Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 3.1
Edición Especial III 2026
Página 45
JUEGOS AL AIRE LIBRE COMO ESTRATEGIA PEDAGÓGICA PARA FORTALECER
LA AUTONOMÍA EN NIÑOS DE EDUCACIÓN INICIAL
OUTDOOR GAMES AS A PEDAGOGICAL STRATEGY TO STRENGTHEN AUTONOMY
IN EARLY CHILDHOOD EDUCATION
Autores: ¹Jennifer Rocío Armijos Toalongo, ²Glenda Viviana Romero Rodríguez, ³Osiris del
Carmen Gordon Vanegas y
4
Steven Arturo Torres Burgos.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-6224-3191
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-8723-2843
3
ORCID ID:
https://orcid.org/0009-0004-3123-9951
4
ORCID ID:
https://orcid.org/0000-0001-9299-3254
¹E-mail de contacto: jarmijost2@unemi.edu.ec
²E-mail de contacto: gromeror10@unemi.edu.ec
³E-mail de contacto: ogordonv@unemi.edu.ec
4
E-mail de contacto:
storresb5@unemi.edu.ec
Afiliación:
1*2*3*4*
Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
Artículo recibido: 15 de Marzo del 2026
Artículo revisado: 17 de Marzo del 2026
Artículo aprobado: 21 de Marzo del 2026
¹Licenciada en Ciencias de la Educación mención Educación Inicial y Parvularia graduada en la Universidad Católica de Cuenca,
(Ecuador), docente de Inicial II 4 años y 3 meses de experiencia laboral en la Unidad Educativa Fiscomisional Santa Mariana de Jesús
ubicada en el cantón Saraguro provincia de Loja. Maestrante en Educación Inicial con Mención en Innovación en el Desarrollo Infantil
en Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
²Licenciada en Ciencia de la Educación mención Psicología Infantil y Educación Parvularia en la Universidad Nacional de Loja,
(Ecuador), docente de Preparatoria con 10 años de experiencia laboral en la Escuela de Educación Básica Mariano Cueva, ubicado en el
cantón Saraguro provincia de Loja. Maestrante en Educación Inicial con Mención en Innovación en el Desarrollo Infantil en Universidad
Estatal de Milagro, (Ecuador).
³Licenciada en Educación Preescolar y Promoción de la Familia en la Universidad Santo Tomás de Aquino, (Colombia), docente del
grado transición en La Institución Educativa La Peña Cicuco departamento de Bolivar Colombia, 18 años de experiencia. Maestrante en
Educación Inicial con Mención en Innovación en el Desarrollo Infantil en Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
4
Docente universitario de pregrado y posgrado, Licenciado por la Universidad de Guayaquil, (Ecuador). Posee una Maestría en Pedagogía
de la Actividad Física con mención en Educación Física Inclusiva por la Universidad Bolivariana del Ecuador, (Ecuador). Doctorando
por el Centro de Estudios para la Calidad Educativa y la Investigación Científica, (CECEIC). Investigador científico Senescyt, redactor
de múltiples artículos y libros científicos.
Resumen
El presente estudio analizó la contribución de
los juegos al aire libre como estrategia
pedagógica para fortalecer la autonomía en
niños de educación inicial mediante un enfoque
cuantitativo de diseño no experimental
descriptivo correlacional y corte transversal. La
muestra estuvo conformada por 30 niños de 4 a
5 años y 5 docentes. Se emplearon técnicas de
observación estructurada y cuestionario con
escala Likert. Los resultados evidenciaron que
el 60 % de docentes utiliza frecuentemente
juegos al aire libre, mientras el 40 % presenta
aplicación irregular. Se identificó un nivel alto
de participación en 40 % de los niños, y niveles
medios predominantes en autonomía. En toma
de decisiones, autorregulación e iniciativa
personal predominaron niveles medios,
evidenciando procesos en consolidación. El
análisis correlacional mostró una relación
positiva significativa entre juegos al aire libre y
autonomía infantil con r = 0,68 y p < 0,001. Se
concluye que la aplicación sistemática de esta
estrategia fortalece la independencia, la toma
de decisiones y la autorregulación infantil.
Asimismo, se evidencia que la mediación
docente y la frecuencia de uso influyen
directamente en los resultados obtenidos. Se
recomienda integrar de forma planificada el
juego al aire libre en el currículo de educación
inicial para potenciar el desarrollo integral del
niño. Además, se sugiere fortalecer la
formación docente en metodologías activas que
promuevan participación, inclusión y
autonomía desde edades tempranas de manera
sostenible.
Palabras clave: Autonomía infantil, Juego al
aire libre, Educación Inicial.
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Abstract
This study analyzed the contribution of outdoor
games as a pedagogical strategy to strengthen
autonomy in early childhood education using a
quantitative, non-experimental, descriptive-
correlational, cross-sectional design. The
sample consisted of 30 children aged 4 to 5
years and 5 teachers. Structured observation
techniques and a Likert-scale questionnaire
were used. The results showed that 60% of
teachers frequently used outdoor games, while
40% used them irregularly. A high level of
participation was identified in 40% of the
children, with predominantly medium levels of
autonomy. Medium levels predominated in
decision-making, self-regulation, and personal
initiative, indicating processes in
consolidation. The correlational analysis
showed a significant positive relationship
between outdoor games and children's
autonomy (r = 0.68, p < 0.001). It is concluded
that the systematic application of this strategy
strengthens children's independence, decision-
making, and self-regulation. Furthermore, it is
evident that teacher mediation and frequency of
use directly influence the results obtained. It is
recommended to integrate outdoor play into the
early childhood education curriculum in a
planned manner to enhance children's holistic
development. Furthermore, it is suggested that
teacher training in active methodologies that
promote participation, inclusion, and autonomy
from an early age be strengthened in a
sustainable way.
Keywords: Child autonomy, Outdoor play,
Early childhood education.
Sumário
Este estudo analisou a contribuição dos jogos
ao ar livre como estratégia pedagógica para
fortalecer a autonomia na educação infantil,
utilizando um delineamento quantitativo, não
experimental, descritivo-correlacional e
transversal. A amostra foi composta por 30
crianças de 4 a 5 anos e 5 professores. Foram
utilizadas técnicas de observação estruturada e
um questionário com escala Likert. Os
resultados mostraram que 60% dos professores
utilizavam jogos ao ar livre frequentemente,
enquanto 40% os utilizavam irregularmente.
Um alto nível de participação foi identificado
em 40% das crianças, com níveis
predominantemente médios de autonomia. Os
níveis médios predominaram na tomada de
decisão, na autorregulação e na iniciativa
pessoal, indicando processos em consolidação.
A análise correlacional mostrou uma relação
positiva significativa entre os jogos ao ar livre
e a autonomia das crianças (r = 0,68, p < 0,001).
Conclui-se que a aplicação sistemática dessa
estratégia fortalece a independência, a tomada
de decisão e a autorregulação das crianças.
Além disso, é evidente que a mediação do
professor e a frequência de uso influenciam
diretamente os resultados obtidos. Recomenda-
se a integração planejada de brincadeiras ao ar
livre no currículo da educação infantil para
promover o desenvolvimento integral das
crianças. Além disso, sugere-se o
fortalecimento sustentável da formação de
professores em metodologias ativas que
promovam a participação, a inclusão e a
autonomia desde a primeira infância.
Palavras-chave: Autonomia infantil,
Brincadeiras ao ar livre, Educação infantil.
Introducción
La educación inicial constituye una etapa
decisiva para la formación de capacidades que
no solo preparan al niño para la escolaridad
posterior, sino que también configuran bases
duraderas para su desarrollo personal, social y
emocional a lo largo de la vida. Dentro de ese
proceso, la autonomía infantil ocupa un lugar
central porque expresa la capacidad progresiva
del niño para tomar pequeñas decisiones,
resolver situaciones cotidianas, asumir
responsabilidades ajustadas a su edad y actuar
con mayor seguridad dentro de los distintos
contextos en los que participa. La literatura
especializada en desarrollo infantil ha insistido
en que los primeros años representan una
ventana crítica para fortalecer habilidades
vinculadas con la autorregulación, la iniciativa,
la exploración y la independencia funcional, las
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cuales se consolidan mejor cuando el entorno
educativo ofrece experiencias activas,
significativas y variadas. En esa perspectiva, el
juego deja de ser entendido como una actividad
secundaria o exclusivamente recreativa y pasa a
concebirse como un medio pedagógico esencial
para organizar aprendizajes profundos en la
infancia. A su vez, los marcos internacionales
sobre desarrollo en la primera infancia subrayan
que el aprendizaje temprano debe estar
acompañado por interacciones estimulantes,
juego, movimiento y oportunidades reales de
participación del niño en ambientes seguros y
enriquecidos. Por ello, abordar los juegos al aire
libre como estrategia pedagógica para fortalecer
la autonomía en niños de educación inicial no
constituye una elección accesoria, sino una
necesidad pedagógica coherente con las
exigencias del desarrollo integral
contemporáneo (UNICEF, 2023; UNICEF, s.
f.).
En el campo de la educación infantil, los juegos
al aire libre han adquirido creciente atención
académica debido a su potencial para promover
experiencias de aprendizaje más activas,
abiertas y contextualizadas que las ofrecidas por
ambientes excesivamente cerrados o altamente
estructurados. La evidencia disponible indica
que el juego exterior favorece el movimiento
libre, la interacción social espontánea, la
curiosidad, la exploración del entorno y la
posibilidad de que los niños enfrenten desafíos
acordes con su nivel de desarrollo. Esta
condición resulta particularmente relevante
para la autonomía, porque el niño necesita
situaciones concretas en las cuales pueda elegir,
intentar, equivocarse, corregir y volver a actuar
desde sus propias iniciativas. El espacio
exterior, especialmente cuando incluye
elementos naturales, materiales abiertos y
oportunidades de desplazamiento, amplía
considerablemente las posibilidades de acción
independiente y reduce la rigidez que en
muchos casos imponen los ambientes interiores
tradicionales. Además, las investigaciones
sobre juego al aire libre señalan que estos
entornos fortalecen dimensiones del desarrollo
vinculadas con la autoconfianza, la capacidad
de adaptación y la resolución práctica de
problemas, todas estrechamente relacionadas
con el ejercicio gradual de la autonomía. En
consecuencia, los juegos al aire libre deben ser
comprendidos no solo como momentos de
recreación física, sino como una plataforma
pedagógica compleja para la formación de
competencias infantiles esenciales (Bento y
Dias, 2017; Lee et al., 2025).
La autonomía en los niños de educación inicial
no puede interpretarse como independencia
absoluta ni como desvinculación del
acompañamiento adulto, sino como un proceso
gradual de adquisición de control sobre
acciones, decisiones y comportamientos dentro
de un marco de apoyo pedagógico sensible.
Desde esta perspectiva, fortalecer la autonomía
implica crear condiciones para que el niño
participe activamente en su aprendizaje,
desarrolle confianza en sus propias
posibilidades y avance en la capacidad de actuar
con iniciativa frente a situaciones cotidianas. La
investigación reciente en educación infantil ha
mostrado que las prácticas docentes que apoyan
la autonomía se asocian con una mejor
persistencia en las tareas, mayor motivación,
avances en autorregulación y una participación
más activa del niño en contextos educativos.
Tales hallazgos obligan a reconsiderar modelos
pedagógicos excesivamente directivos, ya que
cuando el adulto monopoliza la acción, organiza
todas las respuestas y limita la exploración
infantil, se reducen de manera importante las
oportunidades de construcción autónoma. En
cambio, cuando se ofrece al niño un entorno con
elecciones posibles, retos razonables y
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mediación ajustada, se favorece el desarrollo de
conductas autónomas más estables y
significativas. De ahí que la articulación entre
autonomía y juego al aire libre resulte
teóricamente consistente, dado que ambos se
apoyan en la acción, la decisión, la exploración
y la implicación activa del sujeto infantil
(Madanipour et al., 2025; Arvanitis et al.,
2024).
Desde el punto de vista pedagógico, el valor de
los juegos al aire libre reside también en que
amplían la experiencia educativa más allá del
aula y permiten reconfigurar la relación entre
niño, espacio, cuerpo, materiales y aprendizaje.
En el exterior, el niño no se limita a recibir
instrucciones, sino que interactúa de forma más
orgánica con elementos que le exigen observar,
calcular, coordinar movimientos, negociar con
pares, anticipar riesgos y construir soluciones
prácticas. Esta dinámica convierte el entorno
exterior en un escenario propicio para el
desarrollo de la iniciativa personal, porque
muchas de las respuestas no están
predeterminadas y dependen de la acción
concreta del niño frente a lo que descubre o
enfrenta. Asimismo, los espacios naturales y las
áreas de juego abiertas favorecen la
imaginación, la flexibilidad y la toma de
decisiones en contextos menos rígidos, lo que
fortalece no solo la autonomía motriz, sino
también la autonomía cognitiva y social.
Algunas investigaciones sobre espacios
naturales en educación infantil destacan
precisamente que estos ambientes incrementan
las posibilidades de juego autodirigido,
participación y construcción de sentido por
parte de los niños. En tal sentido, el carácter
pedagógico del juego exterior debe evaluarse
por su capacidad para generar experiencias de
protagonismo infantil auténtico dentro de la
vida escolar cotidiana (Smedsrud et al., 2023;
Yuan et al., 2025).
Otro aspecto decisivo radica en que los juegos
al aire libre contribuyen de manera importante a
la regulación emocional y conductual,
dimensiones que guardan una relación directa
con la autonomía. Un niño que desarrolla mayor
control de impulsos, capacidad de espera,
adaptación a normas compartidas y manejo de
frustraciones se encuentra en mejores
condiciones para actuar independientemente y
sostener conductas responsables en diferentes
situaciones. En este punto, la evidencia
empírica reciente resulta especialmente valiosa,
ya que estudios sobre prácticas pedagógicas
basadas en la naturaleza han encontrado efectos
positivos en procesos de autorregulación
durante la etapa preescolar. La autorregulación
no solo favorece la convivencia y la adaptación
escolar, sino que constituye una base operativa
para el ejercicio de la autonomía, pues permite
que el niño dirija su conducta con menos
dependencia del control externo inmediato.
Además, los contextos de juego exterior suelen
requerir ajustes constantes ante cambios del
espacio, interacción con otros niños y
resolución de pequeños problemas, lo que
fortalece progresivamente la capacidad de
autocontrol. Por ello, la relación entre juegos al
aire libre y autonomía no debe entenderse de
manera superficial, sino como una interacción
profunda entre movimiento, emoción, conducta
y aprendizaje autónomo (Ernst et al., 2024;
Ulset et al., 2017).
Pese a estos beneficios, en numerosos contextos
educativos persisten barreras que limitan la
incorporación sistemática del juego al aire libre
como parte de la planificación pedagógica en
educación inicial. La literatura identifica
obstáculos vinculados con políticas
institucionales restrictivas, insuficiente diseño
de los espacios exteriores, preocupaciones
excesivas por la seguridad, condiciones
climáticas y, en algunos casos, escasa
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preparación del personal docente para
aprovechar pedagógicamente el exterior.
Cuando tales barreras predominan, el juego
exterior tiende a reducirse a momentos
marginales o esporádicos, sin objetivos
educativos claros y sin una articulación real con
las metas de desarrollo infantil. Esta situación
resulta problemática porque impide que el
potencial formativo del entorno abierto se
traduzca en oportunidades consistentes para la
autonomía, la exploración y la toma de
decisiones por parte de los niños. Más aún, la
evidencia contemporánea sostiene que la
restricción sistemática del tiempo de juego
exterior disminuye experiencias clave para el
desarrollo saludable y para la formación de
capacidades socioemocionales y conductuales
relevantes. En consecuencia, no basta con
reconocer teóricamente la importancia del juego
al aire libre; es imprescindible analizar las
condiciones institucionales y pedagógicas que
posibilitan o dificultan su aprovechamiento
como estrategia educativa efectiva (Ramsden et
al., 2022; Lee et al., 2021).
En la etapa de educación inicial, el juego al aire
libre adquiere también valor por su estrecha
relación con la salud, el bienestar y el desarrollo
físico integral del niño, elementos que
fortalecen indirectamente la autonomía
funcional. Los lineamientos internacionales
sobre actividad física para menores de cinco
años insisten en la necesidad de garantizar
tiempos suficientes de movimiento activo a lo
largo del día, dado que la actividad física
temprana se vincula con mejores condiciones de
salud y bienestar general. En la práctica
educativa, ello significa que el juego activo y
exterior no debe ser visto como una interrupción
del aprendizaje, sino como parte constitutiva de
una pedagogía que integra cuerpo, emoción,
cognición y socialización. Cuando el niño
dispone de más oportunidades para correr,
saltar, trepar, desplazarse, coordinar acciones y
explorar el espacio, no solo fortalece su
competencia motriz, sino también su seguridad
personal para actuar sin depender
permanentemente de la ayuda adulta. Esa
seguridad corporal es un soporte importante de
la autonomía, porque un niño que domina mejor
sus movimientos y percibe mayor control sobre
su cuerpo tiende a asumir con mayor confianza
acciones cotidianas y desafíos ajustados a su
edad. Así, los juegos al aire libre constituyen
una respuesta coherente tanto a las necesidades
pedagógicas como a las orientaciones
internacionales sobre bienestar y desarrollo
infantil (World Health Organization, 2019; Lee
et al., 2025).
Asimismo, el juego exterior favorece de manera
significativa la interacción social entre pares, y
esta dimensión social es inseparable del
desarrollo de la autonomía en la infancia. El
niño no construye autonomía únicamente en
relación consigo mismo, sino también al
aprender a actuar con otros, negociar reglas,
esperar turnos, expresar preferencias, resolver
desacuerdos y sostener iniciativas compartidas
en un entorno de cooperación. Los espacios
abiertos suelen ampliar las oportunidades de
interacción espontánea y de participación
activa, porque ofrecen mayor flexibilidad para
inventar dinámicas, organizar roles y
transformar materiales o escenarios según los
intereses del grupo infantil. En ese proceso, los
niños aprenden a autorregularse en relación con
normas comunes, pero también a afirmar
decisiones personales dentro de marcos de
convivencia, lo cual fortalece una autonomía
socialmente situada. Estudios sobre juego y
desarrollo social en edad preescolar coinciden
en que las experiencias lúdicas bien
aprovechadas favorecen competencias sociales,
conducta prosocial y sentido de participación.
De esta manera, el juego al aire libre aparece
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como una práctica pedagógica que articula
autonomía individual y aprendizaje relacional,
aspecto esencial en la educación inicial
(Theobald et al., 2015; Alme y Reime, 2021).
En el plano didáctico, resulta especialmente
relevante comprender que el fortalecimiento de
la autonomía mediante juegos al aire libre no
ocurre de modo automático, sino que depende
de una mediación docente intencional, reflexiva
y metodológicamente coherente. No se trata
simplemente de sacar a los niños al patio o al
jardín, sino de diseñar experiencias donde el
espacio exterior se convierta en un ambiente
pedagógico que ofrezca desafíos, elecciones,
materiales abiertos y oportunidades de
participación auténtica. La investigación
reciente ha advertido que el apoyo a la
autonomía no debe confundirse con abandono
pedagógico o laissez-faire, puesto que los niños
requieren acompañamiento sensible,
observación, andamiaje y orientaciones sutiles
que respeten su iniciativa sin anularla. Esto
implica que el docente de educación inicial debe
desarrollar competencias para planificar,
observar y valorar el juego exterior como
escenario de aprendizaje y no únicamente como
tiempo libre. Además, una pedagogía del juego
al aire libre exige reconocer al niño como agente
activo, capaz de construir experiencias y
significados a partir de su interacción corporal,
social y espacial con el entorno. Por tanto, la
estrategia pedagógica solo alcanza su verdadero
alcance formativo cuando existe una
articulación rigurosa entre intencionalidad
educativa, protagonismo infantil y mediación
profesional adecuada (Arvanitis et al., 2024;
Dietze y Kashin, 2020).
En virtud de los argumentos expuestos, se
evidencia que los juegos al aire libre reúnen
condiciones pedagógicas, psicológicas, sociales
y motrices que los convierten en una estrategia
pertinente para fortalecer la autonomía en niños
de educación inicial. La combinación de
movimiento, exploración, interacción, toma de
decisiones, autorregulación y contacto con
entornos más abiertos permite configurar
experiencias formativas coherentes con las
necesidades del desarrollo infantil temprano.
Sin embargo, la sola existencia de beneficios
generales reportados en la literatura no sustituye
la necesidad de investigaciones
contextualizadas que examinen cómo esta
estrategia puede aplicarse en realidades
educativas concretas y qué efectos produce en
poblaciones específicas de niños. En muchos
escenarios latinoamericanos todavía se requiere
mayor producción científica que vincule
explícitamente juego al aire libre, práctica
pedagógica y autonomía infantil desde una
perspectiva situada y aplicable al trabajo
docente cotidiano. En respuesta a esta
necesidad, el presente estudio se orienta a
analizar de qué manera los juegos al aire libre
pueden funcionar como estrategia pedagógica
para fortalecer la autonomía en niños de
educación inicial, aportando fundamentos
teóricos y prácticos para la mejora de los
procesos educativos en esta etapa. En
consecuencia, el objetivo de la investigación es
analizar la contribución de los juegos al aire
libre como estrategia pedagógica en el
fortalecimiento de la autonomía en niños de
educación inicial (UNICEF, 2023; Lee et al.,
2025).
El concepto de autonomía en la educación
inicial ha sido ampliamente abordado desde
distintas corrientes teóricas del desarrollo
infantil, las cuales coinciden en señalar que esta
se construye progresivamente a partir de la
interacción del niño con su entorno físico, social
y cultural. Desde la perspectiva del desarrollo
evolutivo, la autonomía se entiende como la
capacidad del niño para actuar de manera
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independiente, tomar decisiones acordes a su
edad y asumir responsabilidades básicas dentro
de su contexto cotidiano. Este proceso no se
desarrolla de forma espontánea, sino que
requiere de experiencias sistemáticas que
permitan al niño explorar, equivocarse, corregir
y consolidar aprendizajes significativos a partir
de su acción directa. En este sentido, el entorno
educativo desempeña un papel determinante, ya
que puede facilitar o limitar las oportunidades
de participación activa del niño en su propio
proceso de aprendizaje. La teoría sociocultural
enfatiza que la autonomía se construye
mediante la interacción con otros,
especialmente a través del acompañamiento del
adulto y la mediación pedagógica intencionada.
Por ello, el desarrollo de la autonomía en la
infancia debe comprenderse como un proceso
dinámico, contextual y profundamente
influenciado por las prácticas educativas
implementadas en el aula (Vygotsky, 1978;
Rogoff, 2003).
Desde el enfoque constructivista, la autonomía
se relaciona estrechamente con la capacidad del
niño para construir su propio conocimiento a
partir de la interacción activa con el entorno, lo
cual implica un rol protagónico en su proceso
de aprendizaje. Piaget sostiene que el niño no es
un receptor pasivo de información, sino un
sujeto activo que organiza, interpreta y
transforma la realidad a partir de sus
experiencias previas y de la exploración del
medio. En este marco, la autonomía cognitiva
se desarrolla cuando el niño tiene la oportunidad
de tomar decisiones, formular hipótesis,
experimentar y reflexionar sobre sus acciones.
Este enfoque destaca la importancia de
proporcionar ambientes ricos en estímulos que
favorezcan la curiosidad, la indagación y la
iniciativa personal. Asimismo, se reconoce que
el error constituye una oportunidad de
aprendizaje fundamental en la construcción del
conocimiento autónomo. Por tanto, las
estrategias pedagógicas deben orientarse a
promover experiencias significativas que
estimulen la participación activa del niño y su
capacidad de autorregulación (Piaget, 1972;
Kamii, 2005).
En el ámbito de la educación inicial, el juego se
posiciona como una de las estrategias
pedagógicas más relevantes para el desarrollo
integral del niño, dado que permite integrar
dimensiones cognitivas, emocionales, sociales
y motrices en un mismo proceso educativo. El
juego no solo representa una actividad lúdica,
sino también una forma de aprendizaje que
facilita la construcción de significados, la
resolución de problemas y la interacción con el
entorno. A través del juego, el niño
experimenta, imagina, crea y se relaciona con
otros, lo cual contribuye al desarrollo de
habilidades esenciales para la vida. Diversas
investigaciones han demostrado que el juego
favorece la autonomía, ya que permite al niño
tomar decisiones, asumir roles, establecer reglas
y regular su conducta en función de las
dinámicas del grupo. Además, el juego
promueve la motivación intrínseca, lo cual
potencia el interés por aprender de manera
autónoma. En consecuencia, el juego debe ser
considerado como un eje central en las prácticas
pedagógicas de la educación inicial (Bodrova y
Leong, 2007; Hirsh et al., 2020).
Los juegos al aire libre, en particular,
constituyen una modalidad de juego que ofrece
condiciones óptimas para el desarrollo de la
autonomía infantil, debido a las características
del entorno en el que se desarrollan. Los
espacios abiertos permiten una mayor libertad
de movimiento, exploración y experimentación,
lo cual amplía las posibilidades de acción del
niño y favorece su independencia. Asimismo, el
contacto con la naturaleza estimula la
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curiosidad, la creatividad y la capacidad de
observación, elementos fundamentales para el
aprendizaje autónomo. En estos contextos, el
niño tiene la oportunidad de enfrentarse a
situaciones reales que requieren la toma de
decisiones, la resolución de problemas y la
adaptación a diferentes condiciones del entorno.
Estas experiencias contribuyen al desarrollo de
la autoconfianza y la seguridad en mismo,
aspectos clave de la autonomía. Por tanto, los
juegos al aire libre deben ser incorporados de
manera intencional en la planificación
pedagógica para potenciar el desarrollo integral
del niño (Bento y Dias, 2017; Fjørtoft, 2004).
Desde una perspectiva neuroeducativa, el
movimiento y la actividad física desempeñan un
papel fundamental en el desarrollo cerebral
durante la infancia, lo cual tiene implicaciones
directas en la autonomía del niño. La evidencia
científica indica que la actividad física favorece
la conexión neuronal, mejora la atención, regula
las emociones y fortalece funciones ejecutivas
como la planificación, la memoria de trabajo y
el control inhibitorio. Estas funciones son
esenciales para la autorregulación y la toma de
decisiones, componentes clave de la autonomía.
Los juegos al aire libre, al implicar movimiento
constante y variado, estimulan estas funciones
de manera natural y significativa. Además, el
entorno exterior ofrece estímulos
multisensoriales que enriquecen la experiencia
de aprendizaje y favorecen la integración de
diferentes áreas del desarrollo. En este sentido,
la incorporación del juego al aire libre en la
educación inicial no solo responde a criterios
pedagógicos, sino también a fundamentos
neurocientíficos (Diamond, 2013; Ratey, 2012).
El desarrollo de la autonomía también se
encuentra estrechamente vinculado con la
autorregulación emocional y conductual, la cual
permite al niño gestionar sus emociones,
controlar impulsos y adaptarse a diferentes
situaciones sociales. En este contexto, los
juegos al aire libre ofrecen un escenario
propicio para el desarrollo de estas habilidades,
ya que implican interacción con otros niños,
negociación de reglas, resolución de conflictos
y adaptación a dinámicas cambiantes. Estas
experiencias favorecen el aprendizaje de
normas sociales y el desarrollo de competencias
socioemocionales. Asimismo, el contacto con la
naturaleza ha demostrado tener efectos
positivos en la reducción del estrés y la mejora
del bienestar emocional, lo cual incide en la
capacidad del niño para actuar de manera
autónoma. Por tanto, la autonomía no debe ser
entendida únicamente desde una dimensión
cognitiva, sino como un constructo integral que
incluye aspectos emocionales y sociales (Ulset
et al., 2017; Louv, 2010).
En el contexto educativo latinoamericano, la
implementación de estrategias pedagógicas
basadas en el juego al aire libre enfrenta
diversos desafíos, relacionados con
limitaciones estructurales, culturales y
formativas. A pesar de que los currículos
oficiales promueven el desarrollo integral del
niño, en la práctica persisten enfoques
tradicionales centrados en la enseñanza directa
y la transmisión de contenidos. Esta situación
limita las oportunidades de los niños para
participar activamente en su aprendizaje y
desarrollar su autonomía de manera
significativa. Además, la falta de formación
docente en metodologías activas dificulta la
incorporación efectiva del juego como
estrategia pedagógica. Sin embargo, diversas
investigaciones en la región han demostrado
que la implementación de prácticas lúdicas y
participativas mejora significativamente el
desarrollo de competencias en los niños. En este
sentido, es necesario promover cambios en las
prácticas educativas que favorezcan el uso del
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juego al aire libre como herramienta de
aprendizaje (Ministerio de Educación del
Ecuador, 2023; UNESCO, 2023).
El rol del docente en el fortalecimiento de la
autonomía a través de juegos al aire libre resulta
fundamental, ya que es quien diseña,
implementa y evalúa las experiencias de
aprendizaje. El docente debe actuar como
mediador, facilitador y guía, promoviendo un
ambiente de confianza donde el niño pueda
explorar, tomar decisiones y asumir
responsabilidades de manera progresiva.
Asimismo, es necesario que el docente
planifique actividades con intencionalidad
pedagógica, considerando los intereses,
necesidades y características del grupo. La
observación y el acompañamiento constante
permiten identificar avances en el desarrollo de
la autonomía y ajustar las estrategias según sea
necesario. En este sentido, la formación docente
continua se convierte en un elemento clave para
garantizar la calidad de las prácticas educativas.
Por tanto, el fortalecimiento de la autonomía en
la educación inicial requiere de una acción
pedagógica consciente, planificada y
contextualizada (Montessori, 2019; Díaz,
2020).
El desarrollo de la autonomía en la infancia
también puede analizarse desde la teoría de la
autodeterminación, la cual plantea que los seres
humanos poseen necesidades psicológicas
básicas de competencia, relación y autonomía,
cuya satisfacción favorece el desarrollo integral
y el bienestar. En el caso de los niños, la
necesidad de autonomía se manifiesta en el
deseo de participar activamente en la toma de
decisiones, explorar su entorno y ejercer cierto
control sobre sus acciones. Cuando el entorno
educativo responde a estas necesidades, se
fortalece la motivación intrínseca, lo cual
resulta fundamental para el aprendizaje
significativo. En este sentido, los juegos al aire
libre constituyen un medio idóneo para
satisfacer estas necesidades, ya que ofrecen
oportunidades reales de elección, exploración y
acción independiente. Además, estos espacios
permiten que los niños se enfrenten a retos
ajustados a su nivel de desarrollo, lo cual
contribuye a la percepción de competencia. Por
tanto, la incorporación del juego exterior en la
educación inicial favorece el desarrollo de la
autonomía desde una perspectiva motivacional
(Deci y Ryan, 2000; Ryan y Deci, 2017).
Desde el enfoque ecológico del desarrollo
humano, propuesto por Bronfenbrenner, la
autonomía infantil se entiende como el
resultado de la interacción entre el niño y los
diferentes sistemas que conforman su entorno,
incluyendo la familia, la escuela y la
comunidad. En este modelo, el contexto
educativo adquiere un papel central, ya que
constituye uno de los principales escenarios de
socialización y aprendizaje. Los juegos al aire
libre, al desarrollarse en espacios abiertos y
dinámicos, permiten una mayor interacción
entre estos sistemas, favoreciendo experiencias
de aprendizaje más integrales. Asimismo, estos
espacios facilitan la conexión del niño con su
entorno natural y social, lo cual contribuye a la
construcción de su identidad y a la comprensión
de su realidad. La diversidad de estímulos
presentes en el entorno exterior enriquece la
experiencia educativa y amplía las
oportunidades de aprendizaje. En consecuencia,
el juego al aire libre se configura como un
elemento clave dentro del microsistema
educativo para el desarrollo de la autonomía
(Bronfenbrenner, 2005).
En relación con la didáctica del juego, diversos
autores coinciden en que su implementación en
el aula debe responder a una planificación
estructurada que considere objetivos claros,
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estrategias adecuadas y evaluación continua. El
juego no debe ser concebido como una
actividad improvisada, sino como una
herramienta pedagógica que requiere
intencionalidad y coherencia con los propósitos
educativos. En el caso de los juegos al aire libre,
esta planificación implica seleccionar
actividades que promuevan la exploración, la
toma de decisiones, la cooperación y la
resolución de problemas. Asimismo, es
necesario considerar las características del
grupo, el contexto y los recursos disponibles
para garantizar la pertinencia de las actividades.
La evaluación del juego debe centrarse en los
procesos de aprendizaje y no únicamente en los
resultados, valorando aspectos como la
participación, la iniciativa y la autonomía del
niño. Por tanto, la didáctica del juego al aire
libre requiere una formación docente sólida y
una reflexión constante sobre la práctica
educativa (Díaz, 2020; Zabalza, 2017).
El juego libre y el juego guiado constituyen dos
modalidades complementarias dentro de las
prácticas pedagógicas en educación inicial,
ambas relevantes para el desarrollo de la
autonomía. El juego libre permite al niño actuar
de manera espontánea, tomar decisiones sin
intervención directa del adulto y explorar su
entorno según sus intereses. Por su parte, el
juego guiado implica una mediación
pedagógica más estructurada, en la cual el
docente orienta la actividad hacia objetivos
específicos sin limitar la participación activa del
niño. La combinación de ambas modalidades
resulta especialmente efectiva para promover la
autonomía, ya que permite equilibrar la libertad
de acción con la orientación educativa. En los
juegos al aire libre, esta combinación se
manifiesta en la posibilidad de ofrecer espacios
abiertos donde el niño pueda explorar
libremente, al mismo tiempo que se proponen
actividades que estimulen habilidades
específicas. De esta manera, se favorece un
aprendizaje más completo y significativo. En
consecuencia, la integración de juego libre y
guiado en entornos exteriores potencia el
desarrollo autónomo del niño (Weisberg et al.,
2016; Hirsh et al., 2020).
Desde la perspectiva de la educación inclusiva,
los juegos al aire libre representan una
oportunidad para atender la diversidad de los
niños en el aula, promoviendo la participación
activa de todos, independientemente de sus
características individuales. Estos espacios
permiten adaptar las actividades según las
necesidades de cada niño, favoreciendo la
equidad y el acceso a experiencias de
aprendizaje significativas. Asimismo, el juego
exterior facilita la interacción entre niños con
diferentes habilidades, promoviendo la
cooperación, el respeto y la empatía. Estas
experiencias contribuyen al desarrollo de la
autonomía, ya que los niños aprenden a
reconocer sus propias capacidades y a actuar en
función de ellas. Además, la inclusión en el
juego fortalece la autoestima y la confianza en
mismo, elementos fundamentales para la
independencia. Por tanto, los juegos al aire libre
deben ser concebidos como una estrategia
inclusiva que favorece el desarrollo integral del
niño (UNESCO, 2020; Booth y Ainscow,
2015).
En el ámbito de la motricidad infantil, los
juegos al aire libre desempeñan un papel
fundamental en el desarrollo de habilidades
motoras básicas, las cuales constituyen un
componente esencial de la autonomía funcional.
El control del cuerpo, el equilibrio, la
coordinación y la orientación espacial son
habilidades que permiten al niño desenvolverse
con mayor independencia en su entorno. A
través del juego exterior, el niño tiene la
oportunidad de practicar estas habilidades en
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situaciones reales y variadas, lo cual favorece su
consolidación. Además, el movimiento libre
estimula la percepción corporal y la conciencia
del propio cuerpo, aspectos clave para la
autonomía. La relación entre motricidad y
autonomía es evidente, ya que un niño con
mayor dominio corporal puede realizar más
acciones por mismo. En este sentido, los
juegos al aire libre contribuyen
significativamente al desarrollo de la
independencia motriz en la infancia (Gallahue y
Ozmun, 2006; Haywood y Getchell, 2014).
Otro elemento relevante en el análisis del juego
al aire libre es su impacto en la creatividad y el
pensamiento divergente, habilidades que
también se relacionan con la autonomía. Los
entornos abiertos y menos estructurados
permiten al niño imaginar, crear y transformar
su entorno de manera libre, lo cual estimula la
generación de ideas y soluciones originales.
Esta capacidad de pensar de manera flexible y
creativa es fundamental para la toma de
decisiones autónomas. Asimismo, la
creatividad favorece la adaptación a situaciones
nuevas y la resolución de problemas de manera
innovadora. En los juegos al aire libre, los niños
pueden utilizar materiales naturales, inventar
reglas y construir escenarios imaginarios, lo
cual potencia su pensamiento creativo. Por
tanto, la creatividad se configura como un
componente clave de la autonomía que puede
ser desarrollado a través del juego exterior
(Runco, 2014; Craft, 2005).
Es importante destacar que la relación entre
juegos al aire libre y autonomía infantil debe ser
abordada desde una perspectiva investigativa
que permita generar evidencia empírica sobre
su impacto en contextos educativos específicos.
Si bien la literatura existente ofrece
fundamentos teóricos sólidos, es necesario
profundizar en estudios aplicados que analicen
cómo estas estrategias se implementan en la
práctica y cuáles son sus efectos en el desarrollo
de los niños. En este sentido, la investigación
educativa desempeña un papel clave en la
validación de propuestas pedagógicas
innovadoras. Asimismo, la sistematización de
experiencias permite identificar buenas
prácticas y generar orientaciones para su
replicación en otros contextos. Por tanto, el
estudio de los juegos al aire libre como
estrategia pedagógica para fortalecer la
autonomía en niños de educación inicial
constituye un aporte relevante tanto para la
teoría como para la práctica educativa. En
consecuencia, se justifica la realización de
investigaciones que aborden esta temática desde
un enfoque riguroso y contextualizado
(Hernández y Mendoza, 2018; Creswell, 2014).
Materiales y Métodos
El presente estudio se desarrolló bajo un
enfoque cuantitativo, en la medida en que se
orienta a la medición objetiva, sistemática y
verificable de variables relacionadas con los
juegos al aire libre como estrategia pedagógica
y el nivel de autonomía en niños de educación
inicial, permitiendo establecer relaciones entre
dichas variables mediante el uso de datos
numéricos susceptibles de análisis estadístico.
Este enfoque se sustenta en la necesidad de
obtener evidencia empírica que permita
comprender el comportamiento de las variables
en un contexto real, garantizando la
replicabilidad y la objetividad de los resultados
obtenidos. El diseño de la investigación fue no
experimental, debido a que no se manipularon
de manera directa ni intencional las variables de
estudio, sino que estas fueron observadas tal
como se manifiestan en el entorno educativo
natural, respetando la dinámica propia del
contexto escolar. Asimismo, se adoptó un nivel
descriptivo-correlacional, ya que el estudio no
solo buscó caracterizar detalladamente el
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comportamiento de las variables en la población
objeto de estudio, sino también analizar la
relación existente entre ellas en términos de
asociación estadística. El estudio se desarrolló
con un corte transversal, puesto que la
recolección de datos se realizó en un único
momento temporal, lo cual permitió capturar
una “fotografía” del fenómeno en el contexto
específico en que se llevó a cabo la
investigación. En consecuencia, el enfoque
metodológico seleccionado resulta pertinente
para estudios educativos donde se pretende
analizar fenómenos en su estado natural sin
alterar las condiciones del entorno,
garantizando coherencia entre el problema, los
objetivos y el diseño de investigación
(Hernández y Mendoza, 2018).
La investigación se llevó a cabo en una
institución de educación inicial ubicada en el
contexto ecuatoriano, específicamente en un
entorno urbano caracterizado por condiciones
socioeducativas heterogéneas, lo cual permitió
analizar la problemática en un escenario real
que refleja diversas dinámicas pedagógicas y
sociales. La selección de este contexto
respondió a la necesidad de estudiar el
fenómeno en condiciones auténticas de
enseñanza-aprendizaje, donde se desarrollan
prácticas pedagógicas cotidianas relacionadas
con el juego y la autonomía infantil. La
población estuvo conformada por un total de 60
niños de educación inicial, cuyas edades oscilan
entre 4 y 5 años, junto con sus respectivos
docentes, quienes desempeñan un papel
fundamental en la implementación de
estrategias pedagógicas. A partir de esta
población, se seleccionó una muestra de tipo no
probabilística intencional, conformada por 30
niños, considerando criterios específicos como
la asistencia regular a clases, la participación
activa en las actividades escolares y la
disponibilidad de consentimiento informado
por parte de los representantes legales. Este tipo
de muestreo resulta adecuado en
investigaciones educativas aplicadas, donde el
acceso a los participantes está condicionado por
factores institucionales y éticos. Asimismo, se
incluyó la participación de 5 docentes, con el
objetivo de complementar la información
obtenida mediante la observación directa y
enriquecer el análisis del fenómeno desde una
perspectiva pedagógica. De esta manera, la
delimitación de la muestra permitió focalizar el
estudio en un grupo específico, garantizando la
viabilidad operativa de la investigación y la
pertinencia de los datos recolectados (Otzen y
Manterola, 2017).
En cuanto a las variables de estudio, se definió
como variable independiente los juegos al aire
libre como estrategia pedagógica, entendida
como el conjunto de actividades lúdicas
planificadas, estructuradas y ejecutadas en
espacios abiertos con una intencionalidad
educativa orientada al desarrollo integral del
niño. Esta variable se caracteriza por integrar
elementos como el movimiento, la exploración,
la interacción social y la creatividad, los cuales
inciden directamente en los procesos de
aprendizaje infantil. Por su parte, la variable
dependiente fue la autonomía en niños de
educación inicial, conceptualizada como la
capacidad progresiva del niño para actuar de
manera independiente, tomar decisiones,
autorregular su comportamiento, asumir
responsabilidades acordes a su edad y
desenvolverse con seguridad en su entorno
inmediato. Ambas variables fueron
operacionalizadas en dimensiones e indicadores
específicos que permitieron su medición
empírica mediante instrumentos estructurados.
En el caso de los juegos al aire libre, se
consideraron dimensiones como la frecuencia
de uso en la jornada escolar, el tipo de
actividades implementadas, el nivel de
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participación del niño y el grado de mediación
docente. Para la variable autonomía, se
incluyeron dimensiones como la toma de
decisiones, la autorregulación emocional y
conductual, la iniciativa personal y la
independencia funcional en actividades
cotidianas. Esta operacionalización permitió
establecer una correspondencia clara entre los
constructos teóricos y su medición práctica,
garantizando la coherencia interna del estudio
(Hernández y Mendoza, 2018).
Para la recolección de datos se emplearon
técnicas e instrumentos cuantitativos que
permitieron obtener información precisa,
sistemática y confiable sobre las variables de
estudio en el contexto real de aplicación. Se
utilizó la técnica de la observación estructurada,
la cual resulta especialmente pertinente en
estudios con población infantil, ya que permite
registrar comportamientos observables sin
interferir en el desarrollo natural de las
actividades. Para ello, se diseñó una ficha de
observación aplicada a los niños durante la
ejecución de actividades de juego al aire libre,
en la cual se evaluaron indicadores específicos
relacionados con la autonomía. Este
instrumento fue estructurado mediante una
escala tipo Likert de cinco niveles, que permitió
medir el grado de desarrollo de cada indicador
desde niveles bajos hasta niveles altos de
autonomía. Asimismo, se aplicó un cuestionario
dirigido a los docentes, con el propósito de
identificar las estrategias pedagógicas
utilizadas, la frecuencia de aplicación de los
juegos al aire libre y la percepción docente
sobre su impacto en el desarrollo infantil.
Ambos instrumentos fueron elaborados en
función de las dimensiones e indicadores
previamente definidos, lo cual garantiza su
coherencia conceptual. La combinación de
técnicas permitió obtener una visión integral del
fenómeno estudiado, articulando la observación
directa con la percepción docente (Arias, 2020).
En relación con la validez y confiabilidad de los
instrumentos, se desarrolló un proceso riguroso
de validación que permitió asegurar la calidad
técnica de los mismos antes de su aplicación
definitiva. En primer lugar, se realizó la
validación por juicio de expertos, en la cual
participaron tres profesionales con amplia
experiencia en educación inicial, metodología
de la investigación y diseño de instrumentos,
quienes evaluaron aspectos como la pertinencia,
claridad, coherencia y relevancia de los ítems.
Las observaciones realizadas por los expertos
fueron analizadas e incorporadas, lo cual
permitió mejorar la redacción y la estructura del
instrumento. Posteriormente, se llevó a cabo
una prueba piloto con un grupo de 10 niños que
no formaron parte de la muestra definitiva, con
el objetivo de verificar la comprensión de los
ítems, la aplicabilidad del instrumento y el
tiempo requerido para su ejecución. En cuanto
a la confiabilidad, se aplicó el coeficiente Alfa
de Cronbach, obteniendo un valor de 0,87, lo
cual indica un nivel alto de consistencia interna
entre los ítems del instrumento. Este resultado
evidencia que los instrumentos presentan
estabilidad y coherencia en la medición de las
variables. Por tanto, el proceso de validación y
confiabilidad garantiza que los datos obtenidos
sean precisos, consistentes y adecuados para el
análisis estadístico (Cronbach, 1951).
El análisis de los datos se realizó mediante el
uso de estadística descriptiva e inferencial, lo
cual permitió interpretar de manera objetiva la
información recolectada y responder a los
objetivos de la investigación. En la fase
descriptiva, se calcularon frecuencias absolutas,
porcentajes, medias aritméticas y desviaciones
estándar, con el fin de caracterizar el
comportamiento de las variables en la muestra
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estudiada. Estos resultados fueron organizados
en tablas estadísticas que facilitaron su
comprensión y análisis detallado. En la fase
inferencial, se aplicó el coeficiente de
correlación de Pearson, con el propósito de
determinar la existencia y el grado de relación
entre los juegos al aire libre como estrategia
pedagógica y la autonomía infantil. El
procesamiento de los datos se realizó mediante
herramientas informáticas como Microsoft
Excel y el software estadístico SPSS, lo cual
permitió garantizar precisión en los cálculos y
eficiencia en el análisis. Asimismo, se
respetaron los principios éticos de la
investigación, asegurando la confidencialidad
de la información, la voluntariedad de la
participación y el consentimiento informado de
los representantes legales de los niños. De igual
manera, se veló por el bienestar físico y
emocional de los participantes durante todo el
proceso investigativo. En consecuencia, la
metodología aplicada asegura la rigurosidad
científica del estudio y la validez de los
resultados obtenidos (Creswell, 2014).
Resultados y Discusión
Tabla 1. Frecuencia de aplicación de juegos al
aire libre en la jornada escolar
Frecuencia
de uso
Frecuencia
(f)
Porcentaje
(%)
Siempre
8
26,7 %
Casi siempre
10
33,3 %
A veces
7
23,3 %
Casi nunca
3
10,0 %
Nunca
2
6,7 %
Total
30
100 %
Fuente: Elaboración propia
Los resultados evidencian que el 60 % de los
docentes (sumatoria de “siempre” y “casi
siempre”) incorporan los juegos al aire libre con
relativa frecuencia dentro de la jornada escolar,
lo cual refleja una tendencia favorable hacia la
utilización de estrategias pedagógicas activas en
el contexto educativo. Sin embargo, un 40 % de
los casos reporta una aplicación limitada o
irregular, lo que indica que aún existen barreras
pedagógicas o institucionales que restringen el
uso sistemático de estas actividades. Esta
variabilidad en la frecuencia de aplicación
puede incidir directamente en las oportunidades
que tienen los niños para desarrollar su
autonomía, ya que la constancia en la
exposición a experiencias lúdicas es un factor
determinante en la consolidación de habilidades
independientes. Asimismo, los datos sugieren
que la implementación del juego al aire libre no
se encuentra completamente institucionalizada,
sino que depende en gran medida de la
iniciativa docente. En consecuencia, se
evidencia la necesidad de fortalecer la
planificación pedagógica para garantizar una
integración más sistemática de estas estrategias.
Tabla 2. Nivel de participación de los niños en
juegos al aire libre
Nivel de
participación
Frecuencia
(f)
Porcentaje
(%)
Alto
12
40,0 %
Medio
11
36,7 %
Bajo
7
23,3 %
Total
30
100 %
Fuente: Elaboración propia
Se observa que el 40 % de los niños presenta un
nivel alto de participación en los juegos al aire
libre, lo cual indica una implicación activa en
las actividades propuestas y una disposición
favorable hacia el aprendizaje mediante el
juego. No obstante, un 36,7 % se ubica en un
nivel medio, lo que sugiere que, aunque
participan, no lo hacen con la misma intensidad
o iniciativa, posiblemente debido a factores
como la motivación, la mediación docente o las
características individuales. Por otra parte, el
23,3 % presenta un nivel bajo de participación,
lo cual constituye un indicador relevante que
puede estar asociado a limitaciones en el
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desarrollo de la autonomía o a barreras en el
diseño de las actividades. Estos resultados
evidencian que, si bien existe una participación
significativa, aún es necesario fortalecer
estrategias que promuevan una mayor inclusión
y protagonismo infantil. En este sentido, la
participación activa se convierte en un
indicador clave del desarrollo autónomo.
Tabla 3. Nivel de autonomía en la dimensión
toma de decisiones
Nivel de
autonomía
Porcentaje
(%)
Alto
30,0 %
Medio
43,3 %
Bajo
26,7 %
Total
100 %
Fuente: Elaboración propia
Los resultados muestran que el 43,3 % de los
niños se encuentra en un nivel medio de
desarrollo en la toma de decisiones, lo cual
indica que poseen ciertas capacidades para
elegir y actuar, pero aún requieren apoyo del
adulto en diversas situaciones. Un 30 %
presenta un nivel alto, evidenciando mayor
independencia y seguridad en sus elecciones, lo
cual es coherente con la exposición frecuente a
actividades que promueven la autonomía. Sin
embargo, el 26,7 % se ubica en un nivel bajo, lo
que refleja dificultades en la toma de decisiones
y dependencia del adulto. Estos datos sugieren
que la autonomía en esta dimensión aún se
encuentra en proceso de consolidación y que su
desarrollo está influenciado por la calidad de las
experiencias pedagógicas. En consecuencia, los
juegos al aire libre pueden constituir un medio
efectivo para fortalecer esta habilidad si se
implementan de manera sistemática. En la tabla
4 se observa que, el 40 % de los niños presenta
un nivel medio de autorregulación, lo cual
indica que logran controlar parcialmente sus
emociones y comportamientos en situaciones de
juego, aunque aún requieren guía del docente.
El 33,3 % evidencia un nivel alto, reflejando
una adecuada capacidad para adaptarse a
normas, esperar turnos y gestionar sus
emociones.
Tabla 4. Nivel de autonomía en la dimensión
autorregulación
Nivel de
autorregulación
Frecuencia
(f)
Porcentaje
(%)
Alto
10
33,3 %
Medio
12
40,0 %
Bajo
8
26,7 %
Total
30
100 %
Fuente: Elaboración propia
No obstante, el 26,7 % se ubica en un nivel bajo,
lo cual puede estar relacionado con la falta de
experiencias que promuevan la regulación
conductual en contextos dinámicos. Estos
resultados evidencian que la autorregulación es
una habilidad en desarrollo que puede
fortalecerse mediante la participación en juegos
al aire libre, donde los niños enfrentan
situaciones reales que requieren control
emocional y adaptación. En este sentido, el
juego exterior se configura como un espacio
formativo clave.
Tabla 5. Nivel de autonomía en la dimensión
iniciativa personal
Nivel de
iniciativa
Frecuencia
(f)
Porcentaje
(%)
Alto
11
36,7 %
Medio
10
33,3 %
Bajo
9
30,0 %
Total
30
100 %
Fuente: Elaboración propia
Se evidencia que el 36,7 % de los niños presenta
un nivel alto de iniciativa, lo cual refleja una
disposición activa para proponer ideas, iniciar
actividades y participar de manera autónoma en
el juego. Sin embargo, un 33,3 % se encuentra
en un nivel medio, lo que indica que su
participación depende en cierta medida de la
motivación externa o de la orientación docente.
Por otra parte, el 30 % presenta un nivel bajo, lo
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cual sugiere limitaciones en la capacidad de
actuar de manera independiente. Estos
resultados evidencian que la iniciativa personal
aún no está plenamente desarrollada en todos
los niños, lo que refuerza la necesidad de
implementar estrategias pedagógicas que
promuevan la autonomía desde edades
tempranas. En este contexto, los juegos al aire
libre ofrecen oportunidades para estimular la
iniciativa de manera natural.
Tabla 6. Correlación entre juegos al aire libre
y autonomía infantil
Variables
analizadas
Coeficiente de
correlación (r)
Nivel de
significancia
(p)
Juegos al aire
libre
Autonomía
infantil
0,68
0,001
Fuente: Elaboración propia
Los resultados obtenidos en la presente
investigación evidencian de manera clara y
consistente que la aplicación de juegos al aire
libre como estrategia pedagógica presenta una
relación significativa con el desarrollo de la
autonomía en niños de educación inicial, lo cual
reafirma la importancia de incorporar
metodologías activas dentro de los procesos
educativos contemporáneos. Este hallazgo no
solo confirma la validez de los enfoques
pedagógicos centrados en el estudiante, sino
que también pone de manifiesto la necesidad de
replantear prácticas tradicionales que limitan la
participación infantil. En este sentido, la
frecuencia de aplicación de dichas actividades,
aunque presenta niveles relativamente
favorables en un grupo de docentes, muestra
también irregularidades que restringen su
impacto potencial en el desarrollo integral del
niño. Este comportamiento coincide con lo
planteado por Bento y Dias (2017), quienes
sostienen que la falta de sistematicidad en la
implementación del juego al aire libre reduce
significativamente las oportunidades de
aprendizaje significativo y desarrollo autónomo
en la infancia. Asimismo, la evidencia empírica
obtenida demuestra que la constancia en la
aplicación de estrategias lúdicas no solo
incrementa la participación, sino que también
fortalece progresivamente habilidades
relacionadas con la independencia, la toma de
decisiones y la autorregulación. En
consecuencia, la irregularidad observada en la
aplicación de los juegos al aire libre puede
explicar los niveles medios identificados en
diversas dimensiones de la autonomía infantil,
lo cual evidencia la necesidad de una
intervención pedagógica más estructurada.
En relación con el nivel de participación de los
niños en los juegos al aire libre, los resultados
obtenidos indican una tendencia favorable hacia
la implicación activa en las actividades
propuestas, lo cual constituye un indicador
positivo del compromiso infantil con el proceso
de aprendizaje. No obstante, la presencia de
niveles medios y bajos de participación en un
porcentaje considerable de la muestra evidencia
la existencia de factores que limitan el
involucramiento pleno de todos los niños en las
experiencias lúdicas. Este comportamiento
puede ser interpretado desde la teoría
sociocultural, la cual plantea que el desarrollo
de funciones psicológicas superiores depende
en gran medida de la interacción activa del niño
con su entorno y con otros individuos
(Vygotsky, 1978). En este sentido, los niños que
presentan mayores niveles de participación
tienden a desarrollar competencias más sólidas
relacionadas con la autonomía, debido a que
tienen más oportunidades para actuar, decidir y
experimentar. Sin embargo, la existencia de un
grupo con baja participación sugiere la
necesidad de diseñar estrategias pedagógicas
más inclusivas que favorezcan el
involucramiento de todos los estudiantes,
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independientemente de sus características
individuales. Este hallazgo también se relaciona
con lo expuesto por Hirsh-Pasek et al. (2020),
quienes destacan que el juego con
intencionalidad pedagógica incrementa
significativamente la participación infantil y
favorece aprendizajes más profundos. Por
consiguiente, la participación activa se
configura no solo como un resultado del
proceso educativo, sino también como un
elemento mediador clave en el desarrollo de la
autonomía.
En cuanto a la dimensión de toma de decisiones,
los resultados evidencian que la mayoría de los
niños se sitúa en un nivel medio de desarrollo,
lo cual indica que esta habilidad aún se
encuentra en proceso de consolidación dentro
del grupo estudiado. Este resultado es coherente
con lo planteado por Piaget (1972), quien
sostiene que el desarrollo de la autonomía
cognitiva es un proceso progresivo que depende
de la interacción del niño con su entorno y de
las experiencias que le permiten actuar de
manera independiente. En este contexto, los
juegos al aire libre ofrecen oportunidades
significativas para que los niños enfrenten
situaciones que requieren elección, exploración,
comparación de alternativas y resolución de
problemas en contextos reales. Sin embargo, la
presencia de un porcentaje relevante de niños en
niveles bajos sugiere que estas experiencias no
están siendo aprovechadas de manera óptima o
sistemática en todos los casos. Esta situación
puede estar asociada a limitaciones en la
mediación docente, en la planificación de las
actividades o en la organización de los espacios
de juego. Además, es posible que algunos niños
no cuenten con experiencias previas suficientes
que favorezcan la toma de decisiones
autónomas. En consecuencia, se hace necesario
fortalecer las estrategias pedagógicas que
promuevan la participación activa y la toma de
decisiones desde edades tempranas,
garantizando experiencias significativas y
contextualizadas.
Respecto a la autorregulación, los resultados
muestran que una proporción considerable de
los niños presenta un nivel medio de desarrollo,
lo cual refleja que esta habilidad se encuentra en
una fase intermedia de consolidación dentro del
proceso evolutivo infantil. Este hallazgo
coincide con estudios como el de Diamond
(2013), quien señala que la autorregulación se
desarrolla de manera progresiva y está
altamente influenciada por las experiencias que
el niño vive en su entorno educativo y social. En
este sentido, los juegos al aire libre constituyen
un contexto privilegiado para el desarrollo de la
autorregulación, ya que implican la interacción
con otros niños, la adaptación a normas, la
gestión de turnos y la resolución de conflictos.
Estas situaciones requieren que el niño controle
sus impulsos, regule sus emociones y adapte su
comportamiento a las condiciones del entorno.
No obstante, la existencia de un grupo con
niveles bajos de autorregulación indica que
algunos niños presentan dificultades para
gestionar sus conductas de manera autónoma, lo
cual puede estar relacionado con la falta de
experiencias sistemáticas en contextos
dinámicos. Asimismo, la ausencia de mediación
pedagógica adecuada puede limitar el desarrollo
de esta habilidad. En consecuencia, se reafirma
la importancia de implementar estrategias que
promuevan la autorregulación a través del
juego, integrando componentes emocionales,
sociales y conductuales.
En relación con la iniciativa personal, los
resultados evidencian una distribución
relativamente equilibrada entre los diferentes
niveles de desarrollo, lo cual sugiere que esta
dimensión presenta una alta variabilidad entre
los niños participantes. Este comportamiento
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puede explicarse por la influencia de múltiples
factores, entre los cuales destacan las
características individuales del niño, el contexto
familiar y las prácticas pedagógicas
implementadas en el aula. Según Deci y Ryan
(2000), la iniciativa está estrechamente
vinculada con la motivación intrínseca, la cual
se fortalece cuando el entorno ofrece
oportunidades para la elección, la exploración y
la acción autónoma. En este sentido, los juegos
al aire libre proporcionan un escenario ideal
para estimular la iniciativa, ya que permiten al
niño actuar libremente, proponer ideas, crear
dinámicas y participar activamente en el
desarrollo de las actividades. Sin embargo, la
presencia de un porcentaje significativo de
niños con bajo nivel de iniciativa indica que no
todos están siendo estimulados de manera
equitativa. Esta situación puede deberse a
prácticas pedagógicas poco flexibles o a
entornos que limitan la participación activa. Por
tanto, es necesario diseñar estrategias que
promuevan la iniciativa personal como
componente esencial de la autonomía.
El análisis correlacional evidencia una relación
positiva moderadamente alta entre los juegos al
aire libre y la autonomía infantil, lo cual
respalda de manera empírica los fundamentos
teóricos que sustentan la presente investigación.
Este resultado coincide con estudios previos
que destacan el papel del juego como elemento
central en el desarrollo integral del niño
(Bodrova & Leong, 2007). La significancia
estadística obtenida permite afirmar con un alto
nivel de confianza que la relación observada no
es producto del azar, sino que responde a una
asociación real entre las variables analizadas.
Esto implica que el incremento en la frecuencia
y calidad de los juegos al aire libre se asocia
directamente con mayores niveles de autonomía
en los niños. No obstante, es importante
reconocer que esta relación no es exclusiva, ya
que pueden existir otros factores que influyan
en el desarrollo de la autonomía, como el
contexto familiar, la formación docente y las
condiciones institucionales. En consecuencia,
se recomienda profundizar en futuras
investigaciones que permitan analizar estas
variables de manera más integral. De este modo,
se consolida la evidencia de que los juegos al
aire libre constituyen una estrategia pedagógica
efectiva y necesaria en la educación inicial.
Conclusiones
En respuesta al objetivo de analizar la
contribución de los juegos al aire libre como
estrategia pedagógica en el fortalecimiento de la
autonomía en niños de educación inicial, se
concluye que existe una relación significativa
entre la implementación de estas actividades y
el desarrollo de habilidades autónomas en la
infancia. Los resultados obtenidos permiten
afirmar que el uso sistemático de juegos al aire
libre favorece procesos de independencia
progresiva en los niños, especialmente en
dimensiones como la toma de decisiones, la
autorregulación y la iniciativa personal. Esta
relación se sustenta en la evidencia empírica
obtenida, la cual demuestra que los niños que
participan con mayor frecuencia en actividades
lúdicas en espacios abiertos presentan niveles
más altos de autonomía. Asimismo, se
evidencia que el juego al aire libre no solo
cumple una función recreativa, sino que
constituye una herramienta pedagógica con alto
valor formativo. En este sentido, la integración
de estas actividades en la planificación
educativa resulta fundamental para promover el
desarrollo integral del niño. Por tanto, se
reafirma la necesidad de fortalecer el uso de
estrategias activas en la educación inicial.
Se concluye que la frecuencia de aplicación de
los juegos al aire libre influye directamente en
el desarrollo de la autonomía infantil,
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evidenciándose que una implementación
constante y sistemática genera mejores
resultados en comparación con prácticas
esporádicas o poco estructuradas. Los datos
obtenidos muestran que cuando estas
actividades se incorporan de manera regular en
la jornada escolar, los niños desarrollan mayor
seguridad, independencia y capacidad de acción
en su entorno. Sin embargo, también se
identificó que la aplicación de estas estrategias
no es homogénea en todos los contextos
educativos, lo cual limita su impacto potencial.
Esta situación pone de manifiesto la existencia
de barreras pedagógicas y organizativas que
deben ser superadas para garantizar una
educación de calidad. Asimismo, se evidencia
la necesidad de institucionalizar el juego al aire
libre como parte esencial del currículo. En
consecuencia, se requiere una mayor
planificación y sistematización de estas
actividades en el ámbito educativo.
En relación con la participación infantil, se
concluye que el nivel de involucramiento de los
niños en los juegos al aire libre constituye un
factor determinante en el desarrollo de la
autonomía, ya que, a mayor participación,
mayor es la posibilidad de que el niño actúe de
manera independiente y tome decisiones
propias. Los resultados evidencian que los niños
con niveles altos de participación presentan
mejores indicadores de autonomía, lo cual
confirma la importancia de promover el
protagonismo infantil en el proceso educativo.
No obstante, la existencia de niveles medios y
bajos de participación indica que no todos los
niños están accediendo de manera equitativa a
estas experiencias. Esta situación puede estar
relacionada con factores individuales,
pedagógicos o contextuales que limitan la
implicación activa de algunos estudiantes. Por
tanto, es necesario diseñar estrategias inclusivas
que favorezcan la participación de todos los
niños. En este sentido, el juego al aire libre debe
ser concebido como un espacio de aprendizaje
inclusivo y participativo.
En cuanto a las dimensiones específicas de la
autonomía, se concluye que la toma de
decisiones, la autorregulación y la iniciativa
personal presentan niveles de desarrollo
predominantemente medios, lo cual indica que
estas habilidades se encuentran en proceso de
consolidación en los niños de educación inicial.
Este resultado sugiere que, aunque existen
avances significativos, aún es necesario
fortalecer las experiencias pedagógicas que
promuevan el desarrollo pleno de estas
competencias. En particular, se observa que la
toma de decisiones requiere mayor estimulación
mediante actividades que impliquen elección y
resolución de problemas. De igual manera, la
autorregulación debe ser fortalecida a través de
situaciones que permitan al niño gestionar sus
emociones y comportamientos. En cuanto a la
iniciativa personal, se evidencia la necesidad de
fomentar entornos que estimulen la creatividad
y la acción independiente. Por tanto, el
desarrollo de la autonomía requiere de una
intervención pedagógica intencionada y
continua.
Se concluye también que el rol del docente es
determinante en el fortalecimiento de la
autonomía infantil, ya que es quien diseña,
implementa y evalúa las estrategias
pedagógicas utilizadas en el aula. Los
resultados evidencian que la mediación docente
influye directamente en la calidad de las
experiencias de juego y en el nivel de
participación de los niños. En este sentido, un
docente que promueve la exploración, la toma
de decisiones y la participación activa
contribuye significativamente al desarrollo de la
autonomía. Por el contrario, prácticas
pedagógicas tradicionales centradas en la
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directividad pueden limitar el desarrollo de
estas habilidades. Asimismo, se destaca la
importancia de la formación docente en
metodologías activas que integren el juego
como herramienta de aprendizaje. En
consecuencia, se requiere fortalecer la
capacitación docente para mejorar la calidad de
las prácticas educativas en educación inicial.
Se concluye que los juegos al aire libre
constituyen una estrategia pedagógica efectiva,
pertinente y necesaria para el fortalecimiento de
la autonomía en niños de educación inicial, ya
que integran dimensiones cognitivas,
emocionales, sociales y motrices en un mismo
proceso de aprendizaje. Los resultados
obtenidos permiten afirmar que estas
actividades no solo favorecen el desarrollo
individual del niño, sino que también
contribuyen a la construcción de entornos
educativos más dinámicos, participativos e
inclusivos. Además, se evidencia que la
implementación de esta estrategia responde a
las necesidades actuales de la educación,
orientadas hacia enfoques centrados en el
estudiante. No obstante, se reconoce la
necesidad de continuar investigando sobre esta
temática para profundizar en sus efectos y
aplicaciones en diferentes contextos. En este
sentido, se recomienda promover estudios
futuros que amplíen el conocimiento sobre el
impacto del juego en el desarrollo infantil. Por
tanto, el fortalecimiento de la autonomía a
través del juego al aire libre debe ser una
prioridad en la educación inicial.
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