Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 2.2
Edición Especial II 2026
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INTERVENCIONES NUTRICIONALES EN NEFRITIS LÚPICA: UN ESTUDIO DE CASO
NUTRITIONAL INTERVENTIONS IN LUPUS NEPHRITIS: A CASE STUDY
Autores: ¹Arianna Karelys Jaramillo Guerrón y ²Irlanda de Lourdes Chávez Velasco.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0004-7980-2459
²ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-3700-5871
¹E-mail de contacto: ajaramillo6713@uta.edu.ec
²E-mail de contacto: idl.chavez@uta.edu.ec
Afiliación:
1*2*3*
Universidad Técnica de Ambato, (Ecuador).
Artículo recibido: 05 de Marzo del 2026
Artículo revisado: 07 de Marzo del 2026
Artículo aprobado: 13 de Marzo del 2026
¹Abogada graduada de la Universidad Autónoma de Los Andes, (Ecuador). Estudiante de la carrera de Nutrición y Dietética de la
Universidad Técnica de Ambato, (Ecuador). Interna Rotativa de Nutrición del Hospital General Docente Ambato, (Ecuador).
²Nutricionista Dietista. Magíster en Gerencia de Servicios de Salud. Doctora en Nutrición del Hospital General Docente Ambato,
(Ecuador).
Resumen
La nefritis lúpica es una manifestación severa
del lupus eritematoso sistémico asociado a
anemia, inflamación glomerular y alteraciones
metabólicas, lo que puede causar deterioro de
la función renal con complicaciones sistémicas.
El objetivo se centró en describir la evolución
clínica, renal, hematológica y nutricional de
una paciente de 23 años de edad a lo largo de
dos años en tres centros de atención del
Ecuador. La intervención nutricional se
distribuyó en cuatro fases con ajustes en
proteína (0,6-1,5 g/kg/día), sodio (1000-2000
mg/día), líquidos (500-2000 ml/día),
suplementación de hierro, vitamina D, omega-
3 y probióticos, y dieta antiinflamatoria. En la
fase inicial se registraron alteraciones severas;
urea de 197 mg/dL, creatinina en 2,37 mg/dL,
ácido úrico en 11 mg/dL y proteinuria máxima
de 4745 mg/24 h. A nivel hematológico, mostró
anemia microcítica (Hb 9,2 g/dL; VCM 74-77
fL) y RDW elevado (17,9-22,1%). La
composición corporal evidenció efectos de
inflamación y corticoides, asociado a un
aumento de peso (54,6 kg a 63,4 kg), IMC de
22,4 a 25,6, grasa visceral elevada (10-121
cm2) y agua corporal (25,0 a 29,6 L). Posterior
a la intervención, se evidenció una mejora
general en creatinina (0,58-0,83 mg/dL), urea
(28-34 mg/dL), proteinuria reducida a 113-148
mg/24 h, Hb aumentada a 12,5 g/dL y grasa
visceral normalizada a 5-7 unidades. La
paciente alcanzó valores antropométricos
saludables (peso: 52,4 kg, IMC: 21,3 kg/m2,
PCG: 27,9%, agua corporal 62,2%). El estudio
concluye que una intervención nutricional
adecuada aporta significativamente a la
regulación antiinflamatoria, recuperación
glomerular, hematológico y estabilización de la
composición corporal.
Palabras clave: Nefritis Lúpica,
Intervención nutricional, Evolución clínica,
Función renal, Composición corporal.
Abstract
Lupus nephritis is a severe manifestation of
systemic lupus erythematosus associated with
anemia, glomerular inflammation, and
metabolic abnormalities, which can lead to
impaired renal function and systemic
complications. This study aimed to describe the
clinical, renal, hematological, and nutritional
evolution of a 23-year-old patient over two
years at three healthcare centers in Ecuador.
The nutritional intervention was divided into
four phases with adjustments to protein (0.6
1.5 g/kg/day), sodium (10002000 mg/day),
fluids (5002000 ml/day), iron, vitamin D,
omega-3, and probiotic supplementation, and
an anti-inflammatory diet. In the initial phase,
severe abnormalities were recorded: urea 197
mg/dL, creatinine 2.37 mg/dL, uric acid 11
mg/dL, and a maximum proteinuria of 4745
mg/24 h. Hematologically, the patient showed
microcytic anemia (Hb 9.2 g/dL; MCV 74-77
fL) and an elevated RDW (17.9-22.1%). Body
composition analysis revealed the effects of
inflammation and corticosteroids, associated
with weight gain (54.6 kg to 63.4 kg), a BMI of
22.4 to 25.6, elevated visceral fat (10-121 cm²),
and increased body water (25.0 to 29.6 L).
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Following the intervention, a general
improvement was observed in creatinine (0.58-
0.83 mg/dL), urea (28-34 mg/dL), reduced
proteinuria (113-148 mg/24 h), increased Hb
(12.5 g/dL), and normalized visceral fat (5-7
units). The patient achieved healthy
anthropometric values (weight: 52.4 kg, BMI:
21.3 kg/m², body fat percentage: 27.9%, body
water: 62.2%). The study concludes that
appropriate nutritional intervention
significantly contributes to anti-inflammatory
regulation, glomerular and hematological
recovery, and stabilization of body
composition.
Keywords: Lupus Nephritis, Nutritional
Intervention, Clinical evolution, Renal
Function, Body Composition.
Sumário
A nefrite lúpica é uma manifestação grave do
lúpus eritematoso sistêmico associada à
anemia, inflamação glomerular e
anormalidades metabólicas, que podem levar à
insuficiência renal e complicações sistêmicas.
Este estudo teve como objetivo descrever a
evolução clínica, renal, hematológica e
nutricional de uma paciente de 23 anos ao
longo de dois anos em três centros de saúde no
Equador. A intervenção nutricional foi dividida
em quatro fases com ajustes na ingestão de
proteínas (0,61,5 g/kg/dia), sódio (10002000
mg/dia), líquidos (5002000 ml/dia), ferro,
vitamina D, ômega-3 e suplementação com
probióticos, além de uma dieta anti-
inflamatória. Na fase inicial, foram registradas
anormalidades graves: ureia de 197 mg/dL,
creatinina de 2,37 mg/dL, ácido úrico de 11
mg/dL e proteinúria máxima de 4745 mg/24 h.
Hematologicamente, o paciente apresentou
anemia microcítica (Hb 9,2 g/dL; VCM 74-77
fL) e RDW elevado (17,9-22,1%). A análise da
composição corporal revelou os efeitos da
inflamação e dos corticosteroides, associados
ao ganho de peso (de 54,6 kg para 63,4 kg),
IMC de 22,4 para 25,6, aumento da gordura
visceral (de 10 para 121 cm²) e aumento da
água corporal (de 25,0 para 29,6 L). Após a
intervenção, observou-se melhora geral nos
níveis de creatinina (de 0,58 para 0,83 mg/dL)
e ureia (de 28 para 34 mg/dL), redução da
proteinúria (de 113 para 148 mg/24 h),
aumento da Hb (de 12,5 g/dL) e normalização
da gordura visceral (de 5 para 7 unidades). O
paciente atingiu valores antropométricos
saudáveis (peso: 52,4 kg, IMC: 21,3 kg/m²,
percentual de gordura corporal: 27,9%, água
corporal: 62,2%). O estudo conclui que a
intervenção nutricional adequada contribui
significativamente para a regulação anti-
inflamatória, recuperação glomerular e
hematológica e estabilização da composição
corporal.
Palavras-chave: Nefrite Lúpica, Intervenção
Nutricional, Evolução Clínica, Função
Renal, Composição Corporal.
Introducción
La nefritis lúpica es una complicación severa
del lupus eritematoso sistémico que afecta entre
el 40 % y el 60 % de las personas que padecen
esta enfermedad y constituye una de las
principales causas de morbilidad y mortalidad a
nivel mundial (Hocaoǧlu et al., 2023). Su
fisiopatología se caracteriza por una activación
prolongada del sistema inmunológico, la
formación y acumulación de complejos
inmunes y la activación del sistema del
complemento; estos procesos conducen a una
inflamación glomerular progresiva, alteraciones
hematológicas y deterioro de múltiples sistemas
del organismo (Sterner et al., 2014). A nivel
global, la nefritis lúpica representa un
importante reto clínico debido a su
comportamiento y evolución impredecible, la
dificultad en su diagnóstico y la necesidad de
tratamientos inmunosupresores prolongados,
los cuales pueden generar efectos adversos
significativos (Ruiz et al., 2012; Xagas et al.,
2024).
En los últimos años, la evidencia científica ha
revelado que el manejo nutricional y metabólico
desempeña un papel clave en el desarrollo del
lupus eritematoso sistémico y en sus efectos
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sobre los riñones (Islam et al., 2020). Diversos
estudios han reportado que una alimentación
adecuada, basada en un consumo equilibrado de
proteínas, macronutrientes como los ácidos
grasos omega-3 y micronutrientes como hierro,
vitamina D, vitamina E y antioxidantes, además
de la regulación de la ingesta de sodio, potasio
y fósforo, puede contribuir a modular la
actividad inmunológica en los pacientes,
reducir la inflamación sistémica y mejorar los
parámetros renales y hematológicos (Islam et
al., 2020; Roveta et al., 2024). No obstante, la
evidencia actual señala que aún no existe un
plan nutricional específico plenamente validado
para controlar la evolución clínica de la nefritis
lúpica (Sciascia et al., 2024).
La literatura también destaca que factores como
la inflamación persistente, el daño oxidativo y
los efectos metabólicos derivados del uso
prolongado de glucocorticoides influyen de
manera directa en la composición corporal, el
metabolismo y la producción de glóbulos rojos
en pacientes con nefritis lúpica (Mejía y Ayoub,
2021; Yan et al., 2023). Sin embargo, todavía
existen vacíos de investigación que analicen de
forma integral la relación entre estos
mecanismos fisiopatológicos y los efectos
específicos de un plan nutricional estructurado
en el contexto de una enfermedad renal
autoinmune. En este sentido, resulta relevante
analizar los efectos longitudinales de las
intervenciones nutricionales, especialmente en
pacientes jóvenes (menores de 25 años), en
quienes las respuestas metabólicas,
inmunológicas y renales pueden diferir de las
observadas en pacientes adultos mayores de 40
años o en personas de la tercera edad (>65
años). La presente investigación describe un
estudio de caso de una paciente joven menor de
25 años diagnosticada con nefritis lúpica, con el
objetivo de examinar su evolución clínica,
renal, hematológica y antropométrica durante
un periodo de dos años en tres centros de
atención ubicados en las ciudades de Ambato y
Quito, Ecuador. El objetivo principal fue
evaluar cómo una intervención nutricional
estructurada incidió en la regulación de la
inflamación, la mejora de la función renal y la
recuperación hematológica y de la composición
corporal de la paciente a lo largo de su
seguimiento clínico.
Materiales y Métodos
El diseño representó un caso de estudio con
enfoque prospectivo, descriptivo y analítico. Se
analizó durante dos años la evolución clínica,
inmunológica y nutricional de una paciente
diagnosticada con nefritis lúpica bajo un
tratamiento que integró intervención médica y
nutricional. La investigación se llevó a cabo en
dos ciudades del centro-norte de la región Sierra
del Ecuador. La evaluación y seguimiento
clínico del paciente se realizó en tres centros de
atención médica; Laboratorio de Especialidades
Ochoa (Clínica 1) y Hospital General Docente
de Ambato (Clínica 2) en la ciudad de Ambato,
y Hospital de Especialidades Eugenio Espejo
(Clínica 3) en la ciudad de Quito. El estudio de
caso se centró en una paciente de género
femenino, de 23 años de edad, residente de la
ciudad de Ambato, provincia de Tungurahua,
diagnosticada con nefritis lúpica confirmada
por estudios clínicos y de laboratorio desde el
año 2023.
La intervención nutricional se llevó a cabo de
manera progresiva en función de la etapa clínica
del paciente que constituyó en ajustes dietéticos
específicos como: establecimiento de dietas
hipo, normo o hiperproteicas (0,6 a 1,5
g/kg/día), reducción progresiva de sodio (entre
1000 y 2000 mg/día), y adaptación del consumo
de potasio y fosforo dependiendo de la fase
renal. Adicionalmente, se incluyó un plan de
alimentación antiinflamatorio que reducía el
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consumo de gluten y grasas saturadas o trans,
dando prioridad a la ingesta de alimentos con
alto contenido de antioxidantes. Como
complemento se adicionó una suplementación
nutricional que incluyó vitamina D, omega-3,
probióticos y hierro polimaltosado. La
intervención reguló la ingesta de líquidos (de
500 a 2000 ml/día) y potencel ejercicio físico
liviano, higiene del sueño y estrategias para el
manejo del estrés. Por otra parte, la nefritis
lúpica se evaluó mediante marcadores
específicos de la función renal, como creatinina,
urea, proteinuria en un periodo de tiempo de 24
horas (h) y electrolitos en el suero. También se
emplearon parámetros hematológicos para
observar la anemia y el estado inflamatorio,
teniendo en cuenta mediciones como la
hemoglobina, hematocrito, volumen
corpuscular medio (VCM), ancho de
distribución de glóbulos rojos (RDW) y el
conteo de leucocitos. El estado nutricional fue
analizado mediante el cálculo del Índice de
Masa Corporal (IMC) mediante bioimpedancia.
Al inicio del estudio, se llevó a cabo una
evaluación clínica y nutricional para una
anamnesis minuciosa, lo que permitió recopilar
información sociodemográfica, antecedentes
familiares y personales centrado especialmente
en enfermedades autoinmunes y problemas
renales. Se orientó la atención a cualquier signo
de retención de líquidos, como el edema en
extremidades, y se tomaron en cuenta
características cushingoides asociadas al uso
prolongado de corticosteroides. En la fase
inicial de la investigación, que abarcó el periodo
septiembre 2023 enero 2024 en el Centro 1, se
llevaron a cabo pruebas diarias durante la
primera semana tras el diagnóstico, y posterior
a ello con una frecuencia semanal durante el
primer mes. En la segunda fase que tuvo lugar
en la Clínica 2 entre febrero y septiembre del
2025, los análisis se hicieron con una frecuencia
mensual, debido a la estabilización gradual de
los parámetros clínicos acompañados de una
necesidad de observar la efectividad del
tratamiento nutricional e inmunosupresor. Por
último, en la tercera fase llevada a cabo en la
Clínica 3 desde enero 2024 a julio 2025, se
realizaron visitas mensuales en el primer año y
trimestrales en segundo, de acuerdo a un plan de
seguimiento para enfermedades autoinmunes
renales crónicas. Los exámenes realizados
fueron de sangre (urea, creatinina, ácido úrico y
electrolitos), un hemograma completo,
medición de proteinuria en orina recopilada
durante 24 h, un uroanálisis con microanálisis,
perfil lipídico y la cuantificación de vitamina D.
Ambas evaluaciones se llevaron a cabo de
manera sostenida a lo largo del seguimiento del
paciente; se registró el peso, altura, IMC, con la
ayuda de una balanza digital y un tallímetro
debidamente calibrados. Adicionalmente, se
realizó un análisis de bioimpedancia eléctrica
en condiciones controladas (en ayunas, sin
objetos metálicos, y fuera de los días de
menstruación) a fin de evaluar aspectos como
masa muscular esquelética (MME), porcentaje
de grasa corporal (PCG), masa magra, grasa
visceral y agua total corporal. Toda esta
información fue de suma importancia para
cambios a nivel de inflamación sistémica,
alteración en la retención de quidos asociados
con la nefritis lúpica y los impactos metabólicos
producto del uso de corticoides. De igual
manera para evaluar de manera sostenida el
estado nutricional del paciente, y de qué manera
respondía el cuerpo a las intervenciones
nutricionales. A lo largo del seguimiento del
paciente, se llevaron a cabo evaluaciones
periódicas de la dieta que incluyó la aplicación
mensual de recordatorio de 24 h, donde se
registraron aspectos como la ingesta diaria,
tipos de alimentos ingeridos, cantidades
consumidas y la frecuencia de las comidas.
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Durante el mismo tiempo, se aplicó un
monitoreo estricto de la adherencia al plan
nutricional propuesto, así como del consumo de
agua, aparición de signos o síntomas adversos,
problemas gastrointestinales y cualquier efecto
contraproducente relacionado a la intervención.
Toda la información recopilada se trabajó en los
programas NutriSurvey y Microsoft Excel. Esta
intervención se estructuró en cuatro etapas en
función de los cambios clínicos y renales del
paciente.
Fase 1: Desde el primer al quinto mes: En
los primeros cinco meses (septiembre
2023-enero 2024) se aplicó contenido
proteico reducido de 0,6 g/kg/día,
acompañado de una dieta estricta baja en
sodio, fósforo y potasio, y con una
restricción de líquidos de 500 ml al día para
no sobrecargar a los riñones.
Paralelamente, se brindó una
suplementación de hierro polimaltosado,
vitamina D (25000 UI mensuales), omega-
3 (1000 mg a diario) y probióticos,
complementado por una estricta dieta
antiinflamatoria sin ingesta de gluten o
grasas que promuevan la inflamación.
Fase 2: Desde el sexto al noveno mes: En
esta fase se registró una estabilidad parcial
en la función renal donde se realizaron
ajustes en la dieta basad en un gimen
reducido de consumo de proteínas (0,7
g/kg/día). En paralelo, se incrementó de
manera progresiva la ingesta de sodio hasta
llegar a un nivel de 1500 mg/día y en
líquidos a 1000 ml/día, sin dejar de lado la
suplementación previa.
Fase 3: Desde el décimo al doceavo mes:
Entre los meses de octubre a diciembre
2024, se llevó a cabo una dieta
normoproteica a 1 g/kg/día, en cuanto el
paciente avanzó hacia una enfermedad
renal crónica en estadio 1 y la proteinuria
presentó una disminución sostenida. Esta
dieta estuvo constituida por electrolitos con
rangos normales y una ingesta de 1500 ml
de agua/día en concordancia con una
mejoría notable en la función renal.
Fase 4: Desde el primer al segundo año: En
este periodo (enero 2024-julio 2025) se
aplicó una alimentación moderadamente
alta en proteínas, con una ingesta de 1,5
gr/kg diario. Se dio continuidad con el
régimen antiinflamatorio establecido y se
aumentó la ingesta diaria de líquidos a 2000
ml. Se administraron infusiones de hierro
por vía intravenosa cada tres meses,
acompañado de tratamientos
farmacológicos de mantenimiento que
incluyeron micofenolato, prednisona en
reducidas dosis y eritropoyetina con
frecuencia mensual.
El tratamiento farmacológico fue supervisado
por los equipos de nefrología y reumatología de
los tres centros de atención durante los dos años
de seguimiento, tomando en consideración el
comportamiento de la enfermedad y la
respuesta clínica del paciente. Al principio del
seguimiento se administró una dosis alta de
prednisona (60 mg diarios) que a posteriori se
redujo a 40 mg, 20 mg, y finalmente a 5 mg,
debido a una reducción en la inflamación renal.
La terapia principal inmunosupresora fue el
Micofenolato de Mofetilo que se mantuvo
constante en 3 g diarios, y ajustándose a 2 g/día
en la fase de estabilidad. El Losartán se
administró como nefro protector y para regular
la presión intra glomerular, que disminuyó
favorablemente de 100 a 50 mg al día, gracias a
la mejora de la proteinuria. Se continuo con la
administración de hidroxicloroquina y aspirina
como soporte en el control inmunológico y
profilaxis contra trombos. Finalmente, la terapia
con diuréticos con furosemida y
espironolactona, carbonato de calcio, alopurinol
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y eritropoyetina, se ajustó en base a las
variaciones en electrolitos, estado de volumen
corporal, presencia de hiperuricemia y grado de
anemia, respectivamente, en relación con cada
fase clínica del paciente.
La información recogida a lo largo de los dos
años (septiembre 2023-julio 2025) de
seguimiento del paciente, se sometió a un
análisis descriptivo, organizando los
parámetros bioquímicos, hematológicos,
urinarios y antropométricos en tablas que dan
cuenta del comportamiento de la nefritis lúpica
en el tiempo. Se lle cabo un análisis
comparativo intra centro, para determinar el
cambio y mejora de estos parámetros a lo largo
del estudio. Se evaluaron datos
antropométricos y de composición corporal
recogidos mediante bioimpedancia para
identificar alteraciones relacionadas con la
inflamación, retención de quidos, e impacto de
los corticoides. Finalmente, se cuantificó la
información sobre la dieta para comprobar
adherencia y coherencia con las distintas fases
de intervención nutricional.
La presente investigación se desarrolló bajo los
principios éticos establecidos por el Comité de
Ética de Investigación en Seres Humanos
(CEISH-UTA) garantizando en todo momento
la dignidad, respeto y protección del paciente.
La participación del paciente fue voluntaria, y
aceptada mediante un consentimiento
informado, con pleno conocimiento sobre los
riesgos y beneficios que conllevaba la
investigación. En todo momento el paciente
tuvo su derecho a retirarse sin repercusiones en
su atención médica. Se garantizó la
confidencialidad de la información a través de
códigos alfanuméricos para prevenir la
identificación personal, reflejado en una
protección de datos clínicos y nutricionales. Se
reconoció que el paciente formaba parte de un
grupo vulnerable debido al diagnóstico de
enfermedad catastrófica por lo que la
investigación se sustentó en la Constitución de
la República del Ecuador, Ley Orgánica de
Salud, Ley Orgánica de Discapacidades y el
Acuerdo Ministerial No. 0000009 sobre
enfermedades catastróficas, garantizando su
acceso a tratamientos y seguimiento integral.
Resultados y Discusión
Características sociodemográficas y
antecedentes clínicos
La paciente es una mujer de 23 años, con una
altura de 157,3 cm, ecuatoriana de nacimiento y
residente de la ciudad de Ambato, provincia de
Tungurahua, de estado civil soltera y reportó
vivir con su familia al momento del inicio de la
evaluación. No tiene antecedentes de consumo
de alcohol ni de ningún tipo de drogas ni hábitos
tóxicos. A lo largo de todo el periodo de
seguimiento realizaba sus rutinas normales sin
entrar en contacto con sustancias químicas o
ambientales. No reportó antecedentes
familiares previos relevantes en relación con
enfermedades renales o autoinmunes.
Evolución de la función renal y perfil
metabólico en Clínica 1
Dentro del periodo de evaluación (septiembre
2023- enero 2024) en la Clínica 1 (Ochoa), el
paciente presentó alteraciones sostenidas en su
función renal, como lo evidencian los
incrementos constantes en los niveles de urea y
creatinina (Tabla 1). Desde el principio, los
niveles de urea estuvieron extremadamente
altos, en un rango entre 54,8 y 57,1 mg/dL,
alcanzando picos de 138,2 mg/dL, 177,8 mg/dL
hasta 197 mg/dL. Paralelamente, la creatinina
evidenció un aumento de 1,21-1,25 mg/dL hasta
valores extremadamente elevados de 2,37
mg/dL, pese que posteriormente se redujo a
valores normales en los controles finales,
fluctuando entre 0,78 y 0,83 mg/dL.
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Adicionalmente se registró una hiperuricemia
persistente, con niveles que variaron entre 8,4 y
11 mg/dL previo a retornar a la normalidad. En
relación con los electrolitos, se identificó una
ligera hipocalcemia (7,5-7,6 mg/dL) en
conjunto con episodios de hiperfosfatemia (5-7
mg/dL), sumado a algunas pequeñas
irregularidades en los niveles de sodio y cloro
incluyendo un caso de hiponatremia de 132
meq/L.
Tabla 1. Parámetros hematológicos, bioquímicos y urinarios de los controles clínicos en Clínica 1
2023
2024
Parámet
ro
Sep
15
Sep
16
Sep
18
Sep
19
Sep
20
Sep
25
Oct
2
Oct
19
Oct
20
Nov
6
Dic
11
Ene
18
Urea
(mg/dL)
54,8 ↑
57,1 ↑
74,8 ↑
-
75 ↑
177,8 ↑
197 ↑
-
73,9 ↑
55,7 ↑
31,3
N
-
Creatinin
a
(mg/dL)
1,21 ↑
1,17 ↑
1,25 ↑
-
1,45 ↑
2,05 ↑
1,92 ↑
-
1,06 ↑
0,78 N
0,83
N
-
Ácido
úrico
(mg/dL)
-
8,4 ↑
9,5 ↑
-
11 ↑
7,3 ↑
4,5 ↑
-
6,1 ↑
5,2 N
3,9 N
4,5 N
Calcio
total
(mg/dL)
-
7,5 ↓
7,6 ↓
-
-
-
-
-
-
-
-
-
Fósforo
(mg/dL)
-
5,0 ↑
5,6 ↑
-
5,7 ↑
3,8 N
4,7 N
-
-
-
-
-
Sodio
(meq/L)
-
136 N
138 N
136 N
137 N
135 N
132 ↓
-
-
136 N
137
N
140 N
Potasio
(meq/L)
-
4,1 N
3,9 N
3,6 N
3,2 N
3,9 N
4,9 N
-
-
3,1 N
3,6 N
3,5 N
Cloro
(meq/L)
-
112 ↑
115 ↑
109 N
107 N
104 N
106 N
-
-
-
105
N
105 N
Hb
(g/dL)
-
-
-
-
-
11,5 ↓
-
-
9,2 ↓
10 ↓
10,4
-
Hto (%)
-
-
-
-
-
34,2 ↓
-
-
26,1 ↓
31 ↓
31,6
-
VCM
(fL)
-
-
-
-
-
77 ↓
-
-
75 ↓
82 N
88 N
-
RDW
(%)
-
-
-
-
-
17,8 ↑
-
-
17,8 ↑
22,1 ↑
19,9
-
Leucocit
os (mil/
µL)
-
-
-
-
-
15,96 ↑
-
-
9,95
12,75 ↑
15,10
-
Proteína
en orina
(24 h)
mg/24 h
-
-
4745 ↑
-
-
-
-
1676 ↑
-
1128
348,5 ↑
Nota: N = normal, ↑ alto ↓ bajo. Elaborado por: Arianna Jaramillo. Fuente: Elaboración propia
Alteraciones hematológicas
Dentro del análisis hematológico, la
información mostró un estado de anemia
gradual con niveles de hemoglobina que
disminuyeron de 11,5 g/dL a 9,2 g/dL, una cifra
crítica, acompañado de hematocritos reducidos
(mínimo de 26,1%) y una microcitosis
persistente (VCM: 74 y 77 fL). La persistencia
de una elevado RDW (17,8-22,1%), registró
una marcada anisocitosis, lo que es coherente
con una anemia de tipo evolutivo. Respecto a
los leucocitos se evidenciaron episodios de
leucocitosis significativa durante algunos
controles, especialmente en aquellos donde los
conteos llegaron a 15,96 x 103 / µL y 20,10 x
103 / µL, junto con desviaciones neutrofílicas.
Por último, el análisis de orina demostró una
proteinuria severa, con una excreción máxima
de 4745 mg en 24 horas, acompañadas de una
persistencia de altos valores en controles
posteriores (1676 mg, 1128 mg, 348,5 mg/24h),
lo que corroboró la afectación renal observada
durante el seguimiento.
Evolución clínica en Clínica 2
Durante el seguimiento en la Clínica 2
(Ambato) en el transcurso del 2025, el paciente
registró inicio de signos de inflamación y
alteraciones en los análisis de sangre,
evidenciados por una notable leucocitosis de
16,8 x 103 / µL, sumado de un 79,7% de
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Página 580
neutrófilos y un 13% de linfocitos (Tabla 2). En
los controles posteriores, estos indicadores
fueron normalizándose transicionalmente,
reduciéndose a 5,68 x 103 / µL el conteo
leucocitario. Paralelamente, los niveles de
neutrófilos disminuyeron a porcentajes entre
34-51%, mientras que se observó una elevación
temporal en los linfocitos con un 53,9% en
marzo de ese año. Con relación a los glóbulos
rojos, se diagnosticó una anemia microcítica
persistente, con niveles de hemoglobina entre
10,8 y 11,6 g/dL y un volumen corpuscular
medio consistentemente bajo (76-79 fL).
Adicionalmente, se presentó un aumento en el
RDW durante el periodo evaluado con valores
entre 18,4% y 22,9%, lo que indicaba una
anisocitosis asociada a una deficiencia de hierro
(hierro sérico: 14,3-16,3 µg/dL; ferritina: 6,8-
7,1 ng/mL; deficiencia de Vitamina D: 19,9
ng/mL).
Respecto al perfil renal y metabólico, los
niveles de creatinina se mantuveieron estables y
dentro de los rangos normales (0,64 y 0,75
mg/dL). La urea con mantuvo normal en la
mayoría de los controles, exceptuando un
aumento aislado (46,2 mg/dL) en septiembre.
Por su parte, en marzo se evidenció un episodio
agudo de hipernatremia severa alcanzando un
valor de 162,4 meq/L y una hipercloremia de
124,3 meq/L, probablemente asociado a
deshidratación o un desequilibrio temporal de
electrolitos. El análisis de orina inicial mostró
una leucocituria significativa (+++) y la
presencia de bacterias, indicadores de una
infección urinaria que se resolvió, dado que los
resultados de pruebas posteriores fueron
negativos. La proteinuria se mantuvo en rangos
normales (80-112 mg/24 h) indicando que no
hubo un daño renal significativo durante este
tiempo.
Tabla 2. Parámetros hematológicos, metabólico y urinarios de los controles clínicos en el Laboratorio
Hospital General Docente Ambato
Parámetro
2025
Feb 8
Feb
25
Mar
27-28
May
6
May
21
Jun
27
Sep
29
GB (x10
3
L)
16,8 ↑
9,75 N
7,74 N
9,74 N
9,39 N
7,51 N
5,68 N
Neutrófilos (%)
79,7 ↑
72,4 ↑
34,5 ↓
45,3 ↓
51,4 ↓
38,1 ↓
47,4 ↓
Linfocitos (%)
13 ↓
18,6 ↓
53,9 ↑
42,9 ↑
38,3 N
48 ↑
38 N
Hemoglobina (g/dL)
11,1 ↓
11,4 ↓
10,8 ↓
11,4 ↓
11,6 ↓
11,4 ↓
13,5 N
VCM (fL)
77,3 ↓
77,6 ↓
76,4 ↓
80,3 N
80,2 N
79,2 ↓
84,7 N
RDW (%)
22,9 ↑
22,5 ↑
20,5 ↑
20,0 ↑
19,2 ↑
18,4 ↑
20,4 ↑
Plaquetas (x10
3
L)
414 N
464 ↑
442 N
420 N
387 N
382 N
304 N
Hierro (µg/dL)
-
-
-
14,3 ↓
-
16,3 ↓
-
Ferritina (ng/mL)
-
-
-
6,8 ↓
-
7,1 ↓
-
Creatinina (mg/dL)
0,66 N
0,69 N
0,72 N
0,67
0,64 N
0,75 N
0,70 N
Urea (mg/dL)
30,6 N
33,8 N
26,4 N
-
27,2 N
33,8 N
46,2 ↑
Sodio (meq/L)
140,1 N
139,9 N
162,4 ↑↑↑
-
137,7 N
137,7 N
138,6 N
Cloro (meq/L)
110,8 ↑
106,6 N
124,3 ↑↑
-
105,9 N
105,9 N
107,1 N
Uroanálisis (leucocitos)
+++
Negativo
Negativo
Negativo
Negativo
Negativo
Negativo
Uroanálisis (bacterias)
+
+
0
0
0
+
0
Proteína en orina (24 h)
-
-
113 mg N
80 mg N
-
-
-
Vitamina D (ng/dL)
-
19,9 ↓ (def)
-
-
-
-
-
Nota: N = normal, ↑ alto ↓ bajo. Elaborado por: Arianna Jaramillo. Fuente: Elaboración propia
Evolución clínica en Clínica 3
Durante el periodo 2024-2025 en la Clínica 3
(Espejo), la paciente experimentó una anemia
persistente que al inicio se observó como
normocítica, con un VCM de 87,8 fL para enero
del 2024 (Tabla 3). Con el transcurso del
tiempo, esta condición fue progresando a un
patron microcítico e hipocrómico reflejado en
un descenso del VCM entre 76,9 y 78,8 fL
acompañado a un HCM que se mantuvo bajo de
forma consistente (23,7-26,0 pg). La
hemoglobina demostró una leve mejoría
elevándose a valores entre 10,3-10,4 g/dL hasta
alcanzar niveles cercanos a la normalidad para
el año 2025, con un registro de 12,5 g/dL. Pese
a ello el RDW se mantuvo en un nivel elevado
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durante todos los controles en esta clínica,
iniciando con un 15,6% en enero hasta alcanzar
pico de 21,4% en marzo para el 2025. Estos
niveles sugieren una anisocitosis sostenida
consistente con una anemia de deficiencia de
hierro en un estado de recuperación parcial. En
relación con los leucocitos totales, estos
permanecieron dentro del rango normal, pese a
que se observaron cambios es su distribución
con una elevación de linfocitos en septiembre
del 2024 (44,2%) y un aumento fugaz en el
conteo de neutrófilos de 66,3% en marzo del
2025.
Tabla 3. Parámetros hematológicos, bioquímicos y uro analíticos de los controles clínicos en el
Hospital de Especialidades Eugenio Espejo
2024
2025
Parámetro
Ene 9
Abr 18
Sep 6
Mar 7
Jul 25
Hemoglobina (g/dL)
10,3 ↓
10,4 ↓
11,8 ↓
11,8 ↓
12,5 (normal-baja)
Hematocrito (%)
32,3 ↓
33,9 ↓
36,7 ↓
38 N
38,8 N
VCM (fL)
87,8 N
76,9 ↓
77,1 ↑
78,8 ↓
80,5 (normal-baja)
HCM (pg)
28 N
23,7 ↓
24,7 ↓
24,6 ↓
26,0 ↓
RDW (%)
15,6 ↑
16,2 ↑
18,8 ↑
21,4 ↑
18,0 ↑
Leucocitos totales
(10
3
L)
9,91 N
6,60 N
9,97 N
8,90 N
7,11 N
Neutrófilos (%)
54,5 (normal-bajo)
58 N
45,8 ↓
66,3 ↑
63,9 N
Linfocitos (%)
33,9 N
27,2 N
44,2 ↑
25,4 N
29,6 N
Urea (mg/dL)
28,2 N
32,1 N
-
31 N
34 N
Creatinina (mg/dL)
0,80 N
0,77 N
0,72 N
0,58 N
0,67 N
Proteína en orina (24 h)
-
437,9 ↑
158,75 ↑
113,15 N
150,26 ↑
Uroanálisis-bacterias
(cél/ µL)
-
496 N
-
145 N
Nota: N = normal, ↑ alto ↓ bajo. Elaborado por: Arianna Jaramillo. Fuente: Elaboración propia
Con relación a los indicadores metabólicos y
urinarios, la función renal se mantuvo estable en
todos los controles con niveles de creatinina de
entre 0,58-0,80 mg/dL y niveles de urea
normales (28-34 mg/dL). No obstante, se
evidenció una proteinuria intermitente logrando
elevadas cifras de 437,9 mg en 24 horas en abril
del 2024. Además, se registró una persistencia
subclínica en septiembre (158,75 mg en 24
horas) y un incremento posterior de 150,26 mg
en 24 horas en julio de 2025, indicando posibles
alteraciones funcionales temporales en el
glomérulo. Respecto a los análisis de orina se
reveló presencia de bacterias en dos ocasiones
(496 células por microlitro en septiembre 2024
y 145 en julio de 2025), lo que es coherente con
una leve bacteriuria, aunque sin un incremento
en los leucocitos ni indicios de una infección
urinaria activa.
Evolución inicial de la composición corporal
Los cambios corporales mostrado en la Tabla 4,
a nivel de su composición entre octubre 2023 a
septiembre 2024 mostraron patrones
coincidentes en la inflamación, uso de
corticoides y una posterior estabilización clínica
del paciente. Durante los meses iniciales
(octubre 2023 enero 2024), se evidenció un
aumento en el peso corporal pasando de 54,6 a
63,4 kg, acompañado de una elevación en el
IMC (22,4 a 25,6) y de MME (18 a 21,6 kg).
Todos estos cambios se atribuyen
principalmente a la retención de líquidos y a
efectos anabólicos de los corticoides. Durante el
mismo periodo, la grasa visceral se mantuvo en
niveles elevados (10 121 cm2) que indicada
una inflamación activa. A partir de abril 2024,
se evidenció una disminución sostenida en el
peso (62,3 kg), porcentaje de grasa corporal
(32,5%) y masa negra (20,3 kg), coincidente
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con una disminución del uso de corticoides y
una mejora notable en la función renal. Para
julio y septiembre del 2024, el paciente mostró
mejoría general con descenso en el peso entre
53,5 y 57,3 kg, una disminución de grasa
corporal (28,6%-31,5%), mejora en los niveles
de grasa visceral (de 6 a 7) y un aumento en el
agua corporal total (30 L).
Tabla 4. Evolución de los parámetros de composición corporal (2023-2024)
Fecha
Peso (kg)
Masa muscular
esquelética (kg)
Porcentaje de
grasa corporal
(% grasa
corporal)
Masa magra
(kg)
IMC
Grasa
visceral
(nivel)
Agua
corporal (L)
31 oct 2023
54,6
18,0
37,6
20,5
22,4
10
25,0
26 dic 2023
62,5
21,7
35,6
22,3
25,6
10
29,5
05 ene 2024
63,4
21,6
36,5
23,1
25,6
121 cm
2
(visceral
aérea)
29,6
22 abr 2024
62,3
21,8
32,5
20,3
25,3
-
29,4
24 jul 2024
57,3
22,3
28,6
16,4
22,4
6
30,0
25 sep 2024
53,5
19,8
31,5
16,9
22,0
7
26,8
Nota: N = normal, ↑ alto ↓ bajo. Elaborado por: Arianna Jaramillo. Fuente: Elaboración propia
Evolución final de la composición corporal
La última evaluación en la paciente a través de
la bioimpedancia en junio 2025 evidenció una
composición corporal equilibrada, con un peso
de 52,4 kg y un IMC de 21,3 kg/m2, valores que
están dentro de un rango normal saludable
(Tabla 5). El porcentaje de grasa corporal
registró un porcentaje del 27,9%, cifra
considerada estándar y apropiada para su
género y edad. Por su parte la masa muscular
total fue de 36,2 kg, y su masa esquelética fue
de 20,5 kg, ambas dentro de rangos positivos,
indicando una buena reserva de masa muscular.
Adicionalmente el porcentaje de agua corporal
total fue del 62,2% de su peso, indicando una
hidratación adecuada. Respecto a la
distribución de grasa en el cuerpo se registró un
valor de 9,7 kg de grasa troncal, mientras que en
las extremidades se obtuvo un valor promedio
de 2,4 kg, que también se encuentran en rangos
normales. Para el músculo en las extremidades
se registró un valor de 6 kg reflejando una
relación favorable entre el musculo y grasa en
esa área. Finalmente, los parámetros
metabólicos se encontraron en rangos
saludables, siendo 5 unidades para la grasa
visceral y una tasa de metabolismo basal de
1186 kcal/día, adecuada para su composición
física y nivel de actividad.
Los resultados del estudio de caso revelaron un
perfil hematológico que se alinea con lo
reportado en la literatura y que proporciona una
mejor comprensión de la relación
fisiopatológica entre la inflamación crónica
propia de la nefritis lúpica y el deterioro gradual
de la eritropoyesis. El paciente presentó anemia
microcítica e hipocrómica, evidenciada por una
hemoglobina reducida hasta 9,2 g/dL y un VCM
entre 74 y 77 fL, lo cual puede explicarse a
través de dos mecanismos que actúan de forma
complementaria. En primer lugar, la restricción
funcional del hierro, fenómeno discutido por
diversos autores, indica que, aunque el hierro
esté disponible en el organismo, la inflamación
crónica incrementa los niveles de hepcidina,
restringiendo su movilización desde los
depósitos hacia la médula ósea; esto produce
una eritropoyesis ineficaz y explica la
disminución de los niveles de hierro rico y
ferritina, aun en ausencia de pérdidas evidentes
(Nemeth y Ganz, 2023; Camaschella et al.,
2020). En segundo lugar, la activación
inmunológica sistémica asociada al lupus
genera la liberación de citocinas como IL-6 y
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Página 583
TNF-α, las cuales afectan de manera directa la
proliferación eritroide, como ha sido reportado
en estudios previos (Ghorbaninezhad et al.,
2022; Richter et al., 2023). Lo anterior justifica,
en el presente estudio de caso, la presencia de
una anemia microcítica persistente y resistente
a correcciones espontáneas durante los meses
iniciales del seguimiento del paciente.
Tabla 5. Parámetros corporales obtenidos mediante bioimpedancia
Categoría
Parámetro
Resultado
Unidad
Nivel
Composición
corporal
Peso
52,4
kg
Normal
Grasa corporal (%)
27,9
%
Rango estándar
Masa muscular total
36,2
kg
Adecuado
Masa esquelética
20,5
kg
Adecuado
Agua corporal (%)
62,2
%
Normal
Índice corporal
IMC
21,3
kg/m
2
Normal
Obesidad
101
%
Normal
Distribución corporal
Grasa troncal
9,7
kg
Estándar
Grasa en
extremidades
(promedio)
2,4
kg
Estándar
Músculo en
extremidades
(promedio)
6,0
kg
Estándar
Indicadores
metabólicos
Grasa visceral
5
-
Normal
Tasa metabólica
basal
1186
kcal/día
Adecuado
Nota: N = normal, ↑ alto ↓ bajo. Elaborado por: Arianna Jaramillo. Fuente: Elaboración propia
Un RDW persistentemente elevado, con valores
entre 17,8 % y 22,1 %, revela la presencia de
anisocitosis con una clara interpretación
fisiológica. Diversos autores señalan que un
incremento en el RDW en el contexto de
enfermedades autoinmunes denota una amplia
variabilidad en el tamaño de los glóbulos rojos,
producto de un proceso de maduración anómalo
que se refleja tanto en eritrocitos microcíticos
de reciente formación como en aquellos de
mayor antigüedad, ambos sometidos a estrés
oxidativo (Georgiadou et al., 2025; Hu, 2016).
Este escenario es consistente con el presente
caso de estudio, donde la inflamación sistémica,
el estrés oxidativo y la deficiencia de
micronutrientes convergen para modificar el
ciclo normal de renovación eritrocitaria. Por
otra parte, la recuperación parcial de los
parámetros hematológicos posterior a la
intervención nutricional evidenció una mejora
notable en el estado clínico del paciente y
aportó información relevante sobre los
mecanismos subyacentes.
Diversos autores señalan que la hepcidina es
una hormona fundamental en la regulación de la
homeostasis del hierro y que sus niveles pueden
elevarse en contextos inflamatorios, generando
una eritropoyesis restringida por falta de hierro
utilizable (Pagani et al., 2019). Otros trabajos
han mostrado que una dieta rica en
micronutrientes, como hierro y vitamina B12,
puede favorecer la eritropoyesis, aun cuando no
se mida directamente la hepcidina (Mayasari et
al., 2023). Todo ello se refleja en el estudio de
caso presentado, a través del aumento
progresivo del volumen corpuscular medio
hasta niveles normales y del incremento de la
hemoglobina hasta cifras cercanas a las
fisiológicas (12,5 g/dL); así, la intervención
nutricional incidió en la mejora de la
disponibilidad de componentes esenciales para
la hematopoyesis y en la atenuación del estado
inflamatorio.
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Página 584
Con relación a la funcionalidad renal, los
primeros episodios de hiperuricemia, las
elevaciones marcadas de urea y la proteinuria
severa que superó los 4 g en 24 horas
registrados en el paciente no constituyeron
hallazgos aislados, sino que representaron la
expresión directa de un proceso inflamatorio
glomerular activo, como ha sido documentado
en estudios previos (dos Santos et al., 2020).
Desde el punto de vista fisiopatológico, la
nefritis lúpica generó una activación anómala
del sistema del complemento y la acumulación
de inmunocomplejos en los glomérulos,
provocando un incremento en la permeabilidad
de la barrera de filtración; esto, a su vez,
produjo una pérdida significativa de proteínas,
acumulación de urea por disminución del
aclaramiento y elevación del ácido úrico como
consecuencia de lesiones tisulares y del
catabolismo acelerado del paciente. Este
comportamiento se alinea con los picos
observados en el presente caso, donde, por
ejemplo, la urea alcanzó valores extremos de
hasta 197 mg/dL y la proteinuria llegó a 4745
mg en 24 horas, reflejando un periodo de
inflamación renal severa y compromiso
importante de la función renal.
Los niveles de urea y creatinina retornaron
gradualmente hacia la normalidad,
acompañados de una reducción sostenida de la
proteinuria, lo que debe interpretarse como un
signo favorable a nivel fisiológico respecto de
la función glomerular, y no meramente como
una variación cuantitativa. Diversas
investigaciones enfatizan que las intervenciones
nutricionales bien estructuradas,
particularmente aquellas que regulan la ingesta
de proteínas, mantienen un control riguroso del
sodio y reducen el consumo de alimentos
proinflamatorios, pueden contribuir a disminuir
la presión intraglomerular, reducir la activación
inmunológica y limitar la filtración de proteínas
(Kramer, 2019; Wang et al., 2023; Kim y Jung,
2020). En consecuencia, estas estrategias
pueden modificar de manera directa la
evolución clínica de la nefritis lúpica (Kim y
Jung, 2020).
El caso de estudio presentado permitió
corroborar que el paciente mostró un descenso
gradual de la proteinuria hasta alcanzar niveles
subclínicos, indicando que la intervención
nutricional contribuyó como soporte
metabólico y regulador indirecto de la
inflamación renal. Se ha reportado que dietas
ricas en ácidos grasos omega-3, antioxidantes,
alimentos con bajo potencial inflamatorio y
enfoques dietéticos antiinflamatorios pueden
reducir significativamente los indicadores de
daño glomerular y la actividad inmune en
enfermedades renales autoinmunes (Jiao et al.,
2022). Los mecanismos involucrados permiten
comprender la relación entre los hallazgos
clínicos del presente caso y la evidencia
científica existente; entre ellos destacan la
reducción del estrés oxidativo, la disminución
de citocinas proinflamatorias y la mejora de la
salud endotelial. La respuesta observada a nivel
renal puede interpretarse como el resultado de
una interacción beneficiosa entre las
modificaciones dietéticas y la disminución de la
inflamación, resaltando la eficacia de las
intervenciones nutricionales como enfoque
complementario al tratamiento de la nefritis
lúpica activa.
Por otra parte, la evolución inmunometabólica
evidenciada en el estudio de caso registró un
patrón estrechamente vinculado a los
mecanismos inflamatorios relacionados con la
nefritis lúpica, mostrando coherencia con
estudios que describen cómo el lupus
eritematoso sistémico altera el metabolismo y
genera estrés oxidativo (Fan et al., 2024; Zhang
et al., 2020). El RDW persistentemente elevado,
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junto con las variaciones en el conteo
leucocitario y los episodios de bacteriuria
intermitente, no debe interpretarse como un
hallazgo aislado, sino como un indicador de un
estado de inflamación crónica propio de una
activación inmune sostenida. Desde la
perspectiva fisiopatológica, un RDW elevado
expresa alteraciones en la maduración
eritrocitaria, explicadas por inflamación
sistémica y variabilidad en la disponibilidad de
micronutrientes esenciales (Haenggi et al.,
2024). En este sentido, la presencia de
bacteriuria intermitente no necesariamente
indicó un cuadro clínico infeccioso, sino que
pudo haberse manifestado como un factor
inflamatorio complementario, intensificando la
activación inmune en el contexto del lupus. Esta
interpretación se sustenta en modelos
inmunológicos que explican cómo las
enfermedades autoinmunes pueden exacerbarse
ante agresores mínimos debido a la
hiperactividad del sistema inmune (Rose y
Bona, 1993).
La información obtenida mediante
bioimpedancia reportó una composición
corporal estable del paciente, caracterizada por
un IMC normal, masa muscular sostenida y
niveles óptimos de grasa abdominal, elementos
clínicamente relevantes al evaluar el
componente inflamatorio de la nefritis lúpica.
El perfil antropométrico indique el paciente
no presentaba desnutrición ni pérdida de masa
muscular, condiciones frecuentes en
enfermedades autoinmunes de curso
prolongado, lo que coincide con observaciones
descritas en otras investigaciones (Giraudo et
al., 2025). Asimismo, otros estudios indican que
un buen estado nutricional inicial puede mejorar
la capacidad del organismo para tolerar la
respuesta inmunológica y enfrentar los
tratamientos inmunosupresores (Méndez et al.,
2024; Munteanu y Schwartz, 2022). Desde una
visión fisiopatológica, el mantenimiento de la
masa muscular sugiere un balance energético-
proteico positivo, esencial para favorecer la
síntesis de proteínas relacionadas con la
inmunidad, optimizar la respuesta inflamatoria
y potenciar la capacidad antioxidante del
organismo.
Los valores considerados normales al final del
seguimiento clínico en cuanto a grasa visceral
poseen relevancia fisiológica, dado que este
tejido presenta una elevada actividad
metabólica e influye directamente en la
producción de citocinas proinflamatorias como
IL-6 y TNF-α. Este equilibrio representa un
entorno metabólico menos propenso a
intensificar la inflamación sistémica, lo que
coincide con otros estudios que han demostrado
cómo la composición corporal influye en la
severidad y persistencia de los procesos
inflamatorios en las enfermedades autoinmunes
(Tilg y Moschen, 2006; Rakotoarivelo et al.,
2018; Ouchi et al., 2011). Es importante
mencionar las limitaciones del estudio de caso,
ya que la ausencia de un registro dietético
previo limitó la comparabilidad del efecto
directo de las modificaciones alimentarias
realizadas, dificultando una reconstrucción
precisa de la línea base nutricional del paciente.
Además, biomarcadores específicos como C3,
C4, IL-6 y PCR ultrasensible no fueron
incluidos de manera sistemática, debido a que
las mediciones se realizaron de forma
esporádica durante las visitas en los tres
laboratorios clínicos y no se disponía de una
evolución clara de estos parámetros, lo que
pudo dificultar el establecimiento de relaciones
cuantitativas entre la intervención nutricional y
la modulación de la respuesta inmune.
A pesar de ello, los resultados obtenidos
brindan información relevante sobre la relación
entre nutrición, inflamación crónica y función
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renal y hematológica en el contexto de la
nefritis lúpica. Los hallazgos enfatizan la
necesidad de integrar programas nutricionales
sólidamente estructurados dentro del
tratamiento integral de esta patología, dado que
pueden influir sobre los procesos inmunitarios
y contribuir a la recuperación renal y
hematopoyética. Estudios futuros deberían
centrarse en incluir grupos control, diseños
comparativos y análisis de citocinas
relacionadas con la inflamación. De igual
manera, resulta importante seguir investigando
diferentes patrones dietéticos, como la dieta
mediterránea, la dieta antiinflamatoria o la
alimentación basada en plantas, a fin de
establecer su efectividad en la disminución de
la proteinuria y su influencia en la función renal.
Desde una perspectiva clínica, el presente
estudio de caso respalda la implementación de
estrategias alimentarias personalizadas basadas
en el control de la carga inflamatoria de los
alimentos, la ingesta adecuada de
micronutrientes como hierro, complejo B y
vitaminas C y E, y el ajuste de macronutrientes
como omega-3, frutas, verduras y legumbres,
según la fase de tratamiento, para consolidarse
como complemento terapéutico en la nefritis
lúpica.
Conclusiones
La disfunción renal inicial caracterizada por
niveles altos de ácido úrico, aumentos en urea y
una intensa proteinuria, se convirtió en valores
normales de creatinina y una disminución de la
proteinuria, corroborando que la modificación
en la dieta favoreció la recuperación de la
función glomerular y del proceso inflamatorio.
Los cambios en la composición física, que
pasaron de un aumento inicial de peso y grasa
visceral producto de la inflamación y a la
utilización de corticoides a una disminución
gradual, coincidió con una mejora observada en
la salud clínica del paciente. La presencia
sostenida de anemia microcítica e hipocromía
producida particularmente por la deficiencia de
hierro y las alteraciones inflamatorias propias
de la nefritis lúpica, acompañada por la
respuesta parcial observada en la recuperación
gradual de hemoglobina y el incremento del
volumen parcial corpuscular medio hacia
rangos normales, llevó a concluir que las
intervenciones nutricionales llevada a cabo en
el paciente contribuyeron a recuperar el
equilibrio hematológico asociado al proceso
inflamatorio crónico.
Los primeros indicios de hiperuricemia
acompañado de un aumento significativo de
urea y una proteinuria intensa, son el producto
de la disfunción renal activa que ocurrió en una
fase inflamatoria de la enfermedad en el
paciente. Este escenario se integró
posteriormente por una estabilización de los
niveles de creatinina, la normalización de los
niveles de urea y una importante disminución de
la proteinuria. Todos estos cambios evidencian
que las intervenciones nutricionales juegan un
rol clave en la mejor funcional del riñón y en la
regulación del estado inflamatorio a nivel de
todo el cuerpo. El aumento del RDW y la
persistente anisocitosis producto de un proceso
hematológico de recuperación lenta debido a la
inflamación y a la falta de micronutrientes,
acompañado de una recuperación parcial de la
forma de los glóbulos rojos y normalización de
los parámetros metabólicos y corporales,
señalaron que la intervención nutricional en el
paciente generó un impacto positivo en la
restauración gradual del equilibrio inmuno
metabólico.
Agradecimientos
Expreso mi profundo agradecimiento a Dios,
fuente de fortaleza y sabiduría a lo largo de mi
vida. A misma, por la disciplina,
perseverancia y constancia sostenidas a lo largo
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de este camino académico. A la memoria de
Napoleón Guerrón, quien permanece en mis
valores y me continúa inspirando con su legado.
A mi familia, pilar fundamental en mi
formación personal y profesional;
especialmente a mi madre, Rocío Guerrón,
ejemplo de amor incondicional y entrega; a mi
hermano, Andrés Jaramillo, por su ejemplo de
integridad, inspiración y apoyo constante; a mi
abuelita, Carmen Ramos; y a mi tía, Norma
Guerrón, por su confianza y respaldo
permanente. A mis amigos, amigas y seres
queridos, por su compañía y aliento constante,
especialmente a Johan Montes de Oca por su
colaboración generosa, su disposición constante
y su valiosa contribución a lo largo de esta
etapa. A mi tutora Irlanda Chávez por su valiosa
orientación, su dedicación y el acompañamiento
brindado durante el desarrollo de este trabajo. A
mis queridas mascotas, por su compañía
silenciosa y el cariño brindado durante los
momentos de estudio y esfuerzo. Finalmente,
agradezco a la vida por cada experiencia,
aprendizaje y oportunidad que hicieron posible
la culminación de este logro.
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