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políticos diversos. En esta línea sobre el
feminismo en el proceso de soberanía
alimentaria, las autoras explican que las
prácticas de agroecología campesina no lo son
“automáticamente” ya que existen
desigualdades de género. El sesgo patriarcal
impregna la cotidianidad de estas prácticas
agroecológicas. Lo que resulta problemático y
de particular interés para el análisis es que la
agroecología académica tiene un origen técnico
y poco reflexivo en torno a las cuestiones de
género, donde predominan categorías
asexuadas que ignoran las desigualdades en la
familia, la comunidad y el campesinado (Soler
et al., 2022). En la práctica, las mujeres son
invisibilizadas y socializadas como “ayuda” en
lugar de reconocerse como protagonistas de los
procesos reivindicativos del movimiento
agroecológico (Soler et al., 2022).
Bien, ahora lo que se comprende por "economía
del cuidado”, implica todas las actividades
cotidianas que muchas veces se vuelven
invisibles o no pagadas, que permiten que la
vida continúe: cuidar de otras personas,
preparar la comida, limpiar, organizar la casa,
acompañar emocionalmente, entre muchas
otras (Organización Internacional del Trabajo,
2025). Estas tareas, históricamente han sido
realizadas por mujeres y no siempre se
reconocen como trabajo, aunque son
fundamentales para que todo lo demás como: la
economía, la producción, la educación, etc.
pueda existir (ONU Mujeres, 2018). El
concepto surge por el decenio de los 70,
específicamente dentro de los debates
feministas y marxistas, cuando las mujeres
comenzaron a cuestionar por qué su trabajo
doméstico no era valorado, en principio, ni
remunerado como el trabajo de los hombres
fuera de casa, planteando la idea de una "doble
explotación" (Aguirre,1989). Uno de los
cuestionamientos clave durante este periodo,
implicaba el hecho de que si cocinar, limpiar y
cuidar a los niños o ancianos es tan necesario
para que la sociedad funcione, por qué no se
reconoce como un trabajo verdadero. Desde
este punto la economía del cuidado se empezó a
entender como una parte central de la economía
en general, aunque normalmente se mantiene
oculta o desvalorizada (Ezquivel, 2011).
La reflexión sobre la economía del cuidado abre
un debate decisivo para el desarrollo de lo que
se conceptualizaría como "economía
feminista". Al poner en evidencia que las
actividades de cuidado sostienen el trabajo
productivo y la reproducción social, entra en
duda la neutralidad del pensamiento económico
tradicional. En ese sentido la economía
feminista puede entenderse de dos maneras,
tanto como una propuesta analítica y
metodológica o como una forma alternativa de
organización económica que se vincula a
procesos educativos y de resistencia al modelo
hegemónico. Colocando en el centro las
realidades diarias de mujeres rurales, múltiples
y frecuentemente invisibilizadas (Orozco,
2014). Una de las características más
significativas de los feminismos en Abya Yala
es su diversidad, a veces acompañada de
profundas contradicciones. Dentro de este
marco, los feminismos del sur, construyen
epistemologías propias, nutridas por
experiencias vividas de opresión y por los
procesos de resistencia que de ella emergen. En
sociedades altamente desiguales, como la de
estos países, el acceso y provisión de cuidados,
depende del nivel de ingreso: las familias de
mayores recursos, pueden sustituir el trabajo
doméstico no remunerado, recurriendo a
servicios del mercado, este último aspecto es
sostenido en una gran proporción por mujeres
empleadas domésticas, mientras otras familias
dependen de la oferta pública limitada o del
propio esfuerzo (Ezquivel, 2011).