Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 2
Febrero del 2026
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CONDICIÓN FÍSICA, COMPETENCIA MOTRIZ Y SALUD CARDIOMETABÓLICA EN
LA INFANCIA: BASES TEÓRICAS PARA LA PREVENCIÓN TEMPRANA
PHYSICAL CONDITION, MOTOR COMPETENCE AND CARDIOMETABOLIC HEALTH
IN CHILDHOOD: THEORETICAL BASES FOR EARLY PREVENTION
Autores: ¹Edwin Geovanny Ochoa Granda, ²Joseph Israel Piedra Espejo, ³Hamilto Daniel
Sanmartín Cruz,
4
Romel Leonardo Quezada Vargas y
5
Franklin Alejandro Herrera
Piedra.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0006-2626-038X
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0005-9226-8139
³ORCID ID: https://orcid.org/0009-0001-6457-9483
4
ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-1805-9786
5
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0001-6558-6140
¹E-mail de contacto: edwin.g.ochoa@unl.edu.ec
²E-mail de contacto: joseph.piedra@unl.edu.ec
³E-mail de contacto: hamilto.sanmartin@unl.edu.ec
4
E-mail de contacto: romel.quezada@unl.edu.ec
5
E-mail de contacto: franklin.a.herrera@unl.edu.ec
Afiliación:
1*2*3*4*5*
Universidad Nacional de Loja, (Ecuador).
Artículo recibido:29 de Enero de 2026
Artículo revisado:30 de Enero de 2026
Artículo aprobado:03 de Febrero de 2026
¹Universidad Nacional de Loja, (Ecuador).
²Universidad Nacional de Loja, (Ecuador).
³Universidad Nacional de Loja, (Ecuador).
4
Universidad Nacional de Loja, (Ecuador).
Resumen
La condición física infantil se reconoce como
un determinante esencial de la salud y un
predictor temprano del riesgo de desarrollar
enfermedades no transmisibles. Este artículo de
revisión teórica analiza la evidencia científica
reciente sobre la relación entre los
componentes de la condición física; capacidad
cardiorrespiratoria, fuerza muscular y
composición corporal, y los indicadores de
salud cardiometabólica en escolares. Se
revisaron investigaciones publicadas entre
2020 y 2025 que abordan la influencia de la
aptitud física sobre la glucemia, los lípidos y la
presión arterial, destacando su papel como
biomarcador clínico-preventivo. El estudio se
apoya en los marcos ALPHA-Fitness, como
batería de evaluación estandarizada, y CSPAP,
como modelo integral de promoción de la
actividad física escolar. Los resultados
evidencian que una mejor condición física se
asocia con menor riesgo metabólico y mejor
bienestar cognitivo y emocional. Sin embargo,
se identifican vacíos en la estandarización de
pruebas y en la vigilancia longitudinal en
América Latina. Se concluye que fortalecer la
condición física desde el ámbito educativo
constituye una estrategia costo-efectiva para
reducir la carga futura de enfermedades no
transmisibles y promover un desarrollo integral
y saludable desde la niñez.
Palabras clave: Condición física escolar,
Enfermedades no Transmisibles, Salud
cardiometabólica, Capacidad aeróbica,
Promoción de la salud.
Abstract
Physical fitness in childhood is recognized as
an essential determinant of health and an early
predictor of the risk of developing non-
communicable diseases. This theoretical
review analyzes recent scientific evidence on
the relationship between components of
physical fitness; cardiorespiratory capacity,
muscular strength, and body composition, and
cardiometabolic health indicators in
schoolchildren. Studies published between
2020 and 2025 were reviewed, addressing the
influence of physical fitness on glucose, lipid
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profiles, and blood pressure, highlighting its
role as a preventive clinical biomarker. The
study draws upon the ALPHA-Fitness
framework, as a standardized assessment
battery, and the CSPAP model, as a
comprehensive approach for school-based
physical activity promotion. Findings indicate
that better physical fitness is associated with
lower metabolic risk and improved cognitive
and emotional well-being. However, gaps
remain in standardized testing and longitudinal
surveillance across Latin America.
Strengthening physical fitness in educational
settings represents a cost-effective strategy to
reduce the future burden of non-communicable
diseases and promote integral, healthy
development from early childhood.
Keywords: School physical fitness, Non-
communicable diseases, Cardiometabolic
health, Arobic capacity, Health promotion.
Sumário
A aptidão física em crianças é reconhecida
como um determinante essencial da saúde e um
preditor precoce do risco de desenvolvimento
de doenças não transmissíveis. Este artigo de
revisão teórica analisa evidências científicas
recentes sobre a relação entre os componentes
da aptidão física capacidade
cardiorrespiratória, força muscular e
composição corporal e indicadores de saúde
cardiometabólica em escolares. Foram
revisadas pesquisas publicadas entre 2020 e
2025 que abordam a influência da aptidão física
sobre a glicemia, os lipídios e a pressão arterial,
destacando seu papel como biomarcador
clínico-preventivo. O estudo baseia-se no
framework ALPHA-Fitness, como uma bateria
de avaliação padronizada, e no CSPAP, como
um modelo abrangente para a promoção da
atividade física nas escolas. Os resultados
mostram que uma melhor aptidão física está
associada a um menor risco metabólico e a um
melhor bem-estar cognitivo e emocional. No
entanto, foram identificadas lacunas na
padronização dos testes e no acompanhamento
longitudinal na América Latina. Conclui-se que
o fortalecimento da aptidão física no ambiente
educacional é uma estratégia custo-efetiva para
reduzir a futura carga de doenças não
transmissíveis e promover o desenvolvimento
integral e saudável desde a infância.
Palavras-chave: Aptidão física escolar,
Doenças não transmissíveis, Saúde
cardiometabólica, Capacidade aeróbica,
Promoção da saúde.
Introducción
La condición física infantil se reconoce
actualmente como un determinante esencial de
la salud presente y futura, constituyendo uno de
los indicadores más precisos del bienestar
fisiológico y metabólico durante el desarrollo.
En las últimas décadas, la evidencia científica
ha mostrado que una buena aptitud física,
especialmente aquella relacionada con la salud;
capacidad cardiorrespiratoria, fuerza muscular,
velocidad, agilidad y coordinación, ejerce un
papel protector frente a los factores de riesgo de
enfermedades no transmisibles (ENT), tales
como la obesidad, la hipertensión, la resistencia
a la insulina y las dislipidemias. En este
contexto, la escuela emerge como un entorno
privilegiado para la promoción de hábitos
activos y la vigilancia de la condición física, por
su alcance poblacional y su capacidad de
intervención temprana (Moon et al., 2024; Baj-
Korpak et al., 2024). La Organización Mundial
de la Salud (OMS) advierte que las ENT
representan más del 70 % de las muertes
globales, y que su origen se vincula cada vez
más con estilos de vida adoptados en la infancia.
El sedentarismo, la inactividad física y los
comportamientos de pantalla prolongados se
han identificado como factores determinantes
en la pérdida de capacidad funcional y en el
aumento del riesgo cardiometabólico desde
edades tempranas. Estudios recientes durante y
después de la pandemia por COVID-19
evidencian una disminución significativa de la
condición física en niños y adolescentes, con
caídas notorias en la capacidad
cardiorrespiratoria y la fuerza muscular, además
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de un aumento del índice de masa corporal
(Dambel et al., 2025). Estas alteraciones
reflejan un problema de salud pública global
con implicaciones a largo plazo sobre el perfil
metabólico de las futuras generaciones.
La relación entre condición física y salud
metabólica se ha abordado desde múltiples
perspectivas teóricas. Entre los modelos más
consolidados destaca el Comprehensive School
Physical Activity Program (CSPAP), que
propone un enfoque integral de promoción de la
actividad física en el contexto escolar. Este
modelo considera la educación física formal, la
actividad extracurricular, las oportunidades de
movimiento durante la jornada escolar y la
implicación de las familias como pilares para
mejorar la competencia motriz y la aptitud física
global (Moon et al., 2024). Desde esta
perspectiva, la competencia motriz se concibe
como un precursor de la actividad física
habitual y un factor mediador entre el
movimiento y la salud, de modo que los niños
con mayor competencia motriz tienden a ser
más activos y presentan mejores perfiles
cardiometabólicos (Fort-Vanmeerhaeghe et al.,
2016).
Por otra parte, el modelo ALPHA-Fitness,
desarrollado en Europa y validado en diversas
poblaciones latinoamericanas, se ha
consolidado como el referente para la
evaluación de la condición física relacionada
con la salud en el ámbito escolar. Este protocolo
incorpora pruebas de campo que permiten
medir componentes cardiorrespiratorios,
neuromusculares y morfológicos de manera
segura y reproducible. Estudios realizados en
Argentina y otros países del Cono Sur han
demostrado su aplicabilidad, fiabilidad y
relevancia para establecer tablas normativas y
detectar riesgo metabólico en escolares (Secchi,
y Arcuri, 2016; Santander et al., 2019; Aimara
et al., 2022). De acuerdo con esta evidencia, la
evaluación sistemática de la condición física se
ha convertido en una herramienta
epidemiológica útil para monitorear el estado de
salud de la población infantil y orientar políticas
educativas y sanitarias. La literatura reciente
confirma que la disminución de la aptitud física
está estrechamente vinculada con el aumento de
sobrepeso, obesidad y otros marcadores
cardiometabólicos desfavorables en la infancia.
Por ejemplo, estudios realizados en la provincia
de San Luis (Argentina) reportan que más del
50 % de los escolares presentan exceso de peso
y bajos niveles de condición física,
especialmente en la capacidad aeróbica y la
fuerza de miembros inferiores (Aimara et al.,
2022). Investigaciones similares en la Patagonia
argentina observaron que, aunque los jóvenes
que practican deporte extracurricular muestran
un mejor rendimiento funcional, persisten
brechas de género y socioeconómicas que
condicionan la desigualdad en la salud física
(Santander et al., 2020). Estas tendencias
reproducen un fenómeno global en el que la
condición física actúa como biomarcador
temprano de inequidades sociales y sanitarias
(Teich et al., 2023).
Desde el punto de vista fisiológico, la relación
entre condición física y salud cardiometabólica
se explica por mecanismos que incluyen la
mejora del metabolismo lipídico y glucídico, la
modulación del sistema nervioso autónomo y la
reducción del estrés oxidativo y la inflamación
sistémica. Un nivel adecuado de capacidad
aeróbica; expresado en valores saludables de
VO₂máx, se asocia con una mayor sensibilidad
a la insulina y una menor acumulación de tejido
adiposo visceral, ambos factores clave en la
prevención del síndrome metabólico. En
escolares argentinos, García et al. (2023)
observaron que aquellos con capacidad aeróbica
saludable obtenían un mejor rendimiento
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académico en Matemática y presentaban menor
riesgo cardiometabólico, reforzando el vínculo
entre función física, cognición y bienestar
integral. De manera convergente, estudios
longitudinales y metaanálisis internacionales
han demostrado que los programas de ejercicio
estructurado y las intervenciones basadas en la
escuela mejoran de forma significativa la
competencia motriz y los componentes de la
condición física en la infancia. El trabajo de Lin
et al. (2025) mostró que el entrenamiento
pliométrico adaptado a la maduración biológica
potencia la fuerza explosiva, la agilidad y la
coordinación en adolescentes, mientras que los
programas multicomponentes dentro del marco
CSPAP reportaron mejoras moderadas a
grandes en la competencia motriz de niños de
primaria (Moon et al., 2024). Estos hallazgos
respaldan el potencial preventivo de la
condición física y sugieren que su
fortalecimiento durante la etapa escolar puede
constituir una estrategia eficaz para reducir el
riesgo de ENT desde edades tempranas. A pesar
de los avances, persisten desafíos importantes
en la medición y vigilancia de la condición
física a nivel global. Existen más de 15 baterías
diferentes de evaluación, lo que dificulta la
comparación de resultados entre países y
regiones. Investigaciones lideradas por Secchi,
García y Arcuri (2016, 2019) subrayan la
necesidad de unificar criterios y promover
consensos internacionales para el uso de
pruebas válidas, fiables y relacionadas con la
salud. En este sentido, la iniciativa ALPHA-
Fitness ha contribuido a estandarizar la
evaluación, permitiendo comparar datos entre
poblaciones europeas y latinoamericanas y
facilitar el seguimiento epidemiológico del
estado físico infantil.
Materiales y Métodos
El presente artículo adopta el diseño de una
revisión teórica narrativa con enfoque
biomédico, orientada a sintetizar y analizar la
evidencia científica publicada entre enero de
2020 y junio de 2025, en torno al papel de la
condición física en escolares como factor
predictor temprano del riesgo de desarrollar
enfermedades no transmisibles. La búsqueda
bibliográfica se llevó a cabo en las siguientes
bases de datos: Scopus, Web of Science (WOS),
PubMed y SciELO, utilizando cadenas de
búsqueda que combinaban los siguientes
términos clave (en inglés y español): “school
physical fitness”, “cardiorespiratory fitness”,
“children”, “non-communicable diseases”,
“cardiometabolic health”, “schoolchildren
condition física”, “aptitud física escolar”. Se
establecieron los siguientes criterios de
inclusión: (a) artículos originales o revisiones
publicados en revistas arbitradas entre 2020 y
2025, (b) poblaciones escolares de 5 a 18 años,
(c) estudios que reportaron al menos uno de los
componentes de la condición física (capacidad
cardiorrespiratoria, fuerza muscular,
composición corporal) y uno o más indicadores
cardio metabólicos (glucemia, lípidos, presión
arterial, IMC) o bien evaluaciones de aptitud
física basada en baterías reconocidas (por
ejemplo, ALPHA-Fitness). Los criterios de
exclusión incluyeron: (i) artículos anteriores a
2020, (ii) poblaciones clínicas con
enfermedades establecidas (por ejemplo
diabetes, cardiopatías), (iii) estudios realizados
fuera del rango de edad escolar, y (iv)
publicaciones sin datos empíricos o sin
evaluación de los componentes de la condición
física o de la salud cardio metabólica.
La selección de los estudios incluyó tres etapas:
en primera instancia se realizó el cribado de
títulos y resúmenes, descartando duplicados y
registros irrelevantes; en segunda instancia se
examinó el texto completo de los artículos
potencialmente elegibles según los criterios
establecidos; finalmente se extrajeron los datos
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relevantes (autor, año, país, diseño del estudio,
componentes evaluados de la condición física,
indicadores cardio metabólicos, resultados
principales) para su análisis cualitativo. No se
realizó metaanálisis debido a la heterogeneidad
de los diseños, las pruebas de condición física
empleadas y los indicadores cardio metabólicos
reportados. En cambio, se adoptó un enfoque de
síntesis narrativa estructurada, agrupando los
hallazgos según los componentes de la
condición física, el tipo de indicador de salud y
el contexto geográfico (global vs. América
Latina). Se aplicó un procedimiento de
evaluación de la calidad metodológica adaptado
a revisiones narrativas, considerando aspectos
como el tamaño de muestra, la claridad en la
descripción de la evaluación de la aptitud física,
la presencia de análisis multivariado, y la
transparencia en los criterios de medición. Con
el fin de garantizar la transparencia, se
documentó el número de registros obtenidos, el
número excluidos por criterio de
título/resumen, y el número finalmente
incluidos para análisis. No aplica aprobación
ética ni consentimiento informado dado que los
datos provienen de estudios ya publicados.
Resultados y Discusión
Condición física infantil: fundamentos y
componentes: concepto y dimensiones de la
condición física relacionada con la salud
La condición física relacionada con la salud
(CFRS) se define como la capacidad que posee
un individuo para realizar actividades físicas
cotidianas con vigor y sin fatiga excesiva, y se
asocia con un bajo riesgo de desarrollar
enfermedades crónicas (Ruiz et al., 2020). Este
constructo es multidimensional e integra
componentes cardiorrespiratorios, musculares,
morfológicos y motores, los cuales interactúan
para determinar el estado funcional del
organismo. De acuerdo con la American
College of Sports Medicine (ACSM, 2021), los
principales componentes de la CFRS son: la
capacidad cardiorrespiratoria, que refleja la
eficiencia del sistema cardiovascular y
pulmonar; la fuerza y resistencia muscular, que
garantizan el soporte estructural y metabólico;
la composición corporal, relacionada con el
equilibrio entre masa magra y grasa; y la
flexibilidad, que mantiene la movilidad
articular y previene lesiones. En el ámbito
infantil, la CFRS adquiere relevancia especial
por su influencia en la maduración biológica, el
crecimiento óseo y el desarrollo cognitivo
(Ortega et al., 2022). Además, estudios
recientes subrayan que la aptitud física en la
niñez predice la salud cardiometabólica futura y
se asocia con mejores niveles de bienestar
psicológico y rendimiento escolar (García et al.,
2023; Moon et al., 2024).
Modelos teóricos y baterías de evaluación
(ALPHA-Fitness, CSPAP y
FITNESSGRAM)
Los modelos teóricos que sustentan la
evaluación y promoción de la condición física
infantil han evolucionado hacia enfoques
integradores que combinan los ámbitos
educativo, clínico y epidemiológico. Entre
ellos, el Comprehensive School Physical
Activity Program (CSPAP) desarrollado por el
CDC y la SHAPE America, propone una
estructura de intervención basada en cinco
componentes: educación física de calidad,
actividad física durante la jornada escolar,
oportunidades extracurriculares, participación
familiar y compromiso comunitario (Carson et
al., 2021). Este enfoque reconoce que la escuela
constituye el entorno ideal para fomentar
hábitos activos y sostenibles, y que el
fortalecimiento de la competencia motriz es un
paso clave para mejorar la condición física
global. Según Moon et al. (2024), la
implementación del modelo CSPAP en
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contextos escolares ha demostrado mejoras
significativas en la aptitud física
cardiorrespiratoria y en la participación regular
en actividades físicas, además de contribuir al
bienestar psicosocial de los estudiantes.
Paralelamente, el modelo ALPHA-Fitness,
desarrollado por Ruiz, Ortega y Castro-Piñero
(2006) bajo el auspicio de la Comisión Europea,
se ha consolidado como el referente
internacional en la evaluación de la condición
física relacionada con la salud en población
escolar. Este protocolo integra pruebas de
campo seguras, válidas y fiables, tales como el
test de Course Navette para la capacidad
aeróbica, dinamometría manual para la fuerza,
salto de longitud para potencia muscular y
medidas antropométricas estandarizadas (Ruiz
et al., 2020). En América Latina,
investigaciones en Argentina, Chile y Brasil han
validado la batería ALPHA-Fitness en
poblaciones locales, demostrando su utilidad
para identificar precozmente el riesgo
cardiometabólico y orientar intervenciones
preventivas (Aimara et al., 2022; Santander et
al., 2019). De forma complementaria, el
FITNESSGRAM, desarrollado por el Cooper
Institute, continúa siendo una herramienta
ampliamente utilizada en escuelas
norteamericanas, enfocada en promover la
autoevaluación y la conciencia del estudiante
sobre su propia salud física (Meredith & Welk,
2022).
Factores determinantes de la condición física
en escolares: Biológicos, conductuales y
ambientales
La condición física en edad escolar es el
resultado de una compleja interacción entre
factores biológicos, conductuales y ambientales
que influyen en el desarrollo motor y
metabólico del niño. En el plano biológico, la
literatura ha evidenciado que el sexo, la edad
cronológica, el estado de maduración y la
composición corporal son variables críticas que
condicionan el rendimiento físico (Teich et al.,
2023). Los varones suelen presentar mayores
niveles de fuerza y capacidad
cardiorrespiratoria, mientras que las niñas
tienden a mostrar mejores niveles de
flexibilidad y equilibrio, diferencias asociadas a
variaciones hormonales y neuromusculares (Baj
et al., 2024). Además, la maduración temprana
se vincula con un incremento de masa muscular
y rendimiento aeróbico, aunque también con un
mayor riesgo de adiposidad si no existe un
balance adecuado entre ingesta y gasto
energético (Ortega et al., 2022). En el ámbito
conductual y ambiental, los hábitos de actividad
física, el tiempo de sedentarismo, la
alimentación y el entorno escolar juegan un
papel decisivo. Estudios recientes demuestran
que los niños que cumplen con las
recomendaciones de la OMS de realizar al
menos 60 minutos diarios de actividad física
moderada a vigorosa presentan un perfil
cardiometabólico más favorable y mayores
niveles de capacidad aeróbica (Moon et al.,
2024; Dambel et al., 2025). Sin embargo, la
creciente exposición a pantallas y el descenso
de la movilidad activa en la vida cotidiana han
contribuido a un deterioro progresivo de la
condición física en la última década.
Condición física como predictor de riesgo
cardiometabólico: Relación entre capacidad
aeróbica, fuerza muscular y marcadores
metabólicos
La evidencia científica ha consolidado la
capacidad aeróbica y la fuerza muscular como
dos de los componentes más relevantes de la
condición física en su relación con la salud
cardiometabólica. La capacidad
cardiorrespiratoria, medida habitualmente
mediante el consumo máximo de oxígeno
(VO₂máx), representa un indicador directo de la
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eficiencia del sistema cardiovascular y
pulmonar, así como del metabolismo oxidativo
muscular. Diversos estudios longitudinales han
demostrado que niveles adecuados de capacidad
aeróbica en la infancia se asocian con un perfil
metabólico más favorable, caracterizado por
menores concentraciones de glucosa en ayunas,
triglicéridos y lipoproteínas de baja densidad
(LDL), junto con mayores valores de colesterol
HDL (Ruiz et al., 2020; García et al., 2023). De
forma complementaria, la fuerza muscular
desempeña un papel crucial en la regulación
metabólica y la prevención de enfermedades no
transmisibles. Los músculos esqueléticos son
órganos metabólicamente activos que
participan en la homeostasis de la glucosa y los
lípidos mediante la oxidación de ácidos grasos
y la captación de glucosa dependiente de
insulina. Estudios recientes, como el de Lin et
al. (2025), han mostrado que programas de
entrenamiento pliométrico y de resistencia
adaptados a la edad mejoran significativamente
la fuerza explosiva y la sensibilidad insulínica
en adolescentes.
Evidencia longitudinal y transversal: la
condición física como biomarcador
preventivo
En la última década, la investigación
longitudinal y transversal ha aportado evidencia
sólida sobre el papel de la condición física como
biomarcador preventivo de enfermedades no
transmisibles (ENT) desde la infancia. Los
estudios longitudinales permiten identificar
trayectorias de desarrollo físico y su impacto en
la salud a lo largo del tiempo, mostrando que la
aptitud cardiorrespiratoria y la fuerza muscular
alcanzadas durante la niñez predicen resultados
cardiometabólicos en la adolescencia y adultez
temprana (Ortega et al., 2022; Ruiz et al., 2020).
En este sentido, Baj et al. (2024) analizaron
datos de más de 50 000 escolares europeos y
concluyeron que los menores con baja
condición física tenían una probabilidad
significativamente mayor de presentar obesidad
y resistencia a la insulina en etapas posteriores.
Los estudios transversales complementan esta
evidencia al describir la relación
contemporánea entre condición física y riesgo
cardiometabólico en diferentes contextos y
poblaciones. En Latinoamérica, Aimara et al.
(2022) y Santander et al. (2019) reportaron que
los escolares con bajos niveles de condición
física presentan valores elevados de índice de
masa corporal, presión arterial y triglicéridos,
mientras que los que mantienen un nivel óptimo
exhiben un perfil cardiometabólico más
saludable.
Diferencias por sexo, edad biológica y
contexto socioeconómico
Las diferencias biológicas y contextuales
ejercen una influencia decisiva en la relación
entre condición física y salud cardiometabólica,
configurando patrones diferenciados por sexo,
edad biológica y nivel socioeconómico. La
literatura científica ha documentado
consistentemente que los varones tienden a
presentar mayores niveles de capacidad
aeróbica y fuerza muscular que las mujeres,
diferencias que se acentúan con la maduración
sexual y los cambios hormonales de la pubertad
(Baj et al., 2024; Teich et al., 2023). Estas
disparidades se explican por el incremento de
testosterona y masa magra en los varones, en
contraste con un mayor porcentaje de masa
grasa en las niñas, lo que repercute directamente
en la eficiencia cardiovascular y neuromuscular
(Ortega et al., 2022). En relación con la edad
biológica y el contexto socioeconómico, los
estudios evidencian que los niños con
maduración temprana suelen alcanzar mejores
niveles de fuerza y rendimiento físico, aunque
también presentan una mayor propensión al
sobrepeso y a la acumulación de grasa
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abdominal si sus hábitos de actividad son
insuficientes (Ruiz et al., 2020). Desde el punto
de vista socioambiental, las condiciones
económicas y culturales determinan las
oportunidades para la práctica de actividad
física y la alimentación saludable.
Prevención de enfermedades no
transmisibles desde la escuela: Programas
escolares y políticas (CSPAP, WHO School
Health Framework)
Las políticas escolares de promoción de la
actividad física constituyen uno de los pilares
fundamentales en la prevención de
enfermedades no transmisibles y en la
consolidación de hábitos saludables desde la
infancia. La Organización Mundial de la Salud
(OMS), a través del Global Action Plan on
Physical Activity 20182030, enfatiza la
necesidad de implementar programas
multicomponentes en el entorno educativo,
dirigidos a reducir el sedentarismo y aumentar
la participación en actividades físicas
estructuradas (WHO, 2019). Este enfoque se
operacionaliza mediante el WHO School Health
Framework, que propone integrar la educación
física con políticas alimentarias, espacios
recreativos seguros y estrategias de salud
mental, favoreciendo un abordaje integral del
bienestar escolar.
El Comprehensive School Physical Activity
Program (CSPAP) constituye una de las
iniciativas más exitosas y adaptables a nivel
internacional. Diseñado por el CDC y la
SHAPE America, el CSPAP plantea un modelo
de cinco componentes interrelacionados que
abarcan: educación física de calidad,
oportunidades de actividad física antes, durante
y después del horario escolar, promoción del
movimiento en el aula, participación familiar y
alianzas comunitarias (Carson et al., 2021). Su
efectividad ha sido demostrada en diferentes
contextos socioculturales, mostrando aumentos
sostenidos en los niveles de actividad física
diaria, en la condición física general y en la
motivación intrínseca hacia el ejercicio (Moon
et al., 2024).
Impacto de las intervenciones
multicomponentes
Las intervenciones multicomponentes en el
contexto escolar han demostrado ser una de las
estrategias más eficaces para mejorar la
competencia motriz, la aptitud física y los
indicadores de salud cardiometabólica en la
infancia. Este tipo de programas integran
diversas modalidades de actividad física
resistencia aeróbica, fuerza, coordinación,
flexibilidad y habilidades motoras sicas,
junto con educación nutricional y promoción de
hábitos saludables. Según Lin et al. (2025), las
intervenciones que combinan ejercicios
pliométricos, entrenamiento funcional y
actividades lúdicas estructuradas producen
mejoras significativas en la fuerza explosiva, la
agilidad y la coordinación en adolescentes, con
efectos positivos mantenidos hasta seis meses
después de su finalización. De forma similar,
estudios controlados basados en el modelo
CSPAP han mostrado aumentos de hasta un 20
% en la capacidad aeróbica y una reducción
significativa en el porcentaje de grasa corporal
tras 12 semanas de intervención (Moon et al.,
2024).
Vacíos, desafíos y oportunidades para la
vigilancia en América Latina
A pesar del reconocimiento global de la
condición física como un indicador esencial de
salud infantil, en América Latina persisten
importantes vacíos científicos y estructurales
que limitan su vigilancia sistemática. En primer
lugar, existe una heterogeneidad metodológica
significativa entre los países de la región, con la
utilización de múltiples baterías de evaluación y
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protocolos no estandarizados, lo que dificulta la
comparación de resultados y la elaboración de
diagnósticos regionales (Secchi et al., 2016;
García, 2022). Además, la falta de
infraestructura, recursos humanos capacitados y
continuidad institucional ha obstaculizado la
implementación de políticas sostenibles de
promoción de la actividad física (Santander et
al., 2020). Sin embargo, estos desafíos
representan también oportunidades estratégicas
para el desarrollo de políticas basadas en
evidencia y para el fortalecimiento de la
cooperación científica regional. Diversos
autores han propuesto la creación de un
observatorio latinoamericano de condición
física escolar, que integre información
proveniente de redes académicas y
ministeriales, promoviendo la estandarización
de protocolos y la comparación de indicadores
entre países (García et al., 2023; Ruiz et al.,
2020).
Conclusiones
Los resultados de esta revisión teórica
evidencian que la condición física infantil
constituye un determinante primario y
modificable de la salud, con un papel predictivo
comprobado sobre el riesgo de desarrollar
enfermedades no transmisibles (ENT) en etapas
posteriores de la vida. La evidencia revisada
demuestra una asociación consistente entre
niveles adecuados de capacidad aeróbica y
fuerza muscular con un perfil cardiometabólico
favorable caracterizado por menores valores de
glucosa, triglicéridos y presión arterial, así
como una mejor composición corporal. Los
programas escolares estructurados,
especialmente aquellos basados en el modelo
CSPAP, han mostrado eficacia significativa
para mejorar la aptitud física y reducir los
indicadores de riesgo metabólico. Por su parte,
la batería ALPHA-Fitness se consolida como un
instrumento válido y fiable para la evaluación
sistemática de la condición física, permitiendo
la detección temprana de alteraciones en los
componentes relacionados con la salud. En
respuesta al objetivo de este artículo; analizar la
evidencia científica sobre el papel de la
condición física en escolares como factor
predictor temprano del riesgo de desarrollar
ENT, identificando sus principales
componentes y su asociación con indicadores
de salud cardiometabólica, los hallazgos
confirman que la condición física funciona
como un biomarcador clínico-preventivo. La
capacidad cardiorrespiratoria y la fuerza
muscular son los componentes más
estrechamente vinculados con la salud
cardiometabólica, mientras que la competencia
motriz actúa como mediadora conductual en la
adopción de estilos de vida activos. El presente
trabajo se desarrolló bajo el diseño de un
artículo de revisión teórica, orientado a integrar
la evidencia reciente (20202025) y los marcos
conceptuales vigentes en torno a la condición
física escolar y su impacto biomédico. Esta
metodología permitió identificar patrones
globales y regionales, así como vacíos
temáticos relacionados con la falta de
estandarización metodológica y la limitada
presencia de estudios longitudinales en América
Latina. Finalmente, se concluye que fortalecer
la condición física desde la edad escolar
representa una de las estrategias preventivas
más costo-efectivas frente a la creciente
incidencia de ENT. La integración de
programas multicomponentes, políticas
intersectoriales y sistemas de vigilancia física
digitalizados constituye una oportunidad para
transformar la educación física en un pilar de
salud pública.
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