
visibles del eritema cutáneo lo que sugiere una
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afectación fascial profunda que aún no se
manifiesta en la superficie.
La importancia clínica de identificar estos
signos radica en su capacidad para predecir
desenlaces graves. Por ejemplo, Katz, S., et al.
(2022) identificaron que la presencia de
ampollas o flictenas preoperatorias no es solo
un signo de progresión tisular, sino una variable
con un alto valor predictivo para la mortalidad
a 30 días. En una línea similar, Suzuki, H., et al.
(2020) y Tedesco, S., et al. (2026) coinciden en
que la necrosis cutánea franca y la gangrena al
momento del ingreso son los predictores
independientes más fuertes para la necesidad de
amputación y un mayor riesgo de muerte
intrahospitalaria. Esto sugiere que, aunque los
signos tardíos facilitan el diagnóstico, su
aparición indica que el paciente ya se encuentra
en una ventana terapéutica crítica donde el
salvar el miembro es menos probable.
Al comparar los resultados de los estudios, se
observa una notable consistencia en cuanto a la
baja sensibilidad de los signos "clásicos".
Pelletier, J., et al. (2022) mencionan que la
crepitación, aunque es considerada
patognomónica, solo se presenta en
aproximadamente el 10% al 20% de los casos
confirmados. Esta baja prevalencia es
corroborada por De Haan, J., et al. (2025),
quienes reportaron crepitación en apenas un 7%
de su cohorte multicéntrica.
Una de las mayores controversias identificadas
es la utilidad de los sistemas de puntuación
como el LRINEC. Autores como Park, H., et al.
(2022) defienden que un puntaje LRINEC 9
es un predictor útil de pérdida de extremidad.
Sin embargo, esta postura es cuestionada por
Bruun, T., et al. (2020) y Urbina, T., et al.
(2021), quienes sostienen que la sensibilidad del
score es subóptima y que un puntaje bajo no
debe utilizarse nunca para descartar la
enfermedad. Pelletier, J., et al. (2022) relatan
casos clínicos donde pacientes con LRINEC de
3 bajo riesgo presentaban INTB fulminantes, lo
que refuerza la premisa de que el juicio clínico
debe prevalecer sobre las pruebas de
laboratorio.
Otra área de debate es el uso de imágenes
diagnósticas, mientras que algunos clínicos
dependen de la tomografía computarizada para
confirmar la presencia de gas, Brands, S., et al.
(2024) presentan evidencia de que, en pacientes
con sospecha clínica evidente, la realización de
imágenes no solo contribuye poco al cambio de
conducta en un 15% de los casos, sino que
retrasa s el tiempo hasta la cirugía 12 horas con
imágenes vs. 5 horas sin ellas. En contraste,
Wu, K., et al. (2022) y Chang, C., et al. (2024)
proponen enfoques basados en la aspiración de
fluido fascial y el uso de inteligencia artificial,
sugiriendo que el análisis bioquímico del
líquido especialmente el lactato podría ser más
preciso que el examen físico aislado para
diferenciar la INTB de la celulitis.
La implicación más crítica es la validación del
concepto "el tiempo es fascia", el diagnóstico
temprano es el único factor modificable con un
impacto directo en la supervivencia. Nawijn, F.,
et al. (2020) demuestran a través de su meta-
análisis que el desbridamiento quirúrgico
realizado en las primeras 6 horas reduce la
mortalidad en casi un 50%. Un retraso
intrahospitalario, a menudo causado por el error
diagnóstico inicial que ocurre en el 65% de los
casos según Kongkaewpaisan, N., et al. (2020),
triplica el riesgo de muerte.
La decisión quirúrgica, por tanto, no debe
esperar a la confirmación por imagen o
laboratorio si existen signos dermatológicos de
sospecha. Sartelli, M., et al. (2022) y
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Peetermans, M., et al. (2019) enfatizan que, ante
la duda, la exploración quirúrgica es el estándar
de oro y que una tasa de exploración negativa
de hasta el 20% es aceptable dada la gravedad
de la patología.
En cuanto a la técnica quirúrgica, existe una
evolución hacia la preservación de tejidos.
Tom, L., et al. (2020) compararon el enfoque
tradicional de escisión amplia con cnicas de
preservación de piel encontrando que estas
últimas reducen la necesidad de injertos y
mejoran la reconstrucción estética sin aumentar
la mortalidad. Esto tiene implicaciones
profundas en la calidad de vida a largo plazo, la
cual, según Urbina, T., et al. (2021), se ve
afectada en los supervivientes debido a secuelas
físicas y trastornos psicológicos como el estrés
postraumático.
A pesar del rigor metodológico esta revisión
presenta limitaciones intrínsecas a la literatura
disponible. En primer lugar, existe una notable
heterogeneidad en los estudios en la definición
de los signos dermatológicos y los tiempos de
intervención. Muchos de los trabajos incluidos,
como mencionan Ogica, A., et al. (2021) y
Suzuki, H., et al. (2020), son análisis
retrospectivos de bases de datos o cohortes
monocéntricas, lo que introduce un posible
sesgo de información y limita la generalización
de las tasas de mortalidad.
Además, la falta de datos específicos en
regiones como Latinoamérica y Ecuador, tal
como se señaló en la introducción, dificulta la
aplicación de estos hallazgos a contextos
epidemiológicos locales específicos. Por
último, existe un sesgo de publicación donde los
casos más dramáticos o con diagnósticos
exitosos tienden a reportarse con mayor
frecuencia que aquellos con desenlaces
ambiguos.
La principal fortaleza de este trabajo es que
constituye una de las primeras revisiones
sistemáticas enfocada en la jerarquización de
los signos cutáneos como predictores de
urgencia quirúrgica, al integrar datos de 18
estudios de alta calidad, esta revisión
proporciona una síntesis robusta que tiene una
aplicabilidad clínica inmediata para médicos de
primera línea en servicios de urgencias.
La combinación de evidencia sobre signos
clásicos, nuevas herramientas diagnósticas y
técnicas quirúrgicas modernas permite ofrecer
un panorama integral del manejo de la INTB.
Esta revisión no solo reafirma la importancia
del examen sico, sino que proporciona una
guía clara sobre qué signos deben activar un
protocolo quirúrgico de emergencia para
maximizar el salvamento de los pacientes.
Conclusiones
Las infecciones necrotizantes de tejidos blandos
representan un desafío quirúrgico de primer
orden donde la rapidez diagnóstica y terapéutica
es el determinante de la supervivencia.
La INTB es un diagnóstico clínico, aunque se
han desarrollado herramientas como el puntaje
LRINEC, su sensibilidad es insuficiente para
descartar la enfermedad de forma segura; un
puntaje bajo no excluye una infección
fulminante y el clínico no debe esperar a
resultados de laboratorio si existe una alta
sospecha física. De igual manera, aunque la
tomografía computarizada y la resonancia
magnética ofrecen alta especificidad al detectar
gas o edema fascial, su realización suele retrasar
el tiempo operatorio de 5 a 12 horas, duplicando
potencialmente la mortalidad.
La identificación de signos cutáneos permite
categorizar la gravedad y la urgencia del caso
donde el signo de alarma temprana es el dolor
desproporcionado a los hallazgos visibles en la
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piel debe ser considerado el indicador de mayor
valor para iniciar una consulta quirúrgica
urgente, incluso cuando solo se observe un
eritema leve.
Los marcadores de intervención inmediata son
la presencia de ampollas hemorrágicas, necrosis
cutánea franca y crepitación indica que el
paciente se encuentra en una fase avanzada de
destrucción tisular e isquemia microvascular,
estos hallazgos se asocian de forma
independiente con un alto riesgo de amputación
y mayor mortalidad intrahospitalaria.
El desbridamiento quirúrgico radical y agresivo
sigue siendo la piedra angular del tratamiento,
la evidencia demuestra que la cirugía realizada
dentro de las primeras 6 horas tras la
presentación hospitalaria reduce la tasa de
mortalidad en casi un 50%. Un diagnóstico
inicial erróneo que ocurre en hasta el 70% de los
casos al confundirse con celulitis simple, es el
factor modificable más crítico que conduce a
fallos multiorgánicos y muerte. Ante la duda
diagnóstica, la exploración quirúrgica
inmediata es preferible a la observación pasiva,
aceptándose una tasa de exploración negativa
de hasta el 20% en favor de la seguridad del
paciente.
Más alde la supervivencia inmediata, la INTB
conlleva una morbilidad a largo plazo
devastadora. Entre el 10% y el 25% de los
pacientes con afectación de extremidades
sufrirán amputaciones y los supervivientes
enfrentan secuelas sicas permanentes, dolor
crónico, trastorno de estrés postraumático y
depresión. Es imperativo que el manejo inicial
en la unidad de cuidados intensivos sea seguido
por un soporte multidisciplinario que incluya
fisioterapia y apoyo psicológico para mitigar el
impacto en la calidad de vida relacionada con la
salud.
En conclusión, los médicos de primera línea
deben mantener un alto índice de sospecha ante
cualquier infección de tejidos blandos con
progresión rápida o signos locales de gravedad
donde el juicio clínico basado en la evaluación
inmediata de los signos dermatológicos
especialmente el dolor extremo, las flictenas y
la necrosis debe prevalecer sobre cualquier
sistema de puntuación o técnica de imagen,
activando una respuesta quirúrgica expedita
para garantizar la seguridad el paciente.
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Esta obra está bajo una licencia de
Creative Commons Reconocimiento-No Comercial
4.0 Internacional. Copyright © Miryan Janeth
Cañar Jiménez, Ricardo Sebastián Arias Cañar,
Joselyn Estefanía Villacis Guamán, María José
López Pinta y Sebastián Alexander Negrete
Esparza.