
Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 1.1
Edición Especial I 2026
Página 639
biomecánicas, el atleta experimenta cambios en
la tasa de brazadas en la natación, seguidos de
ajustes en la potencia de pedaleo y en la
cadencia en el ciclismo (Ambrosini, et al.,
2024). Esta transición de una etapa a otra se
identifica como un punto crítico, especialmente
en triatlones de corta distancia, donde el nivel
de exigencia muscular es superior y en el que la
fase natatoria puede influir de forma más directa
en el rendimiento del segmento ciclista. En el
triatlón, diversos factores intrínsecos a la
modalidad convierten las exigencias
fisiológicas en una combinación única, alejada
de las demandas aisladas de la natación, la
bicicleta o la carrera en fonografías
individuales. Esa singularidad se acentúa en el
segmento ciclista de las competiciones élite,
donde las condiciones, incluida la velocidad de
carrera, la aerodinámica y la duración, se
apartan de las que observan los grupos de edad.
Esta diferencia, que se traduce en un gasto
energético y en un perfil específico de acidosis
y temperatura corporal, puede modificar la
habilidad del triatlonista para sostener el
esfuerzo en el segmento de bicicleta y,
posteriormente, en la carrera a pie (Margaritis,
2022).
Margaritis (2022) señalan que varios factores
pueden potenciar o restringir el rendimiento
global en triatlón. Aunque se necesita un umbral
mínimo de consumo máximo de oxígeno, este
criterio no siempre se traduce en rendimiento
superior. En triatletas, valores de hematocrito
por debajo de las referencias típicas no indican
anemia y, por ende, no restringen el
rendimiento. La presencia de signos clínicos de
deshidratación y alteraciones digestivas, en
cambio, sí puede actuar como limitante. El
rendimiento durante el segmento de natación,
aunque relevante, no determina el resultado en
un triatlón. Sin embargo, las condiciones
fisiológicas durante la primera transición
pueden condicionar el desempeño en las etapas
subsecuentes, y un patrón similar se observa en
la segunda transición. Además, las
competiciones generan un grado de daño
muscular que se manifiesta durante varios días
post-evento. Dadas las respuestas hormonales y
los índices de daño muscular, se sugiere un
mínimo de cinco días de recuperación para
mitigar el riesgo de sobre entrenamiento. Si
bien resulta complejo establecer un volumen
exacto de carga para cada segmento, el triatlón
debe ser abordado como un sistema integrado
(O´Toole y Douglas, 2023).
Simultáneamente, las reacciones fisiológicas y
biomecánicas varían a medida que se
incrementa la longitud del segmento de carrera.
En competiciones de corta distancia, se
necesitan máximas cargas de potencia y
velocidad, y en los triatlones largos, la prioridad
recae en la resistencia y la administración eficaz
del ritmo. Factores como el uso del neopreno, la
compresión mecánica y la temperatura
ambiente alteran estas reacciones, y por lo tanto
deben ser consideradas de forma específica en
cada entorno competitivo. Sin embargo, en el
ámbito práctico, particularmente en los
triatletas amateurs, se carece de registros
sistemáticos que midan la transición a
distancias crecientes mediante intervalos
regulares. Esta carencia dificulta el análisis de
la interconexión de las variables en juego y su
influencia en el rendimiento (Bentley et al.,
2022). Dallan et al. (2021) subrayan que la
respuesta al estrés generado por el ejercicio en
los distintos sistemas fisiológicos está
determinada principalmente por la magnitud
relativa de la carga, que se traduce en el
entrenamiento y la competición como un
porcentaje del volumen máximo de oxígeno (%
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máx). Investigaciones en triatletas han