Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 3.1
Edición Especial III 2026
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DE “DELINCUENTE” A ADOLESCENTE EN DESARROLLO: PROCESOS
PSICOTERAPÉUTICOS EN CONTEXTOS DE EJECUCIÓN PENAL JUVENIL DESDE LA
INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA INFANTIL-JUVENIL Y EL ENFOQUE JURÍDICO
RESTAURATIVO
FROM “CRIMINAL” TO DEVELOPING ADOLESCENT: PSYCHOTHERAPEUTIC
PROCESSES IN JUVENILE CRIMINAL INSTITUTION CONTEXTS FROM CHILD-
ADOLESCENT PSYCHOLOGICAL INTERVENTION AND THE RESTORATIVE LEGAL
APPROACH
Autores: ¹Ángel Gonzalo Balseca Carrión, ²Fernanda Graciela Zumba Vargas, ³Ángelo Joseth
Balseca Carrión y
4
Jenny Soraya Ortega Sagbay.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0007-5822-8744
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0005-6405-1071
3
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0003-5334-4106
4
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0001-5952-2802
¹E-mail de contacto: angel.balseca@hotmail.com
²E-mail de contacto: graciela1zumba@gmail.com
³E-mail de contacto: angelo_balseca@hotmail.com
4
E-mail de contacto: sorayaortega98@gmail.com
Afiliación:
1*2*4*
Ministerio de Desarrollo Humano, (Ecuador). ³*Consorcio Jurídico Balseca & Asociados, (Ecuador).
Artículo recibido: 17 de Marzo del 2026
Artículo revisado: 23 de Marzo del 2026
Artículo aprobado: 29 de Marzo del 2026
¹Psicólogo clínico, egresado de la Universidad Técnica de Machala, (Ecuador). Magíster en Criminalística y Ciencias Forenses en la
Universidad Espíritu Santo en la ciudad de Guayaquil. Título de Formador de Formadores en Formación Continua. Actualmente estudiante
de Derecho de la Universidad Técnica Particular de Loja, (Ecuador).
²Psicólogo Clínico, egresado de la Universidad Técnica de Machala, (Ecuador). Actualmente cursando Maestría en Psicoterapia y Terapias
de Tercera Generación en la Universidad Internacional de La Rioja, (España). En la actualidad desempeño el trabajo de campo con adultos
mayores con discapacidad en convenio con el Ministerio de Desarrollo Humano y Fundación PRIDEC.
³Psicólogo Clínico de la Universidad Técnica de Machala, (Ecuador). Abogado de los Juzgados y Tribunales de la República de la
Universidad Técnica de Machala, (Ecuador). Magíster en Derecho Constitucional de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil,
(Ecuador). Magíster en Criminalística y Ciencias Forenses de la Universidad Particular de Especialidades Espíritu Santo, (Ecuador).
Magíster en Derecho Penal de la Universidad Particular de Especialidades Espíritu Santo, (Ecuador). Magíster en Derecho Penal mención
en Derecho Procesal Penal de la Universidad de Otavalo, (Ecuador).
4
Psicóloga Clínica de la Universidad Técnica de Machala, (Ecuador). Máster en Intervención Psicológica con Niños y Adolescentes de la
Universidad Internacional de la Rioja, (España). Diplomados En: Terapia Cognitiva Conductual, Rehabilitación en Niños con
Discapacidad y Neuropsicología Clínica de la Corporación Internacional de Líderes OMG CIL. Actualmente estudiante de la Tecnología
Atención Integral a Adultos Mayores del Instituto Superior Tecnológico Pichincha, (Ecuador). Promotor Social del Proyecto
Envejecimiento Digno, Activo y Saludable.
Resumen
El presente estudio tuvo como objetivo analizar
los procesos psicoterapéuticos en contextos de
ejecución penal juvenil desde la intervención
psicológica infantil-juvenil y el enfoque
jurídico restaurativo, con énfasis en la
resignificación identitaria y la reintegración
social del adolescente. Se desarrolló una
investigación cuantitativa, no experimental, de
tipo descriptivo-correlacional, con una muestra
de 80 adolescentes en cumplimiento de
medidas socioeducativas. Los resultados
evidenciaron que el 57,5% presentó un nivel
medio en la percepción de los procesos
psicoterapéuticos, el 27,5% nivel alto y el
15,0% nivel bajo. En cuanto a la resignificación
identitaria, el 55,0% se ubicó en nivel medio, el
27,5% en nivel alto y el 17,5% en nivel bajo.
Respecto a la reintegración social, el 60,0%
mostró nivel medio, el 27,5% nivel alto y el
12,5% nivel bajo. El análisis correlacional
evidenció relaciones positivas y
estadísticamente significativas entre procesos
psicoterapéuticos y resignificación identitaria
(r=0,68; p<0,01), entre resignificación
identitaria y reintegración social (r=0,72;
p<0,01), y entre procesos psicoterapéuticos y
reintegración social (r=0,65; p<0,01). Se
concluye que la intervención psicológica y el
enfoque restaurativo contribuyen
significativamente a la transformación del
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adolescente, favoreciendo la reconstrucción de
su identidad y su adaptación social. Asimismo,
se evidencia que la resignificación identitaria
actúa como un mediador clave en la
reintegración social, consolidándose como un
eje central en los procesos de intervención en
justicia juvenil.
Palabras clave: Justicia juvenil,
Intervención psicológica, Resignificación
identitaria.
Abstract
This study aimed to analyze psychotherapeutic
processes in juvenile detention settings from
the perspective of child and adolescent
psychological intervention and a restorative
justice approach, with an emphasis on identity
redefinition and the adolescent's social
reintegration. A quantitative, non-
experimental, descriptive-correlational study
was conducted with a sample of 80 adolescents
serving socio-educational measures. The
results showed that 57.5% had a medium level
of perception of the psychotherapeutic
processes, 27.5% a high level, and 15.0% a low
level. Regarding identity redefinition, 55.0%
were at a medium level, 27.5% at a high level,
and 17.5% at a low level. With respect to social
reintegration, 60.0% showed a medium level,
27.5% a high level, and 12.5% a low level. The
correlational analysis revealed positive and
statistically significant relationships between
psychotherapeutic processes and identity
redefinition (r=0.68; p<0.01), between identity
redefinition and social reintegration (r=0.72;
p<0.01), and between psychotherapeutic
processes and social reintegration (r=0.65;
p<0.01). It is concluded that psychological
intervention and the restorative approach
contribute significantly to the adolescent's
transformation, fostering the reconstruction of
their identity and their social adaptation.
Furthermore, it is evident that identity
redefinition acts as a key mediator in social
reintegration, establishing itself as a central
axis in juvenile justice intervention processes.
Keywords: Juvenile justice, Psychological
intervention, Identity redefinition.
Sumário
Este estudo teve como objetivo analisar os
processos psicoterapêuticos em centros de
detenção juvenil sob a perspectiva da
intervenção psicológica na infância e
adolescência e da abordagem da justiça
restaurativa, com ênfase na redefinição da
identidade e na reintegração social do
adolescente. Realizou-se um estudo
quantitativo, não experimental, descritivo-
correlacional, com uma amostra de 80
adolescentes submetidos a medidas
socioeducativas. Os resultados mostraram que
57,5% apresentaram um nível médio de
percepção dos processos psicoterapêuticos,
27,5% um nível alto e 15,0% um nível baixo.
Em relação à redefinição da identidade, 55,0%
apresentaram um nível médio, 27,5% um nível
alto e 17,5% um nível baixo. Quanto à
reintegração social, 60,0% apresentaram um
nível médio, 27,5% um nível alto e 12,5% um
nível baixo. A análise correlacional revelou
relações positivas e estatisticamente
significativas entre os processos
psicoterapêuticos e a redefinição da identidade
(r=0,68; p<0,01), entre a redefinição da
identidade e a reintegração social (r=0,72;
p<0,01) e entre os processos psicoterapêuticos
e a reintegração social (r=0,65; p<0,01).
Conclui-se que a intervenção psicológica e a
abordagem restaurativa contribuem
significativamente para a transformação do
adolescente, promovendo a reconstrução de sua
identidade e sua adaptação social. Além disso,
fica evidente que a redefinição da identidade
atua como um mediador fundamental na
reintegração social, estabelecendo-se como um
eixo central nos processos de intervenção no
sistema de justiça juvenil.
Palavras-chave: Justiça juvenil, Intervenção
psicológica, Redefinição da identidade.
Introducción
La comprensión del adolescente en conflicto
con la ley ha sido históricamente abordada
desde enfoques reduccionistas que tienden a
etiquetar al sujeto como “delincuente”, lo cual
implica una simplificación de procesos
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complejos que involucran dimensiones
biológicas, psicológicas y sociales en constante
interacción. Esta categorización no solo
condiciona la respuesta institucional, sino que
también influye en la construcción de la
identidad del propio adolescente, generando
procesos de estigmatización que pueden
reforzar trayectorias desviadas. Desde la
psicología del desarrollo, la adolescencia es
entendida como una etapa caracterizada por
cambios profundos en la estructura cognitiva,
emocional y conductual, lo que implica una
mayor susceptibilidad a la influencia del
entorno y a la toma de decisiones impulsivas
(Steinberg, 2020). En este sentido, interpretar la
conducta infractora como una manifestación
estática resulta científicamente inadecuado, ya
que desconoce el carácter dinámico y evolutivo
del desarrollo humano. Diversos estudios han
evidenciado que las conductas antisociales en la
adolescencia pueden ser transitorias y no
necesariamente predictoras de trayectorias
delictivas persistentes en la adultez (Moffitt,
2018). Por lo tanto, se hace necesario replantear
las categorías de análisis, desplazando la mirada
desde el delito hacia el sujeto en desarrollo.
En el ámbito jurídico, el sistema de justicia
penal juvenil ha experimentado
transformaciones orientadas a la protección
integral de los derechos de niños, niñas y
adolescentes, en concordancia con instrumentos
internacionales como la Convención sobre los
Derechos del Niño. Este marco normativo
establece que las respuestas frente a la
infracción penal deben priorizar la educación, la
reintegración social y el interés superior del
adolescente, superando los enfoques punitivos
tradicionales (Naciones Unidas, 2019). Sin
embargo, en la práctica, muchos sistemas
continúan operando bajo lógicas retributivas
que limitan la efectividad de las intervenciones
y reproducen procesos de exclusión social. La
incorporación del enfoque restaurativo surge
como una alternativa que busca equilibrar la
responsabilización del adolescente con la
reparación del daño causado y la reconstrucción
del tejido social (Zehr, 2015). Este cambio
implica una reconfiguración profunda de las
prácticas institucionales y de los roles
profesionales involucrados en la ejecución
penal juvenil. En consecuencia, la justicia
juvenil contemporánea se enfrenta al desafío de
integrar enfoques jurídicos y psicológicos que
respondan de manera coherente a la
complejidad del fenómeno.
Desde la perspectiva de la psicología infantil-
juvenil, la conducta infractora debe ser
comprendida en el marco de trayectorias de vida
marcadas por factores de riesgo acumulativos,
tales como la violencia intrafamiliar, la pobreza,
la exclusión educativa y la ausencia de redes de
apoyo social. Estos factores no determinan de
manera lineal la conducta delictiva, pero
incrementan la probabilidad de que el
adolescente desarrolle patrones de
comportamiento problemáticos (Farrington,
2017). Asimismo, investigaciones recientes han
evidenciado la alta prevalencia de trastornos
emocionales, conductuales y del desarrollo en
adolescentes en conflicto con la ley, lo que
refuerza la necesidad de intervenciones
especializadas (Kazdin, 2021). La comprensión
integral de estos factores permite diseñar
estrategias de intervención más ajustadas a las
necesidades individuales y contextuales del
adolescente. En este sentido, la psicología
aporta herramientas fundamentales para el
análisis de la conducta y la planificación de
procesos terapéuticos orientados al cambio. Por
tanto, resulta imprescindible integrar esta
perspectiva en los dispositivos de ejecución
penal juvenil.
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La intervención psicológica en contextos de
ejecución penal juvenil constituye un
componente esencial para la promoción del
desarrollo integral del adolescente, ya que
permite abordar las dimensiones emocionales,
cognitivas y conductuales implicadas en la
conducta infractora. A través de procesos
psicoterapéuticos estructurados, se facilita la
identificación de patrones disfuncionales, la
regulación emocional y la construcción de
habilidades sociales que favorecen la
reintegración (Lipsey et al., 2019). Además, la
psicoterapia ofrece un espacio de reflexión que
permite al adolescente resignificar sus
experiencias y reconstruir su narrativa personal
desde una perspectiva s adaptativa. Diversos
enfoques terapéuticos, como el cognitivo-
conductual, el sistémico y el narrativo, han
demostrado eficacia en la reducción de la
reincidencia y en la mejora del bienestar
psicológico (Kazdin, 2021). Sin embargo, la
efectividad de estas intervenciones depende de
su articulación con el contexto institucional y
jurídico. En consecuencia, la intervención
psicológica no puede ser concebida de manera
aislada, sino como parte de un sistema integral
de atención.
El enfoque jurídico restaurativo se presenta
como una alternativa innovadora que busca
transformar la lógica de la justicia penal juvenil,
centrando la atención en la reparación del daño,
la responsabilización activa y la participación
de todos los actores involucrados. Este enfoque
promueve procesos de diálogo y mediación que
permiten al adolescente comprender las
consecuencias de sus actos y asumir un rol
activo en la reparación (Zehr, 2015). A
diferencia del modelo retributivo, la justicia
restaurativa reconoce la capacidad de cambio
del adolescente y promueve su desarrollo
personal y social. Asimismo, este enfoque se
alinea con los principios de la psicología del
desarrollo, al considerar la plasticidad y el
potencial de aprendizaje en esta etapa. La
implementación de prácticas restaurativas ha
mostrado resultados positivos en términos de
reducción de la reincidencia y mejora de la
convivencia social (Bazemore y Umbreit,
2018). Por lo tanto, su integración en los
sistemas de justicia juvenil representa una
oportunidad para fortalecer los procesos de
intervención.
La articulación entre la intervención psicológica
infantil-juvenil y el enfoque jurídico
restaurativo plantea un enfoque
interdisciplinario que permite abordar la
complejidad del fenómeno desde múltiples
dimensiones. Esta integración facilita el diseño
de estrategias de intervención más completas,
que atienden tanto las necesidades individuales
del adolescente como las demandas sociales de
justicia y reparación. La colaboración entre
profesionales de diferentes disciplinas, como
psicología, derecho y trabajo social, resulta
fundamental para el éxito de estos procesos
(Bazemore y Umbreit, 2018). Además, este
enfoque promueve una visión más humanizada
del sistema de justicia, que reconoce al
adolescente como sujeto de derechos y no
únicamente como infractor. La
interdisciplinariedad permite también una
mejor comprensión de los factores que influyen
en la conducta y en los procesos de cambio. En
este sentido, la integración de saberes se
convierte en un elemento clave para la
transformación de las prácticas institucionales.
A pesar de los avances teóricos y normativos, la
implementación de modelos restaurativos y de
intervenciones psicológicas especializadas
enfrenta múltiples desafíos en los sistemas de
justicia juvenil. Entre estos desafíos se
encuentran la falta de recursos, la escasa
formación especializada de los profesionales y
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la persistencia de prácticas punitivas
tradicionales. Estas limitaciones dificultan la
aplicación efectiva de enfoques integrales y
reducen el impacto de las intervenciones
(Rodríguez y Pérez, 2023). Asimismo, la falta
de coordinación interinstitucional afecta la
continuidad de los procesos terapéuticos y de
reintegración social. La evidencia sugiere que
los sistemas que no logran superar estas barreras
tienden a reproducir ciclos de reincidencia y
exclusión. Por ello, resulta necesario analizar
críticamente las condiciones de implementación
de estos enfoques. En este contexto, la
resignificación de la identidad del adolescente
emerge como un proceso central en la
intervención psicológica, ya que permite
superar la etiqueta de “delincuente” y construir
una autoimagen orientada al desarrollo y la
reintegración social. Este proceso implica
cambios en la percepción de mismo, en la
comprensión de la propia historia y en la
proyección hacia el futuro (Maruna, 2017). La
psicoterapia facilita este proceso mediante la
construcción de narrativas alternativas que
reconocen la capacidad de cambio y
crecimiento. Además, el acompañamiento
terapéutico permite fortalecer la autoestima y la
autoeficacia, elementos clave para el
desistimiento delictivo. La evidencia ha
demostrado que los adolescentes que logran
resignificar su identidad presentan menores
tasas de reincidencia. Por lo tanto, este proceso
debe ser considerado un objetivo central de la
intervención.
El contexto institucional en el que se desarrollan
estos procesos influye de manera significativa
en los resultados de la intervención, ya que
puede facilitar o limitar las oportunidades de
cambio del adolescente. Instituciones que
promueven el respeto, la participación y el
acompañamiento terapéutico tienden a generar
mejores resultados en rminos de reintegración
social (Mulvey et al., 2020). Por el contrario,
entornos caracterizados por prácticas punitivas
y estigmatizantes pueden reforzar las conductas
delictivas. La calidad del entorno institucional
se convierte, por tanto, en un factor
determinante en los procesos de rehabilitación.
Es necesario que las instituciones adopten
enfoques coherentes con los principios de la
justicia restaurativa y la psicología del
desarrollo. En este sentido, la transformación
institucional es un requisito indispensable para
el éxito de las intervenciones. En función de lo
expuesto, el presente estudio se orienta a
analizar los procesos psicoterapéuticos en
contextos de ejecución penal juvenil desde la
intervención psicológica infantil-juvenil y el
enfoque jurídico restaurativo. Este análisis
busca comprender cómo estos procesos
contribuyen a la resignificación de la identidad
del adolescente y a su desarrollo integral.
Asimismo, pretende aportar evidencia científica
que permita mejorar las prácticas profesionales
y las políticas públicas en este ámbito. La
relevancia del estudio radica en su enfoque
interdisciplinario y en su contribución al
conocimiento sobre justicia juvenil. De esta
manera, se espera fortalecer los modelos de
intervención y promover enfoques más
humanos y efectivos. En consecuencia, el
objetivo del estudio es analizar los procesos
psicoterapéuticos en estos contextos y su
impacto en la reintegración social del
adolescente.
La categoría de adolescencia ha sido
ampliamente estudiada desde diversas
disciplinas científicas, particularmente desde la
psicología del desarrollo, donde se reconoce
como una etapa compleja caracterizada por
profundas transformaciones biológicas,
cognitivas, emocionales y sociales que
configuran el tránsito progresivo hacia la
adultez. Estas transformaciones no ocurren de
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manera uniforme ni lineal en todos los
individuos, sino que están mediadas por
factores contextuales, culturales,
socioeconómicos y familiares que condicionan
la forma en que cada adolescente experimenta
este periodo evolutivo. Desde el enfoque
neuropsicológico contemporáneo, se ha
demostrado que el cerebro adolescente se
encuentra en un proceso activo de
reorganización estructural y funcional,
especialmente en las regiones prefrontales
responsables del control inhibitorio, la
planificación y la toma de decisiones racionales
(Steinberg, 2020). Esta asincronía entre el
desarrollo del sistema límbico, asociado a las
emociones, y la corteza prefrontal, asociada al
control ejecutivo, puede generar una mayor
predisposición a conductas impulsivas y de
riesgo, particularmente en contextos de presión
social o vulnerabilidad. No obstante, esta
predisposición no debe interpretarse como una
tendencia delictiva permanente, sino como una
manifestación transitoria vinculada al proceso
de maduración. En consecuencia, la conducta
infractora en adolescentes debe ser
comprendida dentro de un marco evolutivo
dinámico que permita diseñar intervenciones
diferenciadas y científicamente fundamentadas.
Desde la perspectiva de la criminología del
desarrollo, se ha planteado que la conducta
antisocial en la adolescencia no responde a un
único patrón, sino que se configura a partir de
trayectorias diferenciadas que permiten
comprender la diversidad de manifestaciones
conductuales. La teoría de Moffitt establece una
distinción fundamental entre los individuos con
conductas antisociales persistentes a lo largo del
ciclo vital y aquellos cuya conducta infractora
se limita al periodo adolescente, siendo este
último grupo el más numeroso (Moffitt, 2018).
Esta diferenciación teórica resulta crucial para
evitar la sobregeneralización de las conductas
delictivas juveniles y para prevenir respuestas
institucionales desproporcionadas que no se
ajustan a la naturaleza evolutiva del fenómeno.
Asimismo, esta perspectiva permite
comprender que una parte significativa de los
adolescentes abandona espontáneamente las
conductas antisociales al alcanzar la adultez,
especialmente cuando cuentan con entornos
protectores y oportunidades de desarrollo. La
evidencia empírica ha demostrado que factores
como el apoyo familiar, la continuidad
educativa y la inserción social desempeñan un
papel determinante en el desistimiento
delictivo. Por lo tanto, la intervención en
justicia juvenil debe considerar estas
trayectorias diferenciadas para garantizar
respuestas más ajustadas y efectivas.
En relación con los factores de riesgo asociados
a la conducta delictiva juvenil, la literatura
científica ha identificado una multiplicidad de
variables que interactúan de manera compleja y
dinámica a lo largo del desarrollo del individuo.
Entre los factores individuales se destacan
características como la impulsividad elevada, la
baja tolerancia a la frustración, dificultades en
la regulación emocional y déficits en
habilidades sociales, los cuales pueden
incrementar la probabilidad de conductas
problemáticas (Farrington, 2017). En el ámbito
familiar, la presencia de violencia intrafamiliar,
negligencia parental, desestructuración del
núcleo familiar o ausencia de figuras de apego
seguras constituye un elemento de alto impacto
en la configuración de conductas antisociales. A
nivel educativo, el fracaso escolar, la
desmotivación académica y la desvinculación
del sistema educativo formal son factores que
contribuyen significativamente al aumento del
riesgo. En el plano comunitario, contextos
caracterizados por pobreza estructural,
inseguridad, exclusión social y limitada
cohesión comunitaria también influyen de
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manera directa en la conducta del adolescente.
Es importante señalar que estos factores no
actúan de manera aislada, sino que se potencian
entre sí, generando trayectorias acumulativas de
riesgo que requieren intervenciones integrales.
La salud mental en adolescentes en conflicto
con la ley constituye un eje central de análisis
en el campo de la justicia juvenil, debido a la
alta prevalencia de trastornos psicológicos
identificados en esta población específica.
Diversas investigaciones han evidenciado que
los adolescentes que ingresan a sistemas de
justicia presentan, en muchos casos, trastornos
de conducta, trastornos de ansiedad, depresión,
consumo problemático de sustancias y
experiencias previas de trauma (Kazdin, 2021).
Esta situación evidencia que la conducta
delictiva no puede ser comprendida únicamente
desde una perspectiva jurídica, sino que
requiere un análisis clínico profundo que
permita identificar necesidades terapéuticas
específicas. La ausencia de atención psicológica
adecuada puede agravar estos trastornos y
dificultar la efectividad de las medidas
socioeducativas implementadas. Por el
contrario, la incorporación de intervenciones
psicológicas especializadas contribuye
significativamente a la mejora del bienestar
emocional y a la reducción de conductas de
riesgo. En consecuencia, la salud mental debe
ser considerada un componente estructural en
los programas de justicia juvenil.
La intervención psicológica infantil-juvenil en
contextos de ejecución penal se fundamenta en
una diversidad de enfoques teóricos que buscan
comprender y modificar la conducta del
adolescente desde una perspectiva integral y
contextualizada. El enfoque cognitivo-
conductual ha demostrado una alta eficacia en
la modificación de patrones de pensamiento
disfuncionales y en la adquisición de
habilidades conductuales adaptativas, mediante
técnicas estructuradas y orientadas a objetivos
específicos (Lipsey et al., 2019). Por otro lado,
el enfoque sistémico permite analizar la
influencia de las dinámicas familiares y sociales
en la conducta del adolescente, reconociendo
que el comportamiento individual está
profundamente influido por los sistemas
relacionales en los que se inserta. Asimismo, el
enfoque narrativo facilita la reconstrucción de
la identidad mediante la resignificación de
experiencias pasadas y la elaboración de nuevas
narrativas personales. Estos enfoques pueden
integrarse en modelos de intervención
multimodales que respondan de manera más
efectiva a la complejidad del fenómeno. En este
sentido, la intervención psicológica se
configura como un proceso dinámico que debe
adaptarse a las características individuales y
contextuales de cada caso.
El enfoque jurídico restaurativo se fundamenta
en principios éticos y jurídicos que buscan
transformar la manera en que se aborda el
conflicto penal, desplazando el énfasis desde la
sanción hacia la reparación del daño y la
reconstrucción de las relaciones sociales
afectadas. Este enfoque promueve la
participación activa del adolescente, la víctima
y la comunidad en procesos de diálogo que
permiten comprender el impacto del delito y
generar acuerdos de reparación (Zehr, 2015). A
diferencia del modelo retributivo, la justicia
restaurativa reconoce la capacidad del
adolescente para asumir responsabilidad de
manera consciente y reflexiva. Además,
fomenta el desarrollo de la empatía y la
comprensión del daño causado, lo cual
constituye un elemento clave para la prevención
de la reincidencia. Diversos estudios han
evidenciado que la implementación de prácticas
restaurativas contribuye a mejorar la
satisfacción de las víctimas y a reducir las tasas
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de reincidencia (Bazemore y Umbreit, 2018).
Por lo tanto, este enfoque representa una
alternativa innovadora y eficaz en la justicia
juvenil.
La articulación entre la intervención psicológica
infantil-juvenil y el enfoque jurídico
restaurativo constituye una propuesta
interdisciplinaria que permite abordar la
conducta delictiva desde una perspectiva más
amplia, integrando dimensiones clínicas,
sociales y jurídicas. Esta integración facilita el
diseño de estrategias de intervención que no
solo buscan modificar la conducta, sino también
promover procesos de responsabilización y
reparación del daño. La colaboración entre
profesionales de distintas disciplinas, como
psicología, derecho y trabajo social, resulta
fundamental para garantizar la coherencia y
efectividad de las intervenciones (Bazemore y
Umbreit, 2018). Asimismo, esta articulación
favorece la construcción de modelos de
atención más humanizados, que reconocen al
adolescente como sujeto de derechos y no
únicamente como infractor. La
interdisciplinariedad permite una comprensión
más profunda de los factores que influyen en la
conducta y en los procesos de cambio. En
consecuencia, este enfoque integrado se
posiciona como una alternativa necesaria en los
sistemas de justicia juvenil contemporáneos.
La resignificación de la identidad del
adolescente en conflicto con la ley constituye un
proceso fundamental para la reintegración
social y el desistimiento delictivo, ya que
implica la transformación de la autoimagen del
sujeto y la construcción de nuevas formas de
comprender su trayectoria de vida. Este proceso
supone el tránsito desde una identidad
estigmatizada como “delincuente” hacia una
identidad en desarrollo, orientada al cambio y al
crecimiento personal (Maruna, 2017). La
intervención psicológica desempeña un papel
central en este proceso, al facilitar espacios de
reflexión, autoconocimiento y elaboración
emocional. Asimismo, el enfoque restaurativo
contribuye a esta transformación al promover la
responsabilización activa y la reparación del
daño. La evidencia empírica ha demostrado que
los adolescentes que logran resignificar su
identidad presentan menores niveles de
reincidencia y mayor adaptación social. Por lo
tanto, la resignificación identitaria debe ser
considerada un objetivo prioritario en los
procesos de intervención en justicia juvenil.
La noción de desistimiento delictivo en
adolescentes ha cobrado relevancia en la
literatura criminológica contemporánea, al
centrarse en los procesos mediante los cuales
los individuos abandonan las conductas
antisociales y construyen trayectorias de vida
socialmente aceptadas. Este concepto no se
limita a la simple ausencia de reincidencia, sino
que implica transformaciones profundas en la
identidad, en las relaciones sociales y en los
proyectos de vida del adolescente. Desde este
enfoque, el desistimiento se entiende como un
proceso dinámico, gradual y no lineal, influido
por factores individuales y contextuales que
interactúan de manera compleja (Maruna,
2017). Entre estos factores se destacan la
adquisición de roles prosociales, el acceso a
oportunidades educativas y laborales, y la
presencia de vínculos significativos de apoyo.
Asimismo, el reconocimiento institucional y
social del cambio juega un papel fundamental
en la consolidación de nuevas identidades. En
consecuencia, los procesos psicoterapéuticos
deben orientarse no solo a la reducción de
conductas problemáticas, sino también a la
construcción de trayectorias de vida
alternativas. El concepto de responsabilización
en el marco de la justicia juvenil restaurativa
adquiere una dimensión distinta a la del modelo
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retributivo tradicional, ya que no se limita a la
imposición de una sanción, sino que busca
promover una comprensión reflexiva del daño
causado y una participación activa en su
reparación.
Esta forma de responsabilización implica un
proceso interno de toma de conciencia que
permite al adolescente reconocer las
consecuencias de sus actos en los demás y en sí
mismo. Desde la psicología, este proceso está
vinculado al desarrollo de la empatía, la
moralidad y la autorregulación emocional,
elementos fundamentales para la convivencia
social (Zehr, 2015). A diferencia de la
responsabilización impuesta, la
responsabilización restaurativa se construye a
través del diálogo, la mediación y la
participación activa del adolescente. Este
enfoque favorece una internalización más
profunda de las normas sociales y reduce la
probabilidad de reincidencia. Por lo tanto, la
responsabilización debe ser entendida como un
proceso educativo y terapéutico. La familia
constituye uno de los contextos más influyentes
en el desarrollo del adolescente y en la
configuración de conductas antisociales, por lo
que su inclusión en los procesos de intervención
resulta fundamental. Diversos estudios han
demostrado que la calidad de las relaciones
familiares, la presencia de normas claras y el
apoyo emocional son factores protectores que
contribuyen al desarrollo de conductas
prosociales (Farrington, 2017).
Por el contrario, contextos familiares
caracterizados por violencia, negligencia o
desorganización pueden incrementar
significativamente el riesgo de conducta
delictiva. En este sentido, la intervención
psicológica debe considerar no solo al
adolescente, sino también a su entorno familiar,
promoviendo procesos de reestructuración
relacional. Los enfoques sistémicos han
demostrado ser especialmente útiles en este
ámbito, al abordar las dinámicas familiares
como un sistema interdependiente. En
consecuencia, la inclusión de la familia en los
procesos terapéuticos fortalece la sostenibilidad
de los cambios.
El ámbito educativo desempeña un papel
determinante en la prevención y en la
intervención de la conducta delictiva juvenil, ya
que la escuela constituye un espacio clave de
socialización, aprendizaje y construcción de
identidad. La desvinculación del sistema
educativo ha sido identificada como uno de los
principales factores asociados a la conducta
antisocial, debido a la pérdida de oportunidades
de desarrollo y a la exposición a contextos de
riesgo (Kazdin, 2021). Por el contrario, la
permanencia en el sistema educativo y la
participación en actividades formativas
favorecen la adquisición de habilidades
cognitivas y sociales que contribuyen a la
reintegración. En este sentido, los programas de
justicia juvenil deben articularse con el sistema
educativo para garantizar la continuidad de los
procesos formativos. Asimismo, la educación
puede convertirse en un espacio de reparación
simbólica y de reconstrucción del proyecto de
vida. Por lo tanto, la dimensión educativa debe
ser integrada en los procesos de intervención.
El contexto comunitario también ejerce una
influencia significativa en el comportamiento
del adolescente, ya que las condiciones del
entorno pueden facilitar o dificultar los
procesos de cambio. Comunidades
caracterizadas por altos niveles de violencia,
exclusión social y escasa cohesión tienden a
reproducir condiciones que favorecen la
conducta delictiva (Mulvey et al., 2020). Por el
contrario, entornos comunitarios que
promueven la participación, el apoyo social y el
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acceso a recursos pueden actuar como factores
protectores. En este sentido, la intervención no
debe limitarse al individuo, sino que debe
incluir estrategias de intervención comunitaria
que fortalezcan el tejido social. La justicia
restaurativa, al involucrar a la comunidad en los
procesos de reparación, contribuye a la
reconstrucción de vínculos sociales. Asimismo,
promueve una corresponsabilidad en la
prevención de la violencia. En consecuencia, la
dimensión comunitaria es esencial para la
sostenibilidad de los procesos de reintegración.
El papel de los profesionales en los sistemas de
justicia juvenil es fundamental para la
implementación efectiva de los enfoques
restaurativos y de las intervenciones
psicológicas, ya que su formación,
competencias y actitudes influyen directamente
en la calidad de los procesos. La formación
especializada en psicología infantil-juvenil,
justicia restaurativa y enfoque de derechos
resulta indispensable para garantizar
intervenciones pertinentes y éticamente
fundamentadas (Bazemore y Umbreit, 2018).
Asimismo, los profesionales deben desarrollar
habilidades de comunicación, empatía y manejo
de conflictos que faciliten el trabajo con
adolescentes en situaciones complejas. La falta
de formación adecuada puede conducir a
prácticas ineficaces o incluso
contraproducentes. Por ello, es necesario
fortalecer los procesos de capacitación y
supervisión profesional. En este sentido, el rol
del profesional trasciende la aplicación de
técnicas y se convierte en un agente de cambio.
La evaluación de los programas de intervención
en justicia juvenil constituye un elemento clave
para determinar su efectividad y para mejorar
las prácticas existentes, ya que permite
identificar fortalezas, debilidades y áreas de
mejora. Diversos estudios han señalado que los
programas basados en evidencia, especialmente
aquellos que integran componentes cognitivo-
conductuales y restaurativos, presentan mejores
resultados en términos de reducción de la
reincidencia (Lipsey et al., 2019). Sin embargo,
la evaluación no debe centrarse únicamente en
indicadores cuantitativos, sino que debe incluir
también dimensiones cualitativas relacionadas
con el bienestar psicológico y la reintegración
social. La sistematización de experiencias
permite generar conocimiento aplicable a otros
contextos. Además, facilita la toma de
decisiones informadas en el ámbito de las
políticas públicas. Por lo tanto, la evaluación
debe ser un componente permanente en los
sistemas de intervención. La construcción de
políticas públicas en justicia juvenil debe
basarse en evidencia científica y en principios
de derechos humanos, garantizando la
coherencia entre los marcos normativos y las
prácticas institucionales. La incorporación del
enfoque restaurativo y de la intervención
psicológica especializada requiere voluntad
política, recursos adecuados y coordinación
interinstitucional (Naciones Unidas, 2019).
Asimismo, es necesario promover políticas que
prioricen la prevención, la educación y la
inclusión social. La fragmentación de los
sistemas de atención limita la efectividad de las
intervenciones y dificulta la continuidad de los
procesos. En este sentido, la articulación entre
justicia, salud, educación y protección social
resulta fundamental. Por lo tanto, el desarrollo
de políticas integrales es clave para la
transformación de la justicia juvenil.
Materiales y Métodos
El presente estudio se desarrolló bajo un
enfoque cuantitativo, de tipo no experimental,
con un diseño descriptivo-correlacional y de
corte transversal, lo cual permitió analizar la
relación entre los procesos psicoterapéuticos, la
resignificación identitaria y la reintegración
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social en adolescentes en contextos de
ejecución penal juvenil. Este tipo de diseño se
seleccionó debido a su pertinencia para
examinar fenómenos en su contexto natural sin
manipulación de variables, garantizando así la
validez ecológica de los resultados. El enfoque
cuantitativo facilitó la medición objetiva de las
variables mediante instrumentos estructurados,
permitiendo establecer relaciones estadísticas
entre ellas. Asimismo, el diseño correlacional
permitió identificar la asociación entre la
intervención psicológica y los procesos de
cambio en los adolescentes, sin pretender
establecer relaciones causales directas. La
investigación se enmarca en los principios de la
psicología aplicada y la justicia restaurativa,
integrando variables psicológicas y jurídicas en
un mismo modelo analítico (Hernández-
Sampieri & Mendoza, 2018). En consecuencia,
la metodología adoptada responde a la
necesidad de comprender el fenómeno desde
una perspectiva empírica y sistemática.
El estudio se llevó a cabo en un centro de
ejecución de medidas socioeducativas para
adolescentes en conflicto con la ley, ubicado en
el contexto ecuatoriano, específicamente en una
institución pública encargada de la
rehabilitación y reintegración social. Este
contexto fue seleccionado debido a su
relevancia para el análisis de los procesos
psicoterapéuticos en escenarios reales de
ejecución penal juvenil. La población estuvo
conformada por un total de 120 adolescentes en
cumplimiento de medidas socioeducativas
durante el periodo 2025, todos ellos con edades
comprendidas entre los 14 y 17 años. La
población se caracteriza por presentar
diversidad en cuanto a tipos de infracción,
tiempo de permanencia institucional y
condiciones sociofamiliares. Este grupo
poblacional resulta pertinente para el estudio
debido a su vinculación directa con los procesos
de intervención psicológica y restaurativa. La
selección de este contexto permitió garantizar la
aplicabilidad de los resultados en escenarios
similares. Por tanto, la investigación se sitúa en
un marco empírico concreto y contextualizado
(Kazdin, 2021).
La muestra fue seleccionada mediante un
muestreo no probabilístico de tipo intencional,
considerando criterios de inclusión y exclusión
previamente establecidos para asegurar la
pertinencia de los participantes. Se incluyeron
80 adolescentes que cumplían con los siguientes
criterios: participación activa en procesos
psicoterapéuticos, permanencia nima de tres
meses en el centro y consentimiento informado
firmado por los representantes legales. Se
excluyeron aquellos adolescentes con
diagnósticos psiquiátricos severos que
impedían la aplicación de los instrumentos, así
como aquellos que no completaron el proceso
de evaluación. Este tipo de muestreo permitió
seleccionar sujetos que presentaban
características relevantes para el estudio,
garantizando la calidad de los datos obtenidos.
Aunque el muestreo no probabilístico limita la
generalización de los resultados, resulta
adecuado en investigaciones aplicadas en
contextos específicos. Además, permite un
análisis más profundo de las variables en
estudio. En consecuencia, la muestra
seleccionada responde a los objetivos de la
investigación (Hernández-Sampieri &
Mendoza, 2018).
Para la recolección de datos se utilizaron tres
instrumentos principales, diseñados y validados
para medir las variables del estudio. En primer
lugar, se aplicó un cuestionario de evaluación
de procesos psicoterapéuticos basado en una
escala tipo Likert de 1 a 5, que permitió medir
la percepción del adolescente sobre la calidad y
efectividad de la intervención psicológica. En
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segundo lugar, se utilizó una escala de
resignificación identitaria adaptada de modelos
narrativos, orientada a evaluar cambios en la
autoimagen y en la construcción del proyecto de
vida. En tercer lugar, se aplicó un instrumento
de medición de reintegración social que incluyó
indicadores de conducta prosocial, adaptación
institucional y expectativas futuras. Todos los
instrumentos fueron sometidos a un proceso de
validación mediante juicio de expertos,
obteniendo un índice de validez de contenido
superior a 0,85. Asimismo, se realizó una
prueba piloto que permitió ajustar la claridad y
coherencia de los ítems. La confiabilidad de los
instrumentos fue evaluada mediante el
coeficiente Alfa de Cronbach, obteniendo
valores superiores a 0,80, lo cual indica alta
consistencia interna (Field, 2018).
El procedimiento de investigación se desarrolló
en varias fases estructuradas que garantizaron la
rigurosidad del proceso. En una primera fase, se
realizó la autorización institucional y la
coordinación con el equipo técnico del centro
para la aplicación de los instrumentos.
Posteriormente, se llevó a cabo la
sensibilización de los participantes, explicando
los objetivos del estudio y garantizando la
confidencialidad de la información. En la fase
de recolección de datos, los instrumentos fueron
aplicados de manera individual en espacios
adecuados dentro de la institución, bajo la
supervisión del investigador. La aplicación tuvo
una duración aproximada de 30 minutos por
participante. Posteriormente, se procedió a la
codificación y sistematización de los datos para
su análisis estadístico. Este procedimiento
permitió asegurar la calidad y validez de la
información recolectada. Además, se respetaron
en todo momento los principios éticos de la
investigación (Beauchamp & Childress, 2019).
El análisis de los datos se realizó mediante
estadística descriptiva e inferencial, utilizando
el software SPSS versión 26 para el
procesamiento de la información. En primer
lugar, se calcularon frecuencias, porcentajes,
medias y desviaciones estándar para describir el
comportamiento de las variables.
Posteriormente, se aplicó el coeficiente de
correlación de Pearson para determinar la
relación entre los procesos psicoterapéuticos, la
resignificación identitaria y la reintegración
social. Asimismo, se estableció un nivel de
significancia de p < 0,05 para la interpretación
de los resultados. Los datos fueron presentados
mediante tablas analíticas que permitieron una
mejor comprensión de la información. Este tipo
de análisis permitió identificar patrones y
relaciones relevantes entre las variables. En
consecuencia, el análisis estadístico facilitó la
interpretación objetiva de los resultados
obtenidos (Field, 2018).
Resultados y Discusión
Tabla 1. Nivel de percepción de los procesos
psicoterapéuticos en adolescentes
Nivel
Frecuencia (n)
Porcentaje (%)
Bajo
12
15,0
Medio
46
57,5
Alto
22
27,5
Total
80
100
Fuente: Elaboración propia
Los resultados evidencian que el 57,5% (46) de
los adolescentes percibe los procesos
psicoterapéuticos en un nivel medio, lo cual
indica que, aunque existe una valoración
positiva de la intervención psicológica, aún
persisten limitaciones en su alcance y
profundidad. El 27,5% (22) de los participantes
reporta un nivel alto, lo que sugiere que una
proporción significativa logra beneficiarse de
manera óptima de los procesos terapéuticos,
desarrollando habilidades emocionales y
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cognitivas relevantes. Sin embargo, el 15,0%
(12) manifiesta un nivel bajo, lo que refleja
posibles dificultades en la implementación,
adherencia o pertinencia de las estrategias
terapéuticas. Estos resultados indican que, si
bien la intervención psicológica cumple un rol
importante, requiere fortalecimiento para lograr
un impacto más homogéneo. En consecuencia,
se evidencia la necesidad de optimizar los
procesos psicoterapéuticos dentro del contexto
institucional.
Tabla 2. Nivel de resignificación identitaria en
adolescentes
Nivel
Frecuencia (n)
Porcentaje (%)
Bajo
14
17,5
Medio
44
55,0
Alto
22
27,5
Total
80
100
Fuente: Elaboración propia
El análisis de la resignificación identitaria
muestra que el 55,0% (44) de los adolescentes
se encuentra en un nivel medio, lo que indica un
proceso de transformación en curso, pero aún
no consolidado. El 27,5% (22) alcanza un nivel
alto, evidenciando una reconstrucción
significativa de la autoimagen y una transición
hacia una identidad orientada al desarrollo
personal. Por otro lado, el 17,5% (14)
permanece en un nivel bajo, lo que sugiere la
persistencia de una identidad estigmatizada
asociada a la conducta delictiva. Estos
resultados reflejan que la resignificación
identitaria es un proceso progresivo que
depende de múltiples factores, incluyendo la
calidad de la intervención psicológica y el
entorno institucional. Asimismo, se observa una
correspondencia con los niveles de intervención
terapéutica reportados en la tabla anterior. Por
lo tanto, la resignificación identitaria se
configura como un indicador clave del impacto
de los procesos psicoterapéuticos. Por otro lado,
en la tabla 3, los resultados indican que el 60,0%
(48) de los adolescentes presenta un nivel medio
de reintegración social, lo que sugiere avances
parciales en la adaptación institucional y en el
desarrollo de conductas prosociales.
Tabla 3. Nivel de reintegración social en
adolescentes
Nivel
Frecuencia (n)
Bajo
10
Medio
48
Alto
22
Total
80
Fuente: Elaboración propia
El 27,5% (22) alcanza un nivel alto,
evidenciando una adecuada incorporación de
normas sociales y expectativas positivas hacia
el futuro. En contraste, el 12,5% (10) presenta
un nivel bajo, lo que refleja dificultades
persistentes en la adaptación y en la
construcción de proyectos de vida. Estos datos
permiten inferir que la reintegración social no
es un proceso inmediato, sino progresivo y
condicionado por múltiples variables.
Asimismo, se observa una tendencia similar a la
presentada en las variables anteriores, lo que
sugiere una relación entre ellas. En
consecuencia, la reintegración social se
posiciona como un resultado integral de los
procesos psicoterapéuticos y restaurativos.
Tabla 4. Relación entre procesos
psicoterapéuticos y resignificación identitaria
Variables
r de
Pearson
Significancia
(p)
Procesos psicoterapéuticos -
Resignificación identitaria
0,68
0,000
Fuente: Elaboración propia
El análisis correlacional evidencia una relación
positiva alta (r = 0,68) entre los procesos
psicoterapéuticos y la resignificación
identitaria, con un nivel de significancia
estadística de p = 0,000, lo cual indica que la
relación es estadísticamente significativa. Este
resultado sugiere que a medida que mejora la
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calidad y percepción de la intervención
psicológica, también se incrementa la capacidad
del adolescente para resignificar su identidad.
La magnitud de la correlación refleja una
asociación fuerte, lo que confirma la relevancia
de la intervención terapéutica en los procesos de
cambio subjetivo. Asimismo, este hallazgo es
coherente con los planteamientos teóricos que
destacan el papel de la psicoterapia en la
reconstrucción de la identidad. En
consecuencia, se puede afirmar que la
intervención psicológica constituye un factor
determinante en la transformación del
adolescente.
Tabla 5. Relación entre resignificación
identitaria y reintegración social
Variables
r de
Pearson
Significancia
(p)
Resignificación identitaria -
Reintegración social
0,72
0,000
Fuente: Elaboración propia
Los resultados muestran una correlación
positiva alta (r = 0,72) entre la resignificación
identitaria y la reintegración social, con una
significancia estadística de p = 0,000. Este
hallazgo indica que los adolescentes que logran
transformar su autoimagen presentan mayores
niveles de adaptación social y conductas
prosociales. La magnitud de la correlación
sugiere que la identidad constituye un elemento
central en los procesos de reintegración.
Asimismo, evidencia que los cambios internos
del adolescente tienen un impacto directo en su
comportamiento social. Este resultado refuerza
la importancia de trabajar la dimensión
identitaria en los procesos de intervención. Por
lo tanto, la resignificación identitaria se
posiciona como un mediador clave entre la
intervención psicológica y la reintegración
social. En la tabla 6, el análisis correlacional
evidencia una relación positiva moderadamente
alta (r = 0,65) entre los procesos
psicoterapéuticos y la reintegración social, con
una significancia estadística de p = 0,000.
Tabla 6. Relación entre procesos
psicoterapéuticos y reintegración social
Variables
r de
Pearson
Significancia
(p)
Procesos psicoterapéuticos -
Reintegración social
0,65
0,000
Fuente: Elaboración propia
Este resultado indica que la intervención
psicológica influye de manera significativa en
la capacidad del adolescente para adaptarse
socialmente y desarrollar conductas
prosociales. Aunque la correlación es
ligeramente menor que la observada con la
resignificación identitaria, sigue siendo un
indicador relevante del impacto de la
intervención. Esto sugiere que la reintegración
social está mediada por procesos internos, como
la transformación de la identidad. Asimismo,
evidencia que la intervención psicológica actúa
de manera indirecta a través de múltiples
variables. En consecuencia, los procesos
psicoterapéuticos deben ser fortalecidos para
maximizar su impacto en la reintegración
social.
Los resultados obtenidos permiten afirmar que
los procesos psicoterapéuticos desempeñan un
papel determinante en la transformación de los
adolescentes en contextos de ejecución penal
juvenil, lo cual se alinea con los planteamientos
de la psicología del desarrollo que destacan la
importancia de intervenciones especializadas en
etapas críticas del ciclo vital. Desde esta
perspectiva, la adolescencia constituye un
periodo de alta plasticidad cognitiva y
emocional, lo que favorece la incorporación de
nuevas formas de pensamiento y
comportamiento cuando se implementan
estrategias terapéuticas adecuadas (Steinberg,
2020). En este sentido, la evidencia empírica
obtenida confirma que la intervención
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psicológica no solo actúa sobre la conducta
observable, sino que también incide en procesos
internos relacionados con la identidad y la
autorregulación. Este hallazgo coincide con
investigaciones que señalan que los programas
terapéuticos estructurados contribuyen
significativamente a la reducción de conductas
antisociales (Lipsey et al., 2019). Asimismo, se
observa que la efectividad de estas
intervenciones depende de su calidad,
continuidad y adecuación al contexto. Por lo
tanto, los resultados refuerzan la necesidad de
fortalecer los programas psicoterapéuticos en la
justicia juvenil.
En relación con la resignificación identitaria,
los hallazgos evidencian que este proceso
constituye un elemento central en la
transformación del adolescente, lo cual es
consistente con la teoría del desistimiento
delictivo que enfatiza el cambio en la narrativa
personal como un factor clave para abandonar
conductas antisociales (Maruna, 2017). La
reconstrucción de la identidad permite al
adolescente reinterpretar su historia de vida y
proyectarse hacia el futuro desde una
perspectiva más adaptativa y prosocial. Este
proceso no ocurre de manera automática, sino
que requiere espacios de reflexión,
acompañamiento terapéutico y experiencias
significativas que favorezcan el cambio. La
literatura científica ha señalado que los
adolescentes que logran resignificar su
identidad presentan mayores probabilidades de
reintegrarse socialmente y de evitar la
reincidencia. En este sentido, los resultados
obtenidos confirman que la identidad no es una
estructura fija, sino un proceso dinámico
susceptible de transformación. Por
consiguiente, la intervención psicológica debe
centrarse en la construcción de nuevas
narrativas identitarias.
En cuanto a la reintegración social, los
resultados sugieren que este proceso está
estrechamente vinculado tanto a la intervención
psicológica como a la resignificación
identitaria, lo cual coincide con estudios que
destacan la importancia de abordar
simultáneamente las dimensiones individuales
y sociales del comportamiento (Kazdin, 2021).
La reintegración no se limita a la adaptación
institucional, sino que implica la adquisición de
habilidades sociales, la internalización de
normas y la construcción de un proyecto de
vida. Este proceso se ve favorecido cuando el
adolescente cuenta con apoyo institucional,
familiar y comunitario. Sin embargo, también
se evidencia que la reintegración es un proceso
gradual que puede verse obstaculizado por
factores estructurales como la exclusión social
y la falta de oportunidades. La literatura ha
señalado que los programas integrales que
combinan intervención psicológica, educación
y apoyo social presentan mejores resultados
(Farrington, 2017). En consecuencia, los
resultados destacan la necesidad de enfoques
integrales en la justicia juvenil.
Desde el enfoque jurídico restaurativo, los
resultados obtenidos refuerzan la idea de que la
responsabilización activa del adolescente
constituye un elemento clave en los procesos de
cambio, en concordancia con los
planteamientos de Zehr (2015), quien sostiene
que la justicia restaurativa promueve una
comprensión más profunda del daño causado. A
diferencia del modelo punitivo, este enfoque
permite al adolescente participar activamente en
la resolución del conflicto, lo que favorece la
internalización de valores prosociales.
Asimismo, la justicia restaurativa promueve el
desarrollo de la empatía y la reparación del
daño, elementos fundamentales para la
convivencia social. Los resultados evidencian
que cuando estos procesos se articulan con la
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intervención psicológica, se generan cambios
más significativos y sostenibles. Este hallazgo
coincide con estudios que destacan la
efectividad de los programas restaurativos en la
reducción de la reincidencia (Bazemore y
Umbreit, 2018). Por lo tanto, la integración de
este enfoque resulta fundamental para la
transformación de la justicia juvenil.
Por otro lado, los resultados también permiten
identificar limitaciones en la implementación de
los procesos de intervención, lo cual coincide
con investigaciones que señalan la existencia de
barreras estructurales en los sistemas de justicia
juvenil. Entre estas barreras se encuentran la
falta de recursos, la insuficiente formación de
los profesionales y la persistencia de prácticas
punitivas tradicionales (Rodríguez y Pérez,
2023). Estas limitaciones pueden afectar la
calidad y el alcance de las intervenciones,
reduciendo su efectividad. Asimismo, la falta de
articulación interinstitucional puede dificultar
la continuidad de los procesos terapéuticos y de
reintegración. La literatura ha destacado la
importancia de fortalecer los sistemas de
atención mediante políticas integrales y basadas
en evidencia. En este sentido, los resultados
evidencian la necesidad de mejorar las
condiciones de implementación de los
programas.
Los hallazgos del estudio permiten afirmar que
la transformación del adolescente en conflicto
con la ley requiere un enfoque integral que
combine la intervención psicológica con el
enfoque jurídico restaurativo, en coherencia con
los principios de la psicología del desarrollo y
los derechos humanos. Este enfoque permite
abordar tanto las dimensiones internas como
externas del comportamiento, favoreciendo
procesos de cambio más profundos y
sostenibles. La evidencia obtenida sugiere que
la resignificación identitaria actúa como un
mediador clave entre la intervención
psicológica y la reintegración social. Asimismo,
se confirma que los procesos de cambio no son
lineales, sino dinámicos y contextualmente
condicionados. Estos resultados aportan
evidencia relevante para el diseño de políticas y
programas en justicia juvenil. En consecuencia,
se concluye que la integración de enfoques
constituye una estrategia fundamental para
mejorar los resultados de intervención.
Conclusiones
En respuesta al objetivo de analizar los procesos
psicoterapéuticos en contextos de ejecución
penal juvenil desde la intervención psicológica
infantil-juvenil y el enfoque jurídico
restaurativo, se concluye que la intervención
psicológica constituye un eje estructural,
dinámico y altamente determinante en la
transformación integral del adolescente en
conflicto con la ley, debido a que incide de
manera directa, sistemática y progresiva en la
modificación de patrones cognitivos
disfuncionales, en la regulación de respuestas
emocionales desadaptativas y en la
reconfiguración de conductas que previamente
estaban asociadas a la transgresión normativa.
Los resultados obtenidos evidencian con
claridad que los procesos terapéuticos no solo
generan cambios en la conducta observable,
sino que además producen transformaciones
profundas en dimensiones internas del sujeto,
tales como la autopercepción, la autoeficacia y
la construcción del sentido de mismo en
relación con su entorno social. Este hallazgo
confirma que la intervención psicológica no
puede ser concebida como una acción aislada o
puntual, sino como un proceso continuo,
sistemático, estructurado y adaptado a las
particularidades evolutivas, emocionales y
contextuales de cada adolescente. Asimismo, se
establece que la calidad, la intensidad y la
pertinencia de la intervención influyen de
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manera significativa en la magnitud y
sostenibilidad de los cambios observados en los
participantes. En este sentido, fortalecer los
programas psicoterapéuticos, dotarlos de mayor
rigor técnico y asegurar su continuidad en el
tiempo se convierte en una necesidad prioritaria
dentro de los sistemas de justicia juvenil
contemporáneos. Por lo tanto, la intervención
psicológica se posiciona no solo como un
componente relevante, sino como un elemento
indispensable y estratégico en los procesos de
rehabilitación, resignificación y reintegración
social del adolescente.
En relación con la resignificación identitaria, se
concluye que este proceso constituye un núcleo
central, transversal y profundamente
transformador dentro de la dinámica de cambio
del adolescente en conflicto con la ley, debido a
que permite el tránsito progresivo desde una
identidad estigmatizada, rígida y socialmente
impuesta hacia una autoimagen más flexible,
reflexiva y orientada al desarrollo personal,
social y moral. Los resultados muestran que la
reconstrucción de la identidad no ocurre de
manera inmediata ni automática, sino que se
configura como un proceso gradual, complejo y
mediado por múltiples factores, entre los cuales
destacan la calidad del acompañamiento
terapéutico, las experiencias institucionales
vividas y la posibilidad de construir nuevas
narrativas personales. Este proceso implica una
reinterpretación profunda de la historia de vida
del adolescente, en la cual se resignifican
eventos pasados, se cuestionan creencias
limitantes y se proyectan nuevas posibilidades
de futuro. Asimismo, se evidencia que los
adolescentes que logran avanzar en este proceso
presentan mayores niveles de compromiso con
su proceso de cambio, mayor disposición a la
responsabilización y una actitud más positiva
frente a la reintegración social. En
consecuencia, la resignificación identitaria debe
ser considerada no como un resultado
secundario, sino como un objetivo prioritario y
estructural en los programas de intervención.
Por lo tanto, el trabajo terapéutico orientado a la
identidad se convierte en un elemento clave,
estratégico y decisivo para el desistimiento
delictivo y la transformación personal.
En cuanto a la reintegración social, se concluye
que este proceso constituye una dimensión
compleja, multidimensional y profundamente
condicionada por la interacción entre factores
individuales, institucionales y contextuales, lo
cual implica que no puede ser abordado desde
una perspectiva reduccionista ni fragmentada.
Los resultados evidencian que la reintegración
social se encuentra directamente relacionada
con la calidad de la intervención psicológica
recibida, así como con los procesos internos de
transformación que experimenta el adolescente
durante su permanencia en el sistema.
Asimismo, se establece que la reintegración no
se limita únicamente a la adaptación al entorno
institucional o al cumplimiento de normas, sino
que implica la construcción de un proyecto de
vida significativo, el desarrollo de habilidades
sociales funcionales y la internalización de
valores prosociales. Este proceso requiere
necesariamente el acompañamiento de
múltiples actores, incluyendo la familia, las
instituciones educativas, los servicios sociales y
la comunidad en general. En este sentido, la
reintegración social debe ser entendida como un
proceso progresivo, sostenido y articulado que
trasciende el ámbito institucional. Por lo tanto,
su abordaje requiere estrategias integrales,
coordinadas y sostenidas en el tiempo que
garanticen la continuidad de los procesos de
cambio.
Desde el enfoque jurídico restaurativo, se
concluye que la responsabilización activa del
adolescente constituye un elemento
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fundamental, transformador y profundamente
educativo dentro de los procesos de
intervención, ya que permite una comprensión
más consciente, reflexiva y significativa del
daño causado, promoviendo al mismo tiempo la
participación activa en su reparación. Los
resultados evidencian que la justicia
restaurativa favorece procesos de cambio más
profundos, sostenibles y coherentes en
comparación con los enfoques punitivos
tradicionales, los cuales tienden a centrarse en
la sanción sin generar aprendizajes
significativos. Asimismo, se establece que este
enfoque contribuye al desarrollo de la empatía,
al reconocimiento del otro y al fortalecimiento
de las relaciones sociales, elementos esenciales
para la convivencia. La integración de la justicia
restaurativa con la intervención psicológica
permite potenciar los efectos de ambas
estrategias, generando sinergias que favorecen
la transformación integral del adolescente. En
consecuencia, se confirma que la articulación de
estos enfoques constituye una alternativa
altamente eficaz, pertinente y necesaria en el
ámbito de la justicia juvenil. Por lo tanto, su
implementación debe ser fortalecida mediante
políticas institucionales coherentes y
sostenibles.
Por otra parte, se concluye que existen
limitaciones estructurales, organizacionales y
operativas en la implementación de los procesos
de intervención que pueden afectar
significativamente su efectividad, entre las
cuales se destacan la insuficiencia de recursos
técnicos y humanos, la limitada formación
especializada de los profesionales y la
persistencia de prácticas institucionales de
carácter punitivo. Estas limitaciones evidencian
la necesidad urgente de fortalecer los sistemas
de justicia juvenil mediante el diseño e
implementación de políticas públicas que
promuevan enfoques integrales,
interdisciplinarios y basados en evidencia
científica. Asimismo, se establece que la falta
de coordinación interinstitucional constituye
una barrera importante que dificulta la
continuidad y sostenibilidad de los procesos
terapéuticos y de reintegración. La superación
de estas limitaciones requiere no solo inversión
de recursos, sino también cambios en la cultura
institucional y en los modelos de intervención.
En este sentido, es fundamental promover
procesos de capacitación continua, supervisión
técnica y evaluación sistemática de los
programas. Por lo tanto, la mejora de las
condiciones institucionales se convierte en un
requisito indispensable para el éxito de las
intervenciones.
Se concluye que la transformación del
adolescente en conflicto con la ley requiere un
enfoque integral, sistémico y profundamente
articulado que combine de manera coherente la
intervención psicológica, el enfoque jurídico
restaurativo y las condiciones contextuales en
las que se desarrolla el individuo, reconociendo
la complejidad del fenómeno y evitando
interpretaciones simplistas. Los resultados
evidencian que los procesos de cambio no son
lineales ni homogéneos, sino dinámicos,
progresivos y condicionados por múltiples
variables que interactúan entre sí. Asimismo, se
establece que la resignificación identitaria actúa
como un mediador clave entre la intervención
psicológica y la reintegración social,
consolidándose como un eje central en la
transformación del adolescente. Este hallazgo
aporta elementos teóricos y prácticos de gran
relevancia para el diseño de programas de
intervención más efectivos, humanizados y
sostenibles. En consecuencia, se reafirma la
importancia de abordar el fenómeno desde una
perspectiva interdisciplinaria que integre
saberes psicológicos, jurídicos y sociales. Por lo
tanto, la integración de enfoques constituye la
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Vol. 7 No. 3.1
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Esta obra esbajo una licencia de
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Balseca Carrión, Fernanda Graciela Zumba
Vargas, Ángelo Joseth Balseca Carrión y Jenny
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Fernanda Graciela Zumba Vargas: Curación y organización de los datos, participación en la recolección de información, validación de los resultados
obtenidos y elaboración de representaciones gráficas y visualización de los datos.
Ángelo Joseth Balseca Carrión: Provisión de recursos académicos y materiales para el desarrollo del estudio, apoyo en la administración del proyecto
investigativo y revisión editorial del manuscrito antes de su publicación.
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investigativo y revisión editorial del manuscrito antes de su publicación.
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