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Abstract
Educational inclusion in upper basic education
requires pedagogical practices that effectively
address student diversity. This article
systematically reviews the literature on
pedagogical mediation methods using
Universal Design for Learning (UDL) and its
role in promoting inclusive educational
practices at this level. The dissertation aimed to
examine how UDL-based pedagogical
mediation strategies strengthen inclusive
educational processes. The findings were based
on a mixed-methods approach, predominantly
qualitative, using a review of 22 scientific
articles indexed in Scopus between 2020 and
2025, following the PRISMA protocol. This
revealed a substantial presence of qualitative
and theoretical research studies, with the use of
digital technologies and resources being the
primary pedagogical mediation strategy.
However, key strategies such as differentiated
instruction, cooperative learning, formative
assessments, and scaffolding are underutilized
and not systematically applied. Similarly, it was
found that the partial application of UDL, with
a greater focus on the representational principle
and an inadequate incorporation of the action,
expression, and engagement principles,
suggests that while UDL-based pedagogical
mediation promotes educational inclusion, its
transformative potential is not yet more widely
integrated into the classroom.
Keywords: Inclusive education, Diversity,
Social adaptation, Pedagogical mediation,
Universal design, Learning.
Introducción
En las últimas décadas, la inclusión educativa se
ha consolidado como un tema central en los
sistemas educativos contemporáneos,
particularmente en la Educación Básica
Superior, donde convergen estudiantes con
diversas necesidades educativas, sociales,
culturales y emocionales. En este nivel
educativo, la inclusión adquiere una relevancia
especial debido a la heterogeneidad de
trayectorias, ritmos de aprendizaje y contextos
socioculturales que coexisten en el aula. No
obstante, persisten prácticas pedagógicas
homogeneizantes que generan barreras para el
aprendizaje significativo, tales como currículos
rígidos, evaluaciones estandarizadas, escasa
diversidad metodológica y una formación
docente limitada para atender la diversidad
(Meneses, 2019).
Desde esta problemática, la inclusión educativa
se concibe no solo como el acceso a la
escolarización, sino como un proceso que
implica participación activa, aprendizaje
significativo y sentido de pertenencia para todos
los estudiantes (Cipriani et al., 2025). En una
perspectiva más actual, la inclusión educativa se
entiende como la eliminación de barreras para
el aprendizaje y la participación, ya sean
curriculares, didácticas, organizativas o
actitudinales. Diversos estudios coinciden en
que, para avanzar hacia sistemas educativos
inclusivos, es imprescindible transformar las
prácticas pedagógicas y los modelos de gestión
escolar hacia enfoques flexibles, equitativos y
centrados en el estudiante (Verón et al., 2024).
En este contexto, organismos internacionales
como la UNESCO (2020) abogan por un
cambio estructural hacia una educación
inclusiva que valore la diversidad como una
fortaleza y no como un déficit. La evidencia
empírica proveniente de estudios realizados en
contextos europeos y latinoamericanos indica
que la inclusión educativa en la Educación
Básica Superior se ve fortalecida cuando las
instituciones promueven culturas escolares
inclusivas, caracterizadas por altas
expectativas, climas de aula positivos,
relaciones pedagógicas basadas en el respeto y
políticas institucionales coherentes con este
enfoque (Cipriani et al., 2025).
Dentro de este marco, la mediación pedagógica
emerge como un eje fundamental para el
desarrollo de prácticas educativas inclusivas. La