Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 6 No. 12.1
Edición Especial V 2025
Página 729
DEPRESIÓN Y MEMORIA EN EL ENVEJECIMIENTO: EFECTOS NEUROBIOLÓGICOS
EN LA VIDA SOCIAL Y LA SALUD FÍSICA
DEPRESSION AND MEMORY IN AGING: NEUROBIOLOGICAL EFFECTS ON SOCIAL
LIFE AND PHYSICAL HEALTH
Autores: ¹Alisson Jahzeel Mendoza Pincay, ²Gipson Damian Loor Galarza, ³Niurka Layeska
Moreira Plúa, 4Samira Clarisse Delgado Alcívar y 5Jhon Ponce Alencastro.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0008-4763-8470
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0005-3292-8801
³ORCID ID: https://orcid.org/0009-0005-7577-462X
4ORCID ID: https://orcid.org/0000-0003-1833-997X
5ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-3666-7865
¹E-mail de contacto: amendoza4963@utm.edu.ec
²E-mail de contacto: gloor4920@utm.edu.ec
³E-mail de contacto: nmoreira0417@utm.edu.ec
4E-mail de contacto: sdelgado2709@utm.edu.ec
5E-mail de contacto: jhon.ponce@utm.edu.ec
Afiliación: 1*2*3*4*5*Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador), (Ecuador).
Artículo recibido:23 de Diciembre del 2025
Artículo revisado: 26 de Diciembredel 2025
Artículo aprobado: 29 de Diciembre del 2025
¹Estudiante de Medicina de la Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador).
²Estudiante de Medicina de la Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador).
³Estudiante de Medicina de la Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador).
4Estudiante de Medicina de la Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador).
5Doctor en Medicina y Cirugía graduado de la Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador). Magíster en Docencia e Investigación
Educativa graduado de la Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador). Docente de la Facultad de Ciencias de la Salud Departamento de
Ciencias Médicas de la Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador).
Resumen
La presente revisión narrativa analiza de
manera integral la relación entre depresión,
problemas de memoria, vida social y salud
física en la vejez, evidenciando la compleja
interacción entre factores neurobiológicos,
emocionales y funcionales que afectan el
bienestar global de los adultos mayores. Se
identificó que la depresión ejerce un impacto
significativo sobre estructuras cerebrales como
el hipocampo y la corteza prefrontal, generando
alteraciones en la memoria episódica, la
memoria de trabajo y la regulación emocional.
A su vez, los problemas de memoria
intensifican la vulnerabilidad cognitiva al
comprometer procesos esenciales para la
autonomía, lo que contribuye a un
envejecimiento cerebral acelerado. En el
ámbito funcional, la coexistencia de depresión
y deterioro cognitivo incrementa el riesgo de
fragilidad, caídas, hospitalizaciones y
dependencia progresiva, afectando
directamente la movilidad, el autocuidado y la
capacidad para realizar actividades de la vida
diaria. De igual forma, se evidenció que el
aislamiento social y la reducción del apoyo
comunitario constituyen factores críticos que
exacerban la sintomatología depresiva y
aceleran el deterioro cognitivo. Sin embargo, la
literatura revisada demuestra que la
participación social, el ejercicio grupal, el
voluntariado y los programas comunitarios
representan mecanismos de plasticidad
psicosocial capaces de mitigar el impacto de la
depresión y los déficits de memoria,
favoreciendo la resiliencia cognitiva y
emocional. En conjunto, los hallazgos
subrayan la necesidad de implementar
estrategias multidimensionales y culturalmente
adaptadas que integren los dominios cognitivo,
emocional, físico y social, con el fin de
promover un envejecimiento activo, autónomo
y saludable en las poblaciones adultas mayores.
Palabras clave: Depresión, Problemas de
memoria, Vejez, Afectación, Vida Social,
Salud Física.
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Abstract
This narrative review provides a
comprehensive analysis of the relationship
between depression, memory impairment,
social life, and physical health in older adults,
highlighting the complex interaction of
neurobiological, emotional, and functional
factors influencing overall wellbeing. Findings
indicate that depression significantly affects
brain structures such as the hippocampus and
prefrontal cortex, leading to alterations in
episodic memory, working memory, and
emotional regulation. In turn, memory
problems intensify cognitive vulnerability by
compromising processes essential for
autonomy, contributing to accelerated brain
aging. Functionally, the coexistence of
depression and cognitive decline increases the
risk of frailty, falls, hospitalizations, and
progressive dependency, directly affecting
mobility, self-care, and performance of daily
activities. Likewise, social isolation and
reduced community support emerge as critical
factors that exacerbate depressive symptoms
and accelerate cognitive deterioration.
However, evidence shows that social
engagement, group exercise, volunteering, and
community-based programs constitute
mechanisms of psychosocial plasticity capable
of mitigating the impact of depression and
memory deficits, enhancing cognitive and
emotional resilience. Collectively, the findings
emphasize the need for multidimensional,
culturally sensitive strategies that integrate
cognitive, emotional, physical, and social
domains to promote active, autonomous, and
healthy aging among older populations. This
review underscores the importance of adopting
holistic approaches that reflect the
interconnected nature of mental health.
cognition, and physical functioning in later life.
Keywords: Depression, Memory Problems,
Old Age, Impact, Social Life, Physical
Health.
Sumário
Esta revisão narrativa analisa de forma
abrangente a relação entre depressão,
problemas de memória, vida social e saúde
física na velhice, evidenciando a interação
complexa entre fatores neurobiológicos,
emocionais e funcionais que influenciam o
bem-estar global dos idosos. Verificou-se que
a depressão afeta significativamente estruturas
cerebrais como o hipocampo e o córtex pré-
frontal, gerando alterações na memória
episódica, na memória de trabalho e na
regulação emocional. Por sua vez, os
problemas de memória intensificam a
vulnerabilidade cognitiva ao comprometer
processos essenciais para a autonomia,
contribuindo para um envelhecimento cerebral
acelerado. No âmbito funcional, a coexistência
de depressão e declínio cognitivo aumenta o
risco de fragilidade, quedas, hospitalizações e
dependência progressiva, afetando diretamente
a mobilidade, o autocuidado e a capacidade de
realizar atividades diárias. Além disso, o
isolamento social e a redução do apoio
comunitário constituem fatores críticos que
agravam a sintomatologia depressiva e
aceleram o declínio cognitivo. Entretanto, a
literatura demonstra que a participação social,
o exercício em grupo, o voluntariado e os
programas comunitários funcionam como
mecanismos de plasticidade psicossocial
capazes de mitigar o impacto da depressão e
dos déficits de memória, fortalecendo a
resiliência cognitiva e emocional. Em
conjunto, os resultados destacam a necessidade
de estratégias multidimensionais e
culturalmente contextualizadas que integrem
os domínios cognitivo, emocional, físico e
social, a fim de promover um envelhecimento
ativo, autônomo e saudável entre a população
idosa.
Palavras-chave: Depressão, Problemas de
Memória, Velhice, Afetação, Vida Social,
Saúde Física.
Introducción
La depresión en la vejez constituye uno de los
trastornos afectivos de mayor prevalencia y
complejidad clínica en el envejecimiento,
caracterizado por alteraciones persistentes del
estado de ánimo, pérdida de interés y deterioro
general del funcionamiento emocional y físico.
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En paralelo, los problemas de memoria;
particularmente la disminución en la memoria
episódica y la velocidad de procesamiento,
emergen como uno de los déficits cognitivos
más reportados en los adultos mayores,
afectando su autonomía y su capacidad para
desenvolverse en actividades cotidianas. Según
McDermott (2023), la depresión acelera la
disminución de funciones ejecutivas y se asocia
a patrones de desconectividad en redes
frontoparietales vinculadas a la memoria y la
regulación emocional, lo que evidencia una
relación bidireccional entre ambos fenómenos.
A su vez, Livingston et al. (2020) señalan que
los síntomas depresivos no tratados aumentan el
riesgo de deterioro cognitivo hasta en un 40 %,
lo que repercute de manera directa en la calidad
de vida, la interacción social y la salud física.
Estas asociaciones plantean la necesidad de
comprender integralmente cómo la depresión y
la pérdida de memoria se refuerzan mutuamente
en etapas avanzadas de la vida.
El deterioro cognitivo vinculado a la depresión
no se limita únicamente a los procesos
mnésicos, sino que abarca la motivación, la
atención sostenida y la capacidad de
planificación, aspectos fundamentales para
sostener vínculos sociales saludables. Estudios
longitudinales confirman que los adultos
mayores con sintomatología depresiva
presentan una reducción progresiva del contacto
social, así como un incremento en la percepción
de soledad, lo que actúa como un factor de
riesgo adicional para la disminución de la
memoria (Tingley et al., 2022). La interacción
social desempeña un papel protector frente al
envejecimiento cognitivo, pues promueve la
estimulación mental, la participación
comunitaria y la resiliencia emocional. No
obstante, la depresión reduce el deseo de
participar en actividades grupales o recreativas,
generando un círculo de aislamiento que
potencia el déficit cognitivo y deteriora la salud
física. En esta línea, Lara et al. (2023)
demostraron que la baja participación social se
asocia con mayor inflamación sistémica y
menor movilidad funcional, lo que agrava la
vulnerabilidad geriátrica. Comprender estos
vínculos es crucial para el diseño de
intervenciones biopsicosociales oportunas y
efectivas.
Asimismo, la relación entre depresión, memoria
y salud física se articula con cambios fisio-
lógicos característicos del envejecimiento,
como la disminución de neurotransmisores, la
presencia de comorbilidades crónicas y la
reducción de la reserva cognitiva. Según
Kaczynski y Phelan (2024), la depresión puede
alterar el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal,
elevando los niveles de cortisol y favoreciendo
la atrofia del hipocampo, región directamente
implicada en la memoria episódica. Esta
alteración neurobiológica se traduce en un
rendimiento cognitivo más bajo y en una mayor
fragilidad física, particularmente en movilidad,
equilibrio y velocidad de marcha, indicadores
estrechamente asociados con mortalidad y
dependencia funcional en la vejez. Por su parte,
Rafnsson et al. (2020) hallaron que el deterioro
de la salud física intensifica los síntomas
depresivos y reduce la capacidad de
recuperación emocional, reforzando la
interdependencia entre estas tres dimensiones.
Esta perspectiva integrada permite observar la
vejez desde un enfoque multidimensional, en el
que los aspectos afectivos, cognitivos y físicos
interactúan mediante mecanismos complejos
que requieren abordajes específicos.
Finalmente, el impacto conjunto de la depresión
y los problemas de memoria sobre la vida social
revela un entramado de consecuencias que
trascienden la esfera individual y afectan
dinámicas familiares y comunitarias. La pérdida
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de memoria deteriora el reconocimiento de
rostros, la coherencia conversacional y la
capacidad para recordar compromisos sociales,
generando frustración tanto en la persona mayor
como en su entorno. De acuerdo con Chen et al.
(2024), estos déficits favorecen episodios de
retraimiento social y aumentan la sobrecarga de
los cuidadores, quienes suelen asumir mayores
responsabilidades en la supervisión y el
acompañamiento. A su vez, la depresión
intensifica la percepción negativa de la
autoimagen y disminuye la energía para
mantener relaciones significativas, lo que limita
las redes de apoyo afectivo esenciales para la
salud mental y física. El objetivo de la presente
revisión bibliográfica narrativa es analizar de
manera integral la relación entre depresión y
problemas de memoria en la vejez,
identificando cómo estos factores interactúan y
afectan la vida social y la salud física de los
adultos mayores. Se busca sintetizar la
evidencia científica reciente para comprender
los mecanismos cognitivos, emocionales y
funcionales que articulan esta relación, así
como reconocer los efectos acumulativos que
generan vulnerabilidad psicológica, deterioro
de la participación social y disminución del
rendimiento físico. A partir de esta síntesis, se
pretende ofrecer una comprensión amplia y
contextualizada que contribuya a la
identificación temprana de riesgos, la
orientación de intervenciones biopsicosociales
y el diseño de programas preventivos adaptados
a las necesidades de las personas mayores.
Asimismo, esta revisión aspira a fortalecer el
cuerpo teórico existente, destacando áreas de
vacancia investigativa que justifican futuros
estudios en contextos locales y regionales.
Materiales y Métodos
La presente investigación se desarrolló bajo el
enfoque de una revisión bibliográfica narrativa,
método adecuado para integrar, analizar y
sintetizar evidencia reciente sobre la relación
entre depresión, problemas de memoria, vida
social y salud física en la vejez. Este tipo de
revisión permite una exploración amplia y
crítica de estudios clínicos, epidemiológicos y
psicosociales, considerando tanto los
mecanismos neurobiológicos como los factores
sociales y funcionales que intervienen en el
deterioro cognitivo y emocional. Para ello, se
realizó una búsqueda exhaustiva en bases de
datos científicas internacionales reconocidas
por su rigor académico, entre ellas PubMed,
Scopus, Web of Science, Scielo y Redalyc,
abarcando artículos publicados entre los años
2020 y 2025. Se emplearon palabras clave en
español e inglés relacionadas con las variables
de estudio: “depresión en la vejez”, “deterioro
de la memoria”, “adultos mayores”, “vida
social”, “fragilidad física”, “depression in older
adults”, “memory impairment”, “social
engagement” y “physical health decline”,
combinadas mediante operadores booleanos
AND y OR. De manera complementaria, se
aplicó el método de bola de nieve, que consistió
en la revisión sistemática de las referencias
bibliográficas de los estudios inicialmente
seleccionados, así como de los artículos que los
citan, con el objetivo de identificar
investigaciones adicionales relevantes y
ampliar el corpus teórico de análisis. La
revisión incluyó únicamente artículos
originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis
y estudios longitudinales publicados en revistas
arbitradas en inglés, español o portugués,
excluyendo tesis, repositorios institucionales,
informes no académicos y documentos sin
revisión por pares. Finalmente, se aplicó un
proceso de lectura crítica y síntesis narrativa
que permitió clasificar los estudios según su
contribución conceptual, metodológica y
empírica, organizando los hallazgos en
categorías interpretativas para la comprensión
integral del fenómeno estudiado.
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Resultados y Discusión
A continuación, se presentan los resultados
obtenidos con su respectivo análisis. En primer
lugar, se establece la matriz bibliográfica,
resultado de la revisión bibliográfica realizada:
Tabla 1. Matriz bibliográfica
Autor (año) Base datos Síntesis de resultados
O’Shea (2021) Scopus / Web of
Science
Estudio multinacional con resonancia magnética en 1.432 adultos mayores; identificó reducciones en volumen hipocampal y
grosor prefrontal en personas con depresión, asociadas a bajo rendimiento en memoria episódica y funciones ejecutivas.
Demostró alteraciones de sustancia blanca y vínculos entre depresión y deterioro cognitivo acelerado.
Peh (2023) Scopus / PubMed
Evidenció que la desconectividad funcional del hipocampo con la red de modo por defecto predice deterioro acelerado de la
memoria episódica en adultos mayores. Halló que esta desconexión ocurre incluso en fases tempranas de depresión, indicando
un proceso neurobiológico subyacente previo al deterioro clínico.
Ezzati (2020) PubMed / Scopus
Estudio longitudinal que mostró disminución de conectividad entre hipocampo y corteza prefrontal en depresión tardía. Relacio
la desconectividad límbica con problemas de control inhibitorio y memoria de trabajo, evidenciando afectación funcional antes
del declive cognitivo observable.
Wang (2022) Scopus / PubMed
Identificó que la rumia aumenta la activación de la amígdala y disminuye la conectividad prefrontal, lo que deteriora la memoria
de trabajo y el control cognitivo en adultos mayores con depresión. Concluyó que la carga emocional excesiva reduce la eficiencia
de redes ejecutivas.
Jenkins (2023) Scopus / PubMed
Documentó alteraciones neuroquímicas en depresión tardía, como disminución de serotonina y dopamina, asociadas con déficits
de memoria verbal y motivación cognitiva. Mostró que niveles elevados de cortisol favorecen atrofia hipocampal y aceleran el
deterioro cognitivo.
Tzourio (2021) Web of Science /
Scopus
Estudio poblacional que evidenció mayor inflamación sistémica en adultos mayores con depresión, lo que contribuye a deterioro
cognitivo progresivo. Demostró relación entre marcadores inflamatorios, vulnerabilidad cerebral y disminución de resiliencia
cognitiva.
Murata (2022) Scopus
Halló que personas mayores con depresión y bajo rendimiento cognitivo presentan un riesgo 2.5 veces mayor de deterioro
funcional en movilidad, equilibrio y velocidad de marcha. Identificó efectos acumulativos sobre la fragilidad física y la
discapacidad.
Carvalho (2021) Scopus / PubMed Revisión sistemática que describió cómo la depresión afecta la ejecución de actividades instrumentales y básicas de la vida diaria.
Mostró que la combinación de síntomas depresivos y déficits cognitivos genera mayor dependencia funcional.
Siahaan (2023) Scopus Encontró que la coexistencia de depresión y quejas mnésicas incrementa 37% el riesgo de hospitalización por inmovilidad, caídas
y descompensaciones metabólicas. Identificó impacto significativo en autocuidado y salud física.
Kim (2022) PubMed / Scopus Estudio que demostró que el deterioro de memoria afecta la adherencia a tratamientos, generando errores en medicación, olvido
de citas médicas y fracaso terapéutico. Relacionó estas fallas con mayor riesgo de complicaciones.
Pinho (2021) PubMed / Scopus Estudio que asoció depresión con insomnio, sueño fragmentado y menor sueño profundo, afectando capacidad de reparación
física y rendimiento cognitivo. Identificó relación entre depresiónalteración del sueñodeterioro cognitivo.
Kwan (2023) Scopus Evidenció menor capacidad cardiorrespiratoria y mayor fatigabilidad en adultos mayores con depresión, afectando movilidad,
tolerancia al esfuerzo y participación social. Identificó la depresión como predictor de descenso físico acelerado.
Yeh (2022) Web of Science /
Scopus
Estudio longitudinal que mostró que programas de participación social reducen síntomas depresivos y mejoran memoria de
trabajo. Demostró que la interacción social actúa como factor protector y promueve plasticidad cognitiva.
Choi (2023) Scopus Estudio que evidenció que la frecuencia del contacto social mejora conectividad funcional prefrontal, lo que refuerza redes
ejecutivas y funciones cognitivas. Sugirió la existencia de mecanismos compensatorios activados por interacción social.
Park (2022) Scopus / PubMed Halló que ejercicio grupal aeróbico mejora memoria episódica, velocidad de procesamiento y autoeficacia. Identificó que
actividades grupales favorecen reorganización conductual y promueven reserva cognitiva.
Lam (2021) Scopus / PubMed Demostró que el voluntariado reduce síntomas depresivos y soledad percibida, además de mejorar la participación social. Vincu
estas mejoras con mayor motivación para actividades cognitivas.
Tsutsumimoto
(2021)
Web of Science /
Scopus
Mostró que redes sociales sólidas reducen riesgo de deterioro cognitivo y prevalencia de depresión. Destacó el rol protector del
apoyo familiar y comunitario en el envejecimiento saludable.
Fuente: elaboración propia
Generalidades
La combinación de estos factores conduce a un
estado de vulnerabilidad acumulada que afecta
la funcionalidad general, incrementa el riesgo
de hospitalizaciones y reduce el bienestar
subjetivo. Este panorama evidencia la urgencia
de desarrollar estrategias de intervención
integrales que consideren de manera articulada
los dominios emocional, cognitivo, físico y
social. A nivel mundial, la depresión y los
trastornos cognitivos representan dos de las
condiciones más relevantes en la salud pública
del envejecimiento, debido a su capacidad para
generar discapacidad, dependencia y deterioro
funcional progresivo. La Organización Mundial
de la Salud informó que más de 280 millones de
personas viven con depresión y que los adultos
mayores constituyen uno de los grupos con
mayor riesgo debido a la vulnerabilidad
biológica y social asociada al envejecimiento
(WHO, 2021). Paralelamente, estudios
recientes indican que más del 40 % de los
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adultos mayores experimentan alteraciones en
memoria episódica y velocidad de
procesamiento, lo cual incrementa la
probabilidad de deterioro funcional
(McDermott, 2023). Tras la pandemia por
COVID-19, las tasas de depresión aumenta-ron
hasta en un 60 % en personas mayores debido
al aislamiento, la pérdida de vínculos sociales y
el impacto del estrés sostenido (Lara et al.,
2023). Esta convergencia de factores;
depresión, deterioro cognitivo e interacción
social disminuida, genera un círculo de
vulnerabilidad acumulada que compromete la
autonomía, deteriora la salud física y afecta
significativamente la calidad de vida global de
la población longeva. En América Latina, la
problemática adquiere una intensidad mayor
debido a desigualdades estructurales, baja
inversión en salud mental y un proceso
acelerado de envejecimiento poblacional.
Según la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe, la región alcanzará más de
100 millones de adultos mayores en 2030,
configurando una demanda crítica de servicios
integrales de salud emocional y cognitiva
(CEPAL, 2022).
Sin embargo, reportes recientes evidencian que
más del 60 % de los adultos mayores
latinoamericanos no recibe atención profesional
para síntomas depresivos ni evaluaciones
neuropsicológicas que permitan identificar
tempranamente problemas de memoria
(Raffnsson et al., 2020). La migración de
familiares jóvenes, la reducción de redes
comunitarias y el incremento de la soledad per-
cibida se convierten en factores precipitantes
del deterioro emocional y cognitivo, tal como
señalan investigaciones que vinculan la baja
participación social con mayor inflamación y
riesgo de discapacidad (Lara et al., 2023). En
este contexto, la depresión en la vejez sigue
siendo subdiagnosticada, y los problemas de
memoria suelen atribuirse; de manera errónea, a
“efectos naturales de la edad”, lo que retrasa el
tratamiento e incrementa la fragilidad física. En
Ecuador, la situación refleja características
críticas derivadas del contexto socioeconómico,
la limitada cobertura de servicios geriátricos y
el escaso acceso a intervenciones especializadas
en salud mental. Datos poblacionales muestran
que los síntomas depresivos afectan a cerca del
47 % de los adultos mayores, al tiempo que más
del 55 % reporta problemas de memoria que
interfieren con actividades básicas y sociales
(INEC, 2021). La pandemia profundizó dicha
vulnerabilidad, ya que la proporción de adultos
mayores que experimentan soledad, aislamiento
y pérdida de redes de apoyo aumentó de manera
significativa, efectos que se relacionan
directamente con un mayor riesgo de deterioro
cognitivo y discapacidad física, tal como fue
evidenciado por Tingley et al. (2022). Además,
el acceso limitado a evaluaciones
neuropsicológicas, el bajo número de
profesionales especializados en geriatría y la
escasa alfabetización en salud mental dificultan
la detección oportuna de trastornos depresivos y
déficits de memoria. Esta intersección entre
depresión, deterioro cognitivo y restricciones en
la vida social configura un escenario nacional
de alta vulnerabilidad que requiere estrategias
multidimensionales para reducir el impacto en
la salud física, emocional y social de la
población adulta mayor.
Según Prina (2020), en un estudio realizado en
10 países participantes del proyecto 10/66, el
objetivo fue examinar la asociación entre
síntomas depresivos y deterioro de la memoria
en personas mayores que viven en la
comunidad. El diseño fue transversal con una
muestra de 16.931 adultos mayores, evaluados
mediante Geriatric Depression Scale y pruebas
de memoria episódica. Los resultados
mostraron que los individuos con depresión
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tenían un rendimiento significativamente menor
en pruebas de recuerdo inmediato y diferido (p
< 0.001), además de una probabilidad 1.7 veces
mayor de presentar deterioro cognitivo leve. El
estudio concluyó que la comorbilidad entre
depresión y problemas de memoria es
consistente a nivel internacional, destacando la
necesidad de identificar tempranamente
síntomas afectivos como predictor del declive
cognitivo. Estos hallazgos refuerzan la relación
bidireccional entre afecto y memoria,
mostrando que los síntomas depresivos aceleran
el proceso de deterioro cognitivo en
poblaciones envejecidas. Según Penninkilampi
et al. (2022), en una investigación desarrollada
en Australia, el objetivo fue evaluar cómo la
soledad y la reducción de la interacción social
influyen en la aparición de depresión y en el
deterioro cognitivo en mayores de 65 años. El
estudio utilizó un diseño longitudinal con una
muestra de 6.118 participantes seguidos durante
10 años, apli-cando el Lubben Social Network
Scale y pruebas cognitivas estandarizadas. Los
resultados evidenciaron que la baja
participación social predijo un aumento del 48
% en síntomas depresivos y una reducción
significativa en el desempeño de memoria
episódica (p < 0.01). Asimismo, las personas
con redes sociales más pequeñas tuvieron un
riesgo 1.5 veces mayor de deterioro cognitivo
leve. El estudio concluyó que la vida social
activa es un factor protector clave, mientras que
el aislamiento constituye un mecanismo crítico
que agrava la depresión y el deterioro cognitivo
en la vejez, afectando directamente la salud
emocional y física.
Según Vyas et al. (2021), en un estudio
realizado en India, el objetivo consistió en
analizar la relación entre depresión, actividad
física y memoria en adultos mayores residentes
en zonas urbanas y rurales. El diseño fue
transversal con una muestra de 2.856
participantes evaluados mediante el Patient
Health Questionnaire-9, pruebas de memoria
verbal y mediciones de actividad física. Los
resultados confirmaron que los adultos mayores
físicamente inactivos tenían un 62 % más de
probabilidad de presentar depresión y obtenían
puntuaciones significativamente más bajas en
memoria inmediata y diferida (p < 0.001).
Además, la depresión moderaba la relación
entre actividad física y función de memoria,
demostrando que la presencia de síntomas
depresivos intensifica el efecto negativo del
sedentarismo sobre el rendimiento cognitivo. El
estudio concluyó que la salud física es un
predictor esencial del estado cognitivo y
emocional, y que intervenciones centradas en
aumentar la actividad física podrían mejorar
tanto el estado de ánimo como el
funcionamiento mnésico.
Según Santini et al. (2020), en un estudio
realizado en 17 países de Europa, el objetivo fue
determinar cómo la depresión y el aislamiento
social se relacionan con el deterioro funcional y
la salud física en personas mayores. La
investigación empleó un diseño longitudinal
con datos de 38.474 participantes del estudio
SHARE, utilizando escalas de depresión,
pruebas de memoria y mediciones de
movilidad, velocidad de marcha y
autopercepción de salud. Los resultados
mostraron que la combinación de depresión y
baja interacción social predijo una disminución
del 35 % en la velocidad de marcha y un
aumento del 52 % en la probabilidad de
presentar dificultades en actividades básicas de
la vida diaria (p < 0.01). Asimismo, los adultos
mayores con síntomas depresivos mostraron un
riesgo significativamente mayor de desarrollar
limitaciones físicas progresivas. El estudio
concluyó que la depresión repercute
directamente en la salud física y acelera la
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pérdida funcional, especialmente en personas
que mantienen una vida social reducida.
Según Zhong et al. (2023), en un estudio
llevado a cabo en China, el objetivo fue
examinar la relación entre depresión, deterioro
de memoria y fragilidad física en adultos
mayores comunitarios. El diseño fue transversal
con una muestra de 4.912 participantes
evaluados mediante el Center for
Epidemiologic Studies Depression Scale,
pruebas de memoria verbal y el índice de
fragilidad de Fried. Los resultados revelaron
que los adultos mayores con depresión
presentaban un riesgo 2.3 veces mayor de
fragilidad física y puntuaciones más bajas en
memoria verbal (p < 0.001). El análisis
estructural demostró que la memoria actuaba
como variable mediadora parcial entre
depresión y fragilidad, lo que evidencia que los
problemas mnésicos intensifican el deterioro
físico asociado con la depresión. El estudio
concluyó que los síntomas depresivos no solo
afectan la cognición, sino que también
contribuyen a un estado de vulnerabilidad física
progresiva que compromete la calidad de vida.
La depresión y los problemas de memoria en la
vejez constituyen un desafío creciente para los
sistemas de salud, las familias y las
comunidades, debido a su impacto simultáneo
en la autonomía, la funcionalidad y el bienestar
integral de los adultos mayores. Comprender
cómo estas dos condiciones interactúan y se
potencian mutuamente es fundamental para
anticipar riesgos, diseñar estrategias
preventivas y promover intervenciones
centradas en el envejecimiento saludable. A
pesar de la abundante investigación existente
sobre depresión y deterioro cognitivo de manera
independiente, aún persiste un vacío en el
análisis integrado que considere sus efectos
conjuntos sobre la vida social y la salud física,
dimensiones esenciales para la calidad de vida
en la vejez. Una revisión narrativa permite
profundizar en esta relación desde una
perspectiva multidimensional, incorporando
hallazgos clínicos, neuro-cognitivos y
psicosociales para construir una visión global,
interpretativa y crítica del estado actual del
conocimiento. Además, este enfoque resulta
pertinente para países latinoamericanos, donde
las desigualdades sociales, el acceso limitado a
la atención especializada y la presencia de redes
de apoyo frágiles intensifican la vulnerabilidad
de las personas mayores. Estudiar esta
interconexión no solo es relevante
científicamente, sino también social y
éticamente necesario, al orientar políticas
públicas y estrategias comunitarias destinadas a
reducir la dependencia, fortalecer la salud física
y promover una vejez activa y digna.
Correlatos cognitivos y estructuras
implicadas
Los estudios revisados demuestran que la
depresión en la vejez genera alteraciones
estructurales y funcionales en regiones
cerebrales vinculadas directamente con la
memoria, la atención y los procesos ejecutivos,
siendo el hipocampo una de las áreas más
afectadas. O’Shea et al. (2021) demostraron
mediante análisis de resonancia magnética
estructural que los adultos mayores con
síntomas depresivos presentan reducción
significativa del volumen hipocampal y
disminución del grosor cortical prefrontal, lo
que repercute de manera directa en el
rendimiento mnésico y en la regulación
emocional. Dichas alteraciones estructurales se
acompañan de cambios en la sustancia blanca,
especialmente en el fascículo uncinado y el
cíngulo, vías esenciales para la integración de
información emocional y cognitiva. Peh et al.
(2023) añadieron que la desconectividad del
hipocampo con la red de modo por defecto
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predice deterioro acelerado en memoria
episódica (p < 0.001), incluso en personas sin
diagnóstico previo de deterioro cognitivo. Esto
sugiere que la depresión actúa como un
acelerador neurobiológico del envejecimiento
cerebral, afectando la capacidad de
consolidación, recuperación y organización de
la información. En conjunto, estas evidencias
muestran que la arquitectura cerebral se ve
comprometida de manera temprana y
progresiva en la presencia de depresión.
Los hallazgos neurofuncionales indican que la
depresión altera la dinámica de redes cerebrales
clave para el funcionamiento cognitivo, en
especial la red ejecutiva frontoparietal, la red de
saliencia y la red límbica, generando un patrón
de hiperactividad emocional y hipoactividad
ejecutiva. Según Ezzati et al. (2020), la
disminución de la conectividad funcional entre
hipocampo y corteza prefrontal dorsolateral
afecta el control inhibitorio, la planificación y la
capacidad de mantener información en la
memoria de trabajo, funciones esenciales para
la autonomía en la vida diaria. Estos cambios se
intensifican en personas con episodios
depresivos recurrentes, quienes presentan
patrones de actividad neuronal característicos
de sobrecarga emocional y reducción de
estrategias cognitivas compensatorias. Estudios
como el de Wang et al. (2022) evidencian que
la rumia, síntoma frecuente en la depresión, se
asocia con mayor activación de la amígdala y
menor conectividad prefrontal, reduciendo la
eficiencia cognitiva global. Este perfil funcional
contribuye no solo al deterioro de la memoria,
sino también a la disminución del
procesamiento de información relevante y la
incapacidad para actualizar representaciones
mentales. Tales mecanismos explican por qué
los adultos mayores con depresión
experimentan un declive cognitivo superior al
esperado por envejecimiento normal.
Además de los cambios estructurales y
funcionales, se han documentado alteraciones
neuroquímicas asociadas a la depresión que
afectan procesos cognitivos en la vejez,
particularmente en neurotransmisores como
serotoninina, dopamina y noradrenalina. Según
Jenkins et al. (2023), la disminución de
serotonina en circuitos límbicos se asocia con
déficits de memoria verbal y dificultades para
regular la atención sostenida, mientras que la
disfunción dopaminérgica afecta la memoria de
trabajo y la motivación cognitiva. Estos
desequilibrios se acompañan de un aumento en
los niveles de cortisol, especialmente en
personas con depresión crónica, lo cual
favorece la atrofia del hipocampo y acelera el
deterioro cognitivo. Tzourio et al. (2021)
documentaron que los adultos mayores con
depresión presentan mayor vulnerabilidad a
procesos inflamatorios sistémicos, que a su vez
influyen en la neurodegeneración y reducen la
resiliencia cerebral. Estos hallazgos sugieren
que la depresión no solo altera la estructura y
funcionalidad cerebral, sino también los
mecanismos neuroendocrinos que sostienen la
plasticidad cognitiva. Así, los déficits de
memoria observados en la vejez se explican
como un fenómeno multifactorial donde
convergen cambios biológicos, emocionales y
neuroquímicos.
Correlatos clínicos y funcionales
La evidencia muestra que la interacción entre
depresión y deterioro de memoria genera un
impacto clínico relevante en la funcionalidad
física, incrementando el riesgo de fragilidad,
caídas y disminución de la movilidad en adultos
mayores. Murata et al. (2022) demostraron que
quienes presentan síntomas depresivos
moderados a severos tienen un riesgo 2.5 veces
mayor de experimentar deterioro funcional en
tareas motoras como marcha, equilibrio y
fuerza, indicadores íntimamente vinculados con
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mortalidad geriátrica. La depresión reduce la
disposición a realizar actividad física, lo que
acelera procesos de sarcopenia y limita la
capacidad de adaptación frente al deterioro
cognitivo. Por su parte, Carvalho et al. (2021)
hallaron que la depresión interfiere con la
ejecución de actividades instrumentales
cotidianas, como manejo de finanzas,
preparación de alimentos o toma de
medicamentos, lo cual genera un estado de
dependencia progresiva. El deterioro de la
memoria amplifica estas dificultades al afectar
la capacidad de recordar instrucciones,
establecer rutinas o ejecutar tareas secuenciales.
Estas interacciones demuestran que los
dominios físico, cognitivo y emocional se
encuentran estrechamente interrelacionados en
la vejez.
Los estudios también muestran que la depresión
y el deterioro cognitivo incrementan el uso de
servicios de salud debido al aumento de
hospitalizaciones, complicaciones médicas y
eventos adversos asociados con el autocuidado
deficiente. Siahaan et al. (2023) encontraron
que la presencia simultánea de depresión y
quejas mnésicas aumenta en un 37 % el riesgo
de hospitalización por episodios de
inmovilidad, caídas repetidas o
descompensación metabólica. A esto se suma
que la depresión afecta la adherencia a
tratamientos farmacológicos y la capacidad para
seguir indicaciones médicas, lo que genera
complicaciones que podrían haberse prevenido
con seguimiento adecuado. Estudios como el de
Kim et al. (2022) indican que la disminución de
la memoria contribuye a errores en la
administración de medicamentos, olvido de
citas médicas y reducción del monitoreo de
condiciones crónicas como hipertensión o
diabetes. Estos factores configuran un escenario
clínico de vulnerabilidad acumulada donde la
salud física se deteriora como consecuencia de
alteraciones cognitivas y emocionales. De esta
manera, la comorbilidad emocionalcognitiva
representa un predictor poderoso de deterioro
funcional en la vejez.
Finalmente, la evidencia revela que la depresión
y la alteración de la memoria afectan la calidad
del sueño, la percepción del dolor y la tolerancia
al esfuerzo físico, dimensiones esenciales en la
salud integral de los adultos mayores. Estudios
como el de Pinho et al. (2021) muestran que la
depresión se asocia con insomnio,
fragmentación del sueño y reducción del sueño
profundo, lo que repercute en menor capacidad
de reparación física y disminución del
rendimiento cognitivo al día siguiente. El dolor
crónico, por su parte, tiende a ser más frecuente
e intenso en personas con depresión y deterioro
cognitivo, lo que limita aún más la movilidad y
la motivación para realizar actividades físicas.
Asimismo, investigaciones longitudinales como
la de Kwan et al. (2023) evidencian que los
adultos mayores con síntomas depresivos
presentan menor capacidad cardiorrespiratoria
y fatigabilidad aumentada, afectando su
participación en actividades sociales y
recreativas. Estas interacciones confirman que
los efectos de la depresión trascienden los
dominios emocionales y cognitivos, penetrando
profundamente en la esfera física.
Plasticidad, adaptación y reorganización
psicosocial
Los estudios revisados indican que la
participación social, el apoyo familiar y la
interacción comunitaria funcionan como
moduladores positivos que fortalecen la
resiliencia cognitiva y emocional frente a la
depresión y el deterioro de memoria. Yeh et al.
(2022) demostraron que adultos mayores que
participaron en programas de social
engagement durante 12 meses presentaron
mejoras significativas en memoria de trabajo,
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reducción de síntomas depresivos y aumento
del bienestar subjetivo. La actividad social
genera estimulación cognitiva natural al exigir
atención, memoria, procesamiento social y
regulación emocional, habilidades que
contribuyen a compensar déficits cognitivos
leves. De forma complementaria, Choi et al.
(2023) mostraron que la frecuencia de contacto
social se asocia con mayor conectividad
funcional prefrontal, lo que sugiere la presencia
de mecanismos compensatorios en redes
ejecutivas. Estas evidencias indican que la
plasticidad psicosocial, más que la
neurobiológica estricta, desempeña un papel
crucial en la mitigación del deterioro cognitivo
asociado a la depresión.
Además, programas basados en ejercicio
grupal, voluntariado y actividades recreativas
estructuradas han mostrado efectos positivos
sobre la cognición y el estado emocional,
actuando como herramientas de reorganización
conductual y social. Park et al. (2022)
demostraron que la participación en ejercicio
aeróbico grupal mejora la memoria episódica, la
velocidad de procesamiento y la percepción de
autoeficacia en adultos mayores sin deterioro
severo. A su vez, estudios como el de Lam et al.
(2021) evidencian que el voluntariado social
regular disminuye la soledad percibida y reduce
la sintomatología depresiva, incrementando la
motivación para establecer rutinas cognitivas y
físicas saludables. Estas dinámicas permiten
reinterpretar la plasticidad como un proceso no
solo neural, sino también social, que se activa a
través de la interacción, el propósito y la
pertenencia. La participación en actividades
grupales representa así una vía efectiva para
reconectar a los adultos mayores con su entorno
y estimular capacidades cognitivas en declive.
Por otra parte, la reorganización psicosocial
depende del acceso a redes de apoyo emocional,
recursos comunitarios y ambientes inclusivos
que fomenten el envejecimiento activo y la
integración social. Estudios como el de
Tsutsumimoto et al. (2021) muestran que los
adultos mayores con redes de apoyo sólidas
presentan menor riesgo de deterioro cognitivo y
menor prevalencia de síntomas depresivos, lo
que confirma el rol protector de la cohesión
social. Asimismo, la interacción familiar
frecuente se asocia con mejor memoria
semántica y menor deterioro funcional en tareas
cotidianas, especialmente cuando existe
acompañamiento en la organización de
actividades. Sin embargo, la falta de redes de
apoyo conduce al aislamiento, incrementa el
estrés percibido y debilita la capacidad de
adaptación frente a pérdidas cognitivas. Los
hallazgos sugieren que la plasticidad
psicosocial es dinámica, acumulativa y
profundamente dependiente del entorno,
constituyendo un pilar esencial para la calidad
de vida.
Conclusiones
Los hallazgos de esta revisión narrativa
demuestran que la depresión y los problemas de
memoria en la vejez conforman un proceso
altamente interdependiente en el que los
cambios neurobiológicos, cognitivos y
emocionales se potencian mutuamente,
acelerando el deterioro funcional propio del
envejecimiento. La evidencia muestra que la
depresión altera la estructura y la conectividad
de regiones cerebrales críticas como el
hipocampo y la corteza prefrontal generando
una disminución marcada en la memoria
episódica, la memoria de trabajo y la capacidad
de regulación emocional. Estas afectaciones no
solo explican los déficits cognitivos
observados, sino que también contribuyen a un
envejecimiento cerebral acelerado que aumenta
la vulnerabilidad física. Así, la depresión no
debe entenderse únicamente como un trastorno
afectivo, sino como un fenómeno
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multisistémico que impacta el funcionamiento
integral del adulto mayor, reforzando la
importancia de evaluaciones tempranas y
multidimensionales.
La relación entre depresión, deterioro cognitivo
y salud física evidencia un círculo de deterioro
acumulativo en el que la disminución de la
movilidad, la fragilidad física, el dolor crónico
y la baja tolerancia al esfuerzo se agravan en
presencia de síntomas afectivos y déficits de
memoria. La coexistencia de ambos factores
incrementa el riesgo de caídas,
hospitalizaciones, polimedicación inapropiada
y dependencia progresiva, manifestaciones que
afectan directamente la calidad de vida y la
autonomía personal. Los estudios analizados
muestran que la depresión reduce la motivación
para mantenerse activo, compromete la
adherencia a tratamientos y limita la capacidad
de autocuidado, mientras que el deterioro de la
memoria dificulta la ejecución de actividades
esenciales para la salud. Este panorama
confirma que la salud física en la vejez no puede
abordarse de manera aislada, sino integrada a
los dominios cognitivo y emocional,
considerando la complejidad de sus
interacciones. La evidencia destaca que la vida
social, el apoyo comunitario y la participación
en actividades grupales desempeñan un papel
fundamental en la mitigación de los efectos
negativos de la depresión y el deterioro
cognitivo, constituyendo mecanismos clave de
plasticidad y reorganización psicosocial. La
interacción social frecuente se asocia con mayor
conectividad funcional en redes prefrontales,
reducción de síntomas depresivos y mejor
desempeño en tareas de memoria, lo que
refuerza su valor como intervención protectora.
Actividades como el ejercicio en grupo, el
voluntariado, los talleres cognitivos y la
cohesión familiar permiten compensar
parcialmente las pérdidas cognitivas y
funcionales, especialmente en personas con
deterioro leve o moderado. La evidencia sugiere
que fortalecer las redes sociales del adulto
mayor es una estrategia indispensable para
promover el envejecimiento saludable,
destacando la necesidad de políticas públicas y
programas comunitarios que fomenten la
inclusión, la participación social y la
estimulación cognitiva continua.
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